lunes, junio 23, 2008

Perversión

En el anterior post hemos visto cómo a Loretta le cambia la vida una experiencia, la de conocer a un hombre que es capaz de levantarla en brazos mientras le dice “te voy a follar hija de puta”. En cualquier caso, lo anormal no se inscribe en el hecho de que una experiencia pueda cambiar la vida de una persona, sino en el hecho de que la experiencia sea provocada por la propia persona actuando a la inversa de lo que se encontraba preestablecido por y desde ella misma. Es decir, el cambio no viene producido por una experiencia ajena a ella e impuesta desde fuera, sino por una experiencia que además de ser provocada por ella resulta contraria a su manera de ser. Sin olvidarnos que esta expresión, “manera de ser”, no hace referencia más que al conjunto de signos y síntomas por los que la personalidad emerge para confrontarnos socialmente a los otros. La personalidad nos distingue de los otros en la medida en la que nos identifica ante los otros.

Loretta cambia de hombre de un día para otro. Y cambia a un hombre que se arrodilla ante ella, por otro hombre que es capaz de levantarla por el aire (y por tanto de separarla de la tierra); el primero cede ante su deseo (y por eso se arrodilla) y el segundo manifiesta enérgicamente el suyo (y por eso la levanta). Tal es el cambio; pasa de elegir ser “madre” de su amante (de Johny) a elegir ser “objeto” de un amante también deseado (Ronny), de elegir el dominio de la situación y una seguridad más o menos incierta (como la que vive su madre) a elegir una especie de sumisión y una cierta inseguridad (de la que nada sabe). Un cambio asentado en el riesgo, pues la claudicación inmediata ante Ronny se fundamenta en la irracionalidad, en aquello que escapa a las leyes sociales y culturales. El mito, una vez más, ha prevalecido sobre lo mundano; se ha impuesto el proteccionismo, la fuerza, la acción, la asertividad y por tanto la incerteza y el riesgo, porque es precisamente todo eso lo que puede acercar a Loretta a un contacto con lo Real, porque es donde Loretta puede encontrar su verdadero goce. De hecho, poco después de consumar el acto se reconocen mutuamente haber estado muertos antes del encuentro carnal.

Mutatis mutandi. Como es sabido, acaba de implantarse un nuevo Ministerio, el de la Igualdad. No sé si lo que pretende es reivindicarla o imponerla, pero en cualquier caso su flamante Ministra se encuentra concediendo entrevistas a los medios con el fin de explicarlo. La penúltima la concedió al El País hace unos días (18 de Junio). Ante la pregunta basada en aquel dislate léxico (“miembros y miembras”) que le hacían los periodistas, “¿Quería un debate sobre el sexismo en el lenguaje o una broma se fue de las manos?” Bibiana Aído contesta, “no voy a añadir nada más sobre esta cuestión”. Con lo queda demostrado el carácter juvenil y prepotente de la Ministra, que manifiesta muy poco respeto hacia el interlocutor, pues presupone que el lector (en este caso de El País) ya sabe todo lo que hay que saber a través de (se supone) comentarios por ella misma vertidos no se sabe dónde. Su negación a contestar es pues, en este caso, un signo de perfecta incompetencia política y un síntoma de incapacidad intelectual. O por decirlo de otra forma: su renuncia de explicación es un tipo de respuesta/explicación que sin duda ha sido aprendida viendo programas del corazón y no leyendo ensayos, por lo que es una respuesta propia y previsible de Isabel Pantoja o de Ana Obregón, pero no de una Ministra.

Si se da por hecho la igualdad no sabría cuál es exactamente su cometido, más allá de exigir su aplicación, lo que demostraría, entre otras cosas, la incompetencia del Ministerio de Trabajo y cuestionaría la eficacia de la Justicia en su totalidad. Y si lo que trata es de imponerla no entiendo muy bien cómo puede imponerse algo que pretende englobar a dos entidades que son consideradas distintas, distintas en la medida en que es eso exactamente lo que al parecer hace necesario hablar de igualdad y crear un Ministerio. La cuestión es que incluso para abordar el problema de la igualdad (¿o debería decir desigualdad?) el Ministerio ha creado dos teléfonos de asistencia dependiendo de si son hombres o mujeres los/las que llaman. Ante la observación de los periodistas al respecto Bibiana responde, “la única forma de avanzar en la igualdad es incorporando a hombres y mujeres. La sociedad ha cambiado mucho y es muy importante que avancemos en el cambio de roles”.

Respecto a la primera de las afirmaciones sólo me queda que expresar mi incomprensión, pues no entiendo por qué, de repente, parece estar dando una receta de cocina. Y respecto a la segunda sólo cabe expresar mi admiración y perplejidad: admiración por la primera parte, la que nos abre los ojos diciéndonos que la sociedad ha cambiado mucho y perplejidad por la segunda, pues una cosa es reconducir un rol y otra es (inter)cambiarlo. Lo que se deduce en cualquier caso de esta respuesta es que la necesidad de corrección política es tan grande que induce a decir tonterías que careciendo de sentido dejen clara la buena voluntad. (Y todo se ha de decir, la gente cada vez más vota a quienes muestran buena voluntad en los medios y menos a quienes persisten en aplicar soluciones desde un enfoque ideológico sea del cariz que sea. Incluso a pesar de que se encuentre mal expresada esa voluntad, como es el caso).

Y por último el motivo que ha dado lugar a este post, el titular de la entrevista, en negrita y con casi un centímetro en la fuente: “Vamos a trabajar sobre una nueva masculinidad”. Con lo que, de nuevo, la única causa del problema, la causa de tanta desgracia, es el hombre; el hombre, pues, como ÚNICO culpable. Presupongo que este sentir se correspondería con aquel tópico que en mi adolescencia ya se difundía por doquier: deberíais los hombres sacar vuestro lado femenino sin avergonzaros de él y olvidaros de ese compromiso adquirido con vuestro género que no se corresponde con una demanda real nuestra. Como si el lado femenino redimiera a quien es sólo malo debido a un lado masculino, criminalizando no tanto al canalla como al género.

Los periodistas, que parecen saber mejor de qué hablan que la propia experta, preguntan, “Cuando se habla de una nueva masculinidad podría alguien entender que se criminaliza lo masculino en bloque”, a lo que Bibiana responde, “Una forma de trabajar contra la violencia de género es trabajar en la igualdad, porque se sustenta en la desigualdad, en una masculinidad que descansa en un sistema patriarcal, así que trabajando por una sociedad más igualitaria combatimos la violencia”. Así, la nueva Ministra vuelve a dar pistas acerca de su peligrosa ignorancia, ya que la mal llamada violencia de género poco tiene que ver con un problema de igualdad. Loretta actúa como actúa, no tanto por vivir en una sociedad patriarcal como por ser mujer. Ronny ha mostrado, ya en la primera secuencia, importantes dosis de agresividad y no sólo no resulta disuasorio para ella sino que se convierte en motor. Y Como sabemos que es una película, no le queremos dar mportancia, sobre todo porque intuimos que por ahí nos encaminamos hacia el final feliz, ese en el que nos imaginamos una perfecta vida ulterior de los personajes. Pero Ronny ha mostrado su lado violento y, por decirlo en palabras de Ronny, Loretta se ha puesto cachonda. De hecho se trata de la escena que enciende a Loretta, y es justo la secuencia anterior en la que se produce el salvaje encuentro sexual por ella buscado.

Como vemos, la conclusión de Bibiana choca tanto o más con el modo de actuar de Loretta que con el modo de actuar de Ronny, que al fin y al cabo se ha mostrado como es desde un principio sin pretender nada de ella; es en ella donde emerge el fuego, un fuego que llega a un Ronny y lo abrasa. Un fuego, en definitva, que no es de Ronny en la medida en la que sólo puede ser de ella. El problema, como tantas veces se ha apuntado en este blog, es que la estrategia de la corrección política es la de hacer irresolubles los problemas que denuncia y que dice intentar erradicar. Por resumir: es falso que realmente lo intente, pues es en la existencia del propio problema donde todo gobierno encuentra su máxima rentabilidad. La eliminación del problema no daría ni un euro a las miles de personas que viven de él y lo que es peor, nodaría ni un voto a quienes lo usan para conseguirlos.

Son muchas las Lorettas que hay repartidas por todo el mundo. No son sino mujeres que buscan la experiencia de lo Real, mujeres que no buscan lados femeninos en los hombres sino más bien ese hombre que pueda descubrirles el goce al que sólo ellas tienen acceso (como sabiamente apunta Jesús González Requena en “El Héroe y la Mujer”, Trama y Fondo 16). Lo que sucede es que, una vez más, los mandamases reconducen las pulsiones de la sociedad conculcando algo que en el fondo infantiliza (y por tanto irresponsabiliza) más a los integrantes de esa sociedad. Desde las altas instancias académicas así como desde las altas instancias políticas, tan bien avenidas ellas, se nos lleva conculcando una desmitificación del Mito sin paliativos. Su indiscriminada ansia de relativismo les induce a desmitificar incluso lo que obtiene su único sentido a través del Mito. Así, a Bibiana le pasa lo que a tantos ciudadanos: que ven signos machistas o patriarcales donde sólo hay signos de una construcción simbólica de la diferencia sexual. Algo que genera un problema que se agrava cuando esos mismos ciudadanos que han renunciado al Mito (por cosiderarlo signo machista) siguen haciendo uso del Rito. Cuando Loretta es escéptica con su futuro y no cree en el amor se sirve del Rito para despistar su apatía, su nihilismo, y por eso exige protocolo y resolución formal. Pero la construcción simbólica de la diferencia sexual es algo a lo que estamos atados los seres humanos, por lo que resulta como mínimo inquietante que se haga un esfuerzo tan grande por negar lo que aflora de forma inevitable, el Mito. Ésta es precisamente la causa por la que los problemas no se resuelven e incluso se agravan: porque mientras se conculca la igualdad (desembarazándose del Mito), sin renunciar a los ritos que mantienen los roles tradicionales, llega Ronny y le dice a una mujer inteligente: “te voy a follar hija de puta” y la mujer inteligente le contesta, “no dejes nada de mi (para cuando me case con tu hermano), deja sólo la piel y los huesos”. La perversión consiste, pues, en exigirle al hombre que sea aquello que es contrario a lo que marca el deseo de quien lo exige.

martes, junio 17, 2008

Hechizo de luna

En todo texto artístico (fílmico, literario, etc.) existe la enunciación de una verdad. O mejor, todo texto fílmico, literario, etc., debe contener la posibilidad de una verdad si lo que quiere es ser artístico. De hecho esa es la diferencia que distingue los textos artísticos de los meramente informativos. No se trata de una simple paradoja; es la paradoja sobre la que se constituye el arte. El encuentro con una verdad es lo que otorga sentido a la experiencia estética, a su existencia. Esa verdad, claro, no tiene porqué tener una existencia previa a la misma experiencia. Es decir, no se trata de confrontarse a las intenciones de un determinado autor (de un YO), ya que todo autor se constituye, sin poder evitarlo, de espaldas a la verdad de su deseo. Una cosa es el Yo enunciador y otra el Sujeto de la enunciación, que es también sujeto del inconsciente, del suyo y del colectivo. Por decirlo de otra forma, las bondades artísticas de una película como Providence, por ejemplo, no se infieren de las intenciones del autor, sino de la lectura que hace el espectador. No es Resnais el atormentado, somos nosotros.

Así la experiencia estética nos confronta con una verdad de magnitud variable; puede ponernos en contacto con una verdad o puede, en según qué ocasiones, confrontarnos con algo que no es privativo del arte: LO REAL. Si lo primero se asienta sobre el concepto de Placer, lo segundo se asienta sobre conceptos más movedizos y displacenteros.

Dicho esto me referiré a la excelente película Hechizo de luna haciendo, sólamente, un pequeño comentario de algunas escenas, evitando demasiados juicios analíticos y dejando que el lector saque sus por otra parte particulares conclusiones. Como es sabido se trata de una de esas películas que parecen no tener cabida ni en la filmografía americana ni en la filmografía del propio autor. Podría decirse, si consideráramos la filmografía del autor y aun aceptando algún acierto en ella, que Hechizo de luna le ha salido al bueno de Norman (Superstar) Jewison por casualidad. Si eso fuera posible.

No vale la pena resumirla pues quien la ha visto, la “conoce” y quien no, debería verla. Vale la pena describir las tres primeras secuencias, las que de forma magistral sitúan al espectador ante una trama que se encuentra viciada por el aspecto social en el que se enmarca, el del patriarcalismo. Un patriarcalismo, claro, en el que las mujeres son amas y señoras de sus hogares, es decir, dueñas de la familia.

En la primera secuencia vemos a Loretta en su trabajo: es contable de una funeraria. Es la contable de alguien (su jefe) que, seguramente con razón, se considera y autodeclara un genio a partir de su última intervención mortuoria. Acaba de terminar un trabajo de amortajamiento que al parecer le ha salido tan bien como de costumbre. Ante la vanidosa afirmación del funerario Loretta le replica que su negocio es un auténtico caos desde el punto de vista administrativo y que él es un desastre en el tema de la gestión. Acto seguido a él se le cae la tostada al suelo y Loretta tiene que ayudarle a hacerse el nudo de la corbata. Por si faltara poco (respecto a la información que vamos obteniendo de ella) aparece el repartidor de coronas mortuorias con su producto y Loretta dice no comprender el excesivo gasto que conlleva la compra de algo que nadie aprovecha. Ante la incomprensión del repartidor por el desprecio de las flores Loretta le insta a no equivocarse, “no te equivoques, que las flores le encantan”.

En la segunda secuencia se encuentran Loretta Castorini y Johny Cammareri en un restaurante donde él ha decidido pedirle la mano a ella. Ante la petición ella le cuenta, con cierta sangre fría evidente, que su viudez se debió a no haber seguido el protocolo reglamentario, así se declara supersticiosa y le exige que se arrodille para pedirle la mano formalmente, como mandan los cánones. Él le contesta que el traje es muy caro y se va a estropear si se arrodilla, a lo que ella replica que ya lo sabe porque fue ella la que le acompañó a elegirlo. Antes se ha producido un pequeño incidente en el restaurante que va a resultar sintomático a lo largo del film: un señor discute con una mujer mucho más joven que él y que termina yéndose del restaurante no sin antes haberle arrojado el plato de pasta en la entrepierna. Ante el espectáculo ofrecido Jonhy le dice a Loretta, “un hombre que no puede controlar a su mujer, es gracioso”.

En la tercera secuencia Loretta se despide de Johny en el aeropuerto, que se va a Roma porque su madre está agonizando, de hecho pospone la boda por ello. Cuando se acerca a la ventana para ver despegar el avión una vieja le avisa de que el avión va a estallar porque le ha echado un maleficio. Por lo que cuenta la misma vieja, su hermana viaja en ese avión y fue ella quien le robó a su marido 40 años antes y se casó con él. Una hermana que además le acaba de confesar que en realidad nunca quiso a su marido y que sólo se lo robó para sentirse más fuerte. Loretta le contesta que no cree en los maleficios a lo que la vieja replica, “yo tampoco”. Casi inmediatamente después de las tres secuencia comentadas Loretta le cuenta sus intenciones de casarse a su madre, ésta le pregunta, “¿le amas?” y Loretta contesta “no”, “eso está bien- continúa la madre- si les amas , lo saben y entonces te vuelven loca”.

Como hemos visto, las tres primeras secuencias de la película dejan claro ya los roles de los personajes aparecidos. Ella es una simple trabajadora y trabaja para un hombre que es el dueño de la empresa además de jefe. Roles previsibles de una sociedad antigua por patriarcal, donde los jefes son ellos y ellas súbditas de sus jefes. Él es un genio (como queda expresado a través de una afirmación que no puede comprobarse pero que no tenemos por qué dejar de creer) pero no sería nadie (como queda claro, también por expresado y visto) sin la discreta colaboración de Loretta. Él es un genio, pero es torpe (casi bobo) y no podría hacer nada sin la ayuda “silenciosa” de Loretta, que se nos muestra generosa en su estatus. Por otra parte el extraordinario guión deja claro su taxativo pragmatismo a través de la escena con el repartidor de flores funerarias. Loretta sería capaz de renunciar a un placer (su gusto por las flores) por cuestiones administrativas, ¿racionales? Es la forma en la que ella ha decidido vivir, anteponiendo lo que “debe ser” a lo que sus pasiones le reclaman. No le importa los conflictos que ello genere, pues como hemos visto el deber de no dilapidar en cosas innecesarias (controlar administrativamente) se impone sobre el del placer que le otorgan la contemplación de las flores. Algo que choca con su defensa supersticiosa del protocolo, ya que las coronas de flores no son otra cosa que puro protocolo. La cuestión es que todos sus actos responden (como comprobaremos más tarde) a su decisión de renunciar a lo que su deseo reclama por miedo a averiguar quién es verdaderamente. Con el miedo (manifestado con asertividad) despista sus deseos.

En la segunda secuencia Loretta controla con auténtica seguridad la pedida de mano del que para nosotros es un nuevo personaje: Johny Cammareri, un hombre 15 años mayor que ella, inseguro, dubitativo, repeinado y algo rancio (no sabe ni elegir sus propios trajes). Ante la propuesta de casamiento Loretta decide que sólo aceptará casarse si Johny se arrodilla ante ella y cumple con el protocolo, con lo que deja claro, a través de la exigencia del gesto sumiso por excelencia, quién es quién en la pareja, o mejor, quién será qué. El incidente de la mesa contigua resulta clarificador en la medida en la que provoca la frase de Jonhy, “un hombre que no puede controlar a su mujer, es gracioso”, justo unos minutos antes de que éste estropee su traje arrodillándose ante una mujer que fríamente le exige unas pautas que comienzan con un gesto sumiso.

La tercera secuencia sirve para introducir un nuevo elemento informativo sobre el asunto de la película, el de la imposibilidad comunicacional y por tanto el de incomprensión que genera esa (in)comunicación. El que resulten difíciles de entender ciertas cosas no significa que carezcan de explicación. La anciana, que tuvo que superar en su momento la experiencia de cómo su hermana le robaba “su hombre” acaba de enterarse de que después de todo nunca le amó. Si bien lo que resulta del todo esclarecedor, por poco comprensible que pueda parecer, es la explicación de la hermana: que lo hizo para sentirse fuerte. Así la fortaleza de la mujer proviene de un triunfo animal, el basado en la ley del más fuerte.

Hasta aquí las tres primeras secuencias. Demos un salto y situémonos en la escena en la que Loretta decide ir a convencer a Ronny para que vaya a la boda. Los previos los conocemos: sabemos que Loretta no ama a Johny pero se quiere casar con él, sabemos que ella sabe que nunca será feliz con él pero sin embargo quiere acelerar la boda. Y sabemos, ya, que realmente va a casa de Ronny porque el fuego del deseo ha entrado en ella; o mejor: ha emergido. La extraordinaria conversación que mantiene con él se desarrolla con la ambigüedad propia de quien está sintiéndose poco a poco abrasada; sus manifiestas ansias conciliadoras no son otra cosa que la exaltación de un deseo reprimido. Aquí es cuando se produce una de las escenas más antológicas del cine americano, una escena con la que se mereció (como así quedo reconocido por la Academia) el Oscar al mejor guión. Ronny la levanta en brazos con decisión (dirigiéndose hacia la cámara) y ella le pregunta “¿qué haces?”, a lo que él contesta “te voy a follar hija de puta”. Ella responde descolgando la cabeza en gesto de aceptación y sumisión. Y confirma: “no dejes nada para cuando se case (Jonhy) conmigo, sólo piel y huesos”. De esta forma tan atípica se resuelve lo que en otra película habría sido resuelto de forma estandard y poco relacionada con una verdad: a través de la determinación (la de Ronny) que necesita de firmeza y de un vocabulario que no lleve a engaños (como el que vive Loretta con Johny), ni necesite eufemismos cursis (que serían disuasorios para Loretta), ni perífrasis innecesarias (cuando el fuego requiere ser extinguido sobra el verbo, tan humano él). No es el amor lo que triunfa, es la animalidad que la anciana sólo conoció a través de su hermana, de la experiencia de su hermana. No sólo se conforma Johny con usar el término follar sino que además lo hace apoyado en el insulto agresivo. Loretta merece un castigo y hasta ahora ella era la única que lo sabía, ahora ha encontrado alguien que en unos segundos lo ha averiguado y ha actuado como debía.

Son muchos más los aspectos interesantes que contiene la película, sobre todo si tenemos en cuenta la perfección con los que están trazados los perfiles de los personajes secundarios. Por no hablar del asunto que en paralelo va discurriendo al de la in-comunicación: el de la muerte. Lo dejaremos para otro momento.

lunes, junio 09, 2008

Medios

1. Estamos a 9 de Junio, la gente sale a la calle con chaqueta desde hace días y eso no es noticia. No genera noticia por extraño que sea, que lo es. En otros años el aire acondicionado de casas y empresas llevaría accionado desde mediados de Mayo y sin embargo la gente duerme con colcha, algo que tampoco parece ser noticia, por raro que sea el hecho. Los pantanos se han abastecido bastante y ya no hace falta trasvase de ríos allá donde se hacía inminente por necesario. No hay bronca pues, por lo que no hay noticia, sólo un breve comentario de cafetería. News is bad news, como es sabido. La Expo de Zaragoza va a dar comienzo con el agua al cuello por lo que nadie querrá hablar de sequía, o por lo menos no alzará la voz para hacerlo, no vaya a ser que se ahogue. Este año, en definitiva, nadie habla del cambio climático. Y mientras, a Al Gore se le escapan los dólares de los bolsillos cuando se sienta en su jet privado para ir a la vuelta de la esquina. ¡Qué asco me dais, medios!

2. El problema del entendimiento en la comunicación es, como siempre, el de la interpretación de los términos. Un ínclito analista político decía hoy en su ínclito periódico que le ética del periodista debía regirse por la veracidad y el pluralismo. Apuntaba además, que esto ya lo dijo hace treinta años y que desde hace esos treinta años él viene defendiendo la veracidad y el pluralismo frente al mito de la objetividad (al parecer este analista se pasó por el forro el Nuevo Periodismo con todo lo que supuso respecto al mito de la objetividad). No sé exactamente que quiere decir con veracidad, sobre todo viniendo de un analista que debe llevar más de treinta años cuestionando toda afirmación que se presente como verdadera, a no ser que sea la suya. O sea renegando de toda afirmación que se presente como verdadera siempre y cuando venga de un contrincante ideológico. Así que no entiendo lo que por veracidad él entiende. Y el entendimiento se resiste. Pero lo que no he alcanzado a entender de ninguna de las maneras y aun cuando he leído el artículo tres veces es lo que me ha querido decir con lo de que el periodista debe ser plural. Y el caso es que lo explica. Pero ya digo, se me escapa. Sobre todo viniendo de alguien cuyos artículos no se mueven ni un ápice de lo que de él se espera. Así, un periodista escribe sobre la labor del periodista y de lo que debe ser esa labor. Y lo que yo entiendo es, sólo, que no le entiendo.

domingo, abril 27, 2008

Miró... habla

Si hay algún responsable desde luego que se trata de Vasari. Él fue quien inventó, por sistematización, la hagiografía artística. La Historia del Arte se inicia en el momento en que los artistas comienzan a tener una biografía. Y Sistematizar el hecho biográfico para hablar de pintura instaura un nuevo concepto en el mirar: el basado en la mitificación. Así es como comienza la necesidad de creer en una cierta superidad moral de los artistas. La obsesión hagiográfica deberá salvar incluso a los artistas más tiranos y déspotas, achacando a ellos un carácter voluptuoso, enérgico y... genial. Por tanto, la Historia del Arte comienza en ese mismo momento en que los términos mitificación y mixtificación tienden a unirse y confundirse. Ya no hay arte -decía Gombrich hace ya muchos años-, sólo hay artistas. Pero como ahora vivimos un momento situado después del fin del arte podría decirse que ya no hay artistas, hay sólo catálogos. Los artistas son, más que nunca, meros comparsas.

Curiosamente, este aspecto de la metodología historiográfica, el de la mixtificación, es un aspecto que no ha ocupado a casi ningún experto. O mejor dicho, sí que ha ocupado a la gran mayoría de los expertos historiadores, pero para insistir en el cliché mitomaniaco, mixtificatorio, nunca para cuestioanarlo (puede comprobarse a diario). A lo mejor porque resulta sumamente difícil admitir que tal o cual artista pudiera ser un merluzo con independencia de la calidad de su producción, sobre todo en un mundo, el del arte, que ya ha construido su imagen, no tanto en función del objeto artístico mismo, como en función de la autenticidad que emana inevitablemente del artista/creador del objeto. En cualquier caso, la cuestión es que los artistas rara vez renuncian a hablar porque casi todos se han creido eso de que su genialidad es total por ser producto de una autenticidad que emana de forma inevitable. Y hablan. Todos. Siempre que pueden.

No tengo nada en contra del Miró artista, es más, Miró me parece un excelente cocinero y un buen escultor (en cualquier caso sé que a nadie le interesa lo que yo pueda pensar de éste o de cualquier otro artista). Pero cuando Miró habla es porque quiere, por lo que nosotros debemos, aunque sólo sea por respeto, escucharle. Y después tenemos el derecho a opinar sobre lo que dice. Su producto artístico podrá ser cosa que requiera de los matices de los expertos, de los hagiógrafos, pero su palabra es cosa de todos, sobre todo porque la usa, según él, para democratizar su arte, para hacerlo llegar a más gente y de forma más clara.

En la misma portada del libro Conversaciones con Miró (Gedisa) aparece ya la entrecomillada afirmación, “Mi pintura no es de ningún modo un diario secreto. Es una fuerza atacante que se exterioriza”. Así pues, ya sabemos, antes de abrir el libro, que su arte es el producto de una fuerza exterior, inevitable, demiúrgica. Estamos ante una fuerza de la naturaleza que se ha servido de un cuerpo humano para hacer llegar a toda la humanidad un mensaje cifrado, que no secreto, con el fin de hacer del mundo un lugar más habitable (es el momento de recordar que su fama precede a la entrevista que nos ocupa). Por lo que ya sabemos, entes de abrir el libro, que su Obra y su Palabra son ya lo mismo. Con frases como ésta es como crea el mundo del Arte las fronteras a su acceso. O estamos con él o estamos contra él, o estamos dentro o estamos fuera y a los de fuera no les es permitido, jamás, hablar de lo que hay dentro. Y cuando lo intentan (y recuérdesde el caso de Muñoz Molina cuando se atrevió a hablar de Joseph Beuys) son rápidamente ninguneados cuando no insultados aludiendo, precisa y paradójicamente, la incapacidad crítica de quien no se encuentra dentro. Así, o se está con Miró o se está en su contra, sin olvidar que estar en su contra es no estar en ningún lugar. El mismo Miró lo sabe, por eso dice respecto a la respuesta que obtuivieron, en sus inicios, los cuadros de su amigo Kandinsky: “lo que hacía (kandinsky) me interesaba y, se lo dije, había sido muy mal recibido en París po los imbéciles que no comprendían nada” (pag 203). Esto es, o se está con Miró o se es imbécil.

El citado libro es de una ejemplaridad clarificadora. Nada hay en él que no pudiera ser previsible hasta la exasperación. El demiurgo se encuentra presente incluso en las afirmaciones más aparentemente humildes. Todo en el libro es un tributo a la inevitabilidad de la genialidad cuando ésta emerge, desde las mismas afirmaciones del artista hasta la descripción del carácter de Miró por parte del entrevistador: en 34 ocasiones el autor hace mención a los gestos con los que Miró acompaña a sus palabras, otorgando a estos el halo divino de lo que podría llamarse una fuerza atacante que se exterioriza. “En Montroy lo que me nutre es la fuerza. La fuerza”, dice Miró al principio de la entrevista. Mientras el entrevistador dice cosas como “hace un gesto con la mano en el aire”, “golpea en la mesa con la mano abierta”, “golpea con los pies”, “traza con un gesto la trayectoria de un ave que se aleja”, etc, etc, hasta 34 veces. La fuerza, ciertamente parece estar en Miró de la misma forma en la que lo estaba con el joven Sky Walker: haciendo referencia a las líneas imaginarias que describen sus cuadros dice respecto a su metodología creadora “impulsado por el azar, pero por una fuerza más poderosa que yo y que no puedo dominar”. Por lo que su conclusión es: “Lo que me interesa no es que quede allí el cuadro, sino su irradiación, su mensaje, lo que hará para transformar un poco el espíritu de las personas. El cuadro en cuanto objeto no me interesa”.

El género de la entrevista es un género literario muy curioso cuando éste se produce ante quienes no tienen la costumbre de pensar por escrito, es decir, cuando se produce ante músicos, cantantes, actores, etc y no ante quienes tienen por costumbre y hábito la propia literatura, como escritores, filósofos, periodistas, etc. Resulta curioso la condescendencia con la que se trata a quienes opinan respaldados por una fama ajena al pensamiento, pero resulta más curioso, si cabe, que se trate de intelectuales de igual forma a los primeros y a los segundos. (A propósito de este tema, no puedo evitar recordar la publicidad electoral que a este respecto usó el PSOE cuando dijo que 5.500 intelectuales habían expresado su apoyo incondicional a Zapatero. ¡5.500 intelectuales! Si contamos que esos son sólo los que se han adherido a la campaña de un partido político y dejamos los que no lo han hecho, sintiéndose sin embargo cercanos a esa ideología, y contamos también los miles de intelectuales pertenecientes a otra ideología, ¿cuántos intelectuales salen? Y mejor aún, ¿dónde cantan?).

En cualquier caso lo que pretende Miró con su intelectualidad, la expresada en forma de entrevista, es lo mismo que pretende con su arte: “ofrecer al espectador un aprendizaje de la libertad” (pág 12). Dice Georges Raillard, el entrevistador, “no dudo de que las reflexiones de Miró durante las horas de conversación contribuirán a hacer que su obra se acerque a sus destinatarios”, y Miró nos dice, “la gente comprenderá cada vez mejor que yo abría la puerta a otro porvenir contra todas las ideas falsas y todos los fanatismos” (pag 199). Difícil, pues, como vemos, disociar su obra de su palabra pues ambas son la exteriorización de lo mismo, la exteriorización de una fuerza atacante. Y ahora, comprometida. Sí, la intelectualidad es pues irrefutable en la medida en la que así es entendida por quienes así la entienden (que viene a ser TODO el mundo del arte). Y así queda expresada en sus respuestas y en sus afirmaciones: para explicar un cuadro a instancias del entrevistador Miró no duda en de-mostrarla y dice “cuando yo pinté esa tela, y otras que se le parecen un poco, mi estado de ánimo estaba modelado por la poesía. Por eso leo poesía y escucho música. En ese momento oía muchos discos. Entonces, pam, pam, pam, pam (sigue el ritmo con un dedo en el aire, esboza un movimiento como si bailara), pam, pam, pam, pam, ¡zas! (y traza un círculo en el aire)”. Y me imagino entonces al entrevistador extasiado ante tan excelsa profundidad de pensamiento, sobre todo debido al círculo trazado en el aire.

Y como en casi cualquier genio, su relación con el dinero es secundaria, según él mismo, claro: “Breton y Eluard tenían un agudo sentido comercial. Yo no tengo ni idea” dice Miró en los primeros compases del libro. Y ante la pregunta “¿le ha molestado que se mezclen la pintura y el dinero?”, contesta tajante, “Me disgustaba mucho... ¡un valor en bolsa!, Eso me desagrada profundamente”. De ahí que ahora estemos en disposición de entender mejor las intenciones que manifestaba más arriba el mismo entrevistador: “no dudo de que las reflexiones de Miró durante las horas de conversación contribuirán a hacer que su obra se acerque a sus destinatarios”. De lo que se trataba, pues, fundamentalmente, era de acercar la obra a sus destinatarios. Aunque no sepamos aún con claridad quienes son ellos, si los espectadores, los lectores o los clientes.

En efecto, el tema del dinero es un tema que, además de recurrente en las reflexiones del mundo del arte, provoca un consenso en la práctica totalidad de los artistas modernos (salvo dos o tres honradas excepciones). Y el consenso consiste en que a todos les repugna el dinero en la medida en la que su principal cometido es insultar a quien lo tiene. El caso de Miró resulta aquí paradigmático. Cuando el bueno de George le insta a solucionar el grave problema de que el arte sea inaccesible por caro, Miró responde que éste se soluciona "haciendo esculturas y grabados". A lo que es replicado por el autor con la única frase compremetedora, “una litografía o un aguafuerte son caros...”. La contraréplica es fascinante en la medida en la que denota su verdadero y profundo desagrado por el dinero como valor de cambio; dice Miró, “El grabado es muy eficaz, muy importante, para la divulgación de las formas. Por ejemplo, sobre esta mesa hay unos veinte. Si se tiran setenta y cinco copias, son mil quinientas: pueden llegar a mil quinientas personas”. Tan claro es su pasión por difundir la obra entre el pueblo menos pudiente que cuando le preguntan “Y cuando termina (un cuadro), ¿siente usted la necesidad de mostrar el resultado a alguien?”, Miró reponde sin titubear, “A muy pocas personas. ¿Para qué?”.

Después de haber escuchado la voz de Miró (“ofrecer al espectador un aprendizaje de la libertad”, “los imbéciles que no comprendían nada”, “la gente comprenderá cada vez mejor que yo abría la puerta a otro porvenir contra todas las ideas falsas y todos los fanatismos”, “lo que me interesa es la irradiación de cuadro, su mensaje, lo que hará para transformar un poco el espíritu de las personas”) transcribo ahora un fragmento completito: “¿Interviene usted para fijar los precios?”, “no, no. Por el contrario, le digo (a su marchand): Amigo, hace falta que pegues fuerte. No lo vendas por cuatro cuartos. Sobre todo, desde el punto de vista moral”. “¿Un punto de vista moral?” (replica el autor), "¡No quiero que cualquier imbécil pueda llevárselo por cuatro cuartos!”. "En sus viejos cuadernos de notas he leído: No me gustan los burgueses, pero es preciso que aprendan a respetar lo que hacen los artistas”. EEso es. Tener respeto” (responde Miró). Ya ven, Modernidad en estado puro.

Pero ya digo, los hagiógrafos leerán este libro y verán lo que yo no he visto, porque su Fe carece de límites y porque nunca tienen presente la segunada ley de Las leyes fundamentales de la estupidez humana, que reza eso de que cualquier persona puede desarrollar perfectamente una actividad y ser simultaneamente un idiota. Y porque además creen que la fuerza atacante que se exterioriza en Miró es de tal potencia que su palabra se encuentra indisociada de su producción, como si las opiniones pudieran ser juzgadas de la misma forma en la que se juzgan los cuadros, como si la inteligencia no fuera con ellas. Es decir, los hagiógrafos juzgan la inteligencia mostrada a partir del verbo con los mismos parámetros con los que juzgan una pintura. Y el desastre es monumental. Las pinturas no requieren de la inteligencia, pero las opiniones sí. No estamos en la época de Leonardo (cosa mentale). Cuando Miró quiere explicar su relación con Stockhausen es cuando el pintor hace gala de esa intelectualidad tan suya y dice: “Hay relaciones muy claras entre lo que él hace y lo que yo hago. Por ejemplo, ese ¡pam! ¡pam! ¡pam! (puntúa cada pam con un golpe en la mesa). No puedo explicérselo mejor”. Su capacidad intelectual es, efectivamente, artística.

sábado, abril 19, 2008

cromosomas

Fue pura casualidad: poco después de publicar aquí un post analizando la incongruencia de usar el término igualdad para solucionar el problema del machismo y la llamada violencia de género el gobierno sacó de su simpática chistera el nuevo Ministerio, el de la Igualdad. Decía hace unos días que el término igualdad es complejo, por lo que no es en absoluto el más apropiado para ser usado en la educación infantil; y decía que lo que tocaba era ahondar en la diferencia, analizarla, y en función de los datos dirigir la educación hacia una prevención realista. Pues nada, lo que va a seguir imperando es lo de hablar de igualdad para englobar con el término tanto las injusticias sociales (que sí lo requieren) como los otros enormes problemas que sólo tienen que ver con la diferencia. Así, mi pronóstico: la incomunicación entre géneros cada vez será mayor y la Guerra de Sexos acabará como la Guerra de los Rose.

Mutatis Mutandi. Justicia social. Tengo un amigo que se separó recientemente. La separación no se produjo por la interferencia de terceros sino, según palabras de ella, por el hastío que le provocaba la presencia de él. Ella necesitaba, siempre según ella, distanciarse de él para ver si encontraba una forma de realizarse verdaderamente. Ella dice no tener nada en contra de él, pero que necesita no saber nada de él. Por lo que, a partir de una decisión de ella, debían separarse de verdad, es decir, debían separase cumpliendo las condiciones que marca la ley. Lo que traducido al mundo que les toca vivir ahora es:
Él se ha tenido que ir de casa, ella se ha quedado en la casa con los dos niños. Él le pasa la manutención establecida por la ley, por lo que vive en un pequeño apartamento mal acondicionado. Y todas las mañanas, y esto no lo sabe ella, mi amigo llora escondido en una esquina cercana a la entrada del colegio porque es la única forma que tiene de ver a los niños durante los 15 días en los que no se le permite hacerlo.

Addenda. Gergeley Csibra es un Catedrático de Psicología Cognitiva del Birkberck College de la Universidad de Londres y desde 1994 es investiga el desarrollo cognitivo en los dos primeros años de vida. Hace unos días, y con motivo de unas conferencias dadas en nuestro país, decía. “mientras que los niños prestan más atención a los objetos las niñas se muestran más interesadas por las personas. ¿Qué significado puede tener esta observación? No lo sé, es difícil saberlo todavía aunque creemos que con el tiempo llegaremos a conocerlo. Pues lo más probable es que no sea algo casual y que, efectivamente, tenga un significado”. Esto es lo que decía, textualmente un catedrático especializado el desarrollo cognitivo en los dos primeros años de vida después de 13 años de investigación exhaustiva. Con toda la imprecisión que todo buen científico debe mostrar decía algo así como que los niños y las niñas son diferentes desde el principio pero que no sabemos por qué.

domingo, abril 06, 2008

Repulsión

Allí estaban una vez más, allí estaban como en tantas otras ocasiones. No eran los mismos, claro, o sí, no sé, pero allí se encontraban todos esos mocosos sentaditos en el suelo, en semicírculo, de cara a su profesora y delante del cuadro seleccionado para el comentario. Un cuadro que era uno en concreto, pero que pudo ser cualquier otro en concreto, cualquier otro cuadro de ese Museo que cuenta con obras de Arte Moderno y contemporáneo.

Cualquier escuela no tiene más que solicitar el permiso al Museo y la excursión será facilitada por el Ente, que además contabilizará a todos los mocosos como espectadores interesados por su programación. El cuadro, como digo, era uno en concreto pero pudo ser cualquier otro mientras fuera eso, moderno. Que después habrá que jugar y lo moderno da mucho juego al juego. Se trata de una ceremonia que se repite a diario en todos los museos de arte que cuentan con Arte Moderno y Contemporáneo. El profesor explica a los mocosos lo importante que es el arte, lo importante que es el pintor protagonista del comentario y lo importante que son sus cuadros en general y ese en particular; lo importante que son esas pinceladas, lo importante que son los colores y en definitiva lo importante que es ese cuadro pintado por un ser importante para la Historia del Arte y por ello importante para la Humanidad.

La profesora explicaba a los infantes lo importante que era el pintor de ese cuadro en concreto y lo importante que había sido el particular uso del color en el cuadro; lo importante que era el color para transmitir una emoción, la de un pintor importante, y lo importante que era percibir esa emoción como espectador; lo importante que era ese trazo para la composición de ese cuadro tan importante y cómo ese trazo hacía de aquello, ese cuadro en concreto, algo importante. Mientras los mocosos se olvidaban, o no, de sus resecos mocos, la profesora les explicaba lo importante que es el Arte para la Humanidad y lo importantes que son todos eso pintores de la misma época de este pintor importante. La profesora, que lo es por haber aprobado las oposiciones especializadas, les explicaba a los absortos mocosos la importancia de unos papeles pegados al lienzo y lo importante que fue para la Historia del Arte, es decir, para la Historia de la Humanidad, el descubrir que en los lienzos podían pegarse papeles. Y mientras los mocosos parecían encontrarse atónitos ante las explicaciones de su maestra, la maestra misma les explicaba esos mismos mocosos la importancia de que pudiera no haber ningún elemento representativo en el cuadro, la importancia del que un cuadro pudiera ser, desde cierto momento histórico, un conjunto de manchas sin fin representativo alguno. La maestra les explicaba a los mocosos lo importante que es un pintor que supo hacer algo importante y les explicaba también lo contentos que debían sentirse por estar delante de aquel cuadro tan importante, tan importante como lo eran todos esos otros cuadros que les rodeaban. En esa misma sala y en las adyacentes.

Lo importante es que los niños sepan diferenciar las cosas importante de las que no lo son, pienso yo que piensa la profesora, y por eso estaba allí, una vez más, explicando a esos mocosos lo que ya les había explicado a tantos otros mocosos. La profesora, que pudo haber sido otra, explicaba a esos mocosos lo importante que era ese cuadro, ese cuadro en concreto, y lo importante que era darse cuenta de lo importante que era el cuadro de ese pintor importante. Cuando la profesora acabó de dar sus oportunas explicaciones se encaminaron todos ellos a la sala lúdico-pedagójica que todo Museo tiene con el fin de imitar lo que debido a su importancia debe servirnos de ejemplo.

Nota. Resulta, como digo, absolutamente irrelevante el pintor elegido por la profesora para su comentario más extenso. La verdad es que no pude acercarme lo suficiente para ver la cartela, pero por la sala en la que se encontraba yo me atrevería a asegurar que se trataba de un Elmyr de Hory.

sábado, marzo 22, 2008

Voto útil y miedo

Hay quien se mueve por ideales y hay quien sólo le mueve el odio.
Las guerras civiles son el producto de un odio entre dos partes llevado a la contienda.
En una sociedad donde hay odio pero no contienda lo que impera y prevalece es el miedo. Quien vive en el País Vasco sabe lo que es el miedo y sabe que una guerra existe sin que haga falta declaración de guerra alguna. Ni bombas. Aunque sí minas y humillación.
El mal se instala en esas sociedades donde el miedo impera y se impone como forma de vida. Quien vive en el País Vasco sabe que el miedo es lo que impide el ejercicio de la verdadera libertad, la libertad con la que vivimos los valencianos, los castellanos, los andaluces... todos los que no sabemos NADA de lo que es vivir con miedo.
No se trata de juzgar a un determinado partido político en función de su ideología, sino de juzgar los hechos (los actos). Obras son amores y no buenas razones.
No se trata de juzgar al gobierno en términos generales, sino de juzgarlo por aquello que lo convierte en cómplice del miedo que padece un sector de la población.
Quien vive en el País Vasco sabe a lo que me refiero. Y si no que se lo digan a esos cientos de miles de vascos que no pueden expresar su opinión en público sin miedo a que le quemen el coche. O algo peor.
Miedo es eso con lo que NO viven los andaluces, valencianos, extremeños...
Hay quien se mueve por ideales y hay quien sólo le mueve el odio. Quienes apoyan a un partido político que permite y por tanto refuerza el miedo que imponen los nacionalistas en un territorio donde el miedo vive instalado son, como mínimo, insolidarios con las injustas víctimas. Y quienes no son capaces de ser solidarios desde el no miedo que conlleva la libertad es que probablemente no son buenas personas.
Ha nacido un partido de izquierda que manteniendo los fundamentales ideales de su ideología se ha sabido desvincular de esa otra imperante izquierda psicótica y demagógica que defiende el matrimonio gay pero que patrocina el miedo. Tal partido ha sido, digan lo que digan, un fracaso. Quienes han votado al partido del gobierno tenían la oportunidad de ser solidarios y defender la libertad. Votando al partido de Rosa Díez. Pero el miedo les ha podido y han preferido votar a la contra. Con voto útil, supongo. Parece que, en esta ocasión, el 90 % de los votos sacados por el gobierno ha sido a costa del voto útil, voto a la contra. A la contra de la oposición, pero a favor del miedo.

martes, marzo 11, 2008

Genética indomesticada

De las mujeres vivas, una de cada tres es o ha sido violentada por uno o varios hombres. Nos dicen. Las estadísticas son así, se escupen para quien las quiera interpretar. Y nadie se atrevería a descreer de ellas cuando el tema en cuestión invoca a la conciencia social (aunque todos duden de ellas cuando los datos hacen referencia a circunstancias políticas). Así pues, habrá que interpretarlas. Sabemos, porque nos lo dicen, que la cifra en cuestión hace referencia a la población femenina mundial: una de cada tres es o ha sido violentada por uno o varios cabrones. Nos dicen. No sabemos, sin embargo, cuál es la diferencia de grado que hay entre países, ni cómo debemos entender exactamente el verbo violentar, ni sabemos la regularidad o la frecuencia con la que ese tercio de población mundial ha sido violentada, ni en qué circunstancias. Se sabe la cifra pero no los detalles. Pero ahí están, escupidas.

Olvidémonos de los países no civilizados. Más, pues: el año pasado fueron más de 70 las asesinadas en España. Ahora son 80.000 las mujeres que han denunciado a sus parejas y viven amenazadas, pero las estadísticas dicen que sólo denuncia el 20 %, por lo que debemos saber que son 400.000 las mujeres violentadas por unos canallas. Cifra alarmante, sin duda, pero que no se corresponde con esa otra cifra que hace poco se hacía pública en otro medio y que decía que una de cada cuatro mujeres era maltratada aquí en España (diferencia, por cierto, nada nimia y que debería inducirnos, seguro, a la reflexión: 400.000 no son 6.000.000).

Hace unas horas han sido asesinadas cuatro mujeres por sus respectivas parejas. La cifra, desde luego, es más que alarmante, pero no tanto porque lo sea en sí misma cuanto porque el incremento de asesinatos va parejo a un aumento de la concienciación masiva y el adoctrinamiento prematuro. Un político decía en un medio el mismo día de los hechos “se va hacer un esfuerzo para educar a los niños en la igualdad”. Y por otra parte, desde casi todos los lados, se incidía en que eso es lo que pasaba en una sociedad machista, por ser una sociedad machista.

De esta forma, tenemos por una parte un término, el del igualdad, que al parecer hay que explicar a los niños y por otra la de la asociación (político/mediática) del concepto de machismo (genérico) al de delincuencia (de unos asesinos). Pues bien, ésta es siempre la tónica después de los hechos en la medida en que responde a la estrategia seguida por los políticos y los media. Esa es la metodología que por tanto debe seguirse, siempre según esa Opinión Pública, en la educación de los niños: la de hablarles de igualdad y de machismo después de un asesinato. A todos los niños, claro, pero mirando fijamente a los ojos de ellos, los varones, los potenciales asesinos.

Toda explicación mediática y educativa, pues, tratará de inculpar al género que queda representado por los asesinos. La sinécdoque llevado al grado sumo de la perversión. Tal es la tónica, tal es la estrategia, la que día a día demuestra su perfecta ineficacia. Pero erre que erre, se insiste en la estrategia de criminalización de género. Y a nadie parece preocuparle demasiado las cifras de asesinadas (tan alarmantes realmente) puesto que nadie plantea la posibilidad de haber errado en la estrategia y a nadie se le ocurren otras opciones estratégicas más razonables. Concienciación no es criminalización, aunque la Opinión Pública no parezca saberlo.

En la educación infantil, todo el peso de la culpabilidad se encuentra dirigido al niño (varón), de la misma forma que en la sociedad adulta todo el peso de la culpabilidad se encuentra enfocado hacia el hombre (varón), que por eso “la lacra es”, dicen, “la consecuencia de una sociedad machista”. Y desde este punto de vista sólo hay prevención cuando se previene al hombre (varón) del mal que va a cometer. No hay mujer sospechosa, sólo hombres sospechosos. Esa es la máxima de la estrategia. Así, se conculca la igualdad en la teoría mediática, pero sin darse cuenta que con tal estrategia se crea la primera gran desigualdad, esa en la que el niño ya desde pequeño comienza a ser sospechoso.

El término igualdad es complejo, por lo que no es en absoluto el más apropiado para ser usado en la educación infantil. Necesitaría de grandes matices. No, la clave no se encuentra en la cuestión de la igualdad, sino en la del respeto y la autoestima. Ellos deben aprender a respetarlas a ellas (cuando la testosterona les explota) y ellas deben aprender a quererse a sí mismas (cuando comienzan sus capacidades electivas). Y por algo será que hay que enseñarles cosas distintas. Quizá porque no son iguales, quizá porque las hormonas no responden igual en un género que en otro ni a las mismas edades.

Otra cosa sería hablarles de justicia social y de derechos ante la ley, pero estamos hablando de igualdad a partir de un asesinato no de una injusticia social. Los asesinos matan por aquello que los hace diferentes a las mujeres, no por lo que los hace iguales. Lo que por tanto habría que hacer es ahondar en la diferencia, analizarla y en función de los datos dirigir la educación hacia una prevención realista. Probablemente la causa por la que el 99% de los asesinos han matado a sus mujeres no se encuentra asociada a las injusticias sociales. Más bien se debe (y quien dude que mire las estadísticas) a algo más irracional, más vinculado a lo atávico, a lo genético, eso que tan poco gusta a los ultraambientalistas y a los que creen que todo el mal proviene de las convenciones sociales. Esto es, más vinculado a lo que nos diferencia a los varones de las hembras. Por lo que resulta peligroso además de erróneo insistir en lo de la igualdad. Exigir la igualdad podría, de este modo, servir para justificar que las mujeres asesinaran a los hombres, ya que, además, nadie dudaría de la maldad de ellos, las víctimas.

martes, marzo 04, 2008

Terror nocturno

Juro por Dios que es la primera vez que me pasa. Por lo que es absolutamente cierto.
Cada uno es muy libre de imponerse las disciplinas que le vienen en gana. Y yo no iba a ser menos. No se trata de manías, o sí, pero el caso es que yo me impongo una serie de hábitos con el único fin de establecer beneficios saludables. Por ejemplo, tengo por costumbre, o tal vez debiera decir tengo como norma, no dormirme nunca en el sofá viendo la televisión (por la noche). En efecto, creo que lo que me permite dormir relativamente bien y, sobre todo, dormirme con inmediatez una vez pillo el lecho, es el hecho de ir al lecho cuando me vienen los primeros signos de sueño. Sé que hay gente que se duerme en la cama mientras tiene la televisión encendida y omnipresente. Creo que no casualmente eso es lo que les hace dormir malamente, como diría la gente de allí. Yo no, yo sólo me acuesto cuando el sueño hace presencia y me acuesto para dormir. La cama está para ello (salvando otras excentricidades) y no para hacer migas ni leer a Coetzee. Por tanto, juro por Dios que ayer fue la primera vez que me pasa. Intenté sobreponerme con todas mis fuerzas, pero nada. Y utilizando todos los trucos que conozco, pero nada, resultaron infructuosos. Encendí más luces de las que suelo tener encendidas, pero nada; subí el volumen del aparato, pero nada; me levanté a comer algo aun sin hambre, pero nada, llamé a mis padres por teléfono para saber cómo se encontraban, pero nada... No pude evitarlo: me dormí viendo el debate, el gran debate. Me dormí, lo juro por Dios. Cuando acabó me desperté y me alcé como un resorte. Y me dediqué una hora a ver, en zapping, las conclusiones que ofrecían varias cadenas de televisión. Me aterré al comprobar que no fue sueño lo que había tenido una hora antes. Lo juro por Dios.

domingo, marzo 02, 2008

Vota ¡Imbécil!

Y nos lo dicen amparados por nuestro dinero.

jueves, febrero 28, 2008

Vota, ¡imbécil!

Nos dicen a nuestra espalda.

sábado, febrero 16, 2008

Padres/ética/hijos

Ayer escuché a dos personas declararse políticamente incorrectas (en dos medios de comunicación): un político muy conocido y un artista reconocido. Resulta curioso comprobar cuánta gente se esfuerza por desvincularse públicamente de cualquier tipo de corrección política, aún cuando ello suponga hacer el ridículo inevitablemente. En este caso, ridículo espantoso por parte del político y patético por parte de quien no lo es. Espantoso en el primero porque su declaración es el producto de una mentira y patético en el segundo porque resulta ya inadmisible que un intelectual confunda el síntoma con el signo, pues el intelectual debe saber que sólo es cantante quien que se sube a las tablas, por pequeñas que éstas sean, y no quien sólo canta en la ducha.
La corrección política, que no es sino la consecuencia previsible de la cultura de la queja, pretende, acaso, que el error inevitable que supone el ejercicio de todo gobierno produzca un mal menor. Y dada la velocidad con que las noticias se superponen (en un mundo en el que ya nadie tiene tiempo para echar la vista atrás más allá de dos días), los males menores son la perfecta garantía de sostenimiento. Así, el poder se sostiene creando males menores. Así se sostiene el poder. Nada le importa a quienes ejercen el poder el hecho de que el proteccionismo derivado de un victimismo infantiloide genere una sociedad mostrenca. Y nada les importa porque nada hay más frágil y más necesitado de paternalismo justiciero que una sociedad maleducada por irresponsable. Y nada les importa porque la clase política sabe, antes que otra cosa, que ella somos nosotros. Y que por tanto aguantaremos carros y carretas, los que nosotros mismos propiciamos.
Una sociedad, pues, que tiene a los políticos que se merece, porque han sido elegidos precisamente con el fin de salvarnos del esfuerzo que supone el ejercicio de la responsabilidad. Sin darse cuenta que la suma de miles de males menores superpuestos ha producido el peor de los males, the big one: una clase política aberrante. Uno le dice al otro, “mientes” y el otro le contesta al uno, “pues tú más”. Uno le dice al otro “lo haces mal”, y el otro, en vez de utilizar argumentos a la contra, le contesta al uno, “pues tú también lo hiciste mal”. Uno le dice al otro “el límite impuesto en el sistema de cuotas respecto a la ley de paridad restringe la libertad” y el otro le contesta “pero no es el único límite que restringe la libertad”.
La imposición de la corrección política como forma de vida comienza con la educación de los infantes. La laxitud impera. Cuando no la dejación por parte de quien bastante tiene con la pena de saberse igual de infantil que su propia descendencia. Pasan de “estudiar” expresión corporal a “estudiar” conocimiento del medio y cuando son conminados a algún tipo de esfuerzo se les pone la carne blanda. Se pasan horas conectados a Internet y usan la Wikipedia como un juego de marcianitos. Están informados de prácticamente todo… lo que les interesa, pero el estar informados no garantiza nada de nada. La información tiene un valor extraordinario cuando no resulta fácil acceder a ella. Ni siquiera Gabriel Albiac se ha percatado de que los tiempos cambian. Dice el ínclito “frente al adoctrinamiento información” y lo dice desde un programa de televisión. Y lo dice quien hace gala de no tener televisión. Y lo dice mientras se supera, con muchas creces, el índice de embarazos no deseados en las cada vez más informadas adolescentes. Y lo dice mientras el número de mujeres maltratadas se eleva anualmente ¿gracias? a la información que promulgan todos los medios a todas horas.
Los adolescentes de ahora saben más (y de muchas más cosas) de lo que sabíamos nosotros a su edad, han viajado por todo el mundo, carecen de responsabilidades, tienen tan fáciles las relaciones sexuales como la compra de ropa de marca, pero no saben razonar por lo que sus argumentaciones se parecen demasiado a los monólogos cómicos de Tele5. Es el resultado de la prepotencia que se les ha conculcado. No es información lo que necesitan sino un poco de ética. O mejor: mucha.

nota. Este texto fue propiciado, como digo, por las declaraciones escuchadas, pero no habría sido posible sin la lectura previa de un artículo de Arcadi Espada en el que a partir de un caso concreto el autor sugiere la "teoría" del mal menor (véase su blog).