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miércoles, agosto 28, 2019

Mamá Estado y su Prole


Mamá Estado y su Prole

Lleva uno todo el año barruntando acerca del estado de las cosas en lo que respecta a la programación teatral en la ciudad de Valencia. Al principio sólo haciéndose uno preguntas, pues se trataba de una programación que se cerraría al final de la temporada. Pero con las ideas cada vez más claras conforme se iba acercando ese cierre, sobre todo conociendo los precedentes de años inmediatamente anteriores.

¿Y cuál sería la conclusión? Que la Programación de teatro en la ciudad de Valencia lleva 3 años empeorando de forma evidente y extraordinariamente progresiva. O por decirlo de otra forma: el teatro que uno ha estado viendo durante estos 3 últimos años ha ido siendo progresivamente más malo. Con obras mayoritariamente zafias, groseras y basadas en textos infantiles y eminentemente propagandísticos, escritos por gente con cultura epidérmica e hilvanada. Así, malo y progresivo en ésta su cualidad.

Echa uno de menos la irregularidad que existía hace tan solo 3 años y anteriores, cuando uno iba al teatro y tenía ciertas posibilidades de encontrarse con algunas buenas obras. Pero desde hace ese tiempo a esta parte uno ha ido observando como las programaciones teatrales en general (obras financiadas con dinero público) y las de las Salas (supuestamente) Alternativas privadas (sic) en particular iban a peor, pero con un pequeño matiz que hacer respecto a estas últimas. Recuerda uno, porque se acuerda, que digamos hace 10, 9, 8 o 4 años en los halls de los teatros alternativos, con el ticket en la mano y antes de dejar entrar al público a sus aposentos, se nos soltaba un discurso sobre lo difícil que se hacía la subsistencia de ese espacio teatral, así como el todos los similares. Se insistía en que no ganaban dinero con el negocio porque estaban totalmente abandonados por las altas instancias culturales (sic), que subsistían por amor al teatro y voluntarismo cultural, que el precio de las entradas sólo servía para pagar impuestos (sic), bla bla bla, y que por favor apagáramos los teléfonos móviles. Y es cierto, ya para acabar, que desde unos años a esta parte ya no sólo no existe el discursito previo, sino que además le cortan a uno el ticket con una sonrisa que va de oreja a oreja.


Hoy ha visto uno la explicación negro sobre blanco de ese deterioro en la calidad de las propuestas teatrales que se viene dando desde unos años a esta parte (y de la sonrisa de los propietarios de Salas Alternativas). A partir de hoy ya podemos conocer la causa de ese deterioro; causa, todo se ha de decir, que uno ya conocía, pero que sólo ahora puede servir como argumento incuestionable. Dice hoy El Levante en grandes titulares:

“La Generalitat ha triplicado desde 2015 las ayudas al teatro, la danza y el circo”. Y con el siguiente subtitular: “El Institut Valencià de Cultura destina este año 3,2 millones al fomento de las artes escénicas y ha incrementado a 192 el número de beneficiarios”.

No hará falta que diga que entre esos beneficiarios están todas esas pocas Salas Alternativas cuya programación ya no necesita de beneficios en función de la entrada para poder sobrevivir.

domingo, septiembre 09, 2018

Sin Arte II


Al hilo del último post

y al hilo de otros otros posts también recientes:

En algunos de los últimos posts ha intentado uno describir la situación en la que se encuentra “eso” (esa actividad, esa disciplina) que aún tantos se empeñan en seguir llamando arte. Vano empeño (de uno), el de convencer a alguien de la futilidad de su actitud si no está dispuesto a escuchar nada que le pueda contravenir. Porque cuando uno habla de la inexistencia del arte no habla uno ni de creadores ni de su producto, que de esos y eso cada vez hay más, lógicamente. Así, no habla uno de lo que los demás sobre-entienden (no sé por qué), sino de la inexistencia del arte por la inevitable imposibilidad de su existencia.

De hecho, cuando hago referencia a la inexistencia del arte ¡no me refiero nunca ni a los creadores ni al producto que generan! (que ahí están ellos en tanto que artistas y ahí está el producto mostrado en nombre del arte, insisto), cuanto a una situación, la actual, que resulta perfectamente incompatible con la idea del arte que paradójicamente defienden tanto esos mismos creadores como los intermediarios que pretenden hacer negocio con ellos -galeristas y comisarios. Una idea del arte que devenida del final del XVIII se encuentra ahora perfectamente periclitada por una FUERZA MAYOR, el “simple” paso del tiempo. En este caso además con el aliño de un cambio de ERA, de la Analógica a la Digital. Y repito: Harald Szeeman dio el pistoletazo de salida, Lehman Brothers el gran empujón y la Redes Sociales la estocada definitiva.

Harald Szeeman mostrando un Sistema que ya no contemplaba la linealidad histórica y mostrando por tanto la imposibilidad de historiar el producto/arte, que no es sino una forma de negar la posibilidad de la Historia del Arte ante el arte actual; una forma de negar la posibilidad de aplicar la Historia a las nuevas formas de entender y organizar ese producto/arte. El caso Lehman Brothers desvinculando de forma brutal el concepto arte del concepto futuro; fue la caída de Lehman Brotehers en tanto que provocadores privilegiados de la la Gran Crisis Mundial la que le extirpó al producto/arte esa condición sagrada que venía sostenida por un mercado absolutamente disparatado y mostrenco (2007). Y las Redes Sociales haciendo real la verdadera democratización del arte, algo en lo que el arte venía fracasando desde hacía más de 100 años; fueron las Redes Sociales las que realmente hicieron posible y verdadera esa ecuación que tanto excitaba a los elitistas “artistas”, que eran todos: Arte=Vida.

Una de las consecuencias más patéticas que se dan en esta desconcertante coyuntura es, lo hemos comentado en otras ocasiones, el apasionado AMOR que ha unido a los artistas y a las Instituciones. Un AMOR tan apasionado como inquebrantable. Así, los artistas hacen -crean- exactamente lo que a esas Instituciones les interesa. Y son felices todos comiendo perdices: ellos, los artistas, creyéndose libres pero trabajando duramente para el “único mercado” que verdaderamente les hace caso, el ideológico, y ellas, las Instituciones, usando a los artistas para limpiar sus trapos sucios y mostrar de paso una imagen comprometida. Porque no nos engañemos, no hay nada que ponga más cachondo a las Instituciones del hoy que mostrarse comprometidas y, ¡oh casualidad! nada hay que ponga más cachondos a los artistas del hoy que saberse comprometidos. El AMOR, pues. Otra cosa es ver qué pasa cuando entra en acción el interés de un artista por ganar dinero con su trabajo y otra cosa es también ver qué pasa cuando entran en acción (en el “otro mercado”) los brokers del arte y reivindican su tajada. Otra cosa porque es entonces cuando todo el mundo habla del poco interés que hay en la sociedad por el arte, y es cuando ya nadie habla de visitantes en las galerías y museos, sino de compradores, coleccionistas e inversores. La QUEJA.

En el último post hacía uno referencia al Festival Abierto Valencia, un evento creado por los galeristas profesionales con dos fines: revitalizar (sic) las ventas y culturizar (sic) al pueblo valenciano. Veamos lo que el El Cultural del ABC decían ayer 4 jóvenes galeristas con motivo de su Apertura, un evento creado en Madrid con las mismas intenciones que el de Valencia. Ante la pregunta “¿Cómo van a hacer sus presentaciones oficiales en este Apertura?” contestaban esto (y cito textual e íntegramente):

-P.C.:Presentaremos a Gabriela Bettini, artista de la galería desde sus inicios. Su Primavera silenciosa habla de diversidad, de ecología, de feminismo, con un componente político.
-N.M.: Nuestra apuesta será Cristina Ferrández. Campos de utopía se centra en los casquetes polares y habla de la fragilidad del paisaje.
-L.M.: Aquí desplegaremos el trabajo de Lecuona y Hernández, colectivo canario con el que comenzamos a trabajar. La exposición se llama Cuestiones vivas y se centra en lo identitario.
-C.D.: Barbara Hammer, histórica y pionera del cine experimental feminista. Será una muestra poco comercial.

La originalidad que emana de las propuestas artísticas es apabullante debido a su poca previsibilidad que se desprende de los temas elegidos. En cualquier caso si los artistas no vendieran siempre les quedará la Institución que sin duda los acogerá con las piernas abiertas. Y si las galerías no vendieran siempre les quedará la queja... y sus reuniones con las Instituciones... para ver si pillan algo.

Post Scriptum. Para entendernos no hay más remedio que llamar arte a eso que todos siguen llamando arte aún cuando la tesis sea que ya “no hay Arte” desde que éste se democratizara realmente a través de la existencia de las Redes Sociales.

domingo, julio 08, 2018

De la Ideología y el arte: política


El mundo de los Museos de Arte Contemporáneo, quiero decir, el de la necesidad de su existencia y el de su gestión, es complejo asunto. Tanto es así que los medios de comunicación sólo se hacen eco de lo que en esa materia dicen los -considerados- expertos en arte.

Y si ha habido algún experto en arte que en su momento mantuviera una vehemente y clara ofensiva en contra de ellos, los Museos de Arte Contemporáneo, ese es sin duda el actual director del IVAM. En efecto, resulta difícil encontrar alegatos/panfletos que de forma tan elocuente como categórica mostraran un claro rechazo hacia dos aspectos nada menores de ese mundo del que se nos presenta como experto; dos: el del Museo, los Museos de Arte Contemporáneo, en tanto que contenedores ideologizados y alienadores, y el de los Patrocinadores Privados de Arte.

Efectivamente, en su artículo “Significación ideológica del mezenazgo y de los museos de arte contemporáneo” (en Reflexiones sobre la crítica de arte, Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana), nuestro actual director del IVAM no hacía otra cosa que dejar negro sobre blanco lo que en su vida de intelectual activista proponía fervientemente a principios de los noventa. Al menos sobre esos dos asuntos.

Para nuestro actual director del IVAM los Museos no son más que dispositivos fuertemente ideologizados para inculcar una alienadora -y falsa- idea del arte; así, templos sacrosantos mitificadores y mistificadores cuyas formas de actuación sólo tienen un objetivo, perpetuar esa alienadora -y falsa- idea del arte... desligada, claro está, de la verdadera experiencia humana, la que se encuentra en la calle, y si no exactamente en la calle sí en cualquier otro sitio que precisamente no sea un Museo de Arte Contemporáneo. El arte no es algo sagrado, por lo que no admite bajo ningún concepto un espacio/contenedor (para él ya fuertemente ideologizado desde la estética arquitectónica) que muestre, ni las obras que se imponen desde la Institución que los rige (siempre al servicio de la ideología dominante), ni por supuesto esas que se hacen para identificar el arte con la vida. Para nuestro ínclito director, todo arte emanado desde el (un) Museo en tanto que Institución no puede ser otra cosa que una forma de legitimación que ayuda a perpetuar el mismo discurso que justifica esa producción que nos ofrece. En fin, el demoni.

Por eso está tan de acuerdo con Gertrude Stein cuando decía “Ningún museo puede ser moderno”, y por eso se hacía estas preguntas en el citado texto: “¿Por qué construir un edificio (separado, único, exclusivo) para contener las obras de arte? ¿no habrá otros medios de comunicación y relación espectador-obra de arte más adecuados y más relacionados con el entorno físico y cultural del lugar geográfico específico? ¿Cómo hacer para que cada obra sea particular, individual y se inserte en su especificidad contextual?”. Y por eso continúa: “Si nos fijamos, el Museo está basado en una idea, procedente del siglo XIX (época en la cual nacieron los museos), idealista del arte, dado que su principal función: conservar, considera el arte como algo eterno”.

Así, el autor rechaza las museos: “El museo conmemora, sacraliza, celebra la memoria o el genio. Se propone como templo del arte y del conocimiento. Produciendo el conocimiento del arte el museo tiende a valorizarse a sí mismo: él se crea sobre y a través del conocimiento que él mismo a contribuido a crear”. Antes de continuar un dato: justo en esa época de pleno activismo revolucionario le ofrecieron la dirección del Museo de Arte Contemporáneo de Castellón. Seguramente para no verse muy traicionado ni por su conciencia ni por sus enérgicos alegatos lo aceptó, pero cambiando el nombre de Museo por el de Espacio. Ay la conciencia...

Después está el asunto de los mecenas o patrocinadores. Ahí, el bueno de nuestro director es tanto o más radical que en el asunto anterior. Toda inversión en arte realizada por de las grandes empresas, viene a decir, no es sino una forma de perversión que conduce al arte, en última instancia, a la autocensura (“con la implicación de grandes compañías en el mundo del arte se está generalizando una amplia autocensura”). No carece de lógica su argumento, pues como todos sabemos quien paga manda. El citado texto está plagado de datos que demuestran cómo las grandes empresas inversoras en arte lo son, en principio y fundamentalmente, a beneficio propio (sic). “Parece evidente -apunta- que el mercado se ha convertido en el principal organizador de la vida artística” (sic).

Por todo ello resulta como mínimo curiosa, ahora (?), la actitud del actual director de uno de los más prestigiosos Museos de Arte Contemporáneo del Mundo. En su reciente entrevista aparecida en la revista de papel MAKMA parece amar a los coleccionistas/mecenas/patrocinadores/inversores, pero no igual a todos. Ama mucho más a los que más ponen. En y para su proyecto, claro, el proyecto de dirigir un Museo de Arte Contemporáneo clara e inevitablemente ideologizado, ¿no?

Ante la pregunta del entrevistador Salva Torres “¿El IVAM, como museo público, se enfrenta al auge (sic) de la iniciativa privada por dejadez de las instituciones públicas en relación con la cultura?”, nuestro asertivo director responde “Que quede claro, si alguien se gasta dinero en comprar arte, muchísimo mejor que si se lo gasta en un yate” (sic). Siendo ese Coleccionista Privado potencial -o fáctico- quien después, ya con una gran colección, será bien visto por él, el Director del Museo, sí y sólo sí, cede su obra al Museo o aporta grandes sumas de dinero al mismo: “De manera que yo amor al arte, todo, pero soy del amor al arte de Soledad Lorenzo, que cede su obra al Reina Sofía, de Martínez Guerricabetia, que cede su obra a la Universidad de valencia, de los coleccionistas americanos que dan 200 millones de dólares [y lo repite], 200 millones de dólares, para la ampliación del MoMA. Yo soy de esos”. Pocos ascos, pues a los Coleccionistas Privados (Grandes Empresarios) con independencia de cuál sea el lugar de procedencia de las fortunas que les han permitido ser coleccionistas. Y no me refiero a los por él citados, por supuesto, sino a los que debido a una iluminación cambien su fea costumbre de comprar yates por la humanitaria de ponerse al servicio de la ideología dominante. Poniendo, pues y en cualquier caso, que es lo que verdaderamente importa.

Curioso, insisto, porque no tengo nada en contra de quienes cambian de opinión, pero algo me resulta sospechoso cuando en la “nueva opinión” de alguien hay algo que niega contundentemente  todo un pasado de activismo revolucionario basado, precisamente, en la confrontación con lo que ahora acepta no sólo con normalidad sino con ansiosa satisfacción. Es como si un político en ciernes dijera que sólo pueden gobernar políticos que vivan en barrios periféricos y que acudan en metro al centro, y una vez consolidado como político se comprara un chaletazo en una urbanización de ricos con una piscina que pareciera salida de un cuento de Los Pitufos. Lo mismo.

No sé, pero el caso es que quien hace unos días despotricaba de los museos y su inevitable ideologización -devastadora y alienadora- ahora pide más espacio contenedor y por eso propone una ampliación, “porque el IVAM necesita otros espacios”.

Notas. 1.Para más información puede revisarse el folleto publicado por el IVAM “Hazte amiga hazte amigo del IVAM”, en donde se distinguen tres categorías jerárquicamente de menor a mayor (por aportación económica): Amig@s del IVAM, Miembros de honor y Patrocinadores del IVAM. 2.Resulta que ahora la mejor parte de la Colección del IVAM es, para todo el mundo (incluso para quien entonces se declaraba anti-formalista puro), la que se acometió con el Director más formalista de todos los que han pasado por el Museo: José Manuel Bonet. No deja de tener su gracia.




martes, julio 03, 2018

Aclaración al post anterior



Un par de personas me han dicho que no han entendido muy bien el post anterior. Tiene su lógica si presuponemos que no se sabe quiénes son los personajes protagonistas de la fotografía. Una fotografía que habría sido absolutamente impensable hace unos pocos años. A nadie, digo, a nadie, se le habría ocurrido que para informar de una exposición de arte se podía poner en prensa una fotografía con 4 políticos. Hace unos pocos años les habría parecido, a todos los artistas (implicados o no en la exposición), una autentica aberración el que los políticos ocuparan la fotografía que informaba de una exposición colectiva. Pero ahí están ellos, orgullosos... con sus medallas dentífricas, dejando claro que detrás de ellos hay una de esa obras realizada por un artista/súbdito, casi anónimo.

Nota. Cuando digo 4 políticos no se me escapa que habrá quien sólo vea 2 y que, quizá alguien un poco más avispado vea sólo 3. Pero la realidad es que todo director de un Museo es, en este mundo hiperideologizado y configurado por los poderes fácticos coyunturales, un político puro. Como lo es todo comisario desde que el arte perdió su mayúscula, es decir, desde que el arte fuera definitivamente fagocitado por la Institucion.
Para más información ver siguiente post.

lunes, junio 20, 2016

Niños predestinados

Niños predestinados a no dejar de ser niños

Queriéndose ingenioso y gustándose a sí mismo Serrat ha declarado en una reciente entrevista: “He llegado a viejo sin haber sido adulto”.

Dicen que hace falta una cierta distancia para ver las cosas con claridad. Del todo incierto. La clarividencia se tiene o no se tiene, otra cosa es que se tenga siempre y para todo. Yo ya pude ver en su momento, en el de su pleno éxito y apogeo, que Serrat estaba crudo.

En su momento tuve que enfrentarme a demasiada gente cuando me atrevía a decir que Serrat era un letrista ingenioso, un cantante mediocre y un poeta pésimo. Eran épocas en las que la ideología se camuflaba de supuesta expresión artística y en donde las banderas eran buenas sólo si las portaban gente con sandalias. Yo nunca tuve oído musical para las letras, valga la paradoja, y por eso prefería Black and Blue o Potato Head Blues a Bandoler, del otro catalán cansino. ¡Y eso que Serrat -todo se ha de decir- era de los mejores, si no el mejor, de todos los cantautores setenteros!

En cualquier caso, no sé por qué la gente sobrevaloran tanto la infancia y la adolescencia, esos estadios del ser en los que aún se está crudo y por lógica matemática se carece de cultura, de mesura, de contención, de responsabilidad, y en definitiva… de madurez, eso que al parecer se ha saltado orgullosamente Serrat.

Pero, en efecto, a la gente, así en general, le gusta hablar de ese niño que nunca muere y que aún lleva dentro como si se tratara de una virtud. Y así nos va. Miren si no la campaña política que nos están infligiendo políticos, periodistas, tertulianos y moscas de bar. Jugando todo el día con encuestas que dicen rechazar pero que les exigen diatribas interminables. Todas sin duda discursivamente mal expresadas y repletas de latiguillos modales propios, cómo no, de adolescentes crudos.

Seguro que muchos de esos aparentes adultos son padres que acuden al colegio de sus hijos para exigir un poquito más de comprensión hacia ellos. Para que no maduren, para que les cueste ser adultos. Como ellos.

Entonces, sólo entonces, los 4 candidatos que aspiran gobernar España deciden ponerse en manos de una periodista recauchutada y hábilmente engafada para dejarse entrevistar por mocosos de entre 5 y 12 años en uno de los espectáculos más patéticos que pueda darse ante nuestros ojos ya habituados a la basura.

Y mientras, en otro canal, una periodista muy progre (?) habla del interesante y mono culito de uno de los aspirantes a gobernar España. Y las feministas calladas como putas.

sábado, octubre 22, 2011

Cautivos del mal (o ¿estamos locos o qué)

Voy a hacerlo corto. Llevo pegado a la televisión desde ayer; he visto todos los programas televisivos matinales que me ha sido posible. La conclusión es que, excepto las asociaciones de víctimas, Rosa Díez (a la que por cierto se ningunea con descaro) y las llamadas cadenas televisivas de ultraderecha, no ha habido nadie que no se haya mostrado feliz y contento ante el anuncio de la banda armada. Mi sorpresa ante esa sonrisa unánime de periodistas y políticos es monumental. Y no tanto porque pueda ser más o menos escéptico respecto al comunicado, sino porque nadie ha parecido reparar en que el comunicado ha sido llevado a cabo por ¡ENCAPUCHADOS! Sólo, y con mucha tibieza, ha habido algún periodista que ha dado alguna importancia a un hecho que, bajo mi punto de vista, es tan crucial como significativo. Si la banda dice que YA SE HA ACABADO LA VIOLENCIA ¿por qué nos lo dicen con capucha? En definitiva: ha bastado que unos tipejos encapuchados digan (a 30 días de unas elecciones) lo que ya dijeron en otras ocasiones (salvando unas diferencias de matiz derivadas del uso de la corrección política), para que la gente los volviera a creer. Y, repito, no se trata tanto de que nos creamos o no su discurso, cuanto que ese discurso se encuentra dicho, de nuevo y una vez más, por unos ¡ENCAPUCHADOS! Imagine el lector que un pederasta asegurara en televisión haber abandonado su perversión con una revista de pornografía infantil en las manos. Imagine el lector, ahora, que los televisivos etarras, y al más puro estilo cinematográfico, se hubieran quitado la capucha después de leer el comunicado. ¿No habría sido distinto? ¿No habría sido esa una posibilidad que habría hecho palidecer de vergüenza la que nos han ofrecido? Y quien dice ENCAPUCHADOS dice con el trabuco entre las piernas, bien amarrado. Viva Rosa Díez. (Escrito a las 16 h. del 21 de octubre). (Y volver al post anterior)

lunes, junio 27, 2011

¡Malditos!

El insulto es una afrenta que deviene de la necesidad de humillar al otro, de ofenderlo, de rebajarlo. Contiene dos variables que condicionan su eficacia respecto a las intenciones: las circunstancias (el contexto) y la importancia que el destinatario le da al ente proferidor. Motivo por el cual puede concluirse con que el insulto sólo acaba ofendiendo a quien se deja. Podríamos decir que hay dos grandes tipos de insultos, los que pretende ser directamente ofensivos y los que son más constatativos; no es lo mismo decirle a alguien “eres un mierda” que decirle “eres un canalla”. Por ejemplo, si en referencia a cierta actitud social yo me dirigiera a un colectivo para pronunciar la expresión “malditos canallas”, sólo serían posibles dos respuestas: la de que quienes minimizaran su sensación de ofensa debido a la posible reivindicación de la actitud que ha generado el insulto y la de quienes se sintieran ofendidos debido al calificativo “malditos”. Es claro que ante el primer tipo de personas no se habrían dado los resultados que exige todo insulto desde quien lo profiere. A mi particularmente, si alguien me llamara hijo de puta desde la ventanilla de un coche yo me sentiría contrariado pero no ofendido.

Hace ahora 17 años vi por televisión las imágenes que más me han impactado en todo mi vida. Las vi en un telediario mientras comía y retornan a mi memoria con una frecuencia pertinaz y nada previsible. Fueron imágenes desgarradoras que se volcaron a los espectadores con la típica aquiescencia informativa de muchos noticiarios y se les otorgó, en aquel momento, la misma importancia que se les otorgaba a los fallecimientos de motociclista que colisionan con una medianera. Fue en parte por eso por lo que el impacto producido en mí fue mayor. Las imágenes extremadamente violentas venían comentadas, cómo decirlo, como con la naturalidad propia de quien viene a mostrar y corroborar lo que se espera del día a día en un mundo ya habituado al desastre. Sin aspavientos, pues, con una mezcla de sorpresa y conformismo. Y sobre todo, como si la cosa no fuera tan grave como lo que las imágenes parecían indicar. Y sobre todo, como si no fuera con ellos, es decir, con nosotros.

Sucedió, como digo, en 1994 y me refiero a esas imágenes en las que aparecían un grupo numeroso de hutus persiguiendo a machetazos a un puñado de tutsis. Los primeros eran negros de Ruanda, armaban unos machetes tremendos y sus rostros mostraban un grado de ira indescriptible, los segundos eran negros de Ruanda y corrían con la cara desencajada mientras recibían unos machetazos que les iban abriendo las carnes en varias partes de su cuerpo. Los negros tutsis intentaban escapar de esa muerte salvaje pero no lo conseguían. Las cámaras de televisión se encargaron de mostrárnoslo con toda la claridad y crudeza posibles: en la despiadada carrera persecutoria los hutus siempre llegaban a los tutsis y los masacraban abriéndoles las carnes de los brazos, de la espalda, de la cabeza, de las piernas y del abdomen. Y eso lo vimos porque las cámaras estaban allí, pero lo que no fueron capaces de mostrarnos fue lo que no vimos, el otro lado de la luna: las cientos de miles de violaciones cometidas contra las mujeres tutsis.

He de añadir que mi conmoción no se produjo tanto debido a las imágenes, que desde luego también, cuanto por el carácter rutinario con el que fue siendo dada la noticia de lo sucedido en Ruanda durante varias semanas. Nadie de la Comunidad Europea alzó la voz demasiado fuerte. La ONU se rascaba la coronilla y los progres, esos mismos pogres que después se manifestarían en tromba por la guerra en Irak, estaban en las Maldivas con un mojito entre las manos y debajo de una sombrilla. O acariciando una foca.

Titular de hoy (25 de Junio de 2011) en El País: “La justicia de la ONU condena a la primera mujer por genocidio”. Una vez más la Historia se repite y comprobamos con estupefacción cómo la ceguera de un presente continuo no es más que el producto de una mirada aviesa y pervertida, valga la paradoja (como sucedió con la invasión nazi. Vista aviesa, vista gorda: ceguera). Internacional y políticamente nadie pareció conmoverse demasiado ante un problema demasiado ajeno y complicado. Ahora, Pauline Nyramasuhuko, de 65 años, de la etnia hutu y antigua ministra ruandesa de Familia, “es la primera mujer condenada a cadena perpetua por genocidio. El Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), con sede en Tanzania, la señaló ayer como responsable de haber organizado el secuestro y la violación de mujeres y niñas tutsis”. ¡AYER!

Dice además, y esto es lo significativo: el gobierno hutu “dejó en 1994, según la ONU, unos 800.000 muertos. Hasta 500.000 mujeres fueron violadas y acabaron infectadas con el virus de del sida. Para conservar su influencia en África y el acceso a las materias primas, la comunidad internacional no reaccionó a tiempo. Tampoco usó al principio el término genocidio, que le hubiera obligado a intervenir”. ¡AL PRINCIPIO!

¿Dónde están ahora esos malditos progres que veranearon todo el 1994 en las Maldivas? ¿Dónde están ahora esos malditos progres que enarbolan una pancarta que dice “¡Abajo el capital!” mientras a diario mueren decenas de civiles en Afganistán y en Libia? Ya digo: si alguien me llamara hijo de puta (o reaccionario) desde la ventanilla de un coche (o desde detrás de una masa parecida a la que persigue a Rosa Díez o a Albert Rivera) yo me sentiría contrariado pero no ofendido. Lo siento, pero no puedo con quienes creen fervientemente en su superioridad moral.