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sábado, marzo 14, 2020

La sociedad de la opulencia


...y de su forma curiosa de actuar

¿Por qué no salió ayer en los medios Irene Montero para hablarnos del techo de cristal?, ¿Por qué no salió anteayer para señalarnos los signos machistas que afloran cuando un padre le compra una pelota a su hijo? ¿Por que no va a salir hoy para relatarnos una nueva fantasía policial? ¿Por qué no veo a nadie en ningún lugar hablando de las pocas mujeres ingenieras que hay? ¿Por qué en los periódicos no aparecen noticias sobre el empoderamiento de la mujer; ni sobre su poca visibilidad (sic)? ¿Por qué desde hace 3 días no oigo a nadie diciendo que los varones estamos confabulados de forma organizada para fastidiar a las mujeres? ¿Por qué ahora sólo oigo hablar de infectadOs?

*Tercer día de pánico producido por el Coronavirus

lunes, enero 27, 2020

Premios Goya. O: Heterodoxia del Hoy


Entendidas en términos generales (no religiosos o económicos) ni la ortodoxia ni la heterodoxia son en sí mismas actitudes encomiables o positivas, y por tanto no existe superioridad de una sobre la otra. Tales actitudes son, pues, las que coexisten y conviven en cualquier estado o momento histórico. Y dadas las respectivas definiciones de ambos términos, el quid del asunto se encuentra, siempre y sólo, en las proporciones que definen la antinomia, de forma tal que la heterodoxia sólo pueda corresponderse con una parte pequeña de la totalidad. Así, todo momento histórico quedará ineluctablemente configurado por un número extraordinariamente elevado de ortodoxos y por un número casi despreciable de heterodoxos

No existe superioridad de una actitud sobre la otra, decimos, pero sí existen grandes diferencias entre la actitud de quienes pertenecen a un grupo o a otro. Hay algo en los representantes que conforman el siempre más reducido grupo de los heterodoxos que los define: el valor. Los heterodoxos son, por definición, individuos que se encuentran enfrentados a la mayoría, lo que siempre y en cualquiera de los casos conlleva un alto coste. El coste real que supone nadar contracorriente, valga la metáfora. Y digo enfrentados, y digo bien, y hablo de coste, y de coste real, porque nadie duda de las dificultades que entraña el hecho de no pertenecer a tu tiempo. Descartada la superioridad de una actitud frente a la otra sólo cabría analizar el sentido último que pueda tener nadar en contra de la corriente. Pero esto sería otro tema.

En cualquier caso, lo que fundamentalmente diferencia a un heterodoxo de un ortodoxo es la mayor y más intensa consciencia de la propia vitalidad del primero, pues sufrirá en sus carnes y de forma continuada ese coste que entraña el ir con la lengua fuera. Mientras que el segundo podrá ir de aquí para allá con su cinturón de seguridad y sin despeinarse. O por decirlo de otra forma: si un heterodoxo no posee una buena complexión y una buena genética muy probablemente viva 5 años menos que un ortodoxo (más allá de la complejidad de parámetros que rige la longevidad de los individuos).

Y es que si tuviéramos que hablar de libertad asociada a la antinomia, la conclusión no albergaría ninguna duda: sólo pueden saborear verdaderamente las mieles de la libertad aquellos cuya actitud no genera fácil reconocimiento social. El heterodoxo es más libre que el ortodoxo porque siendo consciente de los perjuicios que le genera su actitud no acepta complacencias tentadoras y con ello demuestra que verdaderamente hace lo que le da la gana. Nada que ver, por cierto, ni con la obstinación ni con el masoquismo, más bien al contrario lo que hace el heterodoxo con el ejercicio de su libertad es mostrar la alienación de los ortodoxos. Habrá muchos ortodoxos que se empeñen en decir que ellos también hacen lo que les da la gana pero eso sólo podrán decirlo a la defensiva y desde el río que les lleva.

Desde que Winkelmann y Baumgarten inventaran el “Inventario Sagrado” se instaló la creencia de que los artistas son los personajes que mejor representan a lo heterodoxo. Pero esto sería más que discutible, sobre todo en la actualidad de el hoy, donde el arte es entendido mayoritariamente como una herramienta de comunicación -y no poética-, tal y como demuestra la cada vez más alta injerencia del Estado en los procesos productivos artísticos de todo tipo. Por eso resulta preocupante -a la vez que desternillante, valga la paradoja- que mucha gente siga creyendo que los artistas (plásticos, teatrales, cinematográficos) son los adalides de la libertad, pues no hay mayor Gremio que mejor le coma la polla a Papá Estado (que pronto será Mamá y habrá que comerle otra cosa) y además con tanta naturalidad.

Pedro Almodóvar lo dejó claro ayer en los Premios Goya pidiendo al Estado mucho más dinero, es decir, mucha más injerencia, para la industria cinematográfica española, gastando ese gentilicio tan desasosegante cuando se habla de otras industrias, el de lo español. En un alarde de intelectualidad que Almodóvar sólo puede desarrollar cuando son los suyos quienes gobiernan distinguió entre Gobierno y Estado para poder clarificar que es el Estado quien debe poner pasta gansa en la industria cinematográfica española.

Pero si hablamos de industria todo el mundo sabe es que quien paga manda, como también sabe que existen mil y un trucos para aparentar lo contrario. Y es aquí donde los artistas, esos seres puros y libres (sic), aprenden a hacer sus misteriosos requiebros, los que consisten en adecuar sus proyectos a lo que el Estado DESEA, que no puede ser otra cosa que afianzar y agrandar sus fauces para zampar feligreses adocenados. Requiebros: ajustes que permitan conseguir la subvención; requiebros y ajustes que nunca sobrepasarán lo que sus sensibles almas libres estarían dispuestos a soportar sin contravenir esa su esencia pura y libre (sic). Así, los requiebros justos para no “ver” su pacto con Mefistófeles, ese personaje en el que dicen no creer. Resulta curioso ver la facilidad que tienen los creadores, en teoría tan puros como libres, para hacer, casualmente, los ajustes que les permitirán aprovechar las prebendas necesarias para expresar tanta sinceridad.

Que los artistas de el hoy son la pura heterodoxia quedó demostrado -también- en Radio Clásica el día anterior a la entrega de los Premios cuando en el programa Sinfonía de la Mañana Martín Llade entrevistó a los 3 directores (Garaño, Goenaga y Arregi) de la película En la trinchera, con 16 nominaciones. Pues bien, con la complacencia de quien como Almodóvar elabora análisis adolescentes el presentador del programa les dice a los directores respecto al haber rodado en Euskera, “Habéis roto un tabú [haciendo] algo que resulta más complicado” y concluye su elogio asociando esa decisión con el quijotismo, o sea con la ingenuidad más tierna e inocente. Y eso se lo dice a unos autores/directores cuya película tiene ¡16 nominaciones a los Premios Goya! “Quijotismo”, qué bueno.

Queda claro que tanto el presentador como los artistas pertenecen a su época, ésta, la de la Corrección Política; pertenecen a nuestro tiempo, el que se encuentra trufado de quejicas, víctimas y ofendidos. Los cuatro pertenecen a éste nuestro tiempo, tiempo donde los nacionalismos medran y no sólo a costa de la la izquierda tribal -no internacionalista-, no podemos olvidar que la derecha lleva años poniendo puentes de plata a todas esas comunidades con lengua propia. Los cuatro pertenecen a nuestro tiempo, ese en el que los lacayos del Poder se sienten revolucionarios haciendo, exactamente, lo que el Poder les reclama. Por eso, uno de esos directores, también ebrio de autocomplacencia, dice respecto al asunto de la lengua, “vamos camino hacia la normalización... se está volviendo cada vez más heterodoxo”.

¿Heterodoxo rodar en Euskera en nuestro tiempo? ¿Es la normalización propia de la heterodoxia? ¿Puede la heterodoxia considerarse normativa? ¿Qué hay de quijotismo en hacer lo que todas las Altas Instancias Políticas promueven? ¿O acaso ninguno de los cuatro sabe que lo que toca hoy es hacer cine el “lengua comunitaria”? ¿Ninguno sabe que lo que más cachondas pone a las Altas Instancias Políticas es hacerlo todo en “lengua comunitaria”? ¿Que donde más dinero ponen las Altas Instancias Políticas Comunitarias es es todo aquello que se haga en “lengua comunitaria”?

Para un verdadero heterodoxo pertenecer a su tiempo es una de las mayores humillaciones que puede infligirle la existencia.

jueves, mayo 09, 2019

Del goce (del) estúpido

La inteligencia emerge siempre con sus límites, no hay otra. Esa es precisamente la esencia de la cualidad allá donde ésta se manifiesta: la autoconsciencia de los límites. Así, la inteligencia, la verdadera inteligencia, se manifiesta -cuando lo hace a través su actor, el sujeto inteligente- asumiendo siempre sus propios límites, los que se encuentran inevitablemente vinculados a la duda y por tanto a la humildad. Imposible por tanto el sujeto inteligente pleno. Eso es ser humano: un ser carente desde su propia consciencia; un ser consciente de su propia carencia. Conocer su magna ignorancia es la condición sine qua non del sujeto inteligente.

También la maldad emerge siempre con sus propios y particulares limites, esos límites que colaboran en la supervivencia del ser humano. Si la maldad no poseyera sus propios límites la humanidad desaparecería de un día para otro. Así, la maldad se expresa -cuando lo hace desde su actor, el sujeto malvado- asumiendo sus propios límites, los que le impiden llegar demasiado lejos en su acción. El malvado asume sus limitaciones le guste o no. No le queda otra.

Tanto los inteligentes como los malvados se encuentran, pues, definidos por los límites, pero si en los primeros son utilizados por sus actores como potencia, en los segundos emergen sólo como impotencia, pues su maldad no podrá ser suprema debido sólo a la imposición de una realidad ajena a ellos, una realidad que se impone inevitablemente... con sus límites. La maldad suprema sólo podría darse ante la posibilidad de que un sujeto pudiera eliminar a la humanidad entera con una sola acción.

Inducción Vs. Deducción

Y por otra parte se encontraría la estupidez, que carecería de límites a la hora de definirse en funcion de las acciones de sus autores, los estúpidos, los idiotas. De tal forma que la estupidez es, cuando se manifiesta -a través de sus actores, los idiotas-, desmedida, ubicua, infinita. Y por ello tiene un poder sobrecogedor. Es decir, cuando se produce la maldad sus efectos son mesurables y tenderán a la difusión; cuando se da la inteligencia los efectos que produce sobre la humanidad pueden medirse, y afectarán a un círculo que en principio será pequeño pero que tenderá lentamente a su arborescencia fractal. Pero cuando un idiota actúa lo hace afectando inevitablemente a toda la humanidad... de golpe. La velocidad con la que se transmiten los efectos de la actividad de un idiota -que siempre lo es a tiempo total- es espantosamente vertiginosa, tanto como los efectos de esa otra Ley que hablaba de tormentas en China provocadas por el aleteo de una mariposa en Dakota. A la estupidez se la soplan las grandes distancias, los muros de hormigón y las concertinas afiladas. De ahí su peligrosidad. O mejor, de ahí el actual estado de las cosas, que por cierto es el mismo de siempre pero con más gente girando sobre su núcleo (de gilipollez) y a mucha más velocidad.

Para saber detectar la presencia de las 3 cualidades citadas y por tanto a los actores que las representan -el inteligente, el malvado y el idiota- usaremos el asunto del Saber, entre otras cosas para poder devolver a este concepto su verdadero valor. ¿Verdadero?, ¿valor?, podrían preguntarse muchos con aire sarcástico. Lo dejaremos ahí de momento: poniendo entre interrogantes esos otros conceptos que nos han servido para justificar -la pertinencia- el Saber como criterio de juicio y distinción. Y también usaremos el asunto del Saber porque sobreentendemos que la Bondad es incompatible con la estupidez. Y que sin embargo es intrínseca a la inteligencia.

Sólo un ser humano puede saber que no sabe nada (“sólo sé que no sé nada”); de ahí precisamente proviene el Saber, de ahí surge su desarrollo y la evolución, que sin duda la hay. El Saber sólo puede expresarse a través del lenguaje y por tanto el lenguaje determina el Saber, tanto el Saber supraindividual como el de cada sujeto en particular. Sólo un idiota restaría importancia al Saber, y sólo un idiota despreciaría la importancia del lenguaje respecto a su (relación con el) Saber puesto que es él y sólo el quien lo determina. Así pues, es en el uso del lenguaje donde se encuentra la clave para distinguir la cualidad que posee el otro. Lo que en principio nos daría tiempo, en la interacción con un desconocido, a reaccionar, ya sea para ampliar nuestro Saber, con el inteligente, o para protegernos de los malvados con cierta garantía, y de los idiotas, con mucha menos.

Los idiotas se caracterizan entre otras muchas cosas por confundir el tener ideas con la necesidad de representar esas ideas. La primera opción, la de tener ideas, surge del aprendizaje y el conocimiento adquirido a través del esfuerzo y la disciplina; sin embargo la segunda, la de la necesidad de representar esas ideas, surge de un hábito adquirido que se encuentra fundamentado en una mezcla de miedo e ignorancia. El miedo a ser rechazado socialmente cuando las ideas que el idiota dice representar no coinciden con el Pensamiento Único que de forma tan abrumadora como incuestionable gobierna en Medios y Universidades; miedo pues a que colegas, amigos e instituciones (el Estado en apogeo asumido por los ciudadanos en conjunto solidario) lo marginen, que lo marginarán si disiente. Y la ignorancia que permite hablar a un idiota sin conocer el significado de los conceptos que ha integrado en su léxico cotidiano; la ignorancia que incapacita a los idiotas a poder definir conceptos elementales de uso cotidiano (como amor, sexo, naturaleza, cultura...). Así, los idiotas no pueden ser más que papagallos que dicen lo que deben sin saber de lo que hablan. Los idiotas contienen sólo un saber inductivo porque carecen de las herramientas necesarias para deducir por cuenta propia a partir del Saber en tanto que legado (ese cuyos efectos se miden comparando civilizaciones actuales).

Karma y mantras

Los idiotas son precisamente quienes aprovechando la coyuntura intelectual de los últimos 40 años (Focault y Derrida a la cabeza del pelotón) han aprendido a renegar de conceptos como verdad, verdadero, valor, bueno, normalidad, etc., creyendo que eso les libra de tener algo que aprender, además de permitirles estar a la altura de un sabio. Se vive mejor pensando que todas las opiniones valen lo mismo. Si quieren pueden ustedes hacer la prueba con el concepto Feminismo. Comprobarán que si se atreven a reivindicar argumentalmente su No Feminismo (tal y como se entiende el concepto ahora por imposición de los lobbies y no a partir de su definición en la RAE) en público encontrarán una inmensa cantidad de gente (más de la que creemos) que estará dispuesta a insultarle primero y a contestarle después con argumentos perfectamente standarizados por un buenismo idiota, el que sólo se expresa por inducción, por mímesis. El lenguaje sin pensamiento es el signo del idiota. Mucho karma y demasiados mantras. Y lo peor de los idiotas no es que digan estupideces (todos las decimos en algún momento) sino que las digan desde una incuestionable superioridad moral.

Habrá quien no haya entendido por qué, más allá de la cuestión de los límites, la estupidez viaja tan rápida (velocidad de la luz; que por eso que es ubicua, infinita) y la inteligencia y la maldad sin embargo se demoran más en sus efectos. Pues bien, sólo hay una explicación y se encuentra exclusivamente ligada a la cantidad. Hay muchos más idiotas de los que a simple vista parece. Muchísimos más. De hecho el superlativo resulta insuficiente. Antes no era mesurable el número de idiotas, sólo existían ciertas sospechas que los bienpensantes siempre rechazaban por clasistas, elitistas... ya sabe, pero ahora, y gracias a internet, somos todos testigos de la ingente cantidad de idiotas que hay en todas partes. El problema es que en ese “todos”(testigos) no puedo dejar de incluir a esos idiotas que no saben que lo son. En cualquier caso, todo se resuelve en una conversación: en el lenguaje está la clave, en el Saber en tanto que legado. 

miércoles, mayo 01, 2019

Carta abierta al varón votante II



En estas circunstancias les queda a ustedes, varones confiados, sólo dos posibilidades de existencia; o la de ser un varón que elige formar una familia o la de ser un varón que decide no formarla. El primero será inevitablemente esclavizado por su propia situación, que habrá devenido de su propia decisión/elección/determinación. O por decirlo de otra forma: si usted es de los que ha decido formar una familia, esté vendido, porque su estatus social, su tranquilidad emocional, así como las condiciones de su propia paternidad, dependerán siempre y en última instancia de la necesaria estabilidad sentimental y emocional de su mujer. Es decir, lo que da sentido a su existencia -y sobre todo a su futuro- dependerá de que su mujer no sienta NUNCA la necesidad de chasquear los dedos en su contra.

La sociedad actual en general y la horda de abogados en particular harán lo posible para que ustedes, varones confiados, paguen por lo que son y no por lo que (no) han hecho. Y esa sociedad, y sobre todo esos abogados, conducirán sin duda a su mujer a chasquear los dedos aunque ella pudiera manifestar ciertas dudas. No hay más que remitirse a las pruebas.

¿Y a quién me refiero entonces cuando digo “varones confiados”? Y aquí es cuando se demuestra la importancia que realmente tiene la Corrección Política en nuestras vidas personales más allá de la importancia que puedan tener las cuestiones económicas de un país, o las sociales, o incluso las culturales. Hay quien ha votado y elegido partido político en función de estas 3 cuestiones, lo cual resulta tan legítimo como enternecedor. De hecho los resultados electorales demuestran que esas 3 cuestiones han prevalecido en la elección del voto.

Así, repetimos la pregunta: ¿a quién me refiero cuando hablo de varones confiados? Pues a todos aquellos de ustedes que han votado a los 4 partidos que han obtenido más votos, que son esos que evitaron en los debates el asunto de la Corrección Política. De hecho, los dos partidos que pudieron cuestionar ciertos aspectos derivados de un uso ilegítimo de la Constitución, como es el de la Ley Integral de Violencia de Género (Ciudadanos y PP), no dudaron ni un ápice en posicionarse junto a ella, junto a esa Ley. Lo siento por ustedes, varones confiados.

Pero recordemos que les quedaban a los varones dos posibilidades de existencia; también estaban los que han decidido no formar una familia. En fin. Futuro de mierda. Y es de mierda porque sólo de mierda puede ser un futuro sin seres humanos. 

Post Scriptum. Lo cierto es que, después de todo, queridos varones, un soltero empedernido puede ser igualmente humillado por la CP, y lo puede ser simplemente por el hecho de ser varón. Pero no deja de ser curioso que las mayores invectivas sobre el varón se proyecten sobre el varón domesticado y no sobre el vividor "desalmado". Así, el futuro es el de los folladores sin escrúpulos emocionales. No necesariamente malvados, pero sí ensimismados. Triste. Triste porque prevé un futuro de mierda.

*Escrito después de las elecciones de mayo




martes, abril 30, 2019

Carta abierta al varón votante I


Sepa Usted que:

La Ley integral de Violencia de Género niega su presunción de inocencia. Y por eso usted está sufriendo la In-Justicia de la Ley, y está usted aceptando que la tergiversación de la Constitución le perjudique por cuestión se sexo (eso para lo que no podía haber trato desigual según la Constitución). Si es usted varón está usted siendo perseguido por el hecho de ser varón; por canalla en general y por potencial maltratador en particular. Ya ve usted qué fácil resulta describir su situación actual. Y de qué forma tan -inevitablemente- pueril puede hacerse.

Ahora le ruego que lea en bucle en anterior párrafo durante pongamos cinco minutos. Después piense en el partido que ha votado.

*Escrito después de las elecciones de mayo

viernes, abril 19, 2019

Stardust memories y VOX


Stardust memories y VOX

Este blog comenzó en 2006 gracias al empeño de un amigo que se sentó delante de mi ordenador. Su nacimiento tuvo un sentido primordial del que ni siquiera mi amigo era consciente. Y no tanto porque no me conociera lo suficiente cuanto porque mis opiniones parecieran, muchas veces, incluso para él, marcianas debido a su singularidad. Sí. Desde ese mismo primer post hubo, siempre y en todo momento y al margen de la variedad de posibles posts que se pudieran ir publicando, un fin primordial: el de denunciar la Corrección Política, el de considerar la Corrección Política (CP) el verdadero mal de la humanidad, la verdadera causa de todo el mal que nos esperaba dada cuenta de la expansión manifiesta y de la poca resistencia real que había en su contra. Pero aunque el blog naciera en 2006 ya llevaba uno 10 años de reloj escribiendo sobre ello en la revista Archipiélago.

Para entender el alcance de éstas y algunas de las ulteriores afirmaciones deberíamos aceptar que los oídos sordos ante ese cáncer de la CP son los que nos ha traído a este momento actual de máxima crispación. Una crispación malsana de todos contra todos. La crispación que soporta una sociedad dirigida siempre y por encima de todo desde el principio antagónico víctima/victimario. Lo que ahora divide a la gente genera un problema de proporciones mucho mayores que el que generó un sistema sustentado en diferencias derivadas de lo político y lo económico.

[Recordemos que la CP no es más que una estrategia cuyo fin último es hacer irresoluble un problema a partir de la propia solución que se plantea, desde los mismos presupuestos de la CP, como única posible. Tal es la perversión, que no es sino una absoluta forma de humillación más allá de la consciencia que se tenga de ello. Y mucha gente, generalmente la más libre y menos cobarde, puede aceptar que un Gobierno le engañe con esta cosa o la otra (salarios, pensiones, política exterior...), puede aceptarlo, ya digo, en un momento dado y sopesando otros factores. Pero lo que esa gente no estará dispuesta a aceptar jamás... es la humillación]

En efecto, la insistencia machacona de mis textos entendiendo a la CP como la representación de la Pura Maldad era al menos singular. Y para comprobarlo no habría más que acudir a las hemerotecas y visitar mi blog (112 posts sobre CP y una centena sobre Feminismo). Había sin duda por aquella época pensadores sin duda muy lúcidos y preparados que hacían análisis sensatos y perspicaces del estado de las cosas pero a excepción de Hughes, que le dedicó un libro, nadie achacaba a la CP la importancia que se merecía, y claro, la cosa fue creciendo.

No hay más que echar un vistazo hacia atrás y leer todo lo que pudieron decir los intelectuales en boga por aquella época (1996-2006, e incluso más tarde), que por cierto al menos aquí en España aún eran los mismos que habían monopolizado la Opinión Publicada -y por tanto el pensamiento- en los años 80 (De Cuadernos del Norte a Claves, pasando todos por Prisa). Ninguno de todos ellos vislumbró, si quiera de lejos, la posibilidad de entender la CP como la verdadera causa del mal que se estaba produciendo y desarrollando. Quizá por miedo a ser tildados de reaccionarios, o de derechistas en un mundo aún regido por el ideario socialdemócrata y gobernado culturalmente por ex-marxistas. ¡Cuánto cobarde por Dios! Hubo excepciones, ya digo, pero fueron tan mínimas como tímidas: Bruckner, Hughes, Savater, Finkielkraut, Chevrel... todos ellos estupendos pero sin dar en la clave. En todo caso algunos de ellos señalaron claramente el peligro de los nacionalismos (Azúa, Savater, Juaristi), pero sin señalar la CP como Causa Fundamental (leo textos hoy en día sobre el problema catalán, como el de Eduardo Mendoza, y compruebo que aún sigue sin asociarse el problema a la CP). Prefirieron explicar el asunto (y las causas) desde parámetros clásicos: político/sociales. Quizá porque buscaban las causas demasiado lejos en el tiempo. No entendieron, cuando debían, que aún existiendo explicaciones político/sociales las causas reales del actual problema nacionalista se encuentran urdidas en estos 40 últimos años y que se fundamentan en el antagonismo de los conceptos víctima/victimario vinculados a la Cultura de la Queja.

A este respecto debo decir que el mismísimo Félix de Azúa (al que considero maestro y amigo), con el que mantuve una larga relación epistolar, no pudo entenderme cuando a mediados de los 90 le afeé uno de sus artículos debido a la ambigüedad de su posición respecto a un asunto vinculado a la CP, que él despachaba con suma ligereza. Y así todos ellos. La CP era, para todos ellos, un problema menor y sin duda subsidiario a la hora de abordar los grandes asuntos. Sin embargo ahora todos parecen preocupados con ello. Todos hablan de ello. Después de 30 años ignorando el concepto de la CP como Mal Mayor van ahora todos de listos. Después de vivir en la inopia respecto a la verdadera causa del Mal que nos gobierna, gente de la talla de Jiménez Losantos o Antonio Escohotado* (salvando las distancias entre ellos pero no dudando un ápice de la vasta cultura de ambos) nos advierten ¡ahora! de los peligros de esta mostrenca degeneración. Así ha llegado VOX al panorama actual; ha llegado por eso. Y ha llegado para eso: para intentar acabar con el Mal Mayor. Y nadie más lo hace.

*En este sentido debo distinguir entre quienes siempre fueron valientes y verdaderamente libres en sus escritos y en su vida, siendo de alguna forma políticamente incorrectos, y entre quienes no supieron ver la CP como la causa exacta de todo el desaguisado que estaba por llegar, despistándose en líos y debates puramente políticos. Resulta fácil (?) hablar ahora de la barbarie que supone la Ley Integral de Violencia de Género, pero no lo era tanto cuando se estaban dando las pautas para que ésta se desarrollara sin resistencia alguna.

domingo, agosto 05, 2018

Ideología y estupidez


Ideología y estupidez

O ¿Por qué a todos los artistas les pone tan cahondos ideologizar su discurso?

Resulta curiosa la facilidad con la que los artistas -de la farándula- se empeñan en politizarlo todo en sus declaraciones públicas; resulta curiosa la urgencia con la que los artistas, todos, necesitan posicionarse ideológicamente cuando expresan su opinión públicamente. Hablen de lo que hablen en las entrevistas (o en la recogida de premios en Festivales de Cine) lo que siempre parece apremiarles es la necesidad de dejar clara la nobleza de su corazón, la pureza de su ser de luz. Así, siempre que un artista es entrevistado o conminado a hablar para un medio público acaba siempre por derivar su discurso hacia la reivindicación con un compromiso social, la lucha contra la desigualdad (sic)... Y cuando el partido que gobierna no es de izquierdas entonces su discurso acaba incluyendo el éxtasis verborreico que provoca el puro goce e el entrevistado o del declarador.

Pero ¿por qué a todos los artistas les pone tan cachondos ideologizar su discurso? Pues fundamentalmente porque son imbéciles. O estúpidos, no sé muy bien. Tampoco sé muy bien si esto les pasa sólo a los artistas, pero el caso es que a todos ellos les pasa. O quizá se deba al periodismo del hoy, tan corrupto y ponzoñoso. Podría en todo caso haber dos tipos de artistas: los que acaban ideologizando su discurso porque saben que eso es lo que se espera de ellos en los medios y en los receptores de esos medios, y los que se creen verdaderamente seres de luz. No sé aún cuál de los dos tipos es más imbécil. Lo que sin embargo sí está claro es que la Segunda Ley de Las Leyes fundamentales de la Estupidez Humana (Cipolla) es la Ley favorita de los artistas, que son esos seres que pueden acometer el ejercicio de su profesión con auténtica sensibilidad y maestría siendo, al mismo tiempo, unos perfectos estúpidos. Al menos la gran mayoría de los que hacen declaraciones públicas.

Hace poco la comparsa del Gran Wyoming Sandra Sabatés entrevistaba a Itziar Castro, la actriz que estuvo nominada este último año a la mejor actriz revelación y a la que desde hace un tiempo a esta parte no le hace falta trabajo.

Pregunta la circunspecta Sandra Sabatés a la oronda Itziar, ¿Tener una XXL te ha limitado en una profesión que vive de la imagen?

Aquí ya sabemos por dónde quiere ir la Sabatés, que no es otro sitio que por la bronca, la queja, la reivindicación, la lucha, la opresión, el victimismo, el machismo, el patriarcalismo, etc., ya saben ustedes. ¿Y todo esto -se podría argüir en mi contra- lo sabes ya a partir de una pregunta tan inocua o tan elemental? Por supuesto; no hace falta ni un ápice de susceptibilidad para saber por dónde va el periodismo de hoy en día, tan vinculado a la Corrección Política y sus derivados. Nada en el periodismo de hoy es ni ingenuo ni casual ni inocuo. Y todo va encaminado hacia lo mismo. De hecho la pregunta es ciertamente improcedente, si no imbécil, cuando a quien está entrevistando no es a una gorda que reclama lo que le es negado por gorda, sino a una triunfadora. En cualquier caso, ya digo, en la pregunta ya venía implícita una cierta intención pues resulta a todas luces falso que una profesión -en este caso la del cine- viva de la imagen, e igual de falso que los representantes de esa profesión lo hagan. La lista de actores y actrices poco agraciados físicamente y con éxito (debido a los personajes o las mismas extraordinarias interpretaciones) es ilimitada. Es más, son precisamente quienes se empeñan en hacer distinciones entre guapos y feos, para hablar de discriminación, los que verdaderamente acaban generando un problema (de discriminación) donde no lo había. Son cosas de la Corrección Política, que con lo que se pone cachonda de verdad es con la existencia de problemas. Por eso su esfuerzo va siempre encaminado o a generarlos donde no los hay o a no permitir que se solucionen nunca. Lo que les pone cachondos a los resentidos es la lucha, sólo la lucha. O sea, la existencia del problema.

Las respuesta de Itziar es, en cualquier caso, tan fantástica como clarificadora... ¡a pesar de las intenciones de ambas!

“Es como un pez que se muerde la cola o un arma de doble filo; es cierto que hay más personajes a los que no puedo acceder porque si en el guión no pone gorda no me suelen llamar, pero también he tenido suerte porque por el hecho de que pusiera gorda me han llamado a mí porque hay menos actrices de mi perfil y entonces he accedido a papeles diferentes, a películas de terror , a películas dramáticas, como Blancanieves, y he trabajado con Peter Greeneway y he hecho una versatilidad o un abanico de posibilidades diferentes, pero sí que es cierto que si no pone gorda es muy probable que no me llamen”.

[Aquí he de hacer un pequeño paréntesis porque hay algo en este final de respuesta que si no se ve en el audiovisual no se llega a percibir. El tono con el que hace su última afirmación casi que podría ser el que se correspondiera con una queja absoluta: la de fíjate hasta qué punto es canalla (hijo de puta) el sistema que si no llego a estar gorda no me llaman. Sé, sé que carece de sentido este tono de queja en esta afirmación por la contradicción profunda que conlleva, pero la cosa es así. Tienen tanta ganas de quejarse que se les va la olla y muestran su verdadera cara, la del odio, la del rencor, la de la violencia, en definitiva la de su goce, porque en eso está la mujer del hoy: en el puro goce delirante que le viene ante la exigencia de un empoderamiento necesario. De ahí que se haga un verdadero lío cuando intenta responder a una pregunta que asocia la obesidad a lo nada saludable. La pobre Itziar no sabe por dónde salir y acaba diciendo que de momento va a posponer cualquier tipo de dieta. Aquí podemos observar el porqué hoy en día resulta más más rentable ser "diferente" que "normal", de hecho la buena de Itziar no quiere adelgazar, eso es al menos lo que dice, y que por eso aplaza cualquier tipo de dieta. Pero sin dejar de quejarse por su doble discriminación (mujer y gorda), de hecho en todas sus entrevistas aprovecha para hablar de "gordofobia" cuando en realidad todos sabemos que siempre habrá trols y haters en la red pero que no dejan de ser una pandilla escuálida que resulta despreciable a lado de lo que piensan sus compañeros de profesión y la mayoría de espectadores sensatos, que son los únicos que al fin y al cabo importan. Por 4 desgraciados, alguien encuentra necesario, una vez más, llenarse la boca de desprecios que incluye a todos los varones, pues son los varones los que en última instancia aparecen como responsables y culpables de una sociedad corrompida por el heteropatriarcalismo machista]

Voy a intercalar ahora mis pensamientos entre los suspiros quejumbrosos de quien, por estar en el ajo, no puede dar puntada sin hilo, aún cuando los hechos se encuentren en contra ("arma de doble filo") de sus previsibles argumentos ideologizados. Responde, pues, Itziar con mucha seguridad:

“Es como un pez que se muerde la cola o un arma de doble filo...

¿Qué?, ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Te ha limitado, sí o no?

...es cierto que hay más personajes a los que no puedo acceder...

Claro, como cualquier actor o actriz que no cumple los requisitos del personaje, por no hablar de quienes no pueden acceder a ninguno porque están en al paro desde que acabaron la carrera de Arte Dramático. O bien porque no tienen contactos o bien por lo que sea. O sí los cumple pero no ha contado con la suerte, tu suerte, amiga.

...porque si en el guión no pone gorda no me suelen llamar...

Como tampoco llaman a un actor adolescente para hacer de jubilado. ¡Y aún que te llaman (“no me suelen llamar”)!, que a muchas actrices guapas no las llaman ni para hacer de guapas.

...pero también he tenido suerte porque por el hecho de que pusiera gorda me han llamado a mí porque hay menos actrices de mi perfil...

Así que te han llamado por lo que eres, que es lo que pones en tu perfil. ¿Cuál sería la queja entonces? Por lo menos te han llamado, algo que no pueden decir, las pelirrojas (en paro y esperando castings), las guapas (en paro...), las bajitas (en paro...) o las colombianas (en paro...), que no estaban gordas cuando se requería un papel de gorda.

...y entonces he accedido a papeles diferentes, a películas de terror , a películas dramáticas, como Blancanieves, y he trabajado con Peter Greeneway y he hecho una versatilidad o un abanico de posibilidades diferentes, pero sí que es cierto que si no pone gorda es muy probable que no me llamen”.

Es decir, todo se lo debe al hecho de estar gorda. Si hubiera sido esbelta, guapa y políglota no la habrían llamado. Y en efecto, hay muchas mujeres perjudicadas cuando las necesidades del ciertos guiones requieren una gorda, muchas; esbeltas, guapas, políglotas... Algo que en el fondo disturba a la periodista que no parece hacerle mucha gracia que Itziar muestre tanto agradecimiento a su estado y se le escape, casi sin querer, tanta alegre vitalidad. De hecho hace oídos sordos y continúa con aquello para lo que ha sido adiestrada, que es gozar (y hacer gozar) con la queja victimista (que en última instancia se legitima ante la opresión machista heteropatriarcal) y por ello no se dirige a la Itziar actriz y prefiere dirigirse a Itziar la gorda: “En algún momento te has planteado dejarlo y dedicarte a algo que no dependa de la imagen?

Que no imbécil, que no, que no te has enterado de nada; que Itziar está viviendo su momento de gloria, que no le falta trabajo y que ya no sabe por dónde tirar en tu entrevista oscura y malediciente. Lo que no quita para que Itziar también se encuentre en el ajo debido a los dividendos que produce a todos los niveles. Resulta muy guay, muy cool y muy rentable ser mujer y muy víctima. Aún cuando te vaya muy bien.

De hecho la comprometida Sabatés pregunta ¿Qué es lo más fuerte, lo más duro que has tenido que escuchar por tu físico?”. Ante lo que la dispuesta pero algo consternada (no se esperaba una pregunta tan innecesaria y estúpida) Itziar responde “Lo más duro fue, yendo con mi hijastra, tener que escuchar a un vecino conduciendo decir ¡gorda, cómete un no sé qué!, cómete unos donuts...”, y acto seguido cuenta que su hijastra se quedó sorprendida ante el insulto hasta el punto de preguntarle, y que ella tuvo que explicárselo: me insultan por “ser diferente”. Así, eso es lo más fuerte y lo más duro que ha tenido que escuchar por ser gorda: y vino de ¡un vecino... que estaba conduciendo!

A punto de acabar la entrevista la Sabatés vuelve a la carga: “las actrices denunciáis la brecha salarial respecto a los actores que muchas veces obtienen los mejores papeles, los protagonistas acaban siendo para los hombres o que incluso a medida que vais envejeciendo cada vez os llaman menos”.

Que no Sabatés, que no, que los emolumentos de cada actor y de cada actriz los marca el mercado. Carmen Machi (¿es guapa o fea? porque lo que sí es, es una gran actriz) cobra más que una actriz jovencita advenediza aún cuando el papel de Machi pudiera ser más exiguo, pero lo que en última instancia cobra Carmen Machi es lo que una productora está dispuesta a pagar en función de sus presupuestos y sus expectativas. Y punto. Y puede que lo que cobre Carmen Machi por un papel protagonista en una determinada película sea mucho más que lo que podrían cobrar el varón protagonista de otra. Porque todo depende de muchos factores. Y lo de que los varones se llevan los mejores papeles, nada, monada. ¿O es que no ves ni cine ni series?

Tampoco Itziar deja de aprovechar las circunstancias políticamente correctas para sacarles partido. De hecho éste fue el titular y subtitular de un artículo/entrevista publicado en el periódico El Mundo y la respuesta a una de las preguntas. Recorto y pego:

Itziar Castro, nominada a un Goya, alerta sobre la 'gordofobia' en el cine

En su encuentro con LOC, la actriz de 'Pieles' también hace una llamada de atención a la industria audiovisual para que cambie "la perspectiva".

¿Nota esta 'gordofobia' a la hora de conseguir un papel en un casting?

En este país aún nos queda mucho por hacer. Faltan muchas series o proyectos a nivel audiovisual donde se vean mujeres diferentes, como pasa, por ejemplo, en 'American Horror Story'... Aquí pasa en 'Vis a Vis', pero más allá... - Es una cuestión de intentar cambiar la perspectiva.

Definitivamente aquí nadie ve ni cine ni series; ni los periodistas ni los propios actores: merluzos de idea fija. Ignorantes o resentidos. ¿Industria audiovisual? ¿Quienes son los responsables canallas de esa industria a la que hay que cambiarle la perspectiva? ¿Como hacerlo? ¿Obligando a los guionistas a introducir mujeres “diferentes”? Hay que joderse.

lunes, mayo 14, 2018

Teatro en domingo


¿Qué cosa es el público? ¿El público de qué? O mejor, ¿dónde está cuando no está donde debe?

Llevaba años esperando esperando -sin Godot- que algún espectáculo dramatúrgico me sacara de su estado letárgico. Y mientras esperaba me aburría o me indignaba precisamente por no cejar en esa esperanza. Esperanza en la espera activa, pues. Casi casi basura ha sido todo lo que a uno se le ha venido encima en los teatros a los que he ido acudiendo estos últimos años. No exagero. Basura aplaudida con ímpetu sin duda por un público ignorante por ideologizado o infantilizado. Años acudiendo al teatro, casi cada semana, con la esperanza de que, como en antaño, alguna obra me conmoviera. Alguna. De vez en cuando siquiera. No por una cuestión de innecesaria nostalgia, sino de pragmática necesidad. Cada vez más necesito creer en algo.

Ayer se cambió la dinámica. Tuve la suerte y el privilegio de ver un montaje teatral de primer orden. Como era de esperar, de prever y de suponer no éramos más de 30 personas las que en un domingo por la tarde tuvimos esa suerte y ese privilegio. La obra: 1789, en un universo paralelo, de Hadi Kurich.

Pero ¿por qué cree uno que había tan poca gente? Pues por varios motivos, los mismos motivos por los que, ya de entrada, se me hace difícil comprender la existencia de esta obra en los teatros valencianos: NO es una comedia, NO se trata de una compañía valenciana (subvencionada) y por último se trata de una obra exigente en la medida en que pudiendo ser entendida por la universalidad del texto, la verdad es que sólo una persona medianamente culta puede disfrutarla en plenitud. Así, pues, obra condenada al fracaso, el fracaso por el que hoy en día se mide todo. Sin embargo su indudable éxito se encuentra en la obra en sí misma, un prodigio de montaje para un texto milimétricamente preciso. El éxito de esta obra no era probable, pero ya se sabe: hoy en día, en estos tiempos de corrección política y de ideología agresiva, el éxito, cualquier éxito no puede ser otra cosa más que una forma de sofisticado fracaso. Y viceversa: muchos fracasos no pueden ser más que un signo de éxito. Así pues, 1789 un éxito (30 espectadores en domingo). Las cosas excelentes necesitan fracasar en alguna medida para poder ser excelentes. En alguna medida, repito, en alguna medida. 

El título ya avisa para que nadie se lleve a engaños. Un título disuasorio -y por tanto valiente- para todos aquellos que no le pongan cara a esa fecha, que son tantos... De hecho mi acompañante no sabía nada acerca de la fecha, ni reconocía los nombres de los personajes ni de lo que supusieron en la historia real. De tal forma que se tuvo que conformar con dejarse llevar por unos diálogos que no le referenciaban ni remitían a hechos concretos del pasado -del que salía este texto ficcional-, pero no por ello dejó de disfrutar por el sentido de universalidad que se desprende de la elaboración de un texto bello y preciso al que se añade la sobriedad de las interpretaciones. ¡Qué raro ya es encontrarse en el teatro algo de inteligente sobriedad!

Un espectáculo... ¡sobrio!, qué extraña paradoja y ¡qué bienvenida!: un espectáculo que utiliza la creatividad escenográfica para generar las sutiles metáforas que le permitirán evitar esa espectacularidad digital que tanto necesitan los ignorantes (al menos cuando no hay risas). Ignorantes, sí, los ignorantes que ha ido generando una Opinión Publicada absolutamente alineada, alienada y cobarde, que dejó de hacer verdadera Crítica de Teatro para que toda obra pudiera tener el mismo éxito merecido. Igualdad: todo es maravilloso y nadie es menos que nadie en el producto artístico. En la era de la corrección política no cabe ya la verdadera Crítica; ya no cabe el derecho al pataleo debido a una suerte del relativismo cultural que se nos ha impuesto por la vía de un buenismo populista; un buenismo cuya principal función es velar por la salud mental de los mediocres. No está hecha la miel para la boca des asno. ¿Éramos 30 personas en el teatro? Pues eso.



lunes, marzo 19, 2018

Apostillas


Apostillas al post anterior
Realmente los feministos y las feministas están desconsolados después de ver cómo se han resuelto los hechos en torno al Caso Gabriel. Habían cogido carrerilla y se consideraban imparables. Su goce era tal que creían que su fuerza expansiva ya nadie la iba a parar. Tienen desde hace años todos los Grandes Medios a su alcance; la Opinión Pública y la Opinión Publicada son una sola voz, es decir, tienen un pensamiento único.

Mesa de novedades en una librería cualquiera

Habían cogido carrerilla y se consideraban imparables. Su goce era tal que creían que su fuerza expansiva ya nadie la iba a parar. Pero hete aquí que hay que buscar al asesino de un niño... y va les sale mujer; y para más inri salen por televisión dos guardias civiles varones llorando y destrozados por la impotencia y la tristeza. Justo el mismo día en el que ellos/ellas, los feministos/as querían prohibir el fútbol en los patios de los colegios. Y justo el mismo día en que pretendían que los urinarios de los colegios fueran mixtos para deseheterosexualizar la sexualidad. Y que se eliminaran los libros de Javier Marías y otros de los planes de estudios...

martes, febrero 27, 2018

Carta abierta al varón (sobre todo si es blanco y heterosexual), sólo a él



“Estimado” varón cobarde:

Cualquier excusa es buena para echarle la culpa al varón, sobre todo si es blanco y heterosexual. ¿La culpa de qué? Se preguntará algún ser ingenuo.

Respuesta mía y sólo mía (al parecer y por lo que veo, oigo y leo): si de lo que hablamos es de estigmas y de las repercusiones de esos estigmas -cada sexo tiene los suyos como iremos viendo-, y si de lo que hablamos es también de querer saber de qué son culpables los varones la respuesta sólo podrá encontrarse en el análisis de la Opinión Pública y la Opinión Publicada. No hay otra. Si ese ser ingenuo hiciera el necesario análisis podría comprobar, de forma inmediata e indubitable, que no quedan ya mujeres ingenuas y que el varón, o mejor, los varones TODOS, son culpables... de TODO. TODOS de TODO. O dicho en plata (y recordemos que se trata de la única conclusión a la que puede llegarse si uno analiza atentamente las Opiniones Pública y Publicada): que los varones, todos, son unos cabrones... y las mujeres unas Santas Laicas, reprimidas y oprimidas claro por los cabrones varones. Y si alguien cree que exagero, que abandone ahora la lectura de esta misiva. Y que siga ensimismado con su red social de contactos o lo que sea.

Plena actualidad

En la revista Mujer de Hoy del Grupo Vocento viene un artículo de opinión sobre Margaret Atwood y el éxito de su serie El cuento de la criada y posteriormente de su libro. El artículo se llama “¿Escritora o profeta?” y viene firmado por Nere Basabe, que dice “los totalitarismos de Europa del Este, el miedo a la guerra nuclear y el regreso a los valores más conservadores y puritanos en el Oeste inspiraron entonces (1985) esta fábula de la Guerra Fría”. Para más adelante apuntar, “aquella distopía política en la que Norteamérica se convertía en una opresiva dictadura teológica donde las mujeres eran reducidas a meras esclavas reproductoras sigue de plena actualidad”.

Así, de plena actualidad sigue ese relato imaginario (futurible) distópico escrito desde el Berlín Occidental de los ochenta en donde las mujeres serían meras esclavas.

Por otra parte dice Isabel Coixet en su exitosa conferencia pronunciada en el Museo Centre del carmen de Valencia hace unos días (después de haber ganado el Goya), “Las mujeres tenemos que repetir mucho las cosas para que se nos oiga. Siento que todavía tengo que probar una y otra vez que valgo para lo que hago”.

Quizá por eso, directores como Enrique Urbizu o Víctor Erice no consiguen que nadie produzca sus propuestas cinematográficas desde hace años y sin embargo la Coixet sea una de las pocas personas que desde 1996 ha podido conseguir financiación para más de 30 películas.

Así, en efecto, es de plena actualidad. Tanto que ya se miden por miles los artículos que diariamente aparecen en periódicos en los que una mitad de la población es tratada como piltrafa. Por ser, así en genérico, culpable del mal que al parecer sufre la otra mitad, así en genérico.

La cosa es que la agresiva metodología de la Corrección Política -que tan cachondos pone a los periodistas y políticos... y a los nenes de la farándula- ha llegado a su punto más álgido. Y ha llegado a su límite con la más absoluta normalidad, y lo que resulta más significativo, con el beneplácito y el consentimiento de todos, ahora sí, varones y hembras.

Plena actualidad: la Corrección Política ha hecho creer a la humanidad, o mejor, ha impuesto el ideologema de que en la sociedad (la civilizada, por supuesto, que es la que tiene Opinión Pública y Publicada) la cosa... ¡va de mitades! Así, quienes hace apenas unas horas rehusaban hablar de Guerra de Sexos -por considerar el término excesiva e innecesariamente bélico, además de falso- ahora sólo hablan de ganarla. Pero ¿quién afirma -y reivindica- ya sin pudor la existencia de una Guerra y qué significa ganarla? Pues está claro: la Guerra se encuentra confirmada por los poderes fácticos ebrios de CP y ganarla sólo puede significar una cosa. No hay mas que ver lo que hacen lo medios de comunicación a diario. Así la pregunta es ¿qué significa ganar esa Guerra que reivindican a diario?

Fácil respuesta si somos analistas materialistas: así, si aceptamos (porque las hembras lo dicen, y los media y políticos lo corroboran) que se trata de una Guerra y que se trata de ganarla, el ganarla sólo puede significar una cosa: la destrucción del varón. Y en ello están.

Así que vosotros, hombres cobardes, o despistados, lo que queráis, ya sabréis lo que hacéis. La gente sólo habla de libertad de expresión cuando un tontaina, en una decisión tan contingente como estúpida, decide retirar una obrilla de arte en una Feria de Arte, pero no habla de ella cuando a diario se tiene que morder la lengua por miedo. Y ahora me dirijo a los periodistas varones, que son los que acceden a la Opinión Publicada: ¿Dónde están vuestras opiniones en que os mostráis ofendidos por ser juzgados, todos, como un conjunto de cabrones estúpidos insensibles egoístas?

Hace poco la columnista Elizabeth López Caballero y a propósito de un anuncio en el que dos actrices anunciaban el jabón Fairy decía:

“¿Se imaginan qué maravilla ver a dos hombres de pelo en pecho, machos alfa, fregando loza? No, verdad, no se lo imaginan. Porque mientras salgan emitiendo este tipo de anuncios -queriendo sin querer- seguiremos normalizando lo que ya no es normal. Que no tenemos que ser siempre nosotras las ratitas presumidas que barren y cocinan y se ocupan de los niños. Que nosotras también podemos ser soldados y ganar más de una guerra, aunque en esta, de la igualdad, vayamos perdiendo”.

Analizad esto, hombres cobardes: la tal Elizabeth ya sabe que, en efecto, no somos capaces de imaginar a dos hombres de verdad (macho alfa, pelo en pecho) fregando loza. En los motivos se encuentra la clave de esta afirmación; para la periodista (cuyo lapsus consiste en hablar de un macho alfa con pelo en pecho) los motivos de que no seamos capaces de imaginarlo se encuentran en una publicidad machista, pero en mi opinión se encuentran en el cómo desea VER una mujer a UN macho (no sé si al suyo o a todos, nunca se sabe). De hecho, y vosotros los sabéis de sobra, hombres cobardes, los que más follan son siempre los más chulos (con lo que eso significa en cuanto al deseo de la mujer), los que nunca friegan loza, los que no se comprometen con nadie y los que engañan todo lo que pueden a todas las que pueden, los machos alfa, los que somos incapaces de imaginar fregando loza; los otros los menos chulos son precisamente los que viven el constructo cultural y habitan en él con la aceptación de un compromiso -que es la máxima representación del constructo cultural que las mujeres desprecian por ser el causante de todos los machismos- de la procreación de descendencia compartida. Es a esos, sólo a esos, a los que curiosamente se les exige fregar loza, y es así, claro, porque... ¡son los únicos imaginables!, lo cual no carece de lógica, al menos de la suya. Otra cosa, ya digo, es con quien follan, o de quien se enamoran verdaderamente (si queremos ser finos), esas mujeres que son incapaces de imaginar a un hombre de verdad fregando loza.

¿Quiero decir con esto que el hombre no debe fregar loza, o que son las mujeres la que deben hacerlo? En ABSOLUTO, bajo ningún concepto, pero sé de sobra que eso es lo que querrá entender quien no sepa leer. Y como podéis ver, está también ahí el tema de la igualdad entendido de manera perversa: nada hay de casual y espontáneo en las palabras de Elizabeth; no reivindica la posibilidad de que las mujeres pueda ser unas buenas cirujanas plásticas, reivindica el derecho a que puedan ser soldados, es decir, a que puedan usar la fuerza sin argumentos, la fuerza bruta, la que algunos hombre usan para humillar a algunas mujeres. Y también la necesidad de ganar una guerra, la Guerra.

Vosotros sabréis hombres cobardes.


Libro actual exhibido a montones en todas las librería de grandes superficies


martes, noviembre 28, 2017

Sobre la igualdad

Sobre la igualdad

Hoy he comido con mi familia directa, esto es, con mi madre, mi hermano y mis dos sobrinos mellizos de 17 años. Ha salido el tema del sexo, la sexualidad y, lógicamente el de las relaciones sexuales y sentimentales. También lógicamente ha salido el asunto de la igualdad entre sexos. Así mi sobrina para zanjar una conversación que le aburría: “la verdad es que los chicos y las chicas somos muy diferentes... y además eso lo sabemos todas”. Y su hermano apostilla: “Eso es verdad, nosotros también lo sabemos todos, es que salta a la vista”. Por lo que, al parecer, saben a su corta edad lo que no saben los cientos de miles de adultos (?) que se expresan y opinan públicamente. Yo, que estaba allí, puedo asegurar que ambos eran plenamente conscientes de que sus palabras sólo tenían que ver con aquello a lo que esas palabras referían. Estaban hablando, sólo, de sexualidad y de predisposición hacia el otro en tanto que posible partenaire; de deseo, del tipo de deseo y de la forma de gestionar ese deseo.


Nota. No haría falta añadir que mis sobrinos distinguen perfectamente la necesaria igualdad de derechos que tienen las personas con independencia de su condición sexual de aquello que a ellos les resulta evidente: que “en eso otro” los chicos son muy distintos de las chicas. Y viceversa. Estos es, diferentes: desiguales. Y no haría falta añadir que mis sobrinos están absolutamente en contra de toda posible forma de violencia.

viernes, noviembre 24, 2017

Carta abierta a la sociedad actual y escatología

No me quedé con las cifras reales que el locutor pronunciaba ayer en la radio, pero lo que sí me quedaron claras fueron las proporciones, que según los datos (tomados a varios miles de personas) eran de once a uno. La encuesta a la que hacía referencia pretendía averiguar las preocupaciones ciudadanas respecto a su relación con la calle y los espacios públicos a base de propuestas de los propios ciudadanos; pues bien, el segundo asunto más votado habría sido el de generar refugios para gatos abandonados, con una cifra apabullante, tan apabullante que era 11 veces mayor que esa otra cifra que representaba a quienes habían propuesto la creación de espacios de atención a vagabundos y gente sin hogar.

Cambio de tercio (creo). A bombo y platillo se hacían cargo ayer todos los medios -tanto escritos como audiovisuales- en sus respectivas secciones de que casi 4 millones de personas estuvieron pegados a su televisor el día de la final de Master Chef Celebrity. Un share espectacular. Muy probablemente otros dos millones más estuvieran viendo los avatares (nunca mejor dicho) de Gran Hermano. A saber qué veían los que veían La Sexta, o Antena 3 o incluso La Primera.

Dice la noticia “9,8 es la media de edad en la que los niños reciben su primer teléfono... el 80% de ellos entra todos los días en internet y en sus redes durante una media de dos horas”. La noticia es dada de forma neutra, aséptica, sin opinión. Sin embargo dos meses antes apareció esta otra noticia en el mismo periódico;: titular: “El amor eterno ya es un mito a los doce años”; subtitular: “Una aplicación del móvil consigue que los adolescentes dejen de lado una visión del amor guiada por mitos -como 'el amor lo puede todo'”. Y después dicen que el pescado es caro.

Así que emulando al gran Fernán Gómez yo digo “¡se va usted a la mierda, sociedad actual!”... esa sociedad de la que por supuesto formo parte.

Menos mal que hoy empieza el Black Fridey... de mierda!

miércoles, noviembre 08, 2017

Yo, el amante del amor

Yo, el amante del amor. O la regla
(no apto para mentes sensibles)

Nadie, y cuando digo nadie lo que queremos decir es... nadie, le ha dado la importancia que se merece al hecho en cuestión. Así que cuando digo nadie lo que queremos decir es exactamente eso, nadie. Nadie ha querido la importancia que se merece a la cuestión, pero la verdad es que el carácter de las mujeres, además de depender de los factores externos -o internos- que actúan igualmente sobre personas con otro sexo, también depende, y mucho, de su ovulación y en definitiva de la existencia de su periodo, de su regla. Poco tengo que decir sobre ello, paradójicamente, en la medida en la que sé que lo sabe al menos la mitad de la población mundial por experiencia propia, aunque, insisto, nadie hable de ello porque al parecer a nadie le gusta (?) hablar de ello. Aún a pesar de lo sumamente decisivo y determinante que resulta sobre el entorno de las mujeres una actitud que es voluble de forma continuada y cíclica por naturaleza.

Nadie quiere darle importancia, pues, al hecho de que el carácter de las mujeres sea variable de forma cíclica durante 12 (24) veces al año, y nadie lo hace aun a pesar de todos los desencuentros (¿menores?) que genera en la Humanidad esa variabilidad contumaz en lo que respecta a las relaciones sociales en general y las sentimentales y privadas en particular (y atención que hablo de desencuentros, no de otra cosa). ¿Por qué? No lo sé, pero algo intuyo. Porque cuando decimos variable o voluble para calificar un carácter que se manifiesta dispar o inconsecuente (sinónimos de voluble según la RAE) siempre de forma regularmente cíclica nos olvidamos de asignar la importancia que pudiera tener en las relaciones humanas. Porque lo que hacemos ignorando la cuestión no es otra cosa que desplazar cualquier intención de analizar las consecuencias. Que esas sí las conocemos de sobra. Y más ahora, donde el nihilismo sentimental se ha instalado en nuestra sociedad, no por otra cosa sino debido a una conculcación ideológica a la que nos ha sometido la Cultura de la Queja, tan Políticamente Correcta ella, tan displicente con el varón, criminalizado, con los varones todos, pues. Una ideología conculcada que tiene por fundamento (entre otros) un absoluto desprecio hacia el amor romántico.

En Las razones del deseo dice Sharon Moalem, “Es como si las mujeres buscaran aparearse cuando están ovulando, pero buscaran pareja cuando no lo están”. Y poco después apunta, en un estudio realizado en la misma universidad y publicado en Evolution and Human Behavior, que “era más probable que las mujeres fantasearan con otros hombres cuando su fecundidad estaba en su punto más alto”. Por otra parte la doctora Haselton dice “Hemos descubierto que las mujeres se sienten atraídas por hombres distintos a su pareja principal sobre todo cuando están en la fase de mayor fecundidad de su ciclo menstrual. Es decir el día de la ovulación y varios días antes”. En otros libros se hila más fino y se añade algo respecto al punto hacia donde se dirige esa volubilidad. Al parecer, lo que atrae a las mujeres en esos días de menor fecundidad es hombres amorosos, cariñosos, blanditos, ingeniosos, graciosos, colaboradores, etc., y lo que les atrae esos días de máxima fecundidad es tipos duros, varoniles, egoístas, decididos o incluso chulos. ¡En fin!


El otro día me encontré con una mujer a la que no veía de hace muchos años. Después de cierta conversación típica de reencuentro se adentró, con evidente ímpetu y ganas (?), en el asunto que en estos momentos le preocupaba hasta generarle un alto grado de ansiedad: su hija adolescente de 13 años con la que convive a solas. Por no alargarme iré directamente a su conclusión; así ella: “desde luego que a lo que no voy a estar dispuesta en ninguno de los casos es a admitirle esos cambios de estados de ánimo y esas salidas de tono que no son otra cosa que constantes confrontaciones directas sobre mi persona. Sólo hace 3 meses que tiene la regla y desde entonces nuestra relación se ha convertido en una montaña rusa. No, definitivamente conmigo que no cuente para usarlo de excusa o para que yo la excuse”.


No sé, de repente me he acordado de aquella otra mujer que un día me dijo recientemente: “la verdad es que no entiendo a los hombres, con lo fácil que resulta amar a una mujer”.

Nota. Este texto también pudo llamarse, por qué no, dado su carácter personal: Yo, el amante del amor. O la regla (que mil veces me he comido, literalmente hablando, y lo siento por las mentes sensibles).

sábado, noviembre 26, 2016

Sobre la Igualdad

Sobre la Igualdad

¿La Igualdad? se pregunta uno. ¿Qué contestar?

La verdad es que resulta complicado responder a una pregunta cuya única respuesta posible admitida socialmente sólo puede ser una, valga la redundancia; a saber: la que utiliza ese mismo concepto desde la afirmación asertiva; la que no admite dudas acerca de su reivindicación; la que no admite disidentes en ese rechazo de la duda que conlleva toda pregunta. No existe la posibilidad de duda si la respuesta sólo puede ser una. Sólo es posible cabecear en positivo ante ella. Para nuestra época la Igualdad es sí o sí, y no existe posibilidad de disidencia; no existe en ningún caso la posibilidad de análisis semántico. “¿Para qué?”, se preguntan los adalides de la Corrección Política, ya la lleven puesta de forma explícita o de forma implícita.  

Así, no hay duda de que tanto la Opinión Pública como la Opinión Publicada, esto es, la emitida socialmente, tienen claro qué hacer con el concepto Igualdad: reivindicarlo ferozmente siempre fuere como fuere, por mucho que la pregunta, así planteada (¿La Igualdad?), pudiera quedarse siempre corta por incompleta. Son cosas de la Corrección Política: no mostrar fisuras en la asertiva estrategia cortando por lo sano desde la misma abstracción del concepto. La Igualdad -así en genérico y en abstracto- es para Ella, la Corrección Política, el fín último, esto es, el primer objetivo. ¡Pero no tanto en cuanto a su posible aplicación a la misma sociedad se refiere!, cosa imposible además de indeseable*, sino en su objetivo real, que no es otro que el de inocular la misma reivindicación feroz de esa Iguadad en nombre del Bien Supremo. En el mercado de las ideas regidas por la Corrección Política (que son prácticamente todas en la medida en que las ideas privadas no acceden a la Opinión Social) no existe la posibilidad de afinar, matizar, limitar el concepto Igualdad porque todas esas acciones serían vistas como enemigas del fin último de la estrategia. ¡Ay de quien se atreva a poner en duda la univocidad del término más allá del círculo privado!

¿Cuál ha sido el resultado después de 40 años de imposición ideológica? Pues el resultado previsto, que no es otro que el buscado por la misma estrategia que conlleva toda política impositiva. Y una estrategia, según el Léxico de Filosofía de Jacqueline Russ,  es el “el conjunto coherente de acciones destinadas a producir un resultado determinado, a eliminar al adversario, etc.; arte y habilidad para dirigir un asunto”.

Desde luego que en el caso que nos ocupa la coherencia es un aspecto definitivo. La psicótica reivindicacón de la Igualdad sólo puede obtener éxito desde un férreo control de la Opinión Pública y Publicada. Y esto es sólo es posible a través del Puro Control, que en este caso (como en otros de parecido fundamento) se ejerce, como digo, en nombre del Bien Supremo… pero siempre desde el Poder Omnívodo, desde ese Poder que sólo sabe expresarse desde el Pensamiento Único; desde ese Poder que no admite disidencias. desde ese Poder más preocupado por “eliminar adversarios” que de solucionar el problema, pues como ya hemos apuntado otras veces, la única forma de luchar contínuamente contra la Desigualdad -desde la Corrección Política- es dejando que ésta no deje de existir.

Pero insistimos ¿cuál ha sido el resultado? Pues ahí está a la vista de todos: que la Diferencia sigue manifestándose en la vida real con una naturalidad pasmosa (ver Nota), tan pasmosa como ajena a los desencajados rostros de todos aquellos que no ven más allá de la ideología impuesta por un Poder nada inocente, entre otras cosas porque toda imposición se ejerce desde la tiranía y el despotismo (e incluso desde algo mucho peor, la perversa incultura y la maléfica ignorancia). Porque la Diferencia cristaliza en la sociedad con absoluta indiferencia hacia los Institutos de Mujer y las Consejerías de Igualdad.

Igualdad es, precisamente, aquello que no puede ser con independencia de sus posibilidades (siempre ambiguas debido a verdadera imposibilidad última), y Diferencia es, precisamente, aquello que por asentarse como única posibilidad de relación social -tanto en el sujeto en general como en el sexuado en particular- habría que aprender a gestionar. Algo que, no haría falta decirlo, nada tiene que ver con la igualdad de derechos (estamos hablando de igualdad de géneros por lo que al comportamiento entre ellos o hacia ellos se refiere).

Además, hablar en nombre del Bien para justificar una estrategia, es decir, asociar de forma arbitraria el concepto Igualdad al concepto de Bien, no deja de ser lo mismo que lo que hacía en antaño el estamento religioso cuando justificaba sus actos inquisitoriales en nombre de Dios. Y más aún si ha sido el propio pensamiento políticamente correcto quien lleva más de 40 años desdibujando las fronteras entre el bien y el mal a través del Pensamiento Académico (tesis, ensayos, ficción literaria, arte…) y desde la nueva Narrativa Audiovisual.

Dicen que todo es un problema de educación. Cierto, pero no estaría de más que desde ella se abrieran nuevas vías para abordar un problema que, como vemos día a día, permanece incólume. En efecto, sólo la educación permitiría señalar como fracasada una estrategia que se regenera a sí misma en función de los consecutivos fracasos. De hecho las noticias que hacen referencia a las funestas consecuencias derivadas de los problemas de género no hacen otra cosa que insistir en el fracaso persistente cada vez que magnifican las cifras que lo demuestran. Quizá entonces, y aceptando que se trata de un problema de educación, pudiera aceptarse otra vía que estuviera fundamentada en análisis menos prejuiciosos. Y tal vez así, diéramos entrada al concepto de Diferencia (tan factual como inevitable) y pudiéramos centrar la educación en el aprendizaje de la gestión de esa Diferencia.

En el Léxico de Filosofía, antes citado, dícese del concepto: Diferencia: Relación de alteridad entre dos cosas que tienen elementos idénticos. La verdad es que resulta difícil encontrar frases tan bellas como la que propone esta definición de Diferencia. Aristóteles dijo algo parecido, “Se llaman diferentes cuantas cosas son otras siendo en cierto modo idénticas”.

*Para saber si cualquier sociedad cree o no en la Igualdad como verdadero fin último no hay más que preguntar a unos padres con hijos en edad adolescente. Aquello padres que tuvieran hijos esforzados desearán con todas sus fuerzas que sus hijos no acaben teniendo la suerte de aquellos otros adolescentes que no hubieran pegado un palo al agua. Y si la suerte es lo que está en juego es porque las Igualdad además de imposible resulta indeseable. Siendo entonces la asunción de la Diferencia aquello a partir de lo cual puede afrontarse, con mayor sensatez, los asuntos relacionados con la Justicia/Injusticia. En cambio, si sólo se habla de Igualdad todo acabará conteniendo, inevitablemente, un sesgo de injusticia. Algo que pone cachondos a los practicantes y defensores de la Corrección Política. De todas formas no nos engañemos; cuando los políticos hablan de Igualdad sólo lo hacen o por votos o por dinero.
Y les funciona a la perfección. De ahí que muestren ese frontal rechazo a todo aquello que cuestione el concepto Igualdad.

Nota. Estaría bien que la gente reflexionara acerca de la ingente cantidad de niñas adolescentes que estos días pasados hicieron eternas colas (durante meses incluso) para poder ver de cerca a su héroe, un mierdecilla como Justin Bieber, un tipo que se lió a mandobles con sus fans una vez acabado el concierto.