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viernes, marzo 09, 2018

Huelga Feminista 8M (2)


6 de marzo, faltan dos días para la Huelga del 8M

Escucho en la radio que en un encuesta realizada a las mujeres -a propósito de la huelga que viene- que el 74 % de las mujeres aseguran no haberse visto nunca discriminadas en su búsqueda de trabajo. Sin embargo oigo en el mismo programa, pero no a continuación sino un poco más tarde, que el 82 por ciento de la sociedad considera necesaria la huelga.

¿Cuál podría ser el motivo de este desencuentro entre las cifras?

De todas formas parece que una de las claves, si no la Clave, es el mantra que se repite en todos los discursos que voy leyendo y escuchando durante toda la semana. Así Mar Esquembre, por ejemplo, un ejemplo entre mil, en un diario de hoy: “Es mucho lo que ya hemos dicho y seguimos diciendo. Que seguimos cobrando menos que los hombres por trabajos de igual valor”. De hecho por la noche hago zapping informativo en la tele y en efecto, ese es el mantra, incluso en cadenas pagadas por arzobispos. ¡”Seguimos cobrando menos... a trabajos de igual valor”! Curiosa y extraña frase: “igual valor”.

7 de marzo, a un día de la Huelga feminista 8M.

El País vuelve a dejarlo claro. Uno de los motivos que justificará a la perfección la Huelga es ese, que las mujeres cobran un 13 % menos en funciones similares. Ahora, eso sí, ya no es”trabajo” y “de igual valor”, ahora es “funciones” y “similares”.

Pienso yo, por tanto, que sería un buen momento para que salieran a la luz todos los casos en los que tantas mujeres perciben menos sueldo que un hombre realizando el mismo mismo trabajo y con las mismas funciones (porque es eso, ¿no?, mismo trabajo, mismas funciones. ¿O era trabajo de igual valor... o era funciones similares?). Ah, ¿que es lo mismo?

Pienso yo que en cualquier caso sería un buen momento para sacar a la luz todas esas injusticias, porque tal y como decía un famoso locutor ayer por la noche, todos esos casos estarían ganados de antemano por cuestiones de Ley indubitable, y apoyados además por TODOS los medios y TODOS los lobbies y TODO EL MUNDO. El Ministerio del Trabajo y el Ministerio de Justicia harían innecesario el Ministerio de Igualdad. Y lo digo porque, como ya he señalado, ese es el argumento que más se repite en la queja reivindicativa.

Pero no, el caso es que al menos de momento no, de momento no hay denuncias ni demandas de ninguna de esas mujeres que haciendo el mismo trabajo y con iguales funciones demande a nadie, ni denuncie nada; jamás sale ninguna mujer demandante a la luz pública. Y por tanto los buitres de la televisión y de la prensa no pueden llamarla para hacerle una entrevista esperando subir el share de su cadena o las ventas de su periódico...

Esperemos entonces a ver los resultados de la Huelga y veamos qué pasa al día siguiente a la Huelga cuando los Juzgados se colapsen por las denuncias (de mujeres que cobran menos en condiciones de igual trabajo y mismas funciones) que pudiendo haber sido explicitadas cualquier día durante todos estos años en los que se dice estar luchando contra la discriminación en la brecha salarial han preferido, sin embargo, esperarse a que sucediera esa Huelga para poder demandar masivamente. En dos días lo vemos.

Seguro que el día 9 se colapsarán los Juzgados. ¡Y qué avance habremos logrado!

miércoles, noviembre 22, 2017

Micromundo fractal

(O a quien pueda no interesar II)

Ayer recibí una llamada verdaderamente extraña justo después de cenar. La de la ex-mujer del que en su tiempo fue un buen amigo. Una mujer que no veía desde hace aproximadamente 8 o 9 años, de hecho tengo su rostro desdibujado. Me llamó, ya digo, ayer, para mantener un extensísimo y desconcertante monólogo que me mantuvo mudo y colgado a mi auricular cerca de media hora.

Su incontinencia verbal se encontraba focalizada, de forma exclusiva, a explicarme el poco tiempo que quedaba a ella para serle infiel a su actual marido, “un aburrido, Alberto, un aburrido”. Mi perplejidad me impedía articular palabra porque no entendía en absoluto esa llamada, “lo quiero mucho, de verdad, pero es que estoy tan cansada...”. En todo caso yo articulaba monosílabos que pudiera aparentar un cierto interés, “ya”, “caray”, “joder” y cosas así. “Estoy harta de verlo tumbado en el sofá y ya sabes Alberto que yo soy de otra pasta”... Así yo: “ya”. “Está claro que es un buen amante, y tiene un cuerpo impresionante, la verdad; es un buen amante, pero eso ya no es suficiente, yo necesito otra cosa”... “Fíjate”. “Y yo, la verdad, es que me siento guapa, ¡estoy guapa! Y tú ya sabes que cuando quiero soy muy canalla”... “Sí, eso es verdad”. “Voy a hacer una fiesta con mucha gente en la que me gustaría que estuvieras, me voy a poner fantástica y va a haber un antes y un después de esta fiesta”... “Caramba”. “Así que sí, que ya toca, Paco es un buen amante pero me tiene cansada, ahí siempre en el sofá”... “Pues sí”. “Yo necesito volver al mundo Alberto, me voy a comprar ropa nueva y voy a volver al mundo”.

Así, la ex-mujer del que fue un buen amigo mío a la que no veía hace cerca de 9 años me llamó ayer para contarme que quiere volver al mundo y que en breve va a cuernear a su actual marido (que no conozco de nada) al que muy probablemente, aunque algo más adelante, va a mandar a freír espárragos, porque también eso lo dejó claro en su incontinente discurso, “no tengo ganas de estirar esta relación, Alberto, es un buen amante, porque eso es así, es bueno, y tiene un cuerpazo, pero es que está ahí siempre, en el sofá”... “Ya”.

También ayer, pero por la mañana, tuve la ocasión de charlar con una amiga que conservo de mis estudios universitarios. Me cuenta que su profesora de yoga y estiramientos padece con ella una cierta incontinencia verbal que le impulsa a hablarle de su vida personal. La experta en estiramientos vive con un hombre que es 10 años menor que ella y que tiene, según ella misma cuenta, un cuerpazo. El problema de esta experta en estiramientos es que está algo confusa, o mejor, bastante confusa. Al parecer ese hombre 10 años menor que ella, además de ser joven y estar plagado de abdominales, es una buena persona.

“¡Vaya! -le digo- ¿Entonces, cuál es el problema?”. “Pues que tiene un amante sevillano hace años por el que está obsesionada y que no puede quitarse de la cabeza, por eso siempre encuentra una excusa para ir a verlo”, dice mi amiga, y poco después añade que la clave de esa obsesiva relación que convierte en infeliz (confusión, obsesión, depresión...) a su experta en estiramientos se encuentra en lo que la misma experta en estiramientos piensa de su amante sevillano: que “es un auténtico canalla”. Y matiza reduciendo los motivos de su enganche a dos: “el sexo con él es apoteósico, me hace cosas que a Carlos jamás se le ocurriría hacerme, es bestial, y por otra parte después pasa de mí olímpicamente; cuando nos distanciamos no muestra ningún interés por mí. No entiendo muy bien por qué estoy tan enganchada pero la verdad es que convierte mi relación estable en anodina”.


También ayer (vaya día... ¡que parecido a tantos otros!) tuve una comida familiar en la que coincidí con mi hermano, el único soltero empedernido que conozco que es, además, buena persona. Me cuenta lo que a su vez le ha contado la mujer con la que ha compartido una pequeña relación llamémosla sentimental. Así esa mujer: “La verdad es que ya todas las relaciones sexuales que tengo, más allá de ser satisfactorias en mayor o menor medida, se me quedan cortas al lado de la única que verdaderamente ha sido importante y determinante en mi vida. De hecho contigo lo he pasado muy bien -le asegura a mi hermano-, de verdad, pero es que aquella relación que mantuve durante casi un año condicionó definitivamente mi existencia, desde entonces noto que me resulta difícil si no inviable enamorarme porque nadie está a la altura de aquellas circunstancias y nadie me proporciona el placer que obtenía yo de aquellos encuentros hoteleros, porque siempre nos veíamos en hoteles, él estaba casado y yo también”. “¿Y en qué consistían esos encuentros si puede saberse”, preguntó mi lacónico hermano. “Pues me maltrataba de forma maravillosa, me ataba, me humillaba, me pegaba cuando sabía que podía hacerlo y donde sabía que debía hacerlo, incluso se meaba encima de mí; en fin, maravilloso, insuperable”.

miércoles, agosto 30, 2017

Periodismo basura (que es prácticamente todo)

(Aclaración: periodismo basura como podríamos decir televisión basura porque lo es en su práctica totalidad, así que periodismo basura no tanto para hablar de ese periodismo que es basura cuanto para decir que el periodismo de hoy es basura –en su práctica totalidad)

No hay ninguna duda: todo aquello que haga referencia al asunto de los géneros y sexos y tenga que ser tratado a través de la Opinión Pública deberá ser políticamente correcto. ¿Y en que consiste esa Corrección Política? Pues entre otras pocas cosas en tener que hablar partiendo siempre, de forma explícita o implícita, de Igualdad, de la Igualdad en tanto que concepto indiscutible, porque esa es la máxima del discurso feminista reivindicador cuyo activismo es descomunal.

¿Y cómo se hace efectiva esa Corrección Política que siempre parte de la Igualdad en tanto que concepto (previo) indiscutible? Pues muy fácil: primero culpabilizando, si no criminalizando al varón de todos los males –entre ellos la carencia de Igualdad, aún presente, entendida como una lacra-, segundo señalando las carencias, ineptitudes, minusvalías, incapacidades y sobre todo defectos de los hombres, y tercero poniendo de relevancia todas las virtudes de las mujeres que más que muchas van a ser infinitas. Así, degradación del hombre y ensalzamiento de la mujer. No hay otra, y es aquí cuando toma pleno sentido el inicio del post: “no hay ninguna duda…”.

[A modo de paréntesis, así se expresaba el gran Javier Cercas hace unos días describiendo a los hombres en El País Semanal (13-8-2017):

“En lo esencial, una panda de descerebrados borrachos de testosterona y únicamente ocupados por beber cerveza y averiguar quién es más macho mientras provocamos catástrofes”]

Así pues, en la Opinión Pública (que más bien sería Opinión Publicada) el precepto previo y fundamental y por tanto indiscutible es la Igualdad, pero después esa misma Opinión señala, de forma perfectamente psicópática, las enormes diferencias que existen entre un género/sexo digamos que estupendo y un género/sexo digamos que inferior y maléfico (y quien dude de este aserto tan excesivo como real que haga el esfuerzo de investigar seriamente y si no lo hace que calle para siempre).

[“Desengañémonos: los hombres de mi generación somos machistas por defecto. Los de mi generación y los de la anterior y los de la anterior a la anterior, y así hasta el infinito… No sé cómo serán los chicos de ahora… a juzgar por las estadísticas, iguales o peores. Por una vez seguro que tienen razón las estadísticas” Javier Cercas].

De esta forma no podrá haber noticia que respecto al asunto que nos ocupa –el de los géneros/sexos y su Igualdad- que no acabe cumpliendo esos tres preceptos señalados. Se toque el tema desde el prisma que se toque y, sobre todo, haga falta o no, toda Opinión Publicada contendrá inevitablemente esos tres componentes ideologizados  ad-nauseam:

1. Sobreentender, cara al lector y de forma previa, (los escritores tiene un pánico desmedido a caer en cualquier pequeño atisbo de incorrección) la Igualdad al tiempo que se la reivindica (por ejemplo, si el artículo va a hablar de deseo, del deseo, el escritor debe partir con el previo de la absoluta igualdad respecto a él por parte de ambos sexos; nunca podrá presuponer que hombres y mujeres puedan desear de forma distinta)
2. Señalar ciertas “diferencias” que impiden la necesaria y requerida Igualdad culpabilizando al varón de las mismas, “diferencias”, eso sí, que siempre son el resultado de su carácter despótico y autoritario (es decir, que si a pesar de todo resulta que aún existen diferencias en la forma de entender el deseo por parte de los géneros eso se debe, sin duda, al carácter déspota, patriarcal y machista del varón que no ha entendido aún que ¡somos iguales!), y
3. Señalar esas grandes cualidades/virtudes sólo propias de la mujer que nos muestran esa Gran Diferencia entre el género masculino y el femenino (esto es, que el varón déspota, patriarcal y machista sigue sin entender que somos iguales… pero siendo las mujeres más sensibles, empáticas, imaginativas, generosas, comprensivas, contemporizadoras, etc.).

En esta ocasión el artículo de investigación trataba de las relaciones sexuales rápidas con el original título “Aquí te pillo…” y con el explicativo subtítulo “Si breve, ¿dos veces bueno? Sube la fiebre por el sexo rápido aupada por las apps de contactos”. Todo el texto plagado de referencias entrecomilladas extraídas de expertos psicólogos analistas del concreto tema, como las del libro de Joel Block El arte del sexo rápido: “muy inspirador –según el firmante del artículo- para conseguir el clímax en un tiempo récord”.

Así que ya conocemos la primera intención del artículo de investigación (¿): la de dar por saludable, bueno y normal un tipo de sexo que siempre fue puesto en entredicho por… ¡todas esas millones de mujeres que siempre se quejaron de la rapidez con la que sus novios o maridos intentaban cumplir! sin éxito, por supuesto. No había más que leer el enorme Informe Hite (cosa que yo hice para escribir mi libro El lacónico, un hombre de cine) para comprobar que el nivel de insatisfacción de la práctica totalidad de las miles de mujeres encuestadas provenía del poco tiempo que sus partenaires dedicaban a la relación sexual.

Pero no es este el asunto que me mueve a escribir, que daría para otro estudio, sino el de las formas con las que estos periodistas de investigación estructuran sus artículos divulgativos: titular supuestamente ingenioso, subtitular explicativo pero con un toque de cultismo, referencias entrecomilladas de expertos respecto al tema, referencia a un libro best seller (generalmente de tapa repujada), fotos horteras ad hoc y, cómo no, una comparativa por género/sexo. Pero cumpliendo, eso desde luego, con los tres preceptos citados.

¿Y cuál podría ser el resultado de esa comparativa* en el asunto del “aquí te pillo…”? ¿Cuál creen ustedes que podría ser, lectores míos? Piensen, piensen, antes de continuar leyendo: ¿cuál podría ser el resultado en la comparativa si tenemos en cuenta que estamos hablando de relaciones sexuales de 3 minutos de duración?** Sí, 3 minutos, que de eso es de lo que estamos hablando según el artículo de la revista, de sexo rápido, eso que está de moda “aupado por las apps de contactos”. Y esto resulta importante dejarlo claro, porque si hablamos de sexo rápido (“aquí te pillo…”) hablamos de un sexo que no puede requerir ni de prolegómenos ni de calentamientos. Tan claro como tener que aceptar como indiscutible, tal y como hace el artículo en cuestión, que ambos sexos se enfrentan al sexo rápido en las mismas condiciones de deseo y con el mismo interés por él (¿). ¿Cuál podría ser, entonces, el resultado de esa comparativa que lógicamente trata de constatar o encontrar… diferencias?

Muy, muy fácil:

  1. “Sucede muy a menudo que cada uno, y más él, tiene la atención más centrada en satisfacer su propio placer en un tiempo record”.
  2. “La mujer disfruta más del sexo rápido, dado que su cerebro, el órgano más poderoso de la sexualidad, consigue de antemano que el encuentro resulte excitante”.

Y tal y como puede verse, y con independencia de lo que pudiéramos aceptar como Verdad (que si fuera verdadera nos eximiría hablar tanto de Igualdad), la mujer es siempre más y mejor aun a pesar de la manifiesta incompetencia (por egoísmo ¿innato”?) del varón, que siempre es el malo en todo.

Y como también puede verse la cosa va, ya como en todo, de récords… y de amor, mucho amor.

[En su artículo, el gran Javier Cercas dice en negrita:

“No entiendo que después de siglos de maltratos y explotación despiadados, las mujeres sigan aguantándonos, queriéndonos y cuidándonos”

Ante su manifiesta ignorancia respecto al conocimiento de la mujer, yo le contesto:

*Comparativa que resultaría innecesaria en caso de que se creyera verdaderamente en la Igualdad.


**Sí, 3 minutos, que de eso es de lo que estamos hablando, según el artículo de la revista: de sexo rápido, eso que está de moda “aupado por las apps de contactos”. 3 minutos es el tiempo considerado para hablar de sexo rápido por comparación al que los expertos determinan que es el habitual de una relación sexual normal, que según ellos es de entre 7 y 13 minutos. Lo que sin duda daría para otro análisis.

sábado, marzo 19, 2016

Vídeo de la ponencia impartida en la Universidad Complutense con motivo del Congreso titulado LAS DIOSAS.
https://vimeo.com/128777646