Panfleto contra el intelectual del hoy
Como sabrá todo lector de este blog durante los primeros días de confinamiento fui publicando algunos posts sobre Zizek, que ha sido borrados. El motivo es muy sencillo de explicar. Todos esos textos -más otros cuantos que no llegaron a publicarse- componen un nuevo ensayo que va a salir al mercado editorial ahora a principios de junio. El libro fue escrito durante el periodo de confinamiento, concretamente del 25 de marzo al 5 de mayo. Estará disponible en todas las librerías de territorio nacional con el nombre que titula este mismo post. El texto del libro es un texto que refuta las bases ideológicas de Zizek, concretamente la que expone en uno de sus libros, En defensa de la Intolerancia, donde el autor las explicita con bastante precisión, sobre todo en lo que respecta a su interés por instalar la discordia en la sociedad. El subtítulo es que el que abre el post, pero estuvo a punto de ser este otro. Qué fácil lo tienes Zizek. Con tanto follower idiota. Algo que sí aparece en el interior de forma documentada.
En la editorial Sequitur.
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lunes, mayo 18, 2020
sábado, diciembre 07, 2019
Greta en la cumbre (silogismo para principiantes)
O: La foto a pesar de todo
O: Greta sin garbo
O: El poder de la inercia
Un silogismo es un razonamiento formal
que establece una conclusión necesaria a partir de dos proposiciones
o premisas dadas. Así, para que haya silogismo son necesarias dos
premisas y una conclusión; las premisas pueden ser mayores y menores
pero no pueden ser falsas si lo que pretende el silogismo es una
conclusión que debe ser necesaria. El ejemplo más usado desde la la
Filosofía es el siguiente: A) Todo hombre es mortal, B) Sócrates es
un hombre, C) (Conclusión) Sócrates es mortal
Aquí hemos tirado la casa por la
ventana y hemos propuesto un silogismo con 8 premisas para que pueda
entenderse como más necesaria la necesaria conclusión. Los
silogismo en realidad se construyen con sujeto, verbo y predicado,
pero aquí, como hemos tirado la casa por la ventana, los hemos
construido con argumentos algo más complejos.
Premisa 1) La Verdad. Es un
hecho que la Verdad no vive su mejor momento. Siempre ha sido un
concepto que ha generado suspicacias entre los pensadores,
suspicacias que nos han conducido hacia la última de sus
concepciones. Así, el desprestigio de la verdad es ya total
en esta era tan posmoderna como digital. Podría decirse que hemos
alcanzado el máximo nivel de relativismo, ese que anuncia que hay
una verdad por individuo. Ahora bien, si no hay Verdad,
siquiera aproximada, nada hay en lo que creer. Y el pensamiento se
reduce a la mera opinión.
Premisa 2) Los políticos. Si se
trata de generar una premisa sólo vale decir de ellos, los
políticos, lo que realmente son: personas (?) que dadas las
circunstancias actuales, sobre todo aquellas relacionadas con el
concepto de Verdad (concepto que debería ser importante para un
político si lo que pretende es rechazar ciertas Ideas para imponer
las suyas), pueden cambiar de opinión de un día para otro sin que
eso les genere ningún problema moral. Si un tipo que nos representa
puede un día decir algo -en tanto que verdad propuesta- y al
día siguiente puede decir (sostener) lo contrario sin que ello le
pase factura es que verdaderamente estamos viviendo el máximo grado
de relativismo, el mostrenco: ya no sólo hay una verdad por
individuo, sino que hay miles de verdades en cada individuo. Ahora
bien, si uno puede decir (sostener) una cosa y su contraria
(dependiendo sólo de sus intereses exageradamente coyunturales)
porque sabe que eso no le va a pasar factura aun cuando de esa
apostasía se colija una contradicción insoportable, ya no será
posible el Pensamiento.
Premisa 3) Corrección política.
La corrección política no es más que
una estrategia cuyo fin último es hacer irresoluble el mismo
problema que desde ella se denuncia. Se trata, pues, de una
estrategia que propone una solución perfectamente ineficaz con el
fin de perpetuar esa estrategia que además de generar pingües
beneficios tranquiliza la conciencia de los ignorantes. Tal es la
perversión. Lógicamente, la corrección política castiga el
Pensamiento,
Premisa 4) Redes Sociales. Como
no existe la Verdad, sólo existen opiniones. La Opinión. Cada cual
tiene su verdad, la que defiende a capa y espada en su twitter
nickeado. Como no existe la Verdad, todas las opiniones valen lo mismo. Cada cual tiene su verdad, una verdad, por tanto, que sólo puede ser minúscula
y despreciable dados los a prioris. Una verdad que, sin
embargo, no por ser inocua deja de expresarse con una soberbia
innecesaria por incoherente. Y si toda opinión es inocua por
despreciable (además de prepotente) no podrá darse el Pensamiento.
Premisa 5) Libertad de expresión.
No la hay, no hay Libertad de expresión. Todos hablan del triunfo
del neoliberalismo en el mundo, un sistema que ha generado la
alienación del individuo en tanto que consumidor y usuario. Pero
esto es falso. O Verdadero a medias. En un sistema neoliberal la
libertad de expresión sería tan sagrada como la propiedad privada.
Y la Libertad de expresión queda negada ante la imposibilidad de
decir públicamente todo aquello que contravenga lo impuesto por la
Corrección Política (véase). Y la falta de Libertad de propiedad
privada queda patente con el terror que sufren políticos y leguleyos
ante los casos de okupación. Así, la negación de la Libertad de
expresión viene dada por legislaciones, las que promueve la
Corrección Política, las que impone el Estado. Pero donde no hay
libertad no puede haber Pensamiento.
Premisa 6) Negocio. A lo mejor
es consecuencia del neoliberalismo... capitalista, no lo sé, pero la
verdad es que todo hoy en día es negocio. Diríase que sólo eso.
Pero el caso es que lo que más dinero mueve no es la compra de ropa
o de dispositivos, ni la prostitución ni los videojuegos, sino las
subvenciones a grupúsculos que dicen querer acabar con la maldad que
habita el mundo. Negocio es, más que nada y por encima de cualquier
otra cosa, decir públicamente que se está comprometido con una
causa social (ya sea la feminista, la climática, la migratoria, la
identitaria...).. Así, el verdadero negocio se encuentra
estrechamente vinculado a la Corrección Política, entre otras cosas
porque ésta sustituye la búsqueda de conocimiento por la
suscripción a la buena voluntad. Y un mundo dominado por la pereza
auto-satisfaciente es un mundo sin posibilidad de Pensamiento.
Premisa 7) Futuro. El futuro ya
no llega ni a mañana. Si se estira algo más (pasado mañana,
pongamos) es porque ya se sabe la fecha de lanzamiento del último
modelo de nuestro móvil favorito, sólo por eso. Y en un mundo sin
futuro a nadie le interesa el Pensamiento.
Premisa 8) Pueblo. Desde hace
unos pocos años ya no hay pueblo (ciudadanos), hay sólo consumistas
adictos y usuarios radicales y bienintencionados; es decir, gente.
Gente, eso sí y valga la paradoja, con opinión propia... pero
ignorante como hemos ido viendo en todas las premisas. Gente dedicada al yoga, al tai chi, a los maratones, a los
medio maratones, a los ultramaratones, al couching, y a los
medicamentos. Y un mundo sin ciudadanos pero con mucha gente no
necesita del Pensamiento.
Conclusión: la inercia controla las
acciones individualidades, que están todas ellas dirigidas y se
encuentran necesariamente alienadas cuando se retroalimentan con
autosatisfacciones falseadas.
No hay más que ver a los periodistas
seguir a Greta por el andén de la estación para conseguir una foto
suya. Los periodistas somos nosotros.
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viernes, agosto 09, 2019
Cuando hay verdad
Cuando hay verdad
En estos últimos años de bulimia
cultural con fondo anoréxico aparecen, de vez en cuando, eventos culturales que redimen a la Instituciones Programadoras de su estulticia
ideologizada y cansina.
Nada asegura que un proyecto cultural
vaya a funcionar, pero lo que ha quedado claro es que todo depende
generalmente del personaje que se lo inventa, de sus conocimientos y
de su capacidad de trabajo. Podría parecer esta afirmación una
perogrullada innecesaria, y casi lo sería si no fuera porque resulta
del todo necesario reivindicar los proyectos realizados por
verdaderos expertos. Cabe la pregunta, ¿qué sería un verdadero
experto? Pues aquel que no sólo está bien informado. Y también
aquel cuya independencia “natural” le ha mantenido lejos de los
poderes fácticos, o al menos a la distancia justa. Un estudioso, un
ratón de biblioteca, un apasionado, un conocedor y un trabajador
impenitente. De alguna forma y a su manera (la de cada cual) un sabio
que aleja de sus conocimientos toda esa deriva “revolucionaria” que,
paradójicamente demandan las Instituciones. Todo lo contrario, pues,
a un “intelectual orgánico”, por naturaleza mediocre. Si no
directamente incompetente.
Cuando se dan estas cualidades a un
experto sólo le queda explosionar. Cosa que hará sólo y
exclusivamente cuando alguien se lo permita con una simple
contratación basada en la confianza. Acaba de pasar aquí, en
Valencia. El Centro Cultural del Carmen ha contratado a Dani Gascó
para hacer un ciclo de cine en los claustros del Museo. La propuesta
ha sido -y es- excelente debido a una doble imprevisibilidad: 1. la
contratación de un experto de verdad, Dani Gascó, que no era
previsible en un mundo tan burocratizado e ideologizado como el
valenciano (decir cultura valenciana podría ser un perfecto
oxímoron), y 2. la extraña y excelente selección de películas que
el propio Dani Gascó se ha encargado en ocasiones de traducir y
subtitular -en un empeño generoso y atrevido. Un recorrido por la
comedia europea desde el punto de vista de un conocedor
independiente. Y conviene insistir en esto último.
Así, la propuesta de Dani en el Cármen
ha sido posible cuando ciertos planetas se han alineado de una forma
en la que no suelen hacerlo y el resultado, casi azaroso por ello, ha
sido un evento cultural valenciano del todo original, culto y
popular, ameno y culturizante, imprevisible y por ello necesario.
Espero que en ediciones venideras no me valencianicen al bueno de
Dani y lo dejen así, independiente y ciudadano del mundo.
Dicen que las comparaciones son
odiosas. No es exacto: son buenas, al menos, cuando el dinero público
está por en medio.
domingo, mayo 27, 2018
El Barómetro Juvenil III
(Leer por orden I, II y III)
No he tenido tiempo de
continuar mi texto en Barcelona, así que lo retomo en el viaje de
vuelta. El tren va lleno y me encuentro sentado en pasillo junto a
una mujer que lee un libro de autoayuda llamado Un Milagro en 90
días. Leo en la página que tiene abierta una de las múltiples
frases escritas en negrita, una que además se encuentra escrita en
mayúsculas, “Cásate con tus sueños”. Intento leer algo más de
reojo pero ella ya ha cerrado el libro, ha cruzado sus brazos y se ha
puesto a mirar por la ventanilla. Su lectura ha debido durar
aproximadamente 20 segundos.
Junto a mí, al otro lado
del pasillo una mujer de mediana edad, diría que de unos 45 o 50
años se ha hecho dos selfies nada más instalarse en su asiento y
lleva manoseando su móvil desde entonces, han pasado exactamente 20
minutos. Lo juro. ¡Cómo se va la vida tan callando, Dios! Echo una
ojeada disimulada hacia atrás: dos jóvenes de barómetro
tienen cogidos firmemente sendos móviles con ambas manos como si les
fuera la vida en ellos, que les va, no se hablan porque los dos
están conectados al dispositivo mediante auriculares, los dos llevan
gorra a lo Spielberg calada hacia atrás.
El silencio del vagón es
tan sepulcral como inaudito. La mujer de mi derecha parece una
estatua y la de la izquierda ha dejado el teléfono sobre su barriga.
Perdón, lo retoma con ímpetu, debe haberle vibrado el ombligo. Leo
en la contraportada del libro de mi vecina más directa: “Consigue
YA la SAGA de 'La voz de tu Alma'” y observo las 6 fotos de las portadas de los 6 libros de
la SAGA.
Ya digo, se respira una
tranquilidad casi sospechosa. Miro hacia el suelo y veo como la
moqueta comienza a supurar un extraño líquido parduzco. Nadie se
apercibe de ello. O sí, pero nadie se mueve. Todo permanece en un
silencio ensordecedor. El líquido no para de surgir del suelo a
velocidad constante. Y ya no es sólo su presencia, evidente por otra
parte, sino el hedor que desprende lo que ya es un charco. Ahora sin
duda más amarillento. Todos los pasajeros parecen encontrarse en
estado semivegetativo, nadie habla con nadie, nadie dice nada. Sólo
una chica que se encuentra delante de mí en diagonal teclea su
ordenador con la misma cadencia que la mía. Puede que ella de
aperciba de la salida de ese líquido viscoso que ya ocupa todo el
vagón. Me digo a mí mismo, a quién si no.
La mujer de mediana edad
se vuelve a hacer otro selfie, algo que escapa totalmente a los
límites de mi comprensión. Ha hecho exactamente el mismo gesto de
antes. Por otra parte cuesta reconocer el color original de la
moqueta, que creo recordar era verde. Ya no es un charco lo que hay a
nuestros pies, es algo más. El agua, por llamarla de alguna forma,
el agua cenagosa, eso sí, y sucia, la tenemos ya a la altura de los
tobillos y los viajeros siguen sin darse por enterados. Yo he
decidido levantar los pies y apoyarlos sobre el asiento delantero,
pero los demás, todos, se encuentran con los pies enfangados. Mi
vecina más directa sigue absorta mirando por la ventanilla y su
libro sigue enseñando la contraportada, con las fotos de los 6
libros de la SAGA y con la foto de su autor, un joven barbilampiño
se sonrisa atractiva y dientes muy blancos. El agua es cada vez más
sucia. Me agacho para verla de cerca y descubro incluso algunos
insectos propios de agua estancada. A estas altura parece agua
sulfurosa y desprende una suerte de vapores de doble capa.
Cuando llegamos a
Tarragona el agua supera el nivel de nuestras rodillas, pero la gente
sigue en estado contemplativo. Los chavales de atrás se ríen al
unísono de lo que al parecer ven en sus respectivos dispositivos,
¿estarán viendo lo mismo? El caso es que ríen, pero no emiten
sonido alguno. Mi vecina de pasillo suspira ante su teléfono sin
percatarse, al parecer, de que el agua turbia nos está alcanzando ya
al cuello. En cualquier caso ella teclea como si le fuera la vida en
ello, que le va, sacando los brazos por encima del agua. Los vapores
que emana esta ciénaga viajera me impiden ver con claridad más allá
de dos asientos. El olor resulta insoportable y los bichos campan a
sus anchas por todo el vagón.
Cuando comienzo a darlo
todo por perdido veo acercarse flotando una casa. Sí, una casa; no
parece la maqueta de una casa sino una verdadera casa. Con dos
tejados a dos aguas cruzados y como fabricada de madera, con sus
puertas y sus ventanas, todas abiertas. Flota perfectamente entre las
cabezas que emergen de esta ciénaga insalubre y mortal. Parece que
vive alguien dentro de ella pero no alcanzo a saber quién y eso me
descompone. Todo el vagón es una ciénaga de cabezas flotantes que
son incapaces de reaccionar. Intento encontrar las claves en la casa
pero se me resisten, seguramente debido al esfuerzo que hago por
sobrevivir. El que enturbia mi aliento y humedece mis ojos. Ya no sé
cuánto tiempo hace que hemos pasado Tarragona, puede que semanas. O
meses. Renacuajos, culebras y orugas. Mantengo los ojos abiertos a
duras penas mientra se escucha la llamada de un teléfono que se debe
haber quedado arriba dentro de alguna maleta. Tengo el cuerpo
totalmente entumecido y no sé qué me resulta más difícil de
soportar, si el hedor insoportable o la exhalación de los vapores.
Sé que la clave está en la casa pero no acierto a dar con ella.
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sábado, mayo 26, 2018
El Barómetro Juvenil II
(Leer por orden I, II y III)
Pero, ¿son reales los datos que nos ofrece ese Barómetro Juvenil cuando dice que “el 21,6 por ciento de los jóvenes sufre depresión moderada o grave” y el 19, 3 por ciento padece ansiedad y tiene sentimiento de fracaso? Yo diría que reales no, que se quedan cortos. Ayer mismo estuve con una mujer que mostraba preocupación por el presente de su hijo porque había acabado el bachillerato y tenía que tomar decisiones respecto a sus estudios, esto es, respecto a su futuro. Me contaba que su hijo de 17 años quería ser diseñador de zapatillas deportivas. Tratándose de un campo muy cercano al mío por doble partida (profesional y pedagójico) me interesé por ello y le hice algunas preguntas que me parecían pertinentes para conocer más a fondo las inquietudes de su hijo y así poderla ayudar. Le pregunté por ejemplo, “¿por qué zapatillas?”, a lo que me contestó: “ah, porque le gustan”. “Pero ¿acaso le gusta el diseño?, le dije. Contestación: “no, lo que le gustan son las zapatillas deportivas. Así yo, “entonces quiere estudiar diseño? Así ella: “no, lo que quieres es diseñar zapatillas deportivas”. “Bueno, pero para diseñar zapatillas deportivas tendrá que empezar por aprender diseño, ya sea en general o industrial en particular”. A lo que la madre preocupada por el presente de su hijo contestó: “lo que quiere mi hijo es crear una empresa de zapatillas en la que él sea el propio diseñador”. Así que ya hemos llegado al núcleo de la verdad: lo que quiere su hijo es ser emprendedor primero y acto seguido, pero muy seguido, un diseñador de éxito.
Pero, ¿son reales los datos que nos ofrece ese Barómetro Juvenil cuando dice que “el 21,6 por ciento de los jóvenes sufre depresión moderada o grave” y el 19, 3 por ciento padece ansiedad y tiene sentimiento de fracaso? Yo diría que reales no, que se quedan cortos. Ayer mismo estuve con una mujer que mostraba preocupación por el presente de su hijo porque había acabado el bachillerato y tenía que tomar decisiones respecto a sus estudios, esto es, respecto a su futuro. Me contaba que su hijo de 17 años quería ser diseñador de zapatillas deportivas. Tratándose de un campo muy cercano al mío por doble partida (profesional y pedagójico) me interesé por ello y le hice algunas preguntas que me parecían pertinentes para conocer más a fondo las inquietudes de su hijo y así poderla ayudar. Le pregunté por ejemplo, “¿por qué zapatillas?”, a lo que me contestó: “ah, porque le gustan”. “Pero ¿acaso le gusta el diseño?, le dije. Contestación: “no, lo que le gustan son las zapatillas deportivas. Así yo, “entonces quiere estudiar diseño? Así ella: “no, lo que quieres es diseñar zapatillas deportivas”. “Bueno, pero para diseñar zapatillas deportivas tendrá que empezar por aprender diseño, ya sea en general o industrial en particular”. A lo que la madre preocupada por el presente de su hijo contestó: “lo que quiere mi hijo es crear una empresa de zapatillas en la que él sea el propio diseñador”. Así que ya hemos llegado al núcleo de la verdad: lo que quiere su hijo es ser emprendedor primero y acto seguido, pero muy seguido, un diseñador de éxito.
Ante tal cúmulo de
despropósitos, y dado el cariño que tengo por esa mujer-madre, le
hablo de las escuelas en las que se imparten los estudios de diseño
y le doy información de primera mano y privilegiada dada mi
condición de profesor de una de las más prestigiosas de la
actualidad (e incluso le informo de las jornadas de puertas abiertas
en las que puede recibir información sobre el terreno de la mismas
carreras). También le hablo de documentales con los que el chaval
puede disfrutar a demás de hacerse una idea cabal de lo que cuesta
triunfar en cualquier terreno, ya sea creativo o no. No toma nota de
nada.
Mutatis mutandi. Me
encuentro escribiendo este texto en el tren camino de Barcelona; es
aquí precisamente donde he leído la noticia de lo del Barómetro
Juvenil (26 de mayo). Llevo cerca de una hora y media larga en él,
que es el mismo tiempo que llevamos todos los que hemos salido desde
Valencia. La chica que se encuentra junto a mí al otro lado del
pasillo se ha hecho unos cuantos selfies nada más tomar asiento,
desde entonces no ha hecho otra cosa que repasar una y otra vez todos
ellos con el fin de determinar, supongo, en cuál de ellos aparecía
más mona. No exagero, la necesidad de volver a ellos una y otra vez,
y de ampliarlos y repasarlos con el fin de determinar en cuál salía
más favorecida le habrá llevado más de una hora. Lo que ha venido
después, es decir, lo que ha hecho hasta cubrir esta media hora
larga que llevamos en el tren, ha consistido en elegir a quién le
mandaba es selfie vencedor para indicarle que ya estaba en el tren
camino de Barcelona.
Así que volvemos a la pregunta: ¿son reales los datos que nos ofrece ese Barómetro Juvenil cuando dice que “el 21,6 por ciento de los jóvenes sufre depresión moderada o grave” y el 19, 3 por ciento padece ansiedad y tiene sentimiento de fracaso? Desde luego que no. Lo hemos visto: a la madre le preocupa el presente de su hijo por el futuro que pueda esperarle, pero no está dispuesta a torcer nada. Y al hijo le preocupa su presente en función de unas expectativas que tienen más que ver con la imaginación y la fantasía que con la realidad más cruda. Y es que precisamente, si por algo se definen los milleniums es por eso, por querer vivir no tanto con ilusión sino en la ilusión misma. Son unos ilusos porque viven más cerca del mundo virtual, que es tanto el de sus videojuegos como el que proyectan los media, que del real. Lo que quieren no es tanto hacer algo bien, porque saben de sobra que eso exige mucho tiempo de dedicación, cuanto el triunfar y tener éxito. Quizá descubrieron demasiado pronto que el éxito no se encuentra claramente vinculado a la excelencia. Y por eso, lo que quiere el hijo de mi amiga es ser emprendedor primero y acto seguido, pero muy seguido, un diseñador de éxito. ¿Ansiedad? ¿Sentimiento de fracaso?
Los padres del hoy, lo decíamos hace un momento, pueden hacer cualquier cosa menos todo aquello que, al pensar de sus hijos, a los que temen, les convierta en entrometidos. Olvidando de esta forma que ellos mismos son, precisamente y por definición, los preceptores que por amor y madurez, están obligados a preservar a sus hijos de errores fatales. La madre considera que argumentar a la contra de la disparatada idea de su hijo es alejarlo de su ilusión, sin apercibirse de que no es más que la ilusión de un iluso, un iluso que entre cosas lo es por encontrarse, aún, en estado crudo. En cualquier caso la madre no quiere intervenir demasiado. Y por eso ha incorporado un mantra a su discurso: “el caso es que mi hijo es tan buen chico...”. Mantra que en realidad sólo le sirve para justificar su indolencia y su inoperancia.
Así que en realidad el porcentaje del que habla el Barómetro Juvenil tiene muchas posibilidades de ser falso porque seguro que no contempla casos como el descrito.¿De qué es entonces carne de cañón este chaval? ¿De ansiedad? ¿De sentimiento de fracaso?
Lo que en cualquier caso está más que claro es que este chaval, como todos los chavales de 17 años tiene, desde los 12, un teléfono de altas prestaciones que le ha permitido ver imágenes que harían vomitar a un adulto. Algo que por lo que veo nadie incluye en los diagnósticos cuando el llamado Barómetro digital se hace cargo de unas estadísticas desoladoras. Y por cierto: no hay padre "en el mundo" que se haga cargo de la desestabilización que provoca el ver ciertas cosas a edades impropias, aún sabiendo todos ellos que una de las funciones de los padres amorosos ha sido SIEMPRE la de preservar a su hijitos de todo aquello que pudiera afectarles y traumatizarles. ¿Que por qué? Por que todos ellos, "todos los padres del mundo" que ponen ese arma nuclear en manos de sus hijitas de 12 años, o hacen la vista gorda o mantienen la firme convicción de que sus hijitas no hacen ese perverso uso del teléfono (porque son buenas chicas). Y es aquí, justo aquí, donde a mí me da el ataque de risa.
Lo que en cualquier caso está más que claro es que este chaval, como todos los chavales de 17 años tiene, desde los 12, un teléfono de altas prestaciones que le ha permitido ver imágenes que harían vomitar a un adulto. Algo que por lo que veo nadie incluye en los diagnósticos cuando el llamado Barómetro digital se hace cargo de unas estadísticas desoladoras. Y por cierto: no hay padre "en el mundo" que se haga cargo de la desestabilización que provoca el ver ciertas cosas a edades impropias, aún sabiendo todos ellos que una de las funciones de los padres amorosos ha sido SIEMPRE la de preservar a su hijitos de todo aquello que pudiera afectarles y traumatizarles. ¿Que por qué? Por que todos ellos, "todos los padres del mundo" que ponen ese arma nuclear en manos de sus hijitas de 12 años, o hacen la vista gorda o mantienen la firme convicción de que sus hijitas no hacen ese perverso uso del teléfono (porque son buenas chicas). Y es aquí, justo aquí, donde a mí me da el ataque de risa.
Mutatis mutandi II. Continúo en el viaje. Entra un chaval que rondará los 20 años y se sitúa en mi diagonal cruzando el pasillo, así que puedo ver sus movimientos perfectamente aún queriéndolo evitar. Mide cerca de 2 metros, viste pantalones cortos deportivos y camiseta de algodón estampada. Nada más llegar se atusa un poco el pelo saca el móvil y se hace un selfie, acto seguido le veo usar el móvil con el fin de mandar su imagen a alguien. Todo muy rápido, parece que tiene necesidad de descansar, así que estira el asiento y se dispone a dormir cerrando los ojos. No han pasado ni dos minutos cuando le veo sacar el móvil para revisar su actualidad, lo mira y lo devuelve al bolsillo. No han pasado ni 3 minutos que el chaval vuelve a sacar el móvil de su bolsillo para conocer el estado de sus comunicaciones. Lo dejo, parece que le va a ser imposible descansar, de hecho ahora está con él tecleando a la velocidad del rayo. Juro que todo acaba de suceder tal y como lo he descrito: el chaval parecía querer descansar pero al mismo tiempo no quería dejar de estar conectado. Lo que no sé es si sacaba el teléfono del bolsillo por necesidad compulsiva de saber (?) o porque le vibraba en la entrepierna.
Nota. Este texto está siendo publicado sobre la marcha. Desde el tren. Escribiendo y publicando, pero se acaba el viaje, así que lo terminaré en destino, en el hotel de Barcelona.
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El Barómetro Juvenil I
Tenemos nuevos datos sobre
los jóvenes, lo hemos visto en los periódicos estos últimos días.
Así: tenemos nuevas noticias sobre datos aparecidos con motivo de
los últimos estudios realizados sobre los jóvenes. En realidad no
tan jóvenes, porque muchos de los datos interesantes que aparecen
ene esas noticias hacen referencia a preadolescentes, esto es, a
niños.
El barómetro es un
instrumento que sirve para medir la presión atmosférica.
¿Cuál podría ser el
motivo para que alguien decidiera usar ese aparatito como metáfora
para medir el estado e las cosas? ¿Y cuál podría ser el motivo por
el que, por eso mismo, podía servir para ponerle calificativos que
redujeran el espectro de medición (Barómetro... Juvenil, que así viene escrito, con mayúsculas)? Desde
luego es el uso metafórico del concepto lo que le resta gracia a la
expresión -que en sí misma posee- y además la deja ante una expectación que debería
hacernos contener la respiración. Es más, tal es la expectación
que genera un asunto como éste, que no cabría otorgarle un lugar
que no fuera la portada, la primera plana.
Una sociedad es tanto más
civilizada cuanto más cuida a los ancianos y más se preocupa por el
devenir de los niños. O dicho a la inversa: una sociedad es tanto
menos civilizada cuanto mayor es el grado de indigencia de los
adultos, que son, en definitiva, esos seres de edad intermedia que
controlan el mundo y que por tanto deciden sobre la educación de los
niños y el cuidado de los ancianos.
En cualquier caso, en esas
estamos ahora, en la plena indigencia moral y/o ética, si de lo que
hablamos es de (supuestas) sociedades civilizadas. No podemos olvidar
que es ahora cuando se dan las condiciones para evitar esa indigencia
porque es ahora y sólo ahora cuando la tecnología nos facilita la
posibilidad de orillarla y rechazarla. Como bien sabemos. Aunque si bien
es cierto que esa misma tecnología es la causante de que los
habitantes de las sociedades civilizadas seamos más indignos que
nunca. Como en breve veremos.
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viernes, septiembre 30, 2016
Arte y Mercado (Valencia)
A propósito del último “Abierto valencia”, evento en el que durante 2 días todos los centros expositivos de arte se juntan para promover el interés (?) por el Arte Contemporáneo.
Parece ser que tanto las Instituciones como los propios artistas, tan proclives estos a retozar en los brazos de aquellas, no acaban de entender muy bien qué pasa con el Arte. O más bien no acaban de entender qué es lo que no pasa.
La idea que del Arte que hemos ido teniendo durante cerca de 250 años es impropia de la actualidad. Ver: http://www.jotdown.es/2013/04/el-hoy-del-arte/
O por decirlo de otra forma: la idea de un Arte fundamentado en una Historia escrita y descrita (sólo) por expertos es de un anacronismo delirante. Otra cosa, insisto, es que sean los voluntariamente implicados en el asunto quienes no quieran darse cuenta del insultante anacronismo. A lo expertos (comisarios, directores de museos, multimillonarios aburridos, técnicos de Consejerías, galeristas…) les sucede esto debido a las inercias y las necesidades autogeneradas, y a los artistas (tanto los jóvenes como los maduros) por voluntarismo ingenuo o por necesidad o por nostalgia.
Internet es un pozo sin fondo en el que cohabitan lo más zafio y lo más sublime por lo que a la creación artística se refiere. En cualquier caso prácticamente TODO se encuentra al alcance de TODOS. ¡Y sin jerarquías ni discriminaciones!, términos con los que durante 250 años se fundamentó una selección que impuesta por los expertos (?) pretendía ser la perfecta representación del Espíritu de cada Época. Nada menos.
Ya no. Ya no. Eso se acabó.
No hay “ser digital” que se avenga a creer que la obra de los artistas que le señala el galerista de la esquina o el comisario ideologizado o el director de museo preocupado por los números sea, ¡o casualidad!, la que valdría la pena tener en casa con la esperanza de que algún día pueda confirmarse el acierto de la compra. Sobre todo si teniendo veleidades artísticas o culturalistas ese “ser digital” sigue a 178 artistas marcados como favoritos en su dispositivo digital. 178 artistas que ¡no tienen ninguna presencia en en lo que aún sigue presentándose como Arte!... por quienes se creen todavía configuradores de la verdad artística, desde una Institución perclitada (de la que sólo queda el vestigio vinculado a la política pura y dura).
La sensación que a la postre tal situación produce es que sólo un idiota podría tomarse en serio lo que “cuatro” galeristas siguen haciendo. Y a las pruebas me remito: a sus quejas y a sus denodados intentos por cambiar esa inactividad mercantil. Diera la sensación, pues, de que los vendedores de Arte no se hubieran enterado de los cambios acaecidos en el mundo durante el transcurso de los últimos 15, de que el mundo ni se parece a lo que era antes de esos 15 años; diera la sensación de que quienes son sabedores del profundo cambio de paradigma -económico, político, social- sufrido en estos últimos años no quisieran saber nada del nuevo paradigma que rige en el mundo de la creación artística; diera la sensación de que para ellos aún no hubiera quebrado Lehmann Brothers; diera la sensación, en definitiva, de que no se hubieran enterado de la existencia de internet y de las consecuencias de esa red sobre los “seres digitales”, nativos o no.
Y ya digo, es una sensación, sólo una sensación.
Y en una ciudad de provincias como es ésta, Valencia, la sensación es todavía más intensa.
Y quien dice una ciudad como ésta dice una ciudad como aquella, porque ¿qué es Madrid al lado de los verdaderos centros neurálgicos donde aún se cocina la lista de los 40 principales del Arte a pesar de encontrarse en franca decadencia la misma idea de Arte (tal y como se ha entendido durante 250 años).
Y por supuesto que no se trata de dudar ni un ápice de la obra que esos galeristas se proponen vender, sino de dudar de la mayor si de lo que se trata es ¡de hablar de comercio! Puede que internet no sirva para comprar un tapies -sobre todo a un ser con mentalidad analógica- pero funciona perfectamente para comprar directamente piezas originales y creativas sin que nadie nos tenga que comer la oreja respecto al futuro del artista. Entre otras cosas porque es al artista a quien se compra directamente en internet, que esa es otra (o la misma). Ya lo decíamos más arriba, parece ser que es dentro del mismo Arte donde precisamente menos se acaba de entender qué es lo que pasa en el Arte mismo.
El intermediario de venta provinciano es lo primero que cae en un juego que pretende mantener las pautas de actuación antiguas en un mundo absolutamente nuevo.
Otra cosa sería hablar de la relación de los artistas con las Instituciones políticas. Para otro momento. En cualquier caso, y para avanzar respecto a lo que vendrá en otro texto, debo rectificar la frase que abría éste mismo: los galeristas en general y una mayoría de artistas no se han enterado muy bien qué es lo que pasa con el Arte, pero quienes sí lo saben a la perfección son las Instituciones (inevitablemente políticas en mayor o menor medida) y algunos artistas sumamente espabilados, pero l´ogicamente reaccionarios.
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martes, marzo 15, 2016
Gamificación
Gamificación
Hace unos días fui invitado por la Universidad de Murcia para dar una conferencia que surgió a partir del último de mis libros publicados, De otro(s) mundo(s). Una aproximación al paisaje sintético. Lo había leído el profesor Borja Morgado, profesor de Fotografía, y consideraba que había motivos más que suficientes para interesar a una buena parte del alumnado de la Facultad de Bellas Artes; no sólo a sus alumnos de curso, sino a otros a los que por afinidad temática podían también sentirse atraídos por el tema; muchos de ellos alumnos que se encontraban realizando cursos de posgrado. Y por eso buscó la fecha y la hora que permitiera venir a la máxima gente posible.
Llegué con media hora de antelación lo que nos permitió a Borja y a mí tomarnos una cerveza. Él aprovechó para prevenirme: “no sabemos cuánta gente va a venir… últimamente los alumnos no parecen tener demasiado interés… ya sabes”. En efecto: sé. Miren si sé que sé que no hay nadie en mi escuela que haya leído el libro en cuestión, siendo su tema -las imágenes realizadas en ordenador- uno de los temas capitales de la enseñanaza impartida. No podemos olvidar que mí escuela fue la primera en impartir seriamente la carrera de Videojuegos y que los alumnos se pasan trabajando 4 años con imágenes sintéticas.
Llegué con media hora de antelación lo que nos permitió a Borja y a mí tomarnos una cerveza. Él aprovechó para prevenirme: “no sabemos cuánta gente va a venir… últimamente los alumnos no parecen tener demasiado interés… ya sabes”. En efecto: sé. Miren si sé que sé que no hay nadie en mi escuela que haya leído el libro en cuestión, siendo su tema -las imágenes realizadas en ordenador- uno de los temas capitales de la enseñanaza impartida. No podemos olvidar que mí escuela fue la primera en impartir seriamente la carrera de Videojuegos y que los alumnos se pasan trabajando 4 años con imágenes sintéticas.
Y es cierto, la gente no quiere saber nada de conferencias y mucho menos de libros. O sea, no quiere saber nada de teoría y en definitiva de conocimiento humanístico. Si acaso de vídeos o tutoriales. En el caso que nos ocupa, por ejemplo, los alumnos se pasan trabajando 4 años con imágenes sintéticas, pero en su aplicación al producto final, así, desde su dimensión práctica; y no les interesa nada el análisis de dimensión teórica.
Por hacer un pequeño parénteisis: cada año acudo a las magníficas jornadas de análisis de cine que organiza Salva Torres con invitados excepcionales y cada año me sorprende comprobar que somos una quincena los que acudimos a ellas. Pero volvamos al tema.
La conferencia da comienzo y, en efecto, vienen 35 personas. Les hablo pero no sé qué pensar de ellas. Como tampoco sé qué pensar cuando les hablo a mis alumnos presuponiendo cierto interés en ellos; o incluso ciertos conocimientos, esos que supuestamente han ido adquiriendo en función de su interés en la materia de la que quieren vivir. Es decir, no sé qué piensan unos alumnos de tercer curso, por ejemplo, cuando les suelto un discurso que requiere de ciertos conocimientos no prácticos para poder ser seguido. Conocimientos no prácticos, insisto.
El cartel dejaba bien claro el tema de conferencia: Imagen y Futuro. Configuración de otro(s) mundo(s). Así, un tema nuclear de los estudios de Bellas Artes, al menos desde la expectación que genera el título en sí mismo.
Acaba la conferencia y dada la disposición del salón de actos los asistentes deben pasar delante de mí, rozando con sus caderas la mesa donde he dispuesto un monton de mis libros. Alguno estira el cuello para ver la portada y sólo una persona lo coje entre sus manos. Una voluntariosa amiga que me acompaña le dice que está a la venta, pero lo único que consigue es que lo suelte antes. Como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
Salimos al bar y comentamos lo ocurrido. Me cuenta que he tenido suerte (?) con más de 30 asistentes; que hacía poco había estado Manuel Borja Villel, posiblemente uno de los personajes más influyentes del panorama del arte español como todos ustedes saben (ha dirigido la Fundación Tapies, el MACBA y actualmente el Reina Sofía) y que habían acudido 15 personas. “Con lo que me costó lograr que viniera después de haber hablado docenas de veces con su secretaria para que pudiera cuadrar la ponencia en su apretada agenda”, me dice el profesor Morgado. Y añade en tono lánguido “pero peor fue lo de Isidoro Valcárcel Medina, Premio Nacional de Arte, que vinieron 9”. ¡Valcárcel Medina!, uno de los pocos artistas inteligentes que quedan en España y con un sentido del humor nada frecuente en el mundo del arte. Sin embargo ¡después pagan por ver a un monologuista con flequillo y se tronchan con los youtubers más estrafalarios! Eso sí, salen muy preparados para el mundo empresarial, que es ese mundo para el que se han preparado, porque además de pragmáticos son altamente resolutivos.
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sábado, marzo 05, 2016
Experiencia y moral
La experiencia es un grado. De hecho sin ella andaríamos a 4 patas. Y la experiencia no es más que ese plus que confiere el paso del tiempo estrechamente ligado a la acción. Sin acción no hay experiencia, y entiéndase el término acción desde su aspecto menos deportivo. Acción sería de igual forma preparar una ensalada que leer un libro. Por eso: sin experiencia no hay desarrollo evolutivo del conocimiento. Y por eso: la experiencia es un grado. Todo con independencia de la siempre particular forma de aprovechar la experiencia que tiene cada sujeto.
En la elaboración de todo argumento hay, siempre e inevitablemente, una o varias premisas que inevitablemente son preceptivas. Elabore quien elabore el argumento no hay forma de huir de afirmaciones que son usadas a modo de premisa. A veces éstas se encuentran implícitas en su desarrollo y a veces aparecen de forma explícita. A veces se encuentran en el comienzo del argumento porque precisamente es eso lo que desarrolla el mismo y a veces se muestran en su conclusión, lo que no impide que en el desarrollo del mismo hayan, a su vez, múltiples afirmaciones que no son otra cosa que premisas. Son, por tanto afirmaciones que siendo enunciadas desde la subjetividad del sujeto adquieren sin embargo estatuto de verdad objetiva. Por ejemplo, si yo comienzo un artículo diciendo la experiencia es un grado lo que hago es comenzar con una afirmación categórica que condicionará todo el argumento, entre otras cosas, porque se muestra en tanto que verdad objetiva.
Si admitimos que la experiencia es un grado sin necesidad de andar divagando acerca de sus excepciones, excepciones que no contradirían la mayor sino que la harían fuerte, podemos afirmar que la la niñez, la adolescencia y la juventud no son más que momentos del desarrollo del ser humano que se superan, precisamente, con el objetivo, no siempre explícito, de acceder a un plano superior. ¡No distinto!, como diría un quisiquilloso (educado en la corrección política). Aunque, eso sí, ¡distinto, pero no sólo distinto!, que no es lo mismo. Así, ¿distinto? Claro. ¿Sólo distinto? En absoluto.
En tanto que ser, un sujeto aprende de lo aprendido y aprehendido durante el transcurso de su existencia (experiencia) con el fin de ir accediendo a planos superiores (madurez, sabiduría). Otra cosa muy distinta es es lo que pueda hacer cada uno con todo ese bagaje personal y otra cosa es, también, lo que cada uno piense de todo ello.
Ahora otra afirmación, esta vez derivada de la primera: La experiencia de quien la tiene debe servir fundamentalmente para dos cosas: para mejorar en su desarrollo personal y para servir de ejemplo y guía a esas otras generaciones que aún no la tienen. Esto exige, por parte de los primeros una cierta responsabilidad y por parte de los segundos una cierta sumisión. Un niño debe someterse a sus padres de la misma forma que un estudiante debe someterse a su maestro, porque lo que está en juego es, precisamente, eso que sólo puede ofrecer la experiencia. De otra forma, veríamos normal que un niño de 9 años diera lecciones a sus padres, o que un joven construyera un puente sin haber estudiado ingeniería, o que un estudiante de medicina aprendiera su oficio como si fuera Leonardo da Vinci, o sea, ignorando los avances de 500 años de perfeccionamiento científico. Y tendríamos que valorar de igual forma el dibujo de un niño y un dibujo de Ingres.
En cualquier caso sí hay una clave en el éxito de la empresa, la de la transmisión del conocimiento: la confianza. La necesaria sumisión de quien se admite carente debe ser asumida y asimilada en base a la confianza que deposita en quien debe mostrar su sentido de la responsabilidad. Con una madurez adquirida en base a la experiencia.
En un anterior post hacía una afirmación como mínimo problemática: decía que los los personajes del cine (y de las series) actual se caracterizan por un nuevo paradigma: “la ambigüedad moral, esa, al parecer, con la que se identifican tantos millones de espectadores contemporáneos”. ¿Convendrán conmigo en que resulta, cuanto menos, turbadora?
¿Acaso no resulta turbador que las nuevas generaciones tengan de patrón o modelo a un ser a veces despreciable cuando no directamente a un malvado?
Reapasemos las definiciones de 3 conceptos según Léxico de Filosofía:
Idealismo. Actitud que consiste en creer en un ideal y subordinal a él los actos.
Modelo. Lo que sirve de original, aquello a partir de lo cual se puede reproducir alguna cosa.
Moral. Conjunto de reglas de conducta que se consideran universal e incondicionalmente válidas.
La ambigüedad moral, pues, como consecuencia de una elección tan personal como voluntaria (por muy colectiva que sea la “moda”). Una elección que viene determinada por la atracción que produce un modelo que, precisamente, carece de moral. Podríamos decir que esa atracción hacia el lado oscuro es la consecuencia de un deseo que nace de una sociedad que ha renunciado a todo tipo de idealismo. Y que se ha configurado a partir de la inculcación de un individualismo feroz, ese individualismo que renuncia a la moral por pura comodidad y por puro interés. Un individualismo que carece de escrúpulos porque sólo se nutre del interés propio, el que conduce, a ese ser amoral, a priorizar una estrategia egoísta por encima de cualquier cosa.
Y para acabar, las definiciones de otros dos conceptos:
Escrúpulo. Guijarro pequeño y puntiagudo. Apreciación enormemente rigurosa que una conciencia incisiva, sutil y delicada hace de su propia conducta prestando especial atención a las más pequeñas imperfecciones que de allí resultan.
Estrategia. Conjunto de acciones destinadas a producir un resultado determinado, a eliminar al adversario, etc.; arte y habilidad para dirigir un asunto.¡Eliminar al adversario!... sin guijarros que frenen esa estrategia...
sábado, febrero 27, 2016
ARCO
Han pasado 4 días desde la inauguración de ARCO y desde mi crónica sobre el día de la inauguración. No sé qué es lo que habrá pasado en la Feria durante este tiempo, sólo sé que todo lo que he podido leer al respecto se encuentra imbuido de una suerte de voluntariosa y obstinada esperanza. Una esperanza, todo se ha de decir, que más bien parece el resultado de una autoimposición surgida tras la lectura de un libro de autoayuda. Todo muy auto, muy autista.
Al parecer todos quieren creer en el futuro del arte, pero no se dan cuenta que ya ni el futuro es lo que era.
El arte ha prometido demasiado y después no ha sabido estar a la altura de tanta promesa. Se nos vendió como futuro y resultó ser, sólo, una forma de pasado.
Los artículos y entrevistas que estos días se han publicado sobre esta edición ignoran la cuestión fundamental: que no es el arte lo que no existe, sino el futuro; es el futuro lo que ya no existe. La afición psicótica por la tecnología ha acabado con la necesidad de toda creencia. Creer en el futuro es algo que sólo se pueden permitir los niños. El futuro es ayer, y como mucho hoy. Nada más. Y sin futuro no hay promesa que valga.
Pero el arte se empeña en seguir con esa estrategia ya obsoleta de prometer y prometer. Y sigue vendiendo su producto como si Lehman Brothers siguiera existiendo. Y como si fuera Nivea la única crema hidratante del mercado
Productos artísticos hay por todos sitios (no sólo en las ferias o en los museos), lo que no hay es necesidad de otorgarles cualidades sagradas (en ferias y en museos), que para eso están ya los dispositivos tecnológicos. Y la realidad virtual.
Dicen “buscamos nuevos coleccionistas” pero lo que buscan es, sólo, despistados.
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jueves, febrero 25, 2016
ARCO: 5 aproximaciones
ARCO: 5 aproximaciones
1. Muy probablemente no sea éste el mejor momento para tener hijos, algo de lo que al parecer saben mucho quienes están en disposición de tenerlos y no los tienen. Motivo por el cual las sociedades de los países civilizados están envejeciendo a velocidades ultrasónicas. Por otra parte no es precisamente el amor lo que se predica en esas sociedades civilizadas, más orientadas a la inculcación de individualismos suspicaces y defensivos. Y por otra está el tema de la reorganización del mercado laboral que han impuesto las nuevas tecnologías. Algo que tiene una consecuencia decisiva en el modus vivendi del joven actual, que no es otro que el nativo digital. ¿Qué consecuencia? Pues que los jóvenes ya no tienen como prioridad, tal y como venía siendo habitual en las recientes sociedades tradicionales (sedentarias), el comprarse una casa. Sus trabajos son tan inestables como su parejas. Sus viviendas son, en todo caso, puro tránsito. O por decirlo de otra forma: sin casa -propia- ¡no hay paredes -propias-! O mejor: no hay “espacio” -propio-.
2. Nunca había visto tanta gente el día de la inauguración. Habré visitado 30 de las 35 ediciones de ARCO y la mayoría de las veces durante los dos primeros días, es decir, los días que suelen reunir a los profesionales. Y sé lo que digo cuando afirmo que no había visto tanta gente el día de la inauguración. Pero ¿quiénes son esos profesionales? Pues galeristas, artistas, directores de museos, comisarios y sobre todo, pues no podemos olvidar que se trata de una Feria de Arte, coleccionistas. Así que no deja de tener su enjundia que, precisamente en este momento en que el sector (Arte) padece un descalabro muy relacionado con el mercado, hubiera tanta gente elegante pululando por los pabellones. ¿Pero qué decir de esa congregación? ¿Compradores? Puede, pero no lo creo. Baste decir, en todo caso, que quedé impactado cuando en un stand me encontré, cara a cara y sin esperármelo, a un chaval que podría tener 20 0 21 años. Quiero decir, que habiéndoseme acostumbrado la vista a las facciones que me había estado cruzando durante dos horas de trasiego me acabó sorprendiendo el hecho de encontrarme con un joven en edad universitaria. Sin duda podríamos usar, a modo descriptivo, aquel título de una película de los hermanos Cohen pero dándole la vuelta. Es este un país para viejos. Y sustituir país por feria. Yo llegué a contar 4 sillas de ruedas pilotadas, muy probablemente, por coleccionistas voluntariosos e inasequibles al desaliento. Mucha gente, pues, pero quizá demasiado cercana a la muerte. Posiblemente, además, los más coleccionistas.
3. Han pasado ya 35 años desde el primer ARCO y el mundo ha sufrido durante esos años transformaciones colosales. Es más, el mundo de ahora ya prácticamente nada tiene que ver con aquel en el que se produjo la caída del muro y la movida de Madrid. O por decirlo de forma cruda: los nativos digitales comenzaron a nacer 20 años después del estreno de la película ET de Steven Spielberg. Las transformaciones han obligado a muchos sectores a re-adaptarse. De hecho, durante todos los años de este milenio la máxima de actuación ha tenido que ser para muchos esa, la de re-adaptarse o morir. Y desde luego no todos lo hemos hecho con las mismas ganas. Así que dirán lo que dirán, pero la impresión que uno extrae cuando se pasea por los pasillos de ARCO es que el tiempo no ha pasado durante esos 35 años. Y esto no tiene nada que ver con el hecho de que pueda haber expuestas más o menos cosas tecnológicas etc., no. Tiene que ver con la apariencia de la totalidad, con la distribución de espacios y con la obsesión por la objetuaria, una objetuaria, todo se ha de decir, que nada tiene que ver con los intereses de esos nativos digitales que ni tienen casa, ni la quieren, ni quieren CDs, ni DVDs, ni libros, ni cosas que, en general, pesen o almacenen polvo. Y menos aún si hay que trasladarlas de un lugar a otro o meterlas en un guardamuebles. Una Feria, por tanto, con aires gerontofílicos.
4. Pero ¿de qué tenemos que hablar cuando hablamos de ARCO, de arte o de mercado? Si hablamos de arte ya sabemos por dónde van los tiros, lo hemos avanzado: ARCO se encuentra en las antípodas de lo que la gente joven está haciendo, entre otras cosas, porque su mundo está en la red y ya prácticamente sólo en ella. Y por tanto la creatividad la entienden bajo unos preceptos que nada tienen que ver con los que durante 250 años generó un sentido hegeliano de la Historia. Para ellos, no hay evolución lineal que pretenda “el despliegue del Espíritu”. Para ellos, en definitiva, no hay Historia. Hay presente y virtualidad. Hasta el punto en que sus centros de interés se encuentran focalizados en cosas que carecen de corporeidad. Y si hablamos de mercado poco queda por decir que no quede explicitado en la continuas quejas de todos aquellos que aún conforman el mundo del arte. Un mundo del arte, todo se ha de decir, periclitado. Los galeristas se quejan de sus inexistentes ventas y los artistas del mal trato recibido desde las instituciones (que tampoco se han enterado que el Arte se ha quedado sin Historia y de que el mundo es digital. Además, claro, de estar corrompidas por lo que los propios artistas les dejaron hacer en la época de las vacas gordas).
5. ¿Pero está bien o mal ARCO ( y me refiero al contenido, no a la feria en sí misma)? Pero yo insisto: eso es lo de menos. Es la pregunta más irrelevante y por lo tanto menos apropiada. Más que nunca una exposición -o un cúmulo de obras de arte- no es otra cosa que algo de lo que gustar o disgustar dependiendo de las particularidades del gusto y de la cantidad de “objetos” que gustan o disgustan respecto a la particularidad de cada uno. La celebración del 35 aniversario (cifra incelebrable) no es más que un signo de desesperación, como lo es el hecho de invitar a 18 galerías jóvenes con menos de 8 años de experiencia. En cualquier caso las posibles ventas, en caso de haberlas, no desmentirían el argumento aquí expuesto. Primero porque uno de los gastos fijos de cualquier feria de arte que se precie es pagar viaje y alojamiento a los mejores coleccionistas del mundo, todos aproximadamente octogenarios, y segundo porque si algo tiene una historia de más de 250 años (la historia de la Historia del Arte) es eso, inercia. Y todo con independencia de esa otra cosa que el fin de esa historia provoca en algunos, nostalgia. Ah, y para acabar, que nadie piense que JustMa es distinta por más juvenil. Una feria de arte es una feria de arte por mucho que cambie el aspecto de la objetuaria, de los cachivaches.
Para leer más respecto al tema recomiendo pinchar este enlace:
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lunes, febrero 01, 2016
Confort
No hay duda de que que cada sujeto es un mundo, afirmación que sin duda es tan vulgar como verdadera. Pero es por eso mismo, porque en el aserto coinciden previsibilidad y verdad, que me resultan tan desagradables las modas, sobre todo cuando quienes las siguen se creen auténticos, lo que viene a ser frecuente, curiosa y paradójicamente. Desde luego que no hay nada con tanta dosis de tiranía que las modas, que además de imponerse hacen creer a sus followers que tienen la fuerza de un jedi.
No hay duda de que cada sujeto es un mundo, por eso no se concibe que, de repente, haya tanta gente aceptando y asumiendo que lo que hay que hacer es salir de la “zona de confort”. Es el eslogan más difundido y mejor asimilado de los últimos tiempos. Ya prácticamente nadie cree en las bondades de una vida tranquila. Ni que un objetivo en la vida pueda ser el de vivir con serenidad. No, ahora todo el mundo está convencido de que vivir es estar en perpetuo movimiento. Y que la vida es demasiado corta para no hacer ciertas cosas que exigen, claro, retos, objetivos, traslados, viajes, cambios constantes de pareja, experiencias al límite, spinning, yoga, ultramarotones, etc. Todo a la vez, por supuesto. Y muchas, pero muchas, frasecitas de autoayuda. Que las redes sociales se encuentran a reventar de ellas.
El otro día vi a Dabiz Muñoz, el laureado cocinero tres estrellas Michelín, en un programa de televisión netamente hagiográfico. Es el perfecto representante del nuevo “ser digital”, o mejor, del nuevo paradigma de triunfador en una era nueva, la digital. Esa era que exige al sujeto el perpetuo movimiento, so pena de exclusión total y absoluta. Si no aspiras a ser un dabiz muñoz en la vida no te comerás un torrao. O lo que es lo mismo, si tu vida no se fundamenta en la constante adaptación al cambio estás muerto. Aunque eso suponga acabar hablando como el genio de la cocina, cuyo vocabulario se reduce a tres palabras, “espectacular”, “brutal” e “increíble” y a una única expresión, “esto está de la hostia”. Como muy bien demuestra en dicho documental su mano derecha, el chef ejecutivo del restaurante laureado, cuando ante la demanda de tener que describir un local londinense dice textualmente “Es un espacio molón; genera como ¡whau!, esto tiene que ser la hostia”.
La verdad es que, mucho me temo, esta moda de querer salir de la zona de confort se ha instalado en las sociedades civilizadas para siempre. Con lo que ello supone para el lenguaje, que es al fin y al cabo la única herramienta que tenemos para imaginarnos mejor. Por eso, cuando pueda, me iré a descansar y a leer, en la zona de máximo confort posible, por supuesto. Y no volveré más.
Ríanse, ríanse, pero cuando yo me muera todos ustedes desaparecerán.
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domingo, marzo 11, 2012
Poderes
Las cosas suceden con independencia del nivel de escepticismo que pueda contener la humanidad entera.
Jamás pensé que pudiera sucederme a mí, pero una realidad ajena a mis deseos y a mi voluntad se impuso; o mejor dicho, se me impuso. Seré claro y directo: no sé muy bien por qué pero la cuestión es que de un día para otro he adquirido, digamos que ciertos poderes. Y lo digo yo que siempre me consideré un escéptico radical. En efecto, como si de una venganza se tratara la cuestión es que mi ya pretérito alto grado de escepticismo se ha visto pisoteado por la cruda realidad, en este caso la realidad experimentada en mis propias carnes. Y debió ser de alguna forma previsible, pues como apuntaba el infalible Hegel en su Fenomenología, no se puede ser siempre escéptico en todo y a toda hora.
Así, y por ir al grano: de un día para otro he adquirido ciertos poderes; o por decirlo de forma más concreta: desde hace unas semanas me he convertido en vidente. Me arroba decirlo así, pero la afirmación se corresponde con una verdad tan categórica que tengo claro que se trata de la forma más honesta de decirlo. Soy vidente; es decir, tengo la facultad paranormal de ver el futuro. Al principio no fue más que una sensación de preclaridad, pero con el tiempo fui viendo que se trataba de algo más. De hecho intenté no contarlo a nadie, pero al final emergía de tal forma mi videncia que no pude evitar hacer uso de ella en mi entorno.
No sé cuál es la causa de todo esto, pero la verdad es que soy capaz de prever ciertas “cosas” que todavía se encuentran por acaecer. Soy capaz de ver más allá, eso es todo. Tal es la capacidad que ya recibo peticiones de amigos de amigos que pretenden una cita conmigo. Bueno, para ser sincero, debo decir que se trata, más bien, de amigas de amigos, ya que las peticiones de citas vienen del lado femenino de forma abrumadora (sólo dos hombres me han solicitado cita). La cuestión es que me ha pillado todo por sorpresa, así que, aunque sólo sea por lo novedoso del asunto y sobre todo por lo increíble del mismo, he cedido a la tentación de confirmar mis poderes. Y he accedido a verme con ellas habiendo primero aclarado mi anti-profesionalidad. Lo curioso del asunto es que cuando, quizá por pudor, me he visto obligado a dudar de mí mismo debido a mi pasado escéptico, el interés ha siempre aumentado.
Mi metodología es, lógicamente (¿) intuitiva, pero la hay. Es extraña y heterodoxa pero no por ello deja de ser metodología. Todavía no se la he contado a nadie, pero me atrevo a contarla aquí porque he comprobado, a lo largo de los 4 años que llevo escribiendo este blog, que la gente de mi entorno (entre ellos mis propios amigos) no me lee. Que yo sepa sólo me lee uno, “Chiqui” Peiró (con el que me he cruzado 3 o 4 veces en la vida), y sé que me lee porque me lo cuenta su hermano, que es verdaderamente mi amigo y no me lee. Así pues, puedo contarlo sin que ello me cree un perjuicio de over-booking. Allá va: para “conocer” el futuro de la persona que sale a mi encuentro sólo tengo que fijarme en su calzado. Sí, en su calzado. Resulta sorprendente, pero no por ello menos cierto: basta una simple mirada de soslayo al calzado de alguien para entrever las grandes líneas maestras de su futuro. Veo el calzado de alguien y “veo” su futuro. Veo calzados y me advienen unas imágenes que, al menos en principio, no tienen una conexión clara con el lenguaje verbal. Así, creo que con independencia del poder que sin duda poseo, hace falta cierta cualificación para traducir al lenguaje lo que no son más que inconexas imágenes oníricas. Quizá ese sea el verdadero poder: el de saber traducir lo que todo el mundo “ve” sin verlo.
Hasta ahora no he fallado con ninguno de los que me han solicitado audiencia para mi videncia. Pero no se vaya a creer el lector que esta facultad la poseo sólo con los allegados. ¡En absoluto! La poseo respecto a todos los seres humanos con los que me cruzo, estén donde estén; es decir, estemos donde estemos. De ahí que pueda conocer, no ya sólo el futuro de ciertas personas, sino también, y por extensión, el de ciudades y el de países. Es decir, si me dedico a pasear por Valencia, mi ciudad, soy capaz, a poco que me lo tome en serio, de saber qué destino le espera a esta ciudad. Si el paseo lo extendiera por varias ciudades españolas podría conocer el futuro que le espera a España. Y así sucesivamente. ¡Y sólo con observar el calzado de la gente! El margen de error que pudiera darse en mis predicciones se debería, sólo, al hecho de no haber paseado lo suficiente, pero ya se sabe: hoy en día no existe la clase media. Lo que facilita las cosas enormemente.
Coda. Como le sucede a todo converso yo también he sido alcanzado por un estigma. El proceso en el que fui descubriendo mis poderes se desarrolló paralelamente a una transformación peculiar de mi voz. Así, hubo un signo exterior que iba ratificando la transformación. Mi tono de voz, mi modulación, la entonación y la cadencia de las frases estaba cambiando de forma ostensible. O por decirlo para que Ustedes me entiendan: he acabado hablando como James Stewart, como el James Stewart español, se entiende. Ya no sé hablar como antes, ahora ya sólo puedo hablar como Scottie. ¡Qué bello es vivir!
Jamás pensé que pudiera sucederme a mí, pero una realidad ajena a mis deseos y a mi voluntad se impuso; o mejor dicho, se me impuso. Seré claro y directo: no sé muy bien por qué pero la cuestión es que de un día para otro he adquirido, digamos que ciertos poderes. Y lo digo yo que siempre me consideré un escéptico radical. En efecto, como si de una venganza se tratara la cuestión es que mi ya pretérito alto grado de escepticismo se ha visto pisoteado por la cruda realidad, en este caso la realidad experimentada en mis propias carnes. Y debió ser de alguna forma previsible, pues como apuntaba el infalible Hegel en su Fenomenología, no se puede ser siempre escéptico en todo y a toda hora.
Así, y por ir al grano: de un día para otro he adquirido ciertos poderes; o por decirlo de forma más concreta: desde hace unas semanas me he convertido en vidente. Me arroba decirlo así, pero la afirmación se corresponde con una verdad tan categórica que tengo claro que se trata de la forma más honesta de decirlo. Soy vidente; es decir, tengo la facultad paranormal de ver el futuro. Al principio no fue más que una sensación de preclaridad, pero con el tiempo fui viendo que se trataba de algo más. De hecho intenté no contarlo a nadie, pero al final emergía de tal forma mi videncia que no pude evitar hacer uso de ella en mi entorno.
No sé cuál es la causa de todo esto, pero la verdad es que soy capaz de prever ciertas “cosas” que todavía se encuentran por acaecer. Soy capaz de ver más allá, eso es todo. Tal es la capacidad que ya recibo peticiones de amigos de amigos que pretenden una cita conmigo. Bueno, para ser sincero, debo decir que se trata, más bien, de amigas de amigos, ya que las peticiones de citas vienen del lado femenino de forma abrumadora (sólo dos hombres me han solicitado cita). La cuestión es que me ha pillado todo por sorpresa, así que, aunque sólo sea por lo novedoso del asunto y sobre todo por lo increíble del mismo, he cedido a la tentación de confirmar mis poderes. Y he accedido a verme con ellas habiendo primero aclarado mi anti-profesionalidad. Lo curioso del asunto es que cuando, quizá por pudor, me he visto obligado a dudar de mí mismo debido a mi pasado escéptico, el interés ha siempre aumentado.
Mi metodología es, lógicamente (¿) intuitiva, pero la hay. Es extraña y heterodoxa pero no por ello deja de ser metodología. Todavía no se la he contado a nadie, pero me atrevo a contarla aquí porque he comprobado, a lo largo de los 4 años que llevo escribiendo este blog, que la gente de mi entorno (entre ellos mis propios amigos) no me lee. Que yo sepa sólo me lee uno, “Chiqui” Peiró (con el que me he cruzado 3 o 4 veces en la vida), y sé que me lee porque me lo cuenta su hermano, que es verdaderamente mi amigo y no me lee. Así pues, puedo contarlo sin que ello me cree un perjuicio de over-booking. Allá va: para “conocer” el futuro de la persona que sale a mi encuentro sólo tengo que fijarme en su calzado. Sí, en su calzado. Resulta sorprendente, pero no por ello menos cierto: basta una simple mirada de soslayo al calzado de alguien para entrever las grandes líneas maestras de su futuro. Veo el calzado de alguien y “veo” su futuro. Veo calzados y me advienen unas imágenes que, al menos en principio, no tienen una conexión clara con el lenguaje verbal. Así, creo que con independencia del poder que sin duda poseo, hace falta cierta cualificación para traducir al lenguaje lo que no son más que inconexas imágenes oníricas. Quizá ese sea el verdadero poder: el de saber traducir lo que todo el mundo “ve” sin verlo.
Hasta ahora no he fallado con ninguno de los que me han solicitado audiencia para mi videncia. Pero no se vaya a creer el lector que esta facultad la poseo sólo con los allegados. ¡En absoluto! La poseo respecto a todos los seres humanos con los que me cruzo, estén donde estén; es decir, estemos donde estemos. De ahí que pueda conocer, no ya sólo el futuro de ciertas personas, sino también, y por extensión, el de ciudades y el de países. Es decir, si me dedico a pasear por Valencia, mi ciudad, soy capaz, a poco que me lo tome en serio, de saber qué destino le espera a esta ciudad. Si el paseo lo extendiera por varias ciudades españolas podría conocer el futuro que le espera a España. Y así sucesivamente. ¡Y sólo con observar el calzado de la gente! El margen de error que pudiera darse en mis predicciones se debería, sólo, al hecho de no haber paseado lo suficiente, pero ya se sabe: hoy en día no existe la clase media. Lo que facilita las cosas enormemente.
Coda. Como le sucede a todo converso yo también he sido alcanzado por un estigma. El proceso en el que fui descubriendo mis poderes se desarrolló paralelamente a una transformación peculiar de mi voz. Así, hubo un signo exterior que iba ratificando la transformación. Mi tono de voz, mi modulación, la entonación y la cadencia de las frases estaba cambiando de forma ostensible. O por decirlo para que Ustedes me entiendan: he acabado hablando como James Stewart, como el James Stewart español, se entiende. Ya no sé hablar como antes, ahora ya sólo puedo hablar como Scottie. ¡Qué bello es vivir!
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