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domingo, abril 12, 2020

Carta abierta al artista del hoy



Premisa I. ¿Qué sería la Libertad? Según Hobbes “un hombre libre es quien en las cosas que por su fuerza o ingenio puede hacer no se ve estorbado en realizar su voluntad”. Y Bergson dice que “somos libres cuando nuestros actos emanan de nuestra personalidad entera, cuando la expresan, cuando tienen con ella la indefinible semejanza que se encuentra a veces entre la obra y el artista”. La Libertad es, tal y como apuntaba Sartre, la capacidad permanente de decir sí o no. Para la Filosofía el sentido primero del concepto Libertad dice “estado de la persona que no se encuentra en una situación de esclavitud, de servidumbre, etc.”

Otra cosa sería dilucidar acerca de cuántos son los que verdaderamente desean ser libres.

Premisa II. ¿De quién es la Cultura? Porque la Cultura es algo, y si es algo es de alguien. No hay otra; la Cultura sólo puede ser una abstracción desde la filosofía, la sociología, la lexicografía, etc., pero más allá de definiciones la Cultura no puede ser otra cosa que “las producciones” que nos llegan en nombre de la Cultura, del concepto Cultura. Y en este sentido la Cultura es, desde hace ya un tiempo, de quien la paga, de quien la hace posible, de quien paga esas producciones que configuran lo que determina el concepto Cultura. De quien las paga; o mejor: o de quien facilita la emergencia de todas esas producciones de las que podrá considerarse su benefactor. O pagando la totalidad o aportando las subvenciones que haga falta.

Conclusión. Todo aquel que reclame un amo debe saber que con tal reclamo lo que hace es renunciar a su libertad (aunque esto ya lo sabían todos los artistas antes de la Pandemia). Por tanto todo aquel que por necesitar un Amo trabaje para él sólo podrá ser un esclavo, su esclavo. Lo que no quita que ese esclavo pueda y deba reclamar, al mismo tiempo, las condiciones mínimas que el Amo le ha estado prometiendo desde hace años, más allá de que la renuncia a la Libertad sea, como decimos, el precio que necesariamente deba seguir pagando. Así que: adelante con los apagones y con las quejas y con las demandas.

Lo único que simultáneamente habría que también exigirles a los artistas es que ya no vayan más de libres y necesarios. No se puede ser libre si se está al servicio de quien te paga, no se puede ser libre si por depender de tu Amo no puedes ser otra cosa que su lacayo.

Ah, y también deberán renunciar a creerse influyentes además de necesarios, porque por ser lacayos de sus Amos sólo podrán decir lo que sus Amos les dejen. Hay quienes creen que es a la casualidad a quien debemos que el discurso de los artistas se parezca tanto al de las Instituciones que los financian y subvencionan. En fin. Ahora bien, si os ponéis al servicio de vuestro Amo no vengáis después diciendo que el mercado no os quiere.

Así que tal y como decía, otra sería dilucidar acerca de cuántos son los que verdaderamente desean ser libres.

viernes, diciembre 13, 2019


De artistas y galeristas

Una gran parte del mundo del arte se encuentra tan perdida que a veces incluso produce ternura. Este texto nace de las declaraciones del vicepresidente de LaVAC (Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana) en El Levante con motivo del cierre de la Galería Espaivisor: “Valencia sigue con la política de los grandes eventos... no hace nada para retener a las galerías”, “los políticos sólo atienden a los grandes centros”, “Nosotros nos jugamos el tipo en cada exposición”, “las galerías carecemos de absoluto interés para los políticos”.

Los artistas se lamentan

No hace mucho se organizó aquí en Valencia una suerte de seminario en el que se pretendía ofrecer al artista del hoy “un mapa de herramientas y estrategias con las que reorientar y enmendar su situación de inestabilidad profesional”. Se llamó Hacia la profesionalidad del artista visual y contó, como era de prever, con toda una plantilla de profesionales que se mostraban preocupados verdaderamente por el futuro del artista del hoy: comisarios, gestores culturales, galeristas, periodistas, artistas y miembros de asociaciones o agrupaciones pertenecientes a dos sectores de ese mundo.

Las galerías de arte se lamentan

Parece ser que, en efecto, parte de ese mundo del arte actual anda desconcertado. ¡Pero hay que decir que no todos los “elementos” que configuran su mundo!: los políticos y gestores culturales institucionales (no sólo de las capitales sino de todos los municipios tengan el tamaño que tengan) parecen vivir en constante estado de excitación y éxtasis. Y tienen motivos para ello pues a veces les sobrepasa la cantidad de eventos que tienen que atender cada semana. Tampoco los Grandes Centros de Arte pueden poner mala cara, pues sus alegrías crematísticas ya no provienen de una sola vía, la política/institucional, sino de dos, la política (que con ello gana votos) y la privada (que gana en desgravaciones). Aunque siempre les parecerán pocas esas alegrías a los Grandes Centros de Arte, todo se ha de decir. Llorones.

Entonces, ¿quiénes se encuentran desconcertados además de compungidos? Pues ya lo hemos avanzado: fundamentalmente dos sectores de ese mundo, el de los artistas y el de los galeristas, precisamente esos dos sectores que hasta no hace mucho eran los verdaderos generadores de la idea de Arte Contemporáneo. Pero ya no -se siente-, y por eso se embarcan constantemente en seminarios, congresos, jornadas, “abiertos”, mesas redondas, “nocturnos” y encuentros con el fin el fin de superar lo que ellos mismos llaman, no sin cierta ingenuidad, “reto del nuevo mercado global”, analizando conceptos como branding, comunicación off-line, RRSS, composición curricular, estrategias on-line, autogestión e incluso autogestión sostenible. Ya digo, desconcertados y perdidos.

De los artistas

Si hay algún sector verdaderamente patético en eso que aún llamamos mundo del arte es el de los artistas, o mejor, el de todos esos personajes que se autodenominan artistas. Los que se autocalifican artistas -que son todos los que creen hacer arte- se caracterizan por la queja, por vivir su “profesión” en permanente estado de lamento. O bien se quejan de no vender, o bien se quejan del poco cariño que le muestra la Institución Política, o si quieren el Poder Fáctico. Ambas quejas, insisto, es lo que convierte en patético a los representantes del sector. Respecto a la la primera porque convierte a los supuestos artistas en seres molestos, como molestos son todos aquellos que se empeñan en vendernos algo que no queremos. Y respecto a la segunda porque la queja supone una contradicción insalvable, pues la primera función (misión) que dicen tener los supuestos artistas es la de cuestionar el Sistema, el Poder Fáctico si quieren. Por lo que si alguien se empeña en trabajar para Él es sólo porque quiere ser un lacayo, lo contrario de un ser libre. Su falta de dignidad es sólo equiparable a su falta de pudor.

De las galerías de arte

Y respecto a las galerías baste recordarles tres cosas: -1. Que lo suyo se trata de un negocio y NO se un Servicio Cultural. -2. Que el producto que venden ya no representa ni siquiera el Espíritu de nuestra Época. Y -3. que ellos, los galeristas montaron su negocio por voluntad propia y además nadie les pide que “se jueguen el tipo con cada exposición”.

Parecen ignorar que las cosas del ahora nada tienen que ver con las cosas acaecidas antes de la caída de Lehman Brothers en (2007), mismo año en el que surgieron los smartphones, mismo año en que se consolidó Facebook; mismo año de la expansión de Twitter; mismo año en el que Google lanzó Android y promovió Youtube; mismo año en definitiva y sobre todo donde las RRSS se impusieron como forma de comunicación inmediata y masiva. En estas circunstancias el método hagiográfico (el artista como ser heroico que inevitablemente produce objetos sagrados) que aún siguen usando los galeristas ya no sólo es anacrónico, sino también obsoleto.

En cualquier caso, y tal y como ya advertí en artículo anterior, ¡claro que seguirá habiendo galerías de arte que funcionen bien económicamente!, pero ahora más que nunca serán solo aquellas que trabajen con coleccionistas superpoderosos (los pocos que van quedando), o con narcotraficantes, o con traficantes de armas, o si quieren, con brokers desalmados, o con empresarios de alto standing que saben desgravar con elegancia o blanquear con permisividad y connivencia, etc. ¡Y claro que seguirá habiendo Grandes "Ferias Basel”, pero para dar servicio sólo a los -galeristas- que son capaces de llegar a ellas! Unos cuantos elegidos, privilegiados.

martes, mayo 21, 2019

La estupidez del arte


La estupidez del arte

1.Había una cierta dignidad en aquellos artistas antiguos que fueron despazados por los modernos allá por el siglo XVIII. Pero los modernos llegaron con su espíritu libertario y rompieron sus lazos con el tirano y restrictivo Poder, ese que les imponía los asuntos que debían pintar y además con la adecuada forma de representarlos. Así, llegó el siglo XIX y los artistas se liberaron definitivamente de los despóticos Reyes y de los malditos Arzobispos. Y aceptaron las consecuencias, quedar expuestos y estar sujetos a una demanda mucho más inestable y abstracta: el mercado. Como todos ustedes saben Van Gogh sería un perfecto representante del artista moderno; la libertad de poder hacer lo que le viniera en gana fue el precio que tuvo que pagar para no comerse un rosca. Había una cierta dignidad en aquellos artistas modernos que desplazaron a los antiguos aún cuando esto les supusiera comer raspas de sardina (en nombre de la libertad, claro).

2.Ahora los artistas son otra cosa, carecen de dignidad. Y sus prescriptores también, pero vayamos primero con los artistas. Criados en su propia autosuficiencia -la que deviene de ser más resolutivos y acomodaticios que sus mayores- los artistas del hoy nadan sin guardar la ropa y por eso están permanentemente humedecidos. Se valen de la tecnologización globalizadora para ser hippies con sus perfiles y sus followers, pero sueñan con que un matrimonio maduro les pague las cervezas y las nikes; son relativistas de libro pero necesitan tranquilizantes cuando alguien no entiende sus pesadillas. Dicen rechazar el mercado por sus vinculaciones a la economía liberal, pero en realidad todos son unas doñas ineses que se mueren por el abrazo de un cínico protector; les gusta ir de escépticos pero cuando la Consejería de Cultura de turno les llaman para cubrir un espacio con su contenido político/social, estos entran en trance místico. Se dicen comprometidos pero en realidad les gusta levitar.

3.Noticia (10 de mayo): “La artista vasca Itziar Okariz, que representa a España en la Bienal de Venecia, “mea en diferentes espacios públicos del mundo”; en un proyecto comisariado por el periodista también vasco Pelo Aguirre que se presenta como una iniciativa que “perfora y vacía” el espacio físico, a través del sonido, imagen escultura y arquitectura. Aguirre ha explicado que “es un pabellón en el que el cuerpo aparece representado y esta idea de perforación asociada al cuerpo me parece una metáfora importante y potente en esta edición”.

La verdad es que no sé quién es más tonto, si la artista (que se cree libre) o el prescriptor (que se cree poeta). Lo de menos es la acción de mear, que sin duda es tan inocua e inofensiva como cualquier otra mientras se haga en el nombre del arte*. Tampoco resulta relevante el hecho de si es o no arte la acción mientras la institución sea la que como tal lo señale. Como siempre**. No, lo que verdaderamente resulta hilarante es que se tomen en serio su supuesta influencia sobre la sociedad; lo que resulta desternillante es que crean estar cuestionando las convenciones sociales; que crean estar luchando contra el conservadurismo mientras son subvencionados por la misma Institución político/artística; que se crean provocadores defendiendo además su mismo discurso; y que se crean libres en su perfecta pose genuflexa. Ahora los artistas son, como decía, otra cosa, carecen de dignidad. No tienen mercado (porque el mercado no los quiere y ellos dicen odiarlo) y además son los lacayos de un Poder que sólo les ofrece unas migajas de basura, las que sirven para comprarlos. El que se mea soy yo.

4.El problema de los tontos es que nunca paran de trabajar, que nunca descansan. Noticia (17 de mayo): titular, “A golpes contra el patriarcado”; subtitular, “Cristina Lucas y Eulalia Valldosera critican en el Carme la tradición artística dominada por el hombre” Y en las fotos que ilustran el artículo vemos a Cristina Lucas destrozando con una maza una réplica del Moisés de Miguel Ángel. Todo muy original e imprevisible como puede verse. Pero por si alguien no se había dado cuenta de la originalidad del concepto y del riesgo que comporta el discurso respecto a la Institución llega su prescriptor, el director del Museo y dice que “se trata de una apuesta por visibilizar la falta de mujeres en colecciones públicas” y alaba esta exposición por situarse en contra “del relato oficial” en el arte, donde “la mujer queda relegada a un segundo plano”. Respecto a lo de estar en contra “del relato oficial” insto a los no perezosos a investigar en las hemerotecas (físicas y digitales, para que contabilicen y analicen los impactos mediáticos, así como la cantidad de eventos “En Femenino”). Respecto a la segunda les aconsejo que lean este post: https://albertoadsuara.blogspot.com/search?q=arte+mujeres (El texto del post es un exabrupto sin gracia estilística pero deja claras las cosas)

5.Había una cierta dignidad en aquellos artistas antiguos que fueron desplazados por los modernos allá por el siglo XVIII. Y también la había en aquellos artistas modernos que pagaron un alto precio por aceptar la libertad de no tener amos. Ya digo, los artistas del hoy, unas doñas ineses en búsqueda de un Don Juan adulador pero canalla.


*Así que los que siempre centran el problema en la tesitura de si es o no arte una bravuconada mejor que se callen, porque su ignorancia es tan grande como la de quienes se llevan las manos a la cabeza porque no entienden nada. La cuestión nunca ha sido dilucidar si es o no arte un “montón de ladrillos” o una “lata de mierda” mientras hayan sido señalados por la Institución; la cuestión es saber cuánto han aportado -humanísticamente- a la Humanidad aún con toda su carga teórica.
**Lo que resulta verdaderamente provocador, transgresor e intranquilizador es ver a todas esas niñas que mean en público en plena calle, durante la farra y sin vergüenza alguna. A ver si os enteráis, pardillos, todo lo hecho en nombre del arte queda desactivado por el mismo hecho de hacerse en nombre de la institución. De hecho, nada hecho en el nombre del arte puede ser eficaz, -en tanto que transgresión comprometida-, porque no puede ser otra cosa que espectáculo manierista y patético.

domingo, septiembre 09, 2018

Sin Arte II


Al hilo del último post

y al hilo de otros otros posts también recientes:

En algunos de los últimos posts ha intentado uno describir la situación en la que se encuentra “eso” (esa actividad, esa disciplina) que aún tantos se empeñan en seguir llamando arte. Vano empeño (de uno), el de convencer a alguien de la futilidad de su actitud si no está dispuesto a escuchar nada que le pueda contravenir. Porque cuando uno habla de la inexistencia del arte no habla uno ni de creadores ni de su producto, que de esos y eso cada vez hay más, lógicamente. Así, no habla uno de lo que los demás sobre-entienden (no sé por qué), sino de la inexistencia del arte por la inevitable imposibilidad de su existencia.

De hecho, cuando hago referencia a la inexistencia del arte ¡no me refiero nunca ni a los creadores ni al producto que generan! (que ahí están ellos en tanto que artistas y ahí está el producto mostrado en nombre del arte, insisto), cuanto a una situación, la actual, que resulta perfectamente incompatible con la idea del arte que paradójicamente defienden tanto esos mismos creadores como los intermediarios que pretenden hacer negocio con ellos -galeristas y comisarios. Una idea del arte que devenida del final del XVIII se encuentra ahora perfectamente periclitada por una FUERZA MAYOR, el “simple” paso del tiempo. En este caso además con el aliño de un cambio de ERA, de la Analógica a la Digital. Y repito: Harald Szeeman dio el pistoletazo de salida, Lehman Brothers el gran empujón y la Redes Sociales la estocada definitiva.

Harald Szeeman mostrando un Sistema que ya no contemplaba la linealidad histórica y mostrando por tanto la imposibilidad de historiar el producto/arte, que no es sino una forma de negar la posibilidad de la Historia del Arte ante el arte actual; una forma de negar la posibilidad de aplicar la Historia a las nuevas formas de entender y organizar ese producto/arte. El caso Lehman Brothers desvinculando de forma brutal el concepto arte del concepto futuro; fue la caída de Lehman Brotehers en tanto que provocadores privilegiados de la la Gran Crisis Mundial la que le extirpó al producto/arte esa condición sagrada que venía sostenida por un mercado absolutamente disparatado y mostrenco (2007). Y las Redes Sociales haciendo real la verdadera democratización del arte, algo en lo que el arte venía fracasando desde hacía más de 100 años; fueron las Redes Sociales las que realmente hicieron posible y verdadera esa ecuación que tanto excitaba a los elitistas “artistas”, que eran todos: Arte=Vida.

Una de las consecuencias más patéticas que se dan en esta desconcertante coyuntura es, lo hemos comentado en otras ocasiones, el apasionado AMOR que ha unido a los artistas y a las Instituciones. Un AMOR tan apasionado como inquebrantable. Así, los artistas hacen -crean- exactamente lo que a esas Instituciones les interesa. Y son felices todos comiendo perdices: ellos, los artistas, creyéndose libres pero trabajando duramente para el “único mercado” que verdaderamente les hace caso, el ideológico, y ellas, las Instituciones, usando a los artistas para limpiar sus trapos sucios y mostrar de paso una imagen comprometida. Porque no nos engañemos, no hay nada que ponga más cachondo a las Instituciones del hoy que mostrarse comprometidas y, ¡oh casualidad! nada hay que ponga más cachondos a los artistas del hoy que saberse comprometidos. El AMOR, pues. Otra cosa es ver qué pasa cuando entra en acción el interés de un artista por ganar dinero con su trabajo y otra cosa es también ver qué pasa cuando entran en acción (en el “otro mercado”) los brokers del arte y reivindican su tajada. Otra cosa porque es entonces cuando todo el mundo habla del poco interés que hay en la sociedad por el arte, y es cuando ya nadie habla de visitantes en las galerías y museos, sino de compradores, coleccionistas e inversores. La QUEJA.

En el último post hacía uno referencia al Festival Abierto Valencia, un evento creado por los galeristas profesionales con dos fines: revitalizar (sic) las ventas y culturizar (sic) al pueblo valenciano. Veamos lo que el El Cultural del ABC decían ayer 4 jóvenes galeristas con motivo de su Apertura, un evento creado en Madrid con las mismas intenciones que el de Valencia. Ante la pregunta “¿Cómo van a hacer sus presentaciones oficiales en este Apertura?” contestaban esto (y cito textual e íntegramente):

-P.C.:Presentaremos a Gabriela Bettini, artista de la galería desde sus inicios. Su Primavera silenciosa habla de diversidad, de ecología, de feminismo, con un componente político.
-N.M.: Nuestra apuesta será Cristina Ferrández. Campos de utopía se centra en los casquetes polares y habla de la fragilidad del paisaje.
-L.M.: Aquí desplegaremos el trabajo de Lecuona y Hernández, colectivo canario con el que comenzamos a trabajar. La exposición se llama Cuestiones vivas y se centra en lo identitario.
-C.D.: Barbara Hammer, histórica y pionera del cine experimental feminista. Será una muestra poco comercial.

La originalidad que emana de las propuestas artísticas es apabullante debido a su poca previsibilidad que se desprende de los temas elegidos. En cualquier caso si los artistas no vendieran siempre les quedará la Institución que sin duda los acogerá con las piernas abiertas. Y si las galerías no vendieran siempre les quedará la queja... y sus reuniones con las Instituciones... para ver si pillan algo.

Post Scriptum. Para entendernos no hay más remedio que llamar arte a eso que todos siguen llamando arte aún cuando la tesis sea que ya “no hay Arte” desde que éste se democratizara realmente a través de la existencia de las Redes Sociales.

viernes, agosto 10, 2018

Sin Arte


Se acerca la Gran Fiesta del Arte Valenciano. A falta de Feria, Fiesta: Abierto Valencia 2018, Fiesta inaugural de temporada de las galerías de arte valencianas. ¿Qué pensar de todo ello?

Todo el Arte de los dos últimos siglos hasta aproximadamente 2007 ha evolucionado y se ha desarrollado en base a los argumentos, a las teorías y a los discursos. Desde Hegel todo Producto Arte ha devenido, guste ahora o no, de una Teoría legitimadora que siempre ha tomado forma ideológica y absolutista: el Zeitgeist. O el progreso. Una Gran Teoría donde se han ido acurrucando pequeñas teorías subsidiarias: Adorno, Lukács, Plejánov, Antal, Hauser, Francastel, Panofsky y tantos otros... incluido el mismo Danto.

Lo que ha sucedido de unos años a esta parte (2007) es que esa forma de entendimiento del arte ha desaparecido. Harald Szeemann dio el pistoletazo de salida, Lehman Brothers el gran empujón y las redes sociales la estocada. El problema surge, pues, cuando no existiendo las condiciones para seguir siendo hegeliano hay quien se empeña en seguir siéndolo. Con las consiguientes previsibles y lógicas consecuencias, y la consiguiente inoportuna queja de todos: artistas, galeristas, directores de museos, comisarios... De todos, menos de los políticos, que son los grandes beneficiarios de los errores cometidos por tanta falta de conocimiento objetivo sobre el actual estado de las cosas. Y sobre el pasado. 

Para que pudiera irles bien -a los galeristas- en aquello de lo que se quejan deberían de ser conscientes al menos de que no existiendo las condiciones para seguir siendo hegeliano lo mejor es abandonar la idea. O mejor la Idea. Deberían, para empezar, dejar de cometer errores que además de garrafales resultan contraproducentes para todos (menos para los políticos, con los que, por cierto, les gusta tontear); así deberían aceptar y asumir:

-1. Que lo suyo se trata de un negocio y NO se un Servicio Cultural.
-2. Y que el producto que venden ya no representa ni siquiera el Espíritu de nuestra Época.

No aceptarlo es, precisamente, lo que les convierte primero en anacrónicos y segundo en obsoletos, al menos tal y como están planteados esos negocios.

Lo que resulta de alguna forma patético es que en un mundo donde ya hay muchos más nativos digitales que coleccionistas aún sigan publicitando el evento, su evento, con este espíritu benefactor decadente:

“ABIERTO VALÈNCIA tiene como objetivo fundamental acercar el arte contemporáneo a la ciudadanía con una apuesta firme por la difusión de la cultura de una forma abierta y sencilla” (MAKMA)*. O la justificación de la propuesta ARCO Gallery Walk (hay que ser hortera): “el objetivo de hacer accesible la cultura para la ciudadanía”.

Y con el habitual aire grandilocuente:

“Abierto Valencia convierte a València en la capital del arte contemporáneo y en cita ineludible para coleccionistas nacionales e internacionales”.

Ya será menos. Lo siento por los asociados de LaVAL pero creo que no son conscientes del paso del tiempo (como una anciana que se resiste a envejecer y se pintarrajea como un loro) ni parecen ser sabedores del cambio que se ha producido en la humanidad desde hace una década.

Podrían empezar a concienciarse de que hemos cambiado no de época sino de era; hemos pasado de una era hegeliana (marxista) a una era liberal (pero políticamente correcta); de una era fundamentalista (Una Historia) a una era relativista (historias múltiples); de una era analógica (galerías) a una era digital (red); de una era politizada a una era ideologizada; de una era de expertos (elitista) a una era de redes sociales (democrática); de una era literaria (expertos y letra escrita) a una era numérica y cuantitativa (likes); de una era inestable (política) a una era controlada (big data); de una era metafísica (a pesar de su empirismo racionalista) a una era nihilista (a pesar de su fe en la tecnología); de la era del Art in America a la era del Instagram; de la era del Arte (la Idea) a la era del arte (las artes).

Así: ¡ya no hay posibilidad de usar el concepto FUTURO en las ventas!, argumento favorito de la era pretérita y que tantos fraudes ha permitido. Eso es algo que ha quedado exclusivamente adscrito a la tecnología. Y además, los argumento de las ventas sólo pueden estar fundamentados en trivialidades (como el gusto o algo similar). Se siente. Ya no queda otra en un mundo realmente democratizado en lo que concierne a la imagen. Si lo que en última instancia (y en primera) quieren los galeristas es revitalizar (sic) las ventas lo mejor que pueden hacer es abandonar la Idea y sustituirla por nuevas estrategias.

¡Claro que seguirá habiendo galerías de arte que funcionen bien económicamente, pero ahora más que nunca serán solo aquellas que trabajen con coleccionistas superpoderosos, o con narcotraficantes, o con traficantes de armas de alto nivel, o con brokers desalmados, etc., tal y como lo hacen las mejores galerías del mundo, que por algo se mantienen y son las mejores! ¡Y claro que seguirá habiendo Grandes Ferias “Basel”, pero para dar servicio sólo a los -galeristas- que son capaces de llegar a ellas! El resto, en un mundo sin Arte pero con mucho arte, se tendrá que conformar con migajas. No hay otra si lo que quieren los galeristas es dinero y además estatus. Si lo que quieren es sólo dinero aún están a tiempo de inventarse algo.

Anécdota: El bueno de Manolo Escobar de hecho no sólo perdió su carro, sino mucho dinero “gracias” al arte, pobrecillo y que en paz descanse. Cuando quiso vender el 90 % de una colección que había sido adquirida comprando a galeristas que le aseguraban la inversión (futuro) no encontró a nadie, no ya que le diera lo que se gastó, sino que le diera siquiera algo. Nada es exactamente lo que le daban por el 90 % de su colección. El otro 10 % de obra coleccionada que no quiso vender el bueno de Manolo se correspondió, en mayor o menor medida, con un cierto éxito de las compras en tanto que inversión, pero ni en el caso de que las hubiera conseguido vender (cosa improbable por extremadamente difícil) habría ganado dinero, pues habría que descontar los costes del fracaso del 90 %. Y eso en los tiempos donde aún tenía cierto sentido coleccionar, pues la gente tenía casas y por tanto... ¡paredes! Ahora no hay nativo digital que no sea plenamente consciente de su circunstancialidad laboral, sexual, económica y en definitiva vital. 

*Todos los entrecomillados están extraídos de una artículo publicado en MAKMA, pero yo estoy hecho un lío con el nuevo periodismo; ya no sé si los textos firmados por la propia revista los ha escrito un colaborador de la misma o son textos realizados por los mismos “anunciantes”. En cualquier caso es igual para los efectos.

domingo, julio 08, 2018

De la Ideología y el arte: política


El mundo de los Museos de Arte Contemporáneo, quiero decir, el de la necesidad de su existencia y el de su gestión, es complejo asunto. Tanto es así que los medios de comunicación sólo se hacen eco de lo que en esa materia dicen los -considerados- expertos en arte.

Y si ha habido algún experto en arte que en su momento mantuviera una vehemente y clara ofensiva en contra de ellos, los Museos de Arte Contemporáneo, ese es sin duda el actual director del IVAM. En efecto, resulta difícil encontrar alegatos/panfletos que de forma tan elocuente como categórica mostraran un claro rechazo hacia dos aspectos nada menores de ese mundo del que se nos presenta como experto; dos: el del Museo, los Museos de Arte Contemporáneo, en tanto que contenedores ideologizados y alienadores, y el de los Patrocinadores Privados de Arte.

Efectivamente, en su artículo “Significación ideológica del mezenazgo y de los museos de arte contemporáneo” (en Reflexiones sobre la crítica de arte, Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana), nuestro actual director del IVAM no hacía otra cosa que dejar negro sobre blanco lo que en su vida de intelectual activista proponía fervientemente a principios de los noventa. Al menos sobre esos dos asuntos.

Para nuestro actual director del IVAM los Museos no son más que dispositivos fuertemente ideologizados para inculcar una alienadora -y falsa- idea del arte; así, templos sacrosantos mitificadores y mistificadores cuyas formas de actuación sólo tienen un objetivo, perpetuar esa alienadora -y falsa- idea del arte... desligada, claro está, de la verdadera experiencia humana, la que se encuentra en la calle, y si no exactamente en la calle sí en cualquier otro sitio que precisamente no sea un Museo de Arte Contemporáneo. El arte no es algo sagrado, por lo que no admite bajo ningún concepto un espacio/contenedor (para él ya fuertemente ideologizado desde la estética arquitectónica) que muestre, ni las obras que se imponen desde la Institución que los rige (siempre al servicio de la ideología dominante), ni por supuesto esas que se hacen para identificar el arte con la vida. Para nuestro ínclito director, todo arte emanado desde el (un) Museo en tanto que Institución no puede ser otra cosa que una forma de legitimación que ayuda a perpetuar el mismo discurso que justifica esa producción que nos ofrece. En fin, el demoni.

Por eso está tan de acuerdo con Gertrude Stein cuando decía “Ningún museo puede ser moderno”, y por eso se hacía estas preguntas en el citado texto: “¿Por qué construir un edificio (separado, único, exclusivo) para contener las obras de arte? ¿no habrá otros medios de comunicación y relación espectador-obra de arte más adecuados y más relacionados con el entorno físico y cultural del lugar geográfico específico? ¿Cómo hacer para que cada obra sea particular, individual y se inserte en su especificidad contextual?”. Y por eso continúa: “Si nos fijamos, el Museo está basado en una idea, procedente del siglo XIX (época en la cual nacieron los museos), idealista del arte, dado que su principal función: conservar, considera el arte como algo eterno”.

Así, el autor rechaza las museos: “El museo conmemora, sacraliza, celebra la memoria o el genio. Se propone como templo del arte y del conocimiento. Produciendo el conocimiento del arte el museo tiende a valorizarse a sí mismo: él se crea sobre y a través del conocimiento que él mismo a contribuido a crear”. Antes de continuar un dato: justo en esa época de pleno activismo revolucionario le ofrecieron la dirección del Museo de Arte Contemporáneo de Castellón. Seguramente para no verse muy traicionado ni por su conciencia ni por sus enérgicos alegatos lo aceptó, pero cambiando el nombre de Museo por el de Espacio. Ay la conciencia...

Después está el asunto de los mecenas o patrocinadores. Ahí, el bueno de nuestro director es tanto o más radical que en el asunto anterior. Toda inversión en arte realizada por de las grandes empresas, viene a decir, no es sino una forma de perversión que conduce al arte, en última instancia, a la autocensura (“con la implicación de grandes compañías en el mundo del arte se está generalizando una amplia autocensura”). No carece de lógica su argumento, pues como todos sabemos quien paga manda. El citado texto está plagado de datos que demuestran cómo las grandes empresas inversoras en arte lo son, en principio y fundamentalmente, a beneficio propio (sic). “Parece evidente -apunta- que el mercado se ha convertido en el principal organizador de la vida artística” (sic).

Por todo ello resulta como mínimo curiosa, ahora (?), la actitud del actual director de uno de los más prestigiosos Museos de Arte Contemporáneo del Mundo. En su reciente entrevista aparecida en la revista de papel MAKMA parece amar a los coleccionistas/mecenas/patrocinadores/inversores, pero no igual a todos. Ama mucho más a los que más ponen. En y para su proyecto, claro, el proyecto de dirigir un Museo de Arte Contemporáneo clara e inevitablemente ideologizado, ¿no?

Ante la pregunta del entrevistador Salva Torres “¿El IVAM, como museo público, se enfrenta al auge (sic) de la iniciativa privada por dejadez de las instituciones públicas en relación con la cultura?”, nuestro asertivo director responde “Que quede claro, si alguien se gasta dinero en comprar arte, muchísimo mejor que si se lo gasta en un yate” (sic). Siendo ese Coleccionista Privado potencial -o fáctico- quien después, ya con una gran colección, será bien visto por él, el Director del Museo, sí y sólo sí, cede su obra al Museo o aporta grandes sumas de dinero al mismo: “De manera que yo amor al arte, todo, pero soy del amor al arte de Soledad Lorenzo, que cede su obra al Reina Sofía, de Martínez Guerricabetia, que cede su obra a la Universidad de valencia, de los coleccionistas americanos que dan 200 millones de dólares [y lo repite], 200 millones de dólares, para la ampliación del MoMA. Yo soy de esos”. Pocos ascos, pues a los Coleccionistas Privados (Grandes Empresarios) con independencia de cuál sea el lugar de procedencia de las fortunas que les han permitido ser coleccionistas. Y no me refiero a los por él citados, por supuesto, sino a los que debido a una iluminación cambien su fea costumbre de comprar yates por la humanitaria de ponerse al servicio de la ideología dominante. Poniendo, pues y en cualquier caso, que es lo que verdaderamente importa.

Curioso, insisto, porque no tengo nada en contra de quienes cambian de opinión, pero algo me resulta sospechoso cuando en la “nueva opinión” de alguien hay algo que niega contundentemente  todo un pasado de activismo revolucionario basado, precisamente, en la confrontación con lo que ahora acepta no sólo con normalidad sino con ansiosa satisfacción. Es como si un político en ciernes dijera que sólo pueden gobernar políticos que vivan en barrios periféricos y que acudan en metro al centro, y una vez consolidado como político se comprara un chaletazo en una urbanización de ricos con una piscina que pareciera salida de un cuento de Los Pitufos. Lo mismo.

No sé, pero el caso es que quien hace unos días despotricaba de los museos y su inevitable ideologización -devastadora y alienadora- ahora pide más espacio contenedor y por eso propone una ampliación, “porque el IVAM necesita otros espacios”.

Notas. 1.Para más información puede revisarse el folleto publicado por el IVAM “Hazte amiga hazte amigo del IVAM”, en donde se distinguen tres categorías jerárquicamente de menor a mayor (por aportación económica): Amig@s del IVAM, Miembros de honor y Patrocinadores del IVAM. 2.Resulta que ahora la mejor parte de la Colección del IVAM es, para todo el mundo (incluso para quien entonces se declaraba anti-formalista puro), la que se acometió con el Director más formalista de todos los que han pasado por el Museo: José Manuel Bonet. No deja de tener su gracia.




martes, julio 03, 2018

Aclaración al post anterior



Un par de personas me han dicho que no han entendido muy bien el post anterior. Tiene su lógica si presuponemos que no se sabe quiénes son los personajes protagonistas de la fotografía. Una fotografía que habría sido absolutamente impensable hace unos pocos años. A nadie, digo, a nadie, se le habría ocurrido que para informar de una exposición de arte se podía poner en prensa una fotografía con 4 políticos. Hace unos pocos años les habría parecido, a todos los artistas (implicados o no en la exposición), una autentica aberración el que los políticos ocuparan la fotografía que informaba de una exposición colectiva. Pero ahí están ellos, orgullosos... con sus medallas dentífricas, dejando claro que detrás de ellos hay una de esa obras realizada por un artista/súbdito, casi anónimo.

Nota. Cuando digo 4 políticos no se me escapa que habrá quien sólo vea 2 y que, quizá alguien un poco más avispado vea sólo 3. Pero la realidad es que todo director de un Museo es, en este mundo hiperideologizado y configurado por los poderes fácticos coyunturales, un político puro. Como lo es todo comisario desde que el arte perdió su mayúscula, es decir, desde que el arte fuera definitivamente fagocitado por la Institucion.
Para más información ver siguiente post.

jueves, junio 21, 2018

Una fotografía tan significativa como definitoria


Aún hay gente que cree que la realidad es algo distinto de aquello a lo que nos confrontamos de forma directa. Y por tanto son muchos, pero muchos, los que creen que la realidad es eso sobre lo que -ellos mismos- proyectan su deseo. O dicho de otra forma, son muchos los que ignoran que la realidad son los textos que nos definen y configuran en tanto que seres humanos; muchos los que ignoran que no somos sino puro texto. El ser humano se narra -a sí mismo- en su inevitable angustia ante el fatídico hecho de la muerte. Así, los textos no son otra cosa que aquello que configura nuestro anclaje en un mundo sin sentido; son los textos (las narraciones, las fotos, los acontecimientos, las novelas, las películas, los objetos e incluso los mismos sujetos en tanto que figuraciones “construidas”) lo único con lo que contamos para explicarnos a nosotros mismos, lo único que hay y por tanto lo único que “sirve” para conferirnos un cierto sentido. Es a los textos a lo único que podemos recurrir para saber algo de nosotros.

Pero son muchos, pero muchos, los que creen que la realidad es eso sobre lo que -ellos mismos- proyectan su deseo, de tal forma que asignan a la realidad unas cualidades puramente fantasiosas. Y por ello viven en una realidad límbica, ilusoria.

Así, por ejemplo y tal como apuntábamos en el post anterior, son muchos, pero muchos, los que elaboran productos en nombre del Arte sin haberse percatado de que ya hace muchos años que no hay tal cosa, Arte. No es una cuestión de empeño personal (lo digo para quien no haya leído más que un puñado de artículos), sino de pura evidencia textual. Todos, absolutamente todos los signos que se producen en torno a noticias que pretenden hablar de Arte no hacen más que desmentir su existencia si nos atenemos, eso sí, a lo que creen sus propios protagonistas (que son todos los que conforman el mundo del arte: artistas, coleccionistas, galeristas, comisarios, periodistas, consultores, concejales, artistas, alcaldes, ministros...) Y aquí se encuentra la clave del asunto. Son los propios protagonistas los que a pesar de las evidencias textuales que se les ofrecen a diario siguen pensando en el Arte como el producto de la Imaginación Libre que es configurado por personas de extremada complejidad y sensibilidad que se expresan libremente desde su propia autenticidad muchas veces insuficientemente comprendida. Es decir, siguen pensando igual que se pensaba antes de la caída de Lehman Brothers y del invento de las redes sociales.

Aquí una fotografía aparecida ayer en el periódico. Obsérvese quiénes son los protagonistas del “hecho artístico”. Esto hace un puñado de años habría sido impensable. Y conste que no hay ni un ápice de nostalgia en mis argumentos. Lo que hay es, sólo, un atenerse al signo (texto) que demuestra mis tesis: hay mucha, pero mucha gente, que cree que la realidad es aquello que proyectan desde su deseo.

[Pie de foto: Ricard Silvestre (comisario de la exposición) con Vicent Marzá, Carmen Amoraga y José Luis Pérez Pont ante una de las obras]

A propósito de la inauguración de una exposición colectiva de 33 artistas cuya obra ha sido adquirida por la Generalitat Valenciana en 2017. Y después te encuentras -por ahí- a los dirigentes y políticos y te dicen que en realidad no les gusta salir en las fotos.



domingo, junio 03, 2018

Del artista en la era digital

(También podria haberse llamado Carta abierta a los galeristas)
A nadie le afectan ya sentencias que den por acaecida la muerte del arte. Es más: por aceptadas ya resultan hasta cansinas. Y cuando digo a nadie hago fundamentalmente referencia a esas personas que se dedican, aún y curiosamente, a generar productos en nombre del arte con unos u otros fines, siempre legítimos. O dicho de otra forma: los artistas no dejan de producir aún cuando puedan sospechar que, de alguna manera, el arte ya no es lo que era. Así, por fin, ¡porque que ya era hora!, los artistas del hoy son inevitablemente escépticos ante un mundo, el del arte, que aparenta ser (existir) sin poder hacerlo realmente dadas las condiciones que rigen las sociedades sociales actuales (Internet y RRSS). Lo he dicho en algún que otro artículo, alguno publicado en esta misma revista: 1. El último fin del Arte Moderno fue su democratización ( “Arte=Vida” y “Todos somos artistas” Beuys dixit), 2. La democratización del arte ha sido posible, de forma definitiva, gracias a las potencialidades tecnológicas.

¿Qué pueden hacer entonces ante estas circunstancias los aspirantes a artistas? Sólo tienen dos opciones, pero si eligen una deben renunciar a la otra. No son compatibles. El problema que sufren los aspirantes a artistas, que generalmente se pasan la vida quejándose de la falta de coleccionistas, de la falta de espacios dedicados al arte emergente (sic), de no tener acceso a ferias, del nimio caso que reciben de las pocas galerías que quedan en las calles, del la falta de cultura de los ricos que prefieren gastarse el dinero en yates, de los políticos que no los eligen para sus exposiciones sufragadas con dinero público... emerge, pues, ante el hecho de quererlo TODO. Abrazan eufóricos la democratización porque les permite estar en la calle (Vida), pero sin renunciar a lo que en el fondo más desean: tener un valor económico justo (sic) en el mercado. Un valor económico justo que les dignifique.

Pero TODO no puede ser, como bien deberían saber los adultos. O se acepta la (siempre deseada) democratización, y por tanto no cabe ya ninguna queja posible porque con ella se ha renunciado a todo lo que huela a elitismo cultural, o seguimos creyendo en el elitismo de la Alta Cultura y entonces debemos renunciar a todo acto popular y populista, no tanto porque queramos o no cuanto porque resulte incompatible. Así, a los aspirante a artistas no les cabe más que elegir entre una de las dos opciones, o la de ser unos hippies de su mercancía (siendo +- pobres) o la de ser unos esclavos del mercado (siendo +- ricos). No hay otra. Otra cosa es que, después, pueda entrar en juego el factor suerte (tan capitalista él), y éste haga de un hippie una estrella de la creación. Lo que en el fondo TODOS desean.

Hagámonos dos preguntas e intentemos que sus respuestas clarifiquen este embrollo:
  1. ¿Cuál ha sido y sigue siendo el mecanismo de legitimación de un artista real (artista real: el señalado por la Institución, que es el Mercado)? Respuesta: aquel que precisamente lo sitúa en un mercado y otorga un precio “indiscutible” al producto en ese mercado. ¿El mecanismo, entonces?: ser elegido por alguien con peso en el mercado del arte -todos desean ser elegidos- que te exima de ser un hippie, con lo que ello te obliga a aceptar: que tu valor en el mercado conlleva el reparto del beneficios con terceros, muchas veces a varios terceros y a veces mucho más elevados que los propios beneficios del artista.
  2. ¿Qué hemos entendido siempre por un “mercadillo hippie”? Respuesta: aquel lugar en el que el creador es el mismo vendedor de su producto. Cobra por su mercancía pero jamás por su faceta de vendedor (que es la faceta propia de un tercero). 
Así pues, conclusión: está muy bien que los artistas sean hippies y está muy bien que se generen condiciones para que la (deseada) democratización vaya generando canales por los que los artistas lleguen al pueblo. Lo que no está tan claro es que los artistas quieran nadar y guardar la ropa simultáneamente. Si son hippies no podrán quejarse nunca más de ser unos incomprendidos. Nunca. Así, insisto, está muy bien que los artistas renuncien a los intermediarios y generen su particulares formas de venta directa, e incluso está muy bien que en su fuero interno deseen que algún intermediario importante se fije en ellos aún cuando ello suponga venderse al maldito mercado capitalista. Digo yo.

Mientras a los intermediarios profesionales (las galerías de arte) no les importe que sus artistas se comporten como hippies cuando les venga en gana rompiendo las reglas del juego (las que permiten a un artista tener un precio estable en el mercado), yo no soy quién para criticar nada a nadie. O sí, si lo que quisiera es exigir a alguien cierta coherencia. La verdad es que no me hacen demasiada gracia quienes reivindican el hippismo si lo que en su fuero interno desean es un chalet de lujo en una urbanización privilegiada. Porque suelen ser unos engreídos muy cansinos que se pasan media vida quejándose. Pobres galeristas, que son los únicos que parecen no haberse enterado de nada...

sábado, enero 27, 2018

El arte de la ideología y la risa

De verdad es que salgo de uno y me meto en otro; no sé qué va a ser de mí, porque los ataques de risa me dejan el cuerpo dolorido. Y además están sobrevalorados, no son elegantes. Tampoco me gustaría parecer exagerado pero es que la realidad siempre acaba por superar cualquier fantasiosa previsión. Lo último es ya hilarante desde el propio título del artículo. ¿O era una noticia? En fin, que ya no se puede condensar más gracia en un título a pesar de la extrema gravedad y seriedad que pretende su abstracto autor*. Veamos si puedo escribirlo de tirón: “CREACIÓN Y PUEBLO: EL ARTE COMO RESISTENCIA”. Traduzco: El pueblo unido en la creación sólo puede dar de sí un arte (decente), el de la resistencia. Bueno, más o menos. El caso es que es ¡tan marxista! Y no es que tenga nada en contra del lenguaje marxista más allá de su indiscutible anacronismo y de su patética autoconsciencia moral, es simplemente que por todo ello me parece hilarante.

Quizá hiciera falta, antes de continuar, situar el texto en cuestión, el del artículo/noticia, en su contexto. Se trata de un texto/noticia publicado/a en una revista cultural-digital que hace referencia a una exposición que se exhibe en el Centre del Carme, uno de los Museos del Consorci de Mueseus, una exposición llamada Creación y Pueblo. Así pues, y esto resulta tan relevante como definitorio, se trata de la reseña (?) de una exposición exhibida en un Centro de Arte Institucional sufragado con dinero público y amparado por el Gobierno de turno. El director del Consorci lo explica: “Creación y Pueblo es una exposición producida por el Consorci, de carácter colaborativo que transgrede el ámbito del centro de arte para involucrar a toda la ciudadanía desde diferentes perspectivas”. Aquí no hay nada que traducir, todo es demasiado literal en la transmisión de su ideología. Otra cosa sería entender realmente el significado de los conceptos colaborativo, trangresión y (toda la) ciudadanía. O mejor, otra cosa sería dilucidar la relación de esos conceptos con la verdad de los hechos. O incluso con la efectividad.

Parece mentira, pero a estas alturas de la vida haría falta recordar algo tanto a la comisaria, como al director del Museo, como a los artistas de la muestra: que estamos en la era digital, es decir, en la era de la hiper-información y de la hiper-comunicación. Así, si hay algo que distingue a un ser analógico de un ser digital es que el primero podía intuir algo acerca de su alienación mientras que el segundo sólo puede tener la absoluta certeza de ello. O por decirlo de otra manera: en la era analógica (en la que habitó esa era del Arte que duró poco más de 200 años) el problema capital -desde el punto de vista ideológico- era el de creer o no en la distinción entre Arte elitista y arte popular, mientras que en la era digital esa distinción resultaría patética, pues el arte se ha integrado definitivamente en lo social, se ha, por fin, democratizado. Es decir, el objetivo último del Arte Moderno, el de igualar el Arte con la Vida (recuerden: Arte=Vida) se ha hecho realidad, quizá incluso a su pesar, tal y como intentaremos demostrar. O por decirlo ahora con un ejemplo: no es lo mismo ser (supuestamente) combativo y activista cuando TODA la información NO estaba al alcance de cualquiera (era analógica), que cuando TODO el mundo ya sabe eso que denuncian y combaten los artistas de forma absolutamente manierista y sofisticada...  y además desde una atalaya inevitablemente elitista, la del Museo Institucional. Así, la ingenuidad de Hans Haacke o la de Joseph Beuys pudo ser relativamente perdonable porque el Arte podía concebirse como una vía de información a la que no TODOS podían acceder, una vía que podía resultar medianamente creíble en la medida en la que fundamentaba su activismo en el rechazo de lo institucional, sin embargo resulta verdaderamente patético que los artistas se crean hoy en día provocadores de algo. Y ya no tanto por decir lo que ya TODO EL MUNDO SABE, que también, sino por hacerlo a rebufo de los mismos requerimientos de la Institución Político/Ideológica que va y resulta es más radical que ellos, los artistas. Qué risa.

Para justificar la exposición su comisaria habla de desequilibrios sistémicos en nuestra sociedad para concluir: “Desde la idea de que todos estamos al servicio de un sistema establecido, los artistas invitan al público a reaccionar” […] “La práctica artística puede ser definida como un ejercicio de libertad que se opone a la complacencia generalizada y a la homogeneización de un mundo cada vez más global. Si el arte transforma la realidad, o trasciende las ideas desde la marginalidad, el arte resiste creando”.

¿Ven ustedes a lo que me refiero? Lean de nuevo las explicaciones de la comisaria si no les es de mucha molestia. No puede ser más hilarante un discurso que sólo se sostiene desde el voluntarismo buenista y simplón. Supongo que no haría falta señalar la extrema simplicidad que emana de la idea explicatoria genérica; que es ésta: porque todos estamos al servicio de un sistema establecido... los artistas invitan al público a reaccionar. Así, una vez más y como si no hubiera pasado el tiempo (Lehman Brothers, Internet, Big Data, Redes Sociales), estamos de nuevo ante los artistas como seres iluminados, mesiánicos. Por otra parte ¿por qué aceptar que la práctica artística es un ejercicio de libertad cuando vemos que la intención de los artistas coincide a la perfección, ¡oh casualidad!, con la de los Poderes Fácticos? La Institución Política, es ahora (en la era digital=Corrección Política) la perfecta abanderada de todas las causas justas. Que otra cosa distinta a la auto-promoción de los Poderes Fácticos es lo que hagan después esos Poderes Fácticos en connivencia con el Mercado. Es precisamente la Instittución Política la que a través de sus Concejalías de Cultura y sucedáneos se limpia la deteriorada imagen usando a los artistas, comprándolos, y los artistas los que acuden raudos con el mocho a limpiarla para que ésta tenga una buena imagen. Y lo peor es que lo hacen por un puto plato de lentejas. Y perdón por perder las formas.

Además, ¿por qué presuponerle al público (al que tanto dicen respetar) una -intolerable- complacencia generalizada? ¿Acaso no podría ser abonable la tesis de que al público le proporciona cierto goce la alienación? ¿Y qué decir de la homogeneización, no es eso lo que al fin y al cabo pretende todo discurso buenista: homogeneización, igualdad, recorte de las diferencias? Por otra parte, ¿el arte transformador de la realidad... existiendo Internet? Me muero de risa de nuevo, no lo puedo evitar. En vez de decir que el arte resiste creando, ¿no sería mejor decir que la creación resiste a pesar de ese ejército de paniaguados engreídos que conforma ese mundillo del arte que patéticamente se resiste a reconocer el acabamiento del Arte (que se produjo desde que precisamente el arte se integró en lo social)? Tal y como decía en el post anterior, nunca en la Historia se había visto tanto supuesto activista comprometido chupándole el esfínter al Poder de forma tan perfecta.


*El artículo/noticia se encuentra en a revista cultural MAKMA y está firmado/a por la misma editorial. Aquí el enlace para quien lo quiera leer: https://www.makma.net/creacion-y-pueblo-el-arte-como-resistencia/

lunes, enero 22, 2018

Es que me muero de risa con el mundillo del arte III




En Valencia, es sabido, tenemos un Consorci de Museus, que vendría a ser algo así como un... Consorcio de Museos... pero netamente propio, decididamente nuestro, necesariamente autóctono. Y por tanto y por eso más dispuesto a ayudar a (uno de) “los nuestros” en sus políticas culturales y a hacerlo, claro, en una lengua algo menos internacional que la que usa el 90 % de los ciudadanos valencianos y algo menos internacional que la que usan TODOS lo turistas extranjeros. Así pues, un consorcio que, entre otras cosas, entona un reivindicativo Vixca Valencia en su ambiciosa programación. Al menos lo entona en relación en un porcentaje muy importante de lo exhibido.

La última del Consorci es una actividad llamada Transversalia, y cuyo objetivo se cifra según ellos mismos en “la educación por el arte”. Según leo “un proyecto educativo realizado en colaboración con CEFIRE, que pretende introducir las prácticas contemporáneas en el ámbito educativo ofreciendo herramientas pedagógicas al profesorado sobre el arte actual como la forma de implementarlo en su labor educativa con los jóvenes”. Ante lo que yo me pregunto, ¿qué es una práctica contemporánea? No lo sé, no lo sé. Pero para despejar la duda quizá sirva, al menos como pista, la foto que los mismos organizadores dan a la prensa para ilustrar la propuesta. En ella se ve a un grupo de mujeres (?) (entre 15 y 20) sentadas con fotos, cartulinas, tijeras y pegamento de barra. (De todas formas yo antes me preguntaría al más puro estilo pujoliano “¿qué coño es eso del CEFIRE?)

El director del Consorci de Museos se explica, “Tansversalia busca potenciar y generar un alcance mayor en las transformaciones que se están realizando en el ámbito de la educación artística, tanto mejorando el conocimiento que tiene el profesorado sobre el arte actual como la forma de implementarlo en su labor educativa con los jóvenes”. Ahora la pregunta puede ser ¿cuando hablamos de jóvenes de qué estamos hablando: de esos que van del Netflix al Instagram y del Instagram al Arenal Sound? ¿De esos que saben de “arte actual” más que sus profesores en la medida en la que saben lo que les gusta (“me gusta”) ante un maremágnum de casi infinitas posibilidades que le ofrece una ventana al mundo con la que interactúan más de 2 horas al día? ¿De esos que por tanto se descojonan de cualquier Institución que les intente inculcar una idea fija, que es la que al fin y al cabo propone un (cualquier) Centro Oficial o la que propone un (Gran) Relato Oficial por muy ecléctico que pretenda ser? Porque sólo un inútil creería que por ofrecer cosas variopintas no existe un claro común denominador en todo lo exhibido desde un Centro de Arte Contemporáneo, siempre perfectamente ideologizado, precisamente desde que Internet sustituyera al Gran Relato y las Consejerías de Cultura tuvieran más poder que los mismos comerciantes de productos supuestamente artísticos y muy comprometidos (con el problema de la identidad, del lenguaje, del acoso, del poder, del género, de la alienación, de la realidad, comprometidos en definitiva con “nuestro tiempo”); común denominador que por tanto es previo y mandatado, o sea, común denominador que en la experiencia estética hace prevalecer la presencia colosal del continente por encima de la nimia, anecdótica y coyuntural del contenido.

Lo que hicieron los artistas modernos fue precisamente reivindicar la Libertad en la creación frente al Poder autoritario que suponía el Antiguo Régimen (repleto de Reyes, aristócratas y otro déspotas). Y los contemporáneos fueron (son) quienes en teoría deben reivindicar esa Libertad (ya) Plena frente a las instancias del Poder, siempre necesariamente contaminadas de ideología cuando no de pura putrefacción, ¿no? Pues bien, no he visto nunca tanto artista (y ahora me remito a Tarantino) comiéndole la polla a los poderes fácticos de forma tan descarada, y dejándose comprar por un miserable plato de lentejas. Precisamente, ya digo, mientras se presentan como los abanderados de la denuncia y el activismo. Y mientras se creen luchadores éticamente comprometido por causas justas. En fin, que una vez más me da la risa. Soy un flojo, qué le vamos a hacer.


Post Scriptum. Tengo un amigo fotógrafo que ha renunciado a exponer en la mejor sala expositiva del Centro del Carmen, renunciando por tanto y entre otras cosas al dinero que le reportaría y a los beneficios que le proporcionaría tener un montón de obra producida gratuitamente. Y lo ha hecho precisamente porque no se cree nada de este asunto del Arte Contemporáneo. Nunca nadie lo sabrá salvo él y yo. Mi genuflexión ante él.

lunes, enero 15, 2018

Es que me muero de risa con el mundillo del arte II

Hace unos días aparecía esta noticia a toda página en la contraportada de El País:

“Una exposición repleta de falsos 'modigliani'”

La contundencia de la noticia se vale por sí misma, ya no tanto por lo que dice cuanto por lo que significa. Decir repleta no es decir cualquier cosa, es decir, repleta. Tal y como el mismo subtitular reza con un tipo de letra intermedia:

“Un informe policial asegura que un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”

Lo cierto es que el Arte Moderno y Contemporáneo tienen sus cosillas. De hecho, son las cosillas que envuelven a ese Arte Moderno que comenzó a imponerse a finales del XVIII las que de forma previsible nos condujeron a su inevitable acabamiento. Y así le ha ido al Gran Relato que fue la Historia del Arte: que ha desaparecido en los bajos fondos de la Revolución Tecnológica. Aunque haya tanta gente que se muestre reacia a percatarse de esa desaparición, bien por inercia, bien por melancolía, bien por intereses económicos.

Así que el Arte fue un sueño -de la razón- que transcurrió entre Revoluciones, la Francesa y la Tecnológica. Ese periodo de tiempo en el que el Arte se imponía a dedo... ya no por Reyes, como en el Antiguo Régimen, sino por Expertos; críticos, exegetas, historiadores, marchantes, políticos y narcotraficantes. No hay persona mínimamente informada que no sepa que el Arte Moderno surge, precisamente, cuando la maestría y la excelencia (de un arte al servicio del Poder) fueron sustituidas por la sinceridad y la autenticidad de unos seres (artistas) que justificaban su presencia en el hilo narrativo de la Historia a partir de un relato hiper-racionalizado, valga la paradoja y en contra de las apariencias.


El caso es que ¡“Un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”!, dice la noticia […]. Perdón por la pausa, pero es que me da la risa y me cuesta escribir, se me emborrona la tinta con los lagrimones que se me escapan involuntariamente. Sobre todo cuando pienso en los más de 100.00 visitantes que salieron del Palacio Ducal cachondos por la ingesta de Alta Cultura. Si verdaderamente fueran dignos de tanta cultura exquisita exigirían la devolución del dinero de la entrada, y los padres y profesores pedirían compensación por los daños y perjuicios causados por la pérdida de autoridad ante hijos y alumnos. Me meo. Perdón, pero es que me imagino a esos profesores de instituto intentando culturizar a los amantes de Netflix señalando la genialidad de lo que habían hecho unos cuantos mindundis... y me meo. Perdón de nuevo, pero es que leo las conclusiones de la experta (Isabella Quatttrocchi) que ha analizado las obras expuestas, “están vulgarmente falsificadas” y es que no lo puedo evitar, me meo. Y perdón.

Para completar información:
https://albertoadsuara.blogspot.com.es/2017/08/es-que-me-muero-de-risa-con-el-mundillo.html

jueves, agosto 17, 2017

Es que me muero de risa con el mundillo del Arte

Es que me muero de risa con el mundillo del Arte

Al parecer hay alguien que ha decidido “comprobar si en la era digital aún es posible crear historias fraudulentas”; se trata del subtitular de una noticia que ocupa media página (con 2 fotografías) en la sección de cultura. Ante lo que yo me pregunto en estos mismos términos, ¿cómo que si es posible… en la era digital… ¡aún!… crear historias fraudulentas? ¿Cómo que “aún”? ¿En la era digital? ¿En la era que definitivamente ha convertido en ingenua, cuando no en estúpida, toda posibilidad de creer en la existencia de Verdad alguna? ¿Precisamente en esta era, la era que por carecer de Verdad, entre otras cosas, se encuentra promiscuamente disponible al engaño y al fraude?

Así que me digo a mí mismo, a quién si no, sólo un idiota dudaría acerca de la capacidad de la red -en tanto que medio de comunicación masivo, universal e incontrolado- de generar mentiras. Incluso las más grandes, diría. Es más, sólo un idiota creería en la inocencia de la red, me sigo diciendo, sólo un idiota pondría en duda la perfecta capacidad de mentir de la red, la capacidad de generar engaños. Y no tanto de mentir como de “inventar”, de “crear” contenidos que nada tienen que ver con Verdad alguna, continúo diciéndome, porque ha sido precisamente la red la que ha convertido a todo Dios en la más genuina representación del escéptico con ansias de creer en algo, en la más pura representación del no-Dios más gnóstico. El ser digital es lo que tiene, me digo, que es (tiene que ser) escéptico por necesidad, pero siempre dispuesto a abandonar su –mal llamada- zona de confort para generarse “ilusiones”. O mejor, que es (tiene que ser) escéptico porque sabe perfectamente que la red está ahí, entre otras cosas para engañarle (con la invención de historias, muertes falsas de famosos, suplantaciones de identidad, definiciones falsas, recreaciones mentirosas, noticias imposibles, imágenes que mienten sobre lo que dicen ser ...). Así, sólo un idiota podría sentir la necesidad de demostrarnos que la red puede engañarnos, sólo un idiota haría un esfuerzo por demostrar lo que todo el mundo sabe (aunque lo sepa sólo por pura supervivencia).

La lectura completa del titular y el subtitular nos saca de dudas (y a partir de ahora cambiaré el nombre propio del protagonista de la noticia por el de Perico, pues no es mi intención escribir ad-hominen): “El fotógrafo Perico contó con la complicidad del IVAM para inventarse un artista valenciano, con la intención de comprobar si en la era digital aún es posible crear historias fraudulentas”.

Así, ya tenemos más datos: un fotógrafo, Perico, ha decidido comprobar si es aún (¿) posible en la era digital crear historias fraudulentas y para ello ha decidido elaborar un plan que debía contar, misteriosamente (pues nada hace que tengamos que vincular una intención en principio netamente sociológica al asunto del Arte), con la colaboración de la máxima representación de una Institución, en este caso la del Arte, un Museo de Arte Contemporáneo. Y por otra parte (o antes que nada) está el titular, ya en un tipo más grande, que reza “La falsa historia del fotógrafo Ximo Berenguer”. Así, entre una cosa y la otra tenemos el resumen de la noticia: un fotógrafo, Perico, se ha inventado a otro fotógrafo, Ximo, para poder demostrar que, muy probablemente, aún es posible crear historias fraudulentas en la era digital. ¡Qué grande este Perico! Y además no lo ha hecho a solas, sino que lo ha hecho con la complicidad y connivencia de un gran Museo. Definitivamente este Perico no tiene nada de idiota, por mucho que sólo un idiota pueda dudar acerca de la capacidad de la red de crear historias fraudulentas. Qué risa con la paradoja.

Pero en realidad hay que leer la noticia para entender de verdad de qué va la cosa. Sólo así uno puede enterarse de que el fotógrafo no es un fotógrafo cualquiera sino un Premio Nacional de Fotografía; de que fue él mismo quien desveló el engaño que había creado, lógicamente para un público súper-enrrollado y muy poco exigente con la adquisición de conocimientos (¿ontológicos?); de que lo desveló, ¡o casualidad!, el mismo día de la presentación de su producto artístico, el que demostraba que sí, que aún se pueden crear historias fraudulentas; un producto que no sólo estaba/estaría a la venta sino que en parte ya había sido adquirido por el IVAM… y por otras instancias vinculadas al mundillo/mercadillo del Arte.

Pero hay más: conforme se va leyendo la noticia y se van descubriendo nuevos datos sin duda más graciosa se torna. Al menos para quien conociendo las estrategias del mundillo, no deja, a pesar de todo, de sorprenderse cuando las ve funcionar tan bien entre… los propios del mundillo, sobre todo a estas alturas de una más que cuestionable  existencia del Arte. Aunque no tanto para aquellos que nunca dudaron sobre las capacidades maléficas de la red, que nada tienen que aprender (respecto a unas dudas que no comparten con Perico porque no las tienen) y sobre todo nada que comprar. Así, se nos cuenta cómo el fotógrafo Perico fue generando la estrategia contaminando primero la red y buscando cómplices después. Y es en este punto -y hago un pequeño paréntesis- donde ya decido que definitivamente Perico es cualquier cosa menos un idiota… por muy idiota que pudiera ser todo aquel que dudara acerca de la posible capacidad de la red de crear historias fraudulentas. Qué risa.

Así, se nos cuenta, sigo, cómo a Perico no le bastó la colaboración y la complicidad del director del IVAM y que contó, también, con el Consejo Asesor y el Consejo Rector del museo (todos del mundillo), con un famoso comisario de arte (del mundillo), con un galerista espabilado (del mundillo y mercadillo), con una galería de arte prestigiosa (del mundillo y mercadillo), con la Facultad de Bellas Artes (del mundillo) y con la Facultad de Historia del Arte (del mundillo). En fin, con todos aquellos que con independencia de los resultados respecto a su proyecto, (que no era otro que el de resolver una duda: la de si aún… en la era digital… etc.), formaban parte de la gran familia, esto es, del mundillo y mercadillo. Y no contó con aquellos que nunca hubieran dudado acerca de la por todos conocida posibilidad de fraude que habita en la red.


Así es el Arte del hoy, o mejor, así son los artistas del hoy: personajes que se inventan unas dudas siempre profundas y “comprometidas”, las hacen extensibles a la humanidad a través de su filantropía creativa, se las resuelven entre ellos a su manera (generando productos y teorías), se las cuentan a sí mismos (mercadeando) y se la chupan en grupo. Es que me muero…

sábado, febrero 11, 2017

Premios Goya y la mujer

Un tal Jesús Mota (que no José Mota) decía hoy en El País que el IVA no era un problema relevante para la industria cinematográfica española. Lo explicaba muy bien en la misma página del editorial. Con una reducción del IVA al 10% en vez de al 21% no se solucionaba el problema que la industria dice tener, que no es otro que la falta de espectadores, esto es, la falta de ingreso por taquilla, esto es, la falta de dinero con la que poder financiar otras películas, la falta de músculo en una industria en la que pocos quieren invertir.


De hecho, en los Premios Goya de este año se ha pasado de puntillas sobre el asunto. Quizá porque, como bien se hizo saber en su retrasmisión, éste ha sido un buen año para el cine español: más estrenos, más espectadores, más dinero. La cuestión es que pudiendo haber incidido en el asunto del IVA como objeto de crítica y reivindicación no se ha hecho. Y el gremio sabrá por qué, pero no deja de ser algo desconcertante. Sobre todo si sabemos lo que el gremio disfruta regodeándose en la denuncia y en la reivindicación activista.


¡Y tampoco hay ninguna Guerra contra la que “luchar”! [O sí, pero fuera de España, lo que al parecer la hace irrelevante para los cómicos españoles. "No a la guerra" sólo si está en ella involucrada Españita].


Así, ¿qué hacer en los Premios Goya este año?, ¿qué hacer para no abandonar ese espíritu crítico, reivindicativo y activista que tan cachondos les pone a los del gremio? Pues fácil, buscar un asunto que les permitiera seguir con la queja, la denuncia y la reivindicación; y nada mejor (a falta de otro más coyuntural) que el asunto de la mujer y su discriminación(?). Que ese nunca falla.


Y por ese lado se escoró este año la “necesaria” carga ideológica que al parecer debe contener la anual entrega de premios. 


[Por cierto, desde que escribí el último post ](http://albertoadsuara.blogspot.com.es/2017/01/mujeres-y-arte.html) a ahora se ha publicado en MAKMA otro artículo sobre el asunto (http://www.makma.net/el-arte-de-vender-arte/). Habla la Asociación de Galerías de Arte de la Comunidad Valenciana, compuesta por 18 galerías de las cuales 16 se encuentran dirigidas… ¡por mujeres! ¿Y qué se dice en el reportaje escrito por la infatigable reivindicadora Bel Carrasco? Pues que se necesita más presencia de la mujer en el mundo del arte.


Pero ¿acaso es que su presencia es realmente poca?* Desde luego que, dada la cantidad de mujeres que dirige y representa el sector comercial de ese mundo vinculado a la sensibilidad, podría decirse que NO, que su presencia es incluso abrumadoramente mayoritaria. Sin embargo siguen quejándose de la poca presencia de artistas-mujeres en las galerías de arte (?), exponiendo en galerías de arte.


Seguro que a estas alturas del post ya hay gente que cree tener la respuesta a ese desfase señalado por las mujeres a modo de denuncia. Seguro que hay gente que piensa que todo el mal (que se significa en esa diferencia cuantitativa respecto al hecho expositivo) proviene, cómo no y una vez más, de las estructuras patriarcales tradicionales y machistas que impiden a las féminas estudiar carreras como la de Bellas Artes.


Pero resulta que NO: que tal y como en los dos artículos se deja bien claro (tanto en el publicado en El Mundo y comentado en anterior post como en el recientemente aparecido en MAKMA), ya hace años en los que el porcentaje de mujeres que estudian Bellas Artes supera con creces al de los hombres; ellas mismas lo dicen: un 70% de mujeres respecto a un 30 % de hombres.


¿Entonces, qué es lo que quieren las galeristas cuando en los medios exigen más visibilidad para las de su género?


¿Pero no son ellas las “dueñas” del arte que se exhibe? ¿No son ellas quienes programan su exposiciones y quienes eligen a los artistas?


¿Entonces, qué es lo que quieren esas mujeres -que controlan la faceta expositiva de ese sensible mundo del arte- que según ellas mismas discrimina a las mujeres artistas?


Volviendo a los Goya:


¿Que quiere Ana Belén cuando en los Goya pide -toda seria y circunspecta- más presencia de la mujer en el cine? ¿Que haya más actrices? No lo creo, las hay a montones (con o sin trabajo). ¿Que las actrices se planteen dirigir? Tampoco lo creo. Nadie tiene por que hacer aquello que no le apetece, como bien sabe la propia Ana Belén ¿Que haya más protagonistas femeninas? No creo que sea eso lo que pidiese, ya que con esa reivindicación sólo estaría haciendo alarde de una tremenda incultura (véanse programaciones). ¿Que haya más directoras? Bueno, pero ¿salidas desde qué grupo de mujeres estudiantes (o no) que no muestran interés por la dirección cinematográfica?¿O acaso es que hay grandes directoras discriminadas y humilladas por la industria sólo por el hecho de ser mujeres? ¿Entonces? ¿Y por qué más directoras y no, por ejemplo, más sonidistas? ¿Será que hay más sonidistas hombres que mujeres porque el sonido les interesa más a los hombres que a las mujeres? ¿Qué tiene la dirección que no tenga el sonido para que resulte más glamourosa su reivindicación? ¿Quién quiere ser sonidista? 
¿Por qué entonces se ponen tan cachondos los del gremio cuando Dani Rovira o Ana Belén (y otros) reivindican más presencia de la mujer en el cine si no es porque lo que les pone cachondos es sólo el hecho de reivindicar -lo que sea- con la queja, el lamento y el enfado por en medio?


[Pero volvamos al artículo de MAKMA (sobre mujeres galeristas)].


Para la peridista del artículo “El arte de vender el arte”, la tarea de vender arte es “Una tarea que exige combinar cualidades diversas: espíritu empresarial, visión comercial y, sobre todo, sensibilidad artística para detectar nuevas firmas que reflejen las tendencias de cada momento. Además, sutileza psicológica para lidiar con los creadores y los clientes, con sus respectivas manías y exigencias. Este cúmulo de factores imprime un fuerte carácter vocacional y hace que la venta de una obra de arte pueda considerarse, en cierta manera, también una forma de arte. Un arte para el que parecen mejor dotadas las mujeres como demuestra su creciente presencia en este mundo”.


Así pues, ya lo sabemos: hay cosas para las que están más dotadas las mujeres que los hombres.


Y conviene recordar que:


Después del mandarinato de Juana Mordó en España, el mundo real del arte estuvo desde finales de los setenta muchos años en manos de Juana de Aiizpuru, María Corral, Cármen Jiménez, Helga de Alvear, Soledad Lorenzo, Elba Benítez, Elvira González, Oliva Arauna, las Moriarty, Oliva María, Rosa Martínez, Estrella de Diego, Evelyn Botella, Rosa Olivares, Pilar Parra, Marta Cervera, Elena Ochoa, Ana María Guasch... Ellas lo controlaban TODO, ellas configuraron el panorama que representaba el arte español y foráneo en nuestro territorio. Y diseñaron la estrategia de expansión. Ellas impusieron su criterio, algo contra lo que no hay nada que objetar, digo yo. ¿O sí?