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martes, diciembre 18, 2018

Jóvenes (y) psicóticos


Por cuestiones profesionales tuve que asistir, con mi amigo y compañero Antonio, a la Gala de los Premios Gráffica que este año se celebraban en Murcia. Son galas de larga duración que comienzan con la comida a la altura del esófago -algo que yo particularmente agradezco porque me gusta que las cosas sucedan siempre antes de la cena. En cualquier caso la larga duración del evento tiene una explicación que se encuentra perfectamente justificada y que además demuestra verdadero respeto a los premiados: a todos ellos se les otorga la palabra durante 15 minutos para decir lo que estimen oportuno. Así, se nos insta a llegar sobre las 15,30 con el fin de que la Gala pueda dar comienzo a las 16 h. Y para que pueda finalizar a las 20,30. Después habrá una cena convocada ya sólo para una parte restringida de los asistentes, promotores, premiados, esponsors, etc. Cuento todo esto porque resulta de suma importancia en la historia que les voy a relatar.

Llegamos al auditorio a las 15,30, claro que no por casualidad, sino más bien por haber organizado nuestros tiempos en función de ese solicitado horario. Somos 4 gatos, por lo que tenemos la oportunidad de charlar de forma más o menos tranquila con los organizadores, que en el fondo se les ve algo nerviosos ante un evento anual que se toman muy en serio. Nos cuentan que los ensayos y las pruebas (luces, intervenciones, presentador, orden, tiempos, proyecciones, ordenadores...) han salido perfectamente. La mayoría del público, eminentemente joven, va llegando sobre las 16 h., por lo que la gala comienza a las las 16,15.

Son 10 los premios que se van a otorgar y los premiados van a recibirlos de manos de alguien que previamente explicará al público los motivos por los que el jurado ha considerado adecuado otorgarles este importante Premio. Así, suben al escenario los tres componentes del grupo que has sido premiado por su “buen diseño y una excelente dirección de fotografía e ilustración que ayudan a comunicar historias íntimas y genuinas”. Tres jóvenes diseñadores que en 2008 emprendieron su proyecto empresarial que se tradujo en una revista.

Comienzan hablando de sus orígenes, sin duda no muy lejanos por motivos tan lógicos como inevitables. Sin embargo se estiran; parecen tener mucho que decir. Se turnan los tres con cierta parsimonia en discurso preparado. Parecen admirarse. Se gustan. A los 5 minutos del comienzo de su discurso -aproximadamente- comienzan lo que ellos señalan como el verdadero speech, que es el de explicar su trayectoria (?) a partir del abecedario. Así, comienzan por la A asignándole un concepto que de alguna forma les describe y que desarrollarán con proyección de imágenes. Al cabo de un rato pasan a la B. Cuando ya habían sobrepasado su tiempo en casi 5 minutos la organización les lanza sutiles señales para que vayan acortando (los personajes que se encuentran en el escenario tienen un monitor discreta y estratégicamente situado), pero ellos hacen caso omiso y siguen con su abecedario; van por la H y casi llevan 20 minutos. La organización decide cambiar de estrategia y les hacen luces que ya todo el público puede ver. Ni caso, continúan como si nada, serios, circunspectos, convencidos, orgullosos de su trabajo y de sus logros. Cuando unos minutos más tarde van por la L la organización se ve obligada a lanzar al maestro de ceremonias al escenario y expulsarlos con el mejor tono y las mejores palabras; e incluso pidiendo disculpas. No les hace ninguna gracia y bajan cariacontecidos, serios y casi malhumorados. Es claro que han ignorado perfectamente la consigna que se les ha dado y que contempla la entrega de 10 premios en cuatro horas y media. Digo ignorado por decirlo finamente.

La Gala continúa y salen otros 5 premiados que recogen su premio y desarrollan sus respectivos discursos en el tiempo que la organización ha pactado claramente con todos. Así, esos 5 discursos duran 15 minutos porque 15 son los minutos que la organización dio a los premiados para elaborar sus discursos. Fácil. Mientras tanto se ha producido un descanso de 20 minutos; de hecho el último de esos 5 es el primero de la segunda parte. La cuestión es que el citado grupo de tres premiados en la primera parte ha desaparecido de sus butacas y ya no se encuentra en la Gala. Delante de nosotros se encuentra la fila de premiados (la primera) con las vacantes, pues, de quienes ya no se encuentran. O por decirlo de otra forma, han recogido su premio y se han largado.

El maestro de ceremonias nos anuncia un nuevo premio; sale otro grupo de tres personas; tres jóvenes que han sido premiados porque “han entendido el valor de crear marca y de abordar distintos ámbitos del proyecto generando una estética y un lenguaje propios”. También se nos dice que llevan tres años en la profesión. La forma de subir al escenario, es cierto, provoca ya unas ciertas risas empáticas en el público. Sin embargo a Antonio y a mí esa formas nos parecen pájaro de mal agüero, qué le vamos a hacer, llevamos demasiados años en contacto con jóvenes y sabemos calarlos.

El aspecto de los chicos es desgarbado (¿casual?) y desde luego el comienzo de su discurso deslabazado y ciertamente inconexo; parecen estar hablando de cachondeo haciendo de sus lapsus de memoria chistes de club de la comedia. No recuerdan nombres ni fechas pero ellos mismos le quitan importancia con gestos de pasotismo cachondo. Se quitan la palabra unos a otros para hacer la gracia de turno, gracia sin gracia que sin embargo engancha con una buena parte del público, que como ya he apuntado es mayoritariamente joven. Después de la intro nos anuncian la proyección de un vídeo, concretamente el primer vídeo que hicieron antes de ese éxito en el que viven inmersos. El vídeo, feo y malo sin paliativos (y afirmo esto sin las dudas que suele generar un entendimiento mostrenco del relativismo estético/populista) dura ya más de 5 minutos. Son ellos los que han elegido ponerlo y está claro que no han querido renunciar a él. Cuando acaba su proyección piden jocosamente que a ellos no les corten el discurso porque tienen muchas cosas que decir y continúan diciéndolas con el desparpajo (impostado) que tanta gracia parece hacer al respetable (?). Bien pasados los 15 minutos de rigor comienzan a pedir que no les corten alegando que eso no tendría gracia (?). La organización parece cederles un margen, pero ellos, en vez de agradecer la generosidad deciden seguir siendo graciosos (?) y lo que es peor... pesados. Aunque fuera por respeto a los otros premiados (los que faltan por subir y los que cumplieron con los requerimientos internos; en unos tiempos estrictamente programados por la organización). No les importa que les hagan luces desde control, de hecho juegan verbalmente con ello, no les importa lo que el monitor (que sólo ellos ven) les dice, de hecho lo lee uno de ellos mientras otro va a la suya, que es seguir explicando cómo hicieron tal o cual vídeo. Parecen niños suplicando a sus padres que les den más margen de tiempo en el retorno a casa. Patético. La gente ríe (?), pero el maestro de ceremonias tiene que volver a salir para instarles amablemente a retirarse. Ellos aún continúan hablando rápido como si les faltara por decir lo más importante del discurso ya interrumpido... y salen del escenario haciendo gracias (?), que el público les ríe. Bajan y no se sientan, se van del auditorio. Je, je.

Excepto una de las premiadas, todos los demás ya no son tan jóvenes (algunos incluso bastante mayores). Todos han hecho discursos, primero agradecidos y luego generosos. Todos sin excepción han hablado del honor que les supone estar al lado de los otros premiados, gente con curriculums intachables y meritorios. Todos sin excepción se han ajustado al tiempo que se les ha otorgado; por seriedad y por respeto. Y todos los que han venido han permanecido durante el transcurso de la Gala. Sin embargo nuestros dos grupos de jóvenes empresarios/diseñadores premiados no sólo han ignorado a sus colegas premiados, todos con muchos más méritos que ellos aunque sólo fuera por su inmenso trabajo y méritos incuestionables (cosa que aún no puede decirse ellos), sino que se han permitido el lujo de abandonar el propio auditorio con excusas baratas (como después pudo verse). Cuatro horas y media es demasiado tiempo para gente que sobrepone su libertad, entendida como forma de satisfacción inmediata, a los límites que se encuentran marcados por la aceptación de normas. Porque en efecto la educación y la cortesía no son necesarias cuando alguien hace prevalecer la transgresión más creativa (?) y libre (?) sobre la disciplina, la responsabilidad y el respeto. Son, estos transgresores creativos y libres, quienes precisamente no se han enterado aún que el más alto grado de libertad se da en quienes previamente ponen en marcha el concepto de responsabilidad.

El caso es que acabada la Gala los hechos aludidos se convierten en la comidilla del grupo con el que nos encontramos hablando Antonio y yo, todos de una generación digamos que menos joven. Alguien dice incluso, “espero que no tengan la desfachatez de presentarse a la cena después de haberse ido del auditorio y haber demostrado tan poco respeto a los organizadores y sobre todo a sus colegas”. Muchos asienten, uno en concreto añade “igual se han tenido que ir por motivos de trabajo; como son de fuera...”. Pero otro dice “pues viendo lo visto no me extrañaría que aparecieran, a estos tipos les importa todo una higa, sólo saben de sus ombligos”. Allí estaban en el restaurante poco después, claro, perfectamente arremangados para engullir gambas y solomillos. Ah, otra cosa, fueron los últimos en llegar a la cena.

jueves, enero 11, 2018

Autopista a la Maldad

Se ha apuntado mas de una vez en este blog. La maldad avanza con paciencia y sin freno.

Uno perdió toda esperanza cuando vio el uso que, después de todo, se hacía de Internet. 

Antes de que se impusiera como forma de comunicación total y bastante antes de que las redes sociales se impusieran como forma de vida absoluta uno creía, en toda su ingenuidad, que Internet serviría para impedir que grandes grupos (mediáticos, financieros, políticos, empresariales) nos siguieran humillando y aplastando sin piedad. Uno creía, en toda su imperdonable ingenuidad, que una vez fuera posible la comunicación total y a tiempo real entre TODOS, no habría nada ni nadie que pudiera humillarnos a TODOS. ¡Cuán estúpida ingenuidad la mía! No sólo siguen haciéndolo sino que además lo hacen a cuerpo de rey, es decir con el beneplácito de TODOS, ya mucho más preocupados por sus Insta que por la humillación a la que les someten de forma persistente todas las compañías de telecomunicaciones. Y las de distribución de energía.

Acaba uno de cambiarse de compañía una vez más, con todo lo ello lleva de diálogos surrealistas y de trámites kafkianos. Y por tanto de pérdida de tiempo y dinero. No había forma de hacerse entender ante ninguno de los interlocutores que preguntaban acerca del motivo por el que uno quería cambiar de compañía. Uno les decía de forma concisa, reiterativa e imperturbable: “no puedo soportar ni consentir que se premie la infidelidad”. “Cómo... qué... no entiendo”, contestaban todos los sabios que tienen contratados de mortecinos tele-comunicadores. Así uno sin concesiones ante la ignorancia ética y ontológica: “No puedo entender que después de años como cliente fiel de esta Compañía uno esté pagando más que cualquiera de los que entra de nuevo, me parece una política contranatura por perfectamente injusta, además de poco agradecida”.

Algo huele mucho a podrido. Y mucho se teme uno que las Compañía de Telecomunicaciones no son las únicas responsables de sus actos y decisiones. 


Post Scriptum. Llevan años diciéndonos, tanto desde Tráfico como desde todos los Medios de Comunicación, que la inmensa mayoría de accidentes mortales se producen en carreteras secundarias. Seguramente por eso, una de las decisiones más anunciadas a principio de este nuevo año ha sido el incremento sustancial del peaje en las autopistas. PURA MALDAD. Y mientras los internautas comiendo pipas. 

jueves, mayo 11, 2017

De la impuntualidad

Esperar no en sí mismo un problema, le dije, lo que me resulta francamente repugnante es esperar a alguien con quien he concertado una cita. Nada hay más despreciable que la impuntualidad, nada más repugnante que esperar a alguien con quien se ha concertado una cita -de común acuerdo- en un lugar concreto a una hora concreta, le dije. Porque esperar es algo normal, de hecho nos pasamos la vida esperando; así, esperar no es el problema. Lo que resulta francamente despreciable es la impuntualidad, como bien sabe Reger, le dije. Como a mí, a Reger le repugnan la impuntualidad. Nada hay más despreciable que quien no se toma en serio las citas, me dijo Reger el otro día. Y es que para mí, como para Reger, la impuntualidad es imperdonable, le dije; la impuntualidad es una absoluta falta de respeto. Si hay algo que no estoy dispuesto a consentir es la impuntualidad. Los impuntuales no son sólo eso, impuntuales, no, la impuntualidad lleva consigo asociadas otras cualidades de calaña parecida pero con repercusiones quizá menos concretas. Los impuntuales son siempre gente a la que les importa muy poco el otro, así pues, egoístas, le dije; los impuntuales no pueden no ser egoístas porque les importa más bien poco el otro, como dejan claro en la misma impuntualidad. No son capaces de darse cuenta que en la espera –en un lugar concreto a una hora concreta- los minutos de espera no suceden en progresión aritmética sino geométrica; no son capaces de darse cuenta que el otro se ha preocupado por ser puntual con todo lo que eso pueda haberle supuesto; no son capaces de imaginar, si quiera de lejos, que el otro puede haber movida cielo y tierra por ser puntual, para ser puntual. Por eso los impuntuales son despreciables, porque además de ser egoístas infligen un mal a aquel con el que han adquirido un compromiso. Los impuntuales son malos, son malas personas, y por eso son despreciables. Sé que hay gente, le dije, que creerá desmesuradas mis opiniones, pero seguramente se tratará de aquellos a los que les importe, y mucho, esperar, que por eso son de los que siempre llegan tarde y creen desmesuradas las opiniones de quienes ven tan despreciable la impuntualidad. Pero después de todo, y precisamente por todo ello, los impuntuales son unos desalmados, unos egoístas, unos canallas, le dije. Siempre habrá quien no le quiera dar tanta importancia a la impuntualidad, pero con toda seguridad se tratará de alguien a quien le importe, y mucho, tener que esperar, que por eso no les importa llegar tarde, siendo impuntuales. Que por eso son impuntuales, es decir, canallas, despreciables. 

domingo, abril 02, 2017

La retórica de Eloy

En retórica oratoria pueden distinguirse dos corrientes de filiación (y de actuación) con sus respectivos grados, como ya se advirtiera en el tratado Sobre lo sublime (de pseudo-Longino) que tanto éxito tuvo en el siglo XVIII: por una parte se encontraría la representada por los seguidores de Apolodoro, que sostendría que en el arte de la oratoria se podían fijar principios de valor científico, tales como la persuasión ejercida por medio de la palabra, que debía ser usada de la forma más racional posible, con el apoyo de los hechos y apartándose de toda posible ilusión o sugestión que pudiera propiciar el embelesamiento, la exaltación y el éxtasis. Y por otra estarían los seguidores de Teodoro, que asignarían un papel predominante a la pasión, a la parte afectiva e irracional del alma humana, al sentimiento que irrumpe al margen de toda razón que ya no se conforma con la persuasión y pretende el éxtasis.

Puede que uno de los filósofos vivos más importantes del mundo sea actualmente Antonio Escohotado, un perfecto representante del pensamiento que se forja sobre el uso del verbo y el sustantivo como instancias de conocimiento en su sabia conjunción, evitando en la medida de lo posible toda adjetivación y reduciendo al mínimo la adverbiación. De la misma forma, o por ello mismo, su oratoria sería una perfecta muestra de retórica a la manera de Apolodoro. Sobriedad, elegancia, empirismo y racionalidad llevados a un tipo de argumentación que no hurga en las emociones del espectador, sino que más bien al contrario le insta a esa misma sobriedad y racionalidad.

Respecto a su faceta de orador, que es la que aquí nos ocupa y no otra (que daría para largo), puede decirse lo que puede comprobarse en muchos de los vídeos colgados en la plataforma youtube. Yo he tenido la paciencia de verlos/escucharlos todos, lo que sin duda ha servido, entre otras cosas, para potenciar -en perfecta avenencia con la memoria- mis conocimientos adquiridos en la lectura de sus libros. Los he visto todos aun cuando una de las dos facetas de Escohotado como pensador me interese mucho menos que la otra, porque en efecto son dos las vías de análisis/investigación/pensamiento por las que el filósofo/historiador se ha instalado en la elite del pensamiento mundial. Salvo alguna veleidad científica y asumiendo el reduccionismo que todo resúmen conlleva estas dos vías serían, por una parte el asunto de las drogas y por otra el del comunismo como forma opuesta del liberalismo económico. (En este sentido los que a mí me han parecido más interesantes con diferencia son los que hacen referencia a su obra magna, Los enemigos del comercio: https://youtu.be/bU04v-RBXAw).

En cualquier caso revisitar alguno de esos vídeos (que no son más que conferencias en las que se le ha requerido para hablar de esos dos asuntos sobre los que es un auténtico especialista) resulta sumamente instructivo en la medida en la que eluden la síntesis consuetudinaria para ofrecer al espectador una síntesis creativa, es decir, una síntesis que aun teniendo de referencia el asunto por el que ha sido requerido Escohotado acaba organizando una charla con un cierto nivel de autonomía temática. Escohotado sabe, como buen orador, que la gracia no puede estar en el resumir 14 años de investigación, sino en las distintas formas de contar el asunto, de expresarlo.

Pero por volver al asunto inicial: si podemos afirmar que Antonio Escohotado es, desde luego, un orador inspirado por Apolodoro, podemos también afirmar que su compañera de mesa -en ése otro vídeo sobre el tema de las drogas: https://youtu.be/x5ys77hquMM-, Fernanda de la Figuera, es una oradora inspirada por Teodoro. El primero usando la contención, la mesura y la precisión en el uso de datos, y la segunda usando la exaltación para apelar a las emociones y los afectos.

¿El resultado? Pues dependerá de para quién. Como siempre. A mi juicio Escohotado logra transmitir una credibilidad absoluta con independencia de que se pueda estar o no de acuerdo con lo que en última instancia podrían ser considerados juicios personales (que se encontrarían en otra dimensión de los argumentos más vinculados al empirismo de los hechos, que por otra parte llevan el peso del discurso), pero de lo que nadie puede dudar es de la ingente cantidad de conocimientos que posee, los que precisamente le permiten expresarse con esa serenidad que relega los adjetivos y con los que evita la exaltación.

Fernanda de la Figuera, sin embargo, no hace otra cosa que apelar a los afectos y la emociones. Su discurso es un grito y su argumento la queja y el lamento, e incluso el insulto. De tal forma que su oratoria acaba produciendo, a mi juicio, (y como yo no soy Escohotado y sí gusto de los adjetivos) un discurso vacío, hueco, inconsistente, pueril e incluso burdo y en definitiva zafio, histérico, grosero. Así es como ver este vídeo, que contiene intervenciones de ambos ponentes, puede resultar instructivo para todo aquel que quisiera ver con claridad la diferencia entre los dos tipos de oratoria, la inspirada en la razón y la inspirada en las pasiones.

Pero como decía más arriba estas conclusiones son, sólo (?), el producto de mi juicio particular, que no tiene por qué coincidir con el de otros espectadores. Es más que posible que quien decidiera ver los vídeos aquí comentados -y linkeados- pueda llegar a otro tipo de conclusiones, algo que no me sorprendería demasiado a tenor de la respuesta que en vivo y en directo recibieron dichos ponentes a lo largo de sus intervenciones. La respuesta del público ante las intervenciones de Escohotado fue el silencio casi sepulcral, sin embargo ese mismo público interrumpió a Fernanda con vítores y aplausos en varias ocasiones.

¿Qué puede querer decir esto? Lo que en principio se me ocurre no es más que lo que la evidencia señala: que a los espectadores de esas ponencias les ponía cachondos la exaltación de Fernanda aunque la base de su burdo discurso (más allá de la vehemente defensa de un amigo suyo injustamente condenado por la Justicia) fuera extremadamente… populista. O precisamente por eso, por tratarse de un discurso netamente populista su entidad y su forma no pudo ser más que burda.

De tal forma se manifestaba la catadura intelectual de ese público asistente (público eminentemente joven). Un público que se quedaba aplatanado ante el exhaustivo y explícito Conocimiento que ni poseen ni desean poseer (porque en todo caso no lo necesitan para quejarse) y que sin embargo empatizaba con un discurso fundamentado en los gritos histéricos de una mujer que carecía de argumentos (porque tampoco los necesitaba para seducir a los ya de por sí tendentes a la exaltación debido precisamente a su falta de Conocimiento).

Post Scriptum. Por cierto, es precisamente Escohotado quien en su magna Los enemigos del comercio (3 tomos) hace un preciso análisis del concepto Comunismo y por extensión también del Populismo. Como también lo hace José Luis Pardo en su Estudios del malestar, uno de los mejores ensayos publicado en estos últimos años. No apto, por supuesto, para amantes de la queja y la adrenalina.

sábado, noviembre 26, 2016

Sobre la Igualdad

Sobre la Igualdad

¿La Igualdad? se pregunta uno. ¿Qué contestar?

La verdad es que resulta complicado responder a una pregunta cuya única respuesta posible admitida socialmente sólo puede ser una, valga la redundancia; a saber: la que utiliza ese mismo concepto desde la afirmación asertiva; la que no admite dudas acerca de su reivindicación; la que no admite disidentes en ese rechazo de la duda que conlleva toda pregunta. No existe la posibilidad de duda si la respuesta sólo puede ser una. Sólo es posible cabecear en positivo ante ella. Para nuestra época la Igualdad es sí o sí, y no existe posibilidad de disidencia; no existe en ningún caso la posibilidad de análisis semántico. “¿Para qué?”, se preguntan los adalides de la Corrección Política, ya la lleven puesta de forma explícita o de forma implícita.  

Así, no hay duda de que tanto la Opinión Pública como la Opinión Publicada, esto es, la emitida socialmente, tienen claro qué hacer con el concepto Igualdad: reivindicarlo ferozmente siempre fuere como fuere, por mucho que la pregunta, así planteada (¿La Igualdad?), pudiera quedarse siempre corta por incompleta. Son cosas de la Corrección Política: no mostrar fisuras en la asertiva estrategia cortando por lo sano desde la misma abstracción del concepto. La Igualdad -así en genérico y en abstracto- es para Ella, la Corrección Política, el fín último, esto es, el primer objetivo. ¡Pero no tanto en cuanto a su posible aplicación a la misma sociedad se refiere!, cosa imposible además de indeseable*, sino en su objetivo real, que no es otro que el de inocular la misma reivindicación feroz de esa Iguadad en nombre del Bien Supremo. En el mercado de las ideas regidas por la Corrección Política (que son prácticamente todas en la medida en que las ideas privadas no acceden a la Opinión Social) no existe la posibilidad de afinar, matizar, limitar el concepto Igualdad porque todas esas acciones serían vistas como enemigas del fin último de la estrategia. ¡Ay de quien se atreva a poner en duda la univocidad del término más allá del círculo privado!

¿Cuál ha sido el resultado después de 40 años de imposición ideológica? Pues el resultado previsto, que no es otro que el buscado por la misma estrategia que conlleva toda política impositiva. Y una estrategia, según el Léxico de Filosofía de Jacqueline Russ,  es el “el conjunto coherente de acciones destinadas a producir un resultado determinado, a eliminar al adversario, etc.; arte y habilidad para dirigir un asunto”.

Desde luego que en el caso que nos ocupa la coherencia es un aspecto definitivo. La psicótica reivindicacón de la Igualdad sólo puede obtener éxito desde un férreo control de la Opinión Pública y Publicada. Y esto es sólo es posible a través del Puro Control, que en este caso (como en otros de parecido fundamento) se ejerce, como digo, en nombre del Bien Supremo… pero siempre desde el Poder Omnívodo, desde ese Poder que sólo sabe expresarse desde el Pensamiento Único; desde ese Poder que no admite disidencias. desde ese Poder más preocupado por “eliminar adversarios” que de solucionar el problema, pues como ya hemos apuntado otras veces, la única forma de luchar contínuamente contra la Desigualdad -desde la Corrección Política- es dejando que ésta no deje de existir.

Pero insistimos ¿cuál ha sido el resultado? Pues ahí está a la vista de todos: que la Diferencia sigue manifestándose en la vida real con una naturalidad pasmosa (ver Nota), tan pasmosa como ajena a los desencajados rostros de todos aquellos que no ven más allá de la ideología impuesta por un Poder nada inocente, entre otras cosas porque toda imposición se ejerce desde la tiranía y el despotismo (e incluso desde algo mucho peor, la perversa incultura y la maléfica ignorancia). Porque la Diferencia cristaliza en la sociedad con absoluta indiferencia hacia los Institutos de Mujer y las Consejerías de Igualdad.

Igualdad es, precisamente, aquello que no puede ser con independencia de sus posibilidades (siempre ambiguas debido a verdadera imposibilidad última), y Diferencia es, precisamente, aquello que por asentarse como única posibilidad de relación social -tanto en el sujeto en general como en el sexuado en particular- habría que aprender a gestionar. Algo que, no haría falta decirlo, nada tiene que ver con la igualdad de derechos (estamos hablando de igualdad de géneros por lo que al comportamiento entre ellos o hacia ellos se refiere).

Además, hablar en nombre del Bien para justificar una estrategia, es decir, asociar de forma arbitraria el concepto Igualdad al concepto de Bien, no deja de ser lo mismo que lo que hacía en antaño el estamento religioso cuando justificaba sus actos inquisitoriales en nombre de Dios. Y más aún si ha sido el propio pensamiento políticamente correcto quien lleva más de 40 años desdibujando las fronteras entre el bien y el mal a través del Pensamiento Académico (tesis, ensayos, ficción literaria, arte…) y desde la nueva Narrativa Audiovisual.

Dicen que todo es un problema de educación. Cierto, pero no estaría de más que desde ella se abrieran nuevas vías para abordar un problema que, como vemos día a día, permanece incólume. En efecto, sólo la educación permitiría señalar como fracasada una estrategia que se regenera a sí misma en función de los consecutivos fracasos. De hecho las noticias que hacen referencia a las funestas consecuencias derivadas de los problemas de género no hacen otra cosa que insistir en el fracaso persistente cada vez que magnifican las cifras que lo demuestran. Quizá entonces, y aceptando que se trata de un problema de educación, pudiera aceptarse otra vía que estuviera fundamentada en análisis menos prejuiciosos. Y tal vez así, diéramos entrada al concepto de Diferencia (tan factual como inevitable) y pudiéramos centrar la educación en el aprendizaje de la gestión de esa Diferencia.

En el Léxico de Filosofía, antes citado, dícese del concepto: Diferencia: Relación de alteridad entre dos cosas que tienen elementos idénticos. La verdad es que resulta difícil encontrar frases tan bellas como la que propone esta definición de Diferencia. Aristóteles dijo algo parecido, “Se llaman diferentes cuantas cosas son otras siendo en cierto modo idénticas”.

*Para saber si cualquier sociedad cree o no en la Igualdad como verdadero fin último no hay más que preguntar a unos padres con hijos en edad adolescente. Aquello padres que tuvieran hijos esforzados desearán con todas sus fuerzas que sus hijos no acaben teniendo la suerte de aquellos otros adolescentes que no hubieran pegado un palo al agua. Y si la suerte es lo que está en juego es porque las Igualdad además de imposible resulta indeseable. Siendo entonces la asunción de la Diferencia aquello a partir de lo cual puede afrontarse, con mayor sensatez, los asuntos relacionados con la Justicia/Injusticia. En cambio, si sólo se habla de Igualdad todo acabará conteniendo, inevitablemente, un sesgo de injusticia. Algo que pone cachondos a los practicantes y defensores de la Corrección Política. De todas formas no nos engañemos; cuando los políticos hablan de Igualdad sólo lo hacen o por votos o por dinero.
Y les funciona a la perfección. De ahí que muestren ese frontal rechazo a todo aquello que cuestione el concepto Igualdad.

Nota. Estaría bien que la gente reflexionara acerca de la ingente cantidad de niñas adolescentes que estos días pasados hicieron eternas colas (durante meses incluso) para poder ver de cerca a su héroe, un mierdecilla como Justin Bieber, un tipo que se lió a mandobles con sus fans una vez acabado el concierto.

domingo, agosto 07, 2016

La juventud de Eloy

Por una parte se encontraría el Conocimiento y por otra el Sujeto.

El Conocimiento sería, pues, eso que NO todo Sujeto desea poseer.

¿Y qué desea poseer ese Sujeto que carece de interés por el Conocimiento? No lo sé, ni me importa, supongo que tiempo para jugar (CandyCrash), bailar, chatear, hacer senderismo, running, ultramaratones. Que en su derecho están, digo yo, sobre todo si son jóvenes, o no.

En verdad sólo me ocupan los que, en principio, desean obtener algún tipo de Conocimiento en sentido abstracto, no especializado. Pero ¿quienes son, si es que se caracterizan por alguna particularidad que los hace reconocibles? ¿Y qué entienden por Conocimiento?

La cuestión es que al Conocimiento sólo se accede a través del ansia. Y aquí no valen distinciones entre analógicos y digitales. Sólo es posible el Conocimiento poseyendo un ansia previa y dedicando después un ulterior esfuerzo. Lo demás es pura palabrería bienintencionada.

¿Y cómo podría definirse el ansia de conocimiento en la juventud de esta era digital? Seguramente como peculiar, entre otras cosas debido a la inmanencia a la que son arrastrados por un ritmo de vida que rechaza radicalmente la parsimonia, el adaggio. Única forma posible, al menos desde el punto de vista analógico, de acercarse a cualquier posibilidad real de Conocimiento.

¿Generalizar? Por supuesto, pues los jóvenes son quienes son y hacen lo que hacen, y no quienes podrían haber sido, o quienes les gustaría ser, o quienes nos gustaría que fueran. Entonces, insisto, ¿quienes son esos jóvenes que supuestamente desean obtener Conocimiento? ¿Qué tipo de Conocimiento? Y sobre todo ¿en qué forma desean obtenerlo? ¿De qué forma esperan acceder a él?

De una forma o de otra yo estoy en contacto con ellos todos los días desde hace años, así que me veo capacitado para ensayar una respuesta, no tanto en base a opiniones deducidas de mi experiencia docente, cuanto en base a mi propia experiencia vital personal, que tampoco puede dejar de ser la que es.

  1. Hace unos pocos meses (ya lo conté aquí en otro post) fui invitado a dar una conferencia sobre el tema de mi último libro, titulado De otros mundos. Una aproximación al paisaje sintético, en la Universidad de Bellas Artes de Murcia. A pesar de los esfuerzos del programador -del ciclo de ponencias- sólo consiguió reunir a unas 30 personas en el salón de actos. La sensación era ciertamente desoladora si tenemos en cuenta al menos dos circunstancias: que el tema era en principio un tema directamente vinculado a los jóvenes y a sus estudios, que son a quienes hace referencia el libro cuando habla de creación digital; y que además la ponencia se daba en “sus” instalaciones tan cercanas a los estudiantes de 3 cursos y masters varios. Avergonzado por la ausencia de público quien ha contratado mi presencia me dice “Aún has tenido suerte, con Valcárcel Medina (Premio Nacional de Arte) fueron 9 los asistentes y con Borja Villel (Director del Reina Sofía), una de las personas más inflyentes en el mundo del arte contemporáneo, no llegaron a una quincena”.
  2. Y ya que estoy: el libro De otros mundos ha sido escrito a partir de una exhaustiva investigación que pretende aproximarse a un mundo, el de la creación digital figurativa, sobre el que aún nadie ha reflexionado seriamente (creación de personajes y sobre todo entornos digitales figurativos). Y lo he hecho por encontrarme en la, posiblemente, mejor escuela universitaria de videojuegos que hay en el estado español. Así, en una escuela en la que las imágenes sintéticas (digitales) forman parte intrínseca y primordial de su formación más especializada. Pues bien, y por no extenderme, puedo decir sin faltar a la verdad que absolutamente NADIE ha leído el libro. Nadie. Y hay cerca de 300 alumnos y 60 profesores que de forma directa se encuentran vinculados a la creación artística en general y más concretamente a la creación artística relacionada con las imágenes sintéticas figurativas en muchos casos particulares. Pues nadie.
  3. Todos los años espero, como quien espera el maná, la llegada del estupendo ciclo de conferencias que organizada el periodista Salva Torres en Valencia. Y todo debido a la presencia del para mí mejor pensador vivo actual, Jesús González Requena, uno de los pocos pensadores españoles, si no el único, con un personal corpus teórico perfectamente sistematizado que constantemente queda corroborado desde su apabullante fecundidad. Presenciar una conferencia de Requena acaba convirtiéndose siempre en una experiencia extática para quienes como yo no se conforman con las ideas ingeniosas y buscan, precisamente, aproximación al Conocimiento real. Ya son varios años acudiendo aquí en Valencia a las ponencias en las que interviene González Requena. Pues bien y por ir al grano, la media de asistentes a sus charlas podría cifrarse en la veintena, de los que habría que descontar la docena que van obligados por una profesora que se lo exige a sus alumnos. Así, entre 6 y 10 espectadores tirando por lo alto.
  4. Este año debo haber ido al teatro pongamos que unas 20 veces, 15 de las cuales ha sido en salas alternativas donde por lo general se hace un teatro más digno que las salas “major”. Salvo raras excepciones, se trata de compañías semiprofesionales que suelen representar buenos textos y que me han otorgado muy buenos momentos (de goce y conocimiento). Pues bien, hay veces en las que he sentido verdadera vergüenza debido a la escuálida asistencia que han convocado algunas de esas obras. Recuerdo una en concreto en la que el número de actores (de una compañía venida para los efectos desde Mallorca) era aproximadamente el de los espectadores: 6 actores para 9 espectadores. Y yo me preguntaba cada vez ¿dónde están quienes no se encuentran? ¿Quiénes son? ¿Dónde están, por ejemplo, los estudiantes de Arte Dramático de las 3 escuelas que a ello se dedican en Valencia (dos privadas y una pública)? ¿Dónde están los estudiantes de interpretación que se encuentran ahora cursando el primer curso… y los de segundo… y los de tercero… y los de los másters? ¿Dónde los licenciados de hace un año, de dos años, de tres? ¿Dónde los que quieren estudiar Arte Dramático? ¿Dónde los que lo estudiaron hace 5, 6 o 7 años? Yo conozco a muchos de esos estudiantes y jamás me he cruzado con ninguno en ninguna ocasión. Y no debemos olvidar que Valencia cuenta con más de un millon y medio de ciudadanos.
  5. Cinema Jove es el Festival de Cine de Valencia por antonomasia y por derecho propio. Este año se esforzó por complementar complementó la programación con una sección que estuviera más cerca de los nuevos intereses de los jóvenes, una sección dedicada a las webseries, esas series realizadas para ser deglutidas por internet, que a su vez es eso a lo que los jóvenes se encuentran adheridos varias horas al día. Para indagar acerca de esos intereses y de las dificultades que llevaba intrínsecas esta nueva y juvenil forma de expresión audiovisual se programaron dos mesas redondas, en una de las cuales yo participaba. ¿Número de asistentes? Respuesta: 8. Es decir, en toda la Comunidad Valenciana hay en principio sólo 8 personas a las que les interesa reflexionar acerca de los intereses y gustos de un sector de la población, la juventud, respecto a un formato narrativo audiovisual incipiente e inventado por ellos mismos. Y digo en principio porque 6 de esos 8 asistentes eran amigos de los ponentes. Así, 2. UN Festival con 20 años de existencia programa una mesa redonda para abordar un asunto que atiende a intereses puramente juveniles -pero de forma “profesional” y buscando un análisis que pueda ayudar a solventar los problemas que todos los creadores admiten tener- y es capaz de convocar a ¡2 personas!

Sin embargo, lo veo en los telediarios, el éxito de Arenal Sound (Festival de Música en la playa) es apabullante incluso a pesar de los inonvenientes surgidos este año. Y éste es sólo uno de los numerosos festivales de música estivales.

Antes hacía referencia a la poca o nula necesidad que sienten los estudiantes por leer un concreto libro que, esta vez, se encontraba estrechamente vinculado al producto que les tendría absorvidos durante al menos 4 años de sus vidas. Podría parecer que el tono de lamento viniera por tratarse de un libro escrito por mí. Nada más lejos. Pero no dejaba de ser un libro que parecía haber sido escrito para esa gente y no otra. Y la cuestión fue que un libro que indagaba y reflexionaba entorno a los fundamentos de la creación de un producto al que los estudiantes pensaban dedicar su vida no obtuvo ni un solo lector.

Por decirlo a las bravas, y a ver si nos dejamos de dar rodeos y de marear la perdiz: los jóvenes de el hoy no leen nada; o mejor, leen algo si el protagonista de la historieta tiene los pies peludos o porta una varita mágica, pero NADA sobre, por ejemplo, los fundamentos de aquello a lo que van a dedicar su vida entera (por no decir NADA sobre asuntos que les conciernen pero desde un punto de vista más filosófico). Me resulta impensble que mis alumnos pudieran leer libros sobre los fundamentos de su futura profesión, tal y como hicimos todos los que estudiamos años ha. Impensable por imposible que dedicaran su maravilloso tiempo ¿libre? a leer lo que todos leímos a las 18 años: Munari, Dorlfles, Arnheim, Panofsky, Dondis, Zunzunegui, Francastel...

Es cierto, de todas formas, que no debemos esperar de los jóvenes lo que no a todos los jóvenes tiene por qué interesar. Así, la cuestión no es criticar a ese porcentaje de gente al que jamás interesó el Conocimiento, sino de sorprendernos ante ese cada vez más exiguo porcentaje de jóvenes al que sí les interesó en otros tiempos. Porque incluso los jóvenes más avispados y competentes de el hoy son NO lectores empedernidos. Y quien dice no lectores dice en negativo todo lo que afecta a una cultura sensible; así: no espectadores de teatro, no espectadores de cine clásico o alternativo, no amantes de la Historia, en definitiva, del Conocimiento más abstracto y conceptual que se adquiere de múltiples y variadas formas, todas ellas imbricadas. Sí, ese Conocimiento que según muchos no sirve para nada, que por algo han quitado la filosofía de los nuevos planes de estudios. Así, mientras los magnates y los políticos engordan sus estómagos y sus arcas dejándonos indefensos ante las compañías de telecomunicaciones, por ejemplo, los demás, los ciudadanos de a pie, nos iremos haciendo cada vez más ciegos, o más gilipollas, por ir aceptando, con absoluta indulgencia, o incluso diría que en perfecta connivencia con ellos, todas esas dádivas -envenenadas- que nos hacen parecer más libres. ¿Que por qué? Pues debido a la indefensión y el desamparo en los que sume a un sujeto su propia ignorancia. Podemos ir con chanclas y bañador a las clases universitarias pero carecemos de argumentos y por tanto de Fuerza.


Nota. En cualquier caso, y por hacer honor a la verdad, debo decir que he regalado mi libro De otros mundos a bastante gente y la conclusión es que no lo ha leído nadie, al menos nadie me ha hecho jamás un comentario al respecto. Y ya no estamos hablando de jóvenes. Bueno miento; uno sí me hizo saber que lo había leído y me hizo algún comentario al respecto, Félix de Azúa. Ningún otro.

jueves, agosto 04, 2016

La vulgaridad de Eloy

Cuando uno dice que el mundo es cada vez más vulgar lo que hace es afirmar lo que, de seguro y después de todo, quiere escuchar “todo el mundo”, pues nada hay más popular y por tanto menos clasista en sus fundamentos que un mundo igualado, aunque sea por debajo. Pocas afirmaciones podrían, entonces, suscitar más entusiasmo y complicidad que ésta: el mundo es cada vez más vulgar.

Al fin y al cabo ése y no otro ha sido siempre el objetivo de las masas (y no uso el término de forma despectiva sino descriptiva): desalienarse, liberarse de los corsés que toda norma impone desde una supuesta unilateralidad restrictiva y discriminatoria. Así pues, en contra de las normas (restrictivas) y sin límites (discriminatorios y cuartadores). “Al fin libres” piensa “todo el mundo” cuando cree hacer lo que le da la gana allá donde antes había una norma más o menos implícita que le subyugaba y alienaba. Normas impuestas, claro, desde un poder tan abstracto como maléfico.

Y el mundo es, en efecto, cada vez más vulgar porque se encuentra configurado de acuerdo con los gustos e intereses de una inmensa mayoría; esto es, de “todo el mundo”. Afirmación que, insisto, sólo puede llenar de regocijo a “todo el mundo”, pues es “todo el mundo” quien ha reivindicado poder ir en bañador y chanclas al teatro o a la universidad, por ejemplo.

El que aún existan algunos resistentes a la vulgaridad -en extinción sin duda- ya sólo le sirve al vulgo/masa para acrecentar y reivindicar su vulgaridad. Esa en la que se regocija debido al componente vengativo que posee. “¿Qué es eso de que me tengan que decir cómo tengo que vestir para ir a clase?” se dicen los jóvenes a sí mismos, a quién si no. Porque en la vulgaridad también siempre hay algo de autocomplacencia. De hecho esos seres exquisitos a los que aún les preocupan las formas no son sino tipos ridículos para la gente vulgar. Y por eso se encuentran cada vez más desclasados en una sociedad sin clases, valga la paradoja. Una sociedad en donde cualquiera puede hacer turismo enológico y en donde cualquiera coje el avión 6 veces al año. Y cuando digo que no hay clases es, precisamente, porque la vulgaridad las ha eliminado haciéndose cargo de todos.

La cuestión podría ser ¿no será acaso esa vulgaridad más que una simple moda?, ¿no será en el fondo más que la manifestación de la última gran moda? Si aceptamos que una moda se sirve del mimetismo para imponer sus preceptos entre gente predispuesta a aceptarlos podemos especular acerca de esta posibilidad, pues antes de la existencia de Facebook y Twiter nadie usaba dibujitos predeterminados -emoticones- para expresar sus emociones compulsivamente y a tiempo real.

La clave se encuentra, de todas formas, en el detalle “gente predispuesta a aceptarlos” porque, ¿qué sería de una moda que no fuera masiva, que no se hiciera cargo de la expresión “todo el mundo”? Nada, de hecho usaríamos el concepto moda con la boca pequeña. Y es que para que una moda sea importante, epocal, lo que hace falta antes que nada es mucha gente predispuesta a aceptar sus premisas con todo lo que ello implica a nivel social, estético e ideológico.

¿Y qué puede haber más vulgar que gestionar la comunicación con impulsos primarios? “Fulanita ha cambiado su foto de perfil” anuncia Facebook. Y ante la original noticia le aparecen a la usuaria y en pocos minutos 70 respuestas simplificadas y 5 algo más complejas. Las simplificadas -con dibujitos- se reparten entre los “me gusta”, los “me encanta” y los “me sorprende”; y las complejas, por escritas, se mueven entre el “waaapa” y el “lo que daría por ser el gatito”. Después todos rien: “je je je”.

El problema surge cuando la vulgaridad puede definirse como una perfecta simbiosis de incultura y aburrimiento. Como bien explica Chuck Klostermans: “Como internet está obsesionada con su versión del capitalismo no monetario, recompensa el volumen de respuestas muy por encima del mérito que pueda tener aquello ante lo que la gente está respondiendo”.

Esta época de sociabilidad virtual no es, para uno, una época para hacer amigos, más bien al contrario, pero eso se encuentra en las antípodas de lo que está de moda. De moda está, además de los amigables “me gusta”, el ciscarse en la cumbre de la pirámide social; atacando a los políticos, empresarios, directores, gestores etc., pero eso, como ya ha quedado demostrado en estos últimos años, no sirve para nada, si acaso para que todo permanezca igual en el mejor de los casos, o que nos haga más ciegos en el peor de ellos.

No, la cosa no está en apuntar arriba, sino en apuntar a las bases, que es desde donde se “soporta” el peso que la misma base ha ido depositando encima de ella. La vulgaridad no se mide auscultando a un político sino auscultando al votante, sobre todo cuando el votado se ha demostrado reiteradamente incompetente y corrupto. Es cierto que apuntar a las bases implica estigmatizar a gente inocente, sana y trabajadora, pero se trata de la única forma de afrontar la insidiosa vulgaridad con alguna posibilidad de éxito.

“Todo el mundo” es todo el mundo porque los amantes de las formas conforman una escuálida minoría que además se encuentra en extinción. Ahora no hay confrontación entre pobres y ricos porque todos forman parte del mismo vulgar equipo, con sus “me gusta”, sus “je je” y sus chanclas. Ahora la confrontación se encuentra entre los amantes de las formas y los que se regocijan en su método desalienante.

El último éxito de Nintendo lo conoce todo el mundo, primero porque todo el mundo tiene un amigo cazador de Pokémons y segundo porque la noticia de su éxito ha salido en todos los telediarios de todo el mundo. Ya ven: siempre “todo el mundo”. Pues bien ante una de esas noticias dadas en los telediarios entrevistaron a una mujer que se encontraba con su familia haciendo turismo rural en Cabárceno, extraordinario parque natural de Cantabria. El inicio de su respuesta, aun siendo el perfecto reflejo del problema que aquí señalo me hace albergar una cierta esperanza. En tono de queja y lamento dice respecto a la actitud que su hijo lleva teniendo en el viaje “mi hijo no ve animales, ni paisaje, ni nada, sólo ve Pokémons…”. Así, la cosa promete, la mujer parece sorprendida ante la actitud de un hijo que ante la bella naturaleza no es ni capaz de verla. Pero la frase continúa, “ (sólo ve Pokémons)...tanto es así que me han entrado ganas…”. Yo hago mis conjeturas en esa fracción de segundo y me digo a mí mismo, a quién si no, vale, por fin alguien va decir algo sensato. Pero no, la mujer prosigue, “tanto es así que me han entrado ganas de iniciarme a mí también”.

No hay nada que hacer, ni siquiera se ha sorprendido el director del telediario ante tan insensata declaración.

lunes, junio 20, 2016

Niños predestinados

Niños predestinados a no dejar de ser niños

Queriéndose ingenioso y gustándose a sí mismo Serrat ha declarado en una reciente entrevista: “He llegado a viejo sin haber sido adulto”.

Dicen que hace falta una cierta distancia para ver las cosas con claridad. Del todo incierto. La clarividencia se tiene o no se tiene, otra cosa es que se tenga siempre y para todo. Yo ya pude ver en su momento, en el de su pleno éxito y apogeo, que Serrat estaba crudo.

En su momento tuve que enfrentarme a demasiada gente cuando me atrevía a decir que Serrat era un letrista ingenioso, un cantante mediocre y un poeta pésimo. Eran épocas en las que la ideología se camuflaba de supuesta expresión artística y en donde las banderas eran buenas sólo si las portaban gente con sandalias. Yo nunca tuve oído musical para las letras, valga la paradoja, y por eso prefería Black and Blue o Potato Head Blues a Bandoler, del otro catalán cansino. ¡Y eso que Serrat -todo se ha de decir- era de los mejores, si no el mejor, de todos los cantautores setenteros!

En cualquier caso, no sé por qué la gente sobrevaloran tanto la infancia y la adolescencia, esos estadios del ser en los que aún se está crudo y por lógica matemática se carece de cultura, de mesura, de contención, de responsabilidad, y en definitiva… de madurez, eso que al parecer se ha saltado orgullosamente Serrat.

Pero, en efecto, a la gente, así en general, le gusta hablar de ese niño que nunca muere y que aún lleva dentro como si se tratara de una virtud. Y así nos va. Miren si no la campaña política que nos están infligiendo políticos, periodistas, tertulianos y moscas de bar. Jugando todo el día con encuestas que dicen rechazar pero que les exigen diatribas interminables. Todas sin duda discursivamente mal expresadas y repletas de latiguillos modales propios, cómo no, de adolescentes crudos.

Seguro que muchos de esos aparentes adultos son padres que acuden al colegio de sus hijos para exigir un poquito más de comprensión hacia ellos. Para que no maduren, para que les cueste ser adultos. Como ellos.

Entonces, sólo entonces, los 4 candidatos que aspiran gobernar España deciden ponerse en manos de una periodista recauchutada y hábilmente engafada para dejarse entrevistar por mocosos de entre 5 y 12 años en uno de los espectáculos más patéticos que pueda darse ante nuestros ojos ya habituados a la basura.

Y mientras, en otro canal, una periodista muy progre (?) habla del interesante y mono culito de uno de los aspirantes a gobernar España. Y las feministas calladas como putas.

lunes, marzo 21, 2016

Afortunado y misántropo

Por ese orden porque el orden de los factores sí altera el producto.

Vengo de estar 6 días fuera de Valencia, los que han durado sus fiestas patronales. Un viaje de huída puede ser un viaje de placer. Lecturas, reflexión, amistad, gastronomía y paisajes.

Durante esos 6 días he recibido mensajes telefónicos de 4 personas; tres de esos interlocutores se dirigían a mí sirviéndose del teléfono para realizar meras consultas o puntualizaciones (de citas, fechas, avisos, entregas…).

Durante esos 6 días también he tenido que compartir mesa y mantel con 5 personas -amigables- en tres comidas distintas. Y ahora, el dato: en el transcurso de esas tres comidas -de 3 horas cada una- nadie hizo uso del móvil; quiero decir, nadie sacó su móvil para mirar su estado y por supuesto nadie dejó su móvil encima del mantel. ¡Y claro está: nadie fotografió la comida!

¿Qué conclusión extraigo de todo ello? Pues que soy un tipo afortunado.

Addenda. Hace cosa de dos semanas recibí un mensaje telefónico en el que se me incorporaba a un grupo. Ya saben (y si no saben, mejor). Yo no lo había solicitado pero así es la cosa: uno queda incorporado a un grupo de mensajeros a pesar de uno mismo y sólo porque a uno de tus conocidos se le ha ocurrido la gracia. A los pocos minutos había recibido 9 notificaciones. Inmediatamente intenté borrarme del grupo, pero dada mi manifiesta ineptitud con los dispositivos tecnológicos sólo supe silenciar las notificaciones. A la mañana siguiente tenía 139 mierdajes que habían llegado silenciosamente pero que no por ello habían dejado de ocupar mi interfaz. Tuve que hacer, de nuevo y una vez más, uso de mi sobrino, que me enseñó a salirme del grupo. ¡A mí qué coño me importará lo que a todas horas digan 25 -o las que sean- personas que se aburren!

Como siempre y como en todo, es una cuestión de límites. Por las indagaciones que he realizado sé que las adolescentes reciben una media de ochocientas notificaciones… ¡al día! ¡De media! Algo menos los varones, que están más preocupados en esquivar coches a alta velocidad o a destruir zombies en el mismo dispositivo. Pues bien, aceptemos que se trata de un efecto de los nuevos tiempos y que por ello ataca fundamentalmente a los más frágiles, los niños. Pero ¿qué decir cuando esa ansia de hipercomunicación psicótica la sufre una persona adulta? Desde luego que hay pocas cosas tan patéticas como ver a una persona mayor (?) enganchada a su móvil. Muy pocas. 

martes, marzo 15, 2016

Gamificación

Gamificación

Hace unos días fui invitado por la Universidad de Murcia para dar una conferencia que surgió a partir del último de mis libros publicados, De otro(s) mundo(s). Una aproximación al paisaje sintético. Lo había leído el profesor Borja Morgado, profesor de Fotografía, y consideraba que había motivos más que suficientes para interesar a una buena parte del alumnado de la Facultad de Bellas Artes; no sólo a sus alumnos de curso, sino a otros a los que por afinidad temática podían también sentirse atraídos por el tema; muchos de ellos alumnos que se encontraban realizando cursos de posgrado. Y por eso buscó la fecha y la hora que permitiera venir a la máxima gente posible.

 

Llegué con media hora de antelación lo que nos permitió a Borja y a mí tomarnos una cerveza. Él aprovechó para prevenirme: “no sabemos cuánta gente va a venir… últimamente los alumnos no parecen tener demasiado interés… ya sabes”. En efecto: sé. Miren si sé que sé que no hay nadie en mi escuela que haya leído el libro en cuestión, siendo su tema -las imágenes realizadas en ordenador- uno de los temas capitales de la enseñanaza impartida. No podemos olvidar que mí escuela fue la primera en impartir seriamente la carrera de Videojuegos y que los alumnos se pasan trabajando 4 años con imágenes sintéticas.

Y es cierto, la gente no quiere saber nada de conferencias y mucho menos de libros. O sea, no quiere saber nada de teoría y en definitiva de conocimiento humanístico. Si acaso de vídeos o tutoriales. En el caso que nos ocupa, por ejemplo, los alumnos se pasan trabajando 4 años con imágenes sintéticas, pero en su aplicación al producto final, así, desde su dimensión práctica; y no les interesa nada el análisis de dimensión teórica.

Por hacer un pequeño parénteisis: cada año acudo a las magníficas jornadas de análisis de cine que organiza Salva Torres con invitados excepcionales y cada año me sorprende comprobar que somos una quincena los que acudimos a ellas. Pero volvamos al tema.

La conferencia da comienzo y, en efecto, vienen 35 personas. Les hablo pero no sé qué pensar de ellas. Como tampoco sé qué pensar cuando les hablo a mis alumnos presuponiendo cierto interés en ellos; o incluso ciertos conocimientos, esos que supuestamente han ido adquiriendo en función de su interés en la materia de la que quieren vivir. Es decir, no sé qué piensan unos alumnos de tercer curso, por ejemplo, cuando les suelto un discurso que requiere de ciertos conocimientos no prácticos para poder ser seguido. Conocimientos no prácticos, insisto.

El cartel dejaba bien claro el tema de conferencia: Imagen y Futuro. Configuración de otro(s) mundo(s). Así, un tema nuclear de los estudios de Bellas Artes, al menos desde la expectación que genera el título en sí mismo.

Acaba la conferencia y dada la disposición del salón de actos los asistentes deben pasar delante de mí, rozando con sus caderas la mesa donde he dispuesto un monton de mis libros. Alguno estira el cuello para ver la portada y sólo una persona lo coje entre sus manos. Una voluntariosa amiga que me acompaña le dice que está a la venta, pero lo único que consigue es que lo suelte antes. Como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

Salimos al bar y comentamos lo ocurrido. Me cuenta que he tenido suerte (?) con más de 30 asistentes; que hacía poco había estado Manuel Borja Villel, posiblemente uno de los personajes más influyentes del panorama del arte español como todos ustedes saben (ha dirigido la Fundación Tapies, el MACBA y actualmente el Reina Sofía) y que habían acudido 15 personas. “Con lo que me costó lograr que viniera después de haber hablado docenas de veces con su secretaria para que pudiera cuadrar la ponencia en su apretada agenda”, me dice el profesor Morgado. Y añade en tono lánguido “pero peor fue lo de Isidoro Valcárcel Medina, Premio Nacional de Arte, que vinieron 9”. ¡Valcárcel Medina!, uno de los pocos artistas inteligentes que quedan en España y con un sentido del humor nada frecuente en el mundo del arte. Sin embargo ¡después pagan por ver a un monologuista con flequillo y se tronchan con los youtubers más estrafalarios! Eso sí, salen muy preparados para el mundo empresarial, que es ese mundo para el que se han preparado, porque además de pragmáticos son altamente resolutivos. 


sábado, marzo 05, 2016

Experiencia y moral

La experiencia es un grado. De hecho sin ella andaríamos a 4 patas. Y la experiencia no es más que ese plus que confiere el paso del tiempo estrechamente ligado a la acción. Sin acción no hay experiencia, y entiéndase el término acción desde su aspecto menos deportivo. Acción sería de igual forma preparar una ensalada que leer un libro. Por eso: sin experiencia no hay desarrollo evolutivo del conocimiento. Y por eso: la experiencia es un grado. Todo con independencia de la siempre particular forma de aprovechar la experiencia que tiene cada sujeto.

En la elaboración de todo argumento hay, siempre e inevitablemente, una o varias premisas que inevitablemente son preceptivas. Elabore quien elabore el argumento no hay forma de huir de afirmaciones que son usadas a modo de premisa. A veces éstas se encuentran implícitas en su desarrollo y a veces aparecen de forma explícita. A veces se encuentran en el comienzo del argumento porque precisamente es eso lo que desarrolla el mismo y a veces se muestran en su conclusión, lo que no impide que en el desarrollo del mismo hayan, a su vez, múltiples afirmaciones que no son otra cosa que premisas. Son, por tanto afirmaciones que siendo enunciadas desde la subjetividad del sujeto adquieren sin embargo estatuto de verdad objetiva. Por ejemplo, si yo comienzo un artículo diciendo la experiencia es un grado lo que hago es comenzar con una afirmación categórica que condicionará todo el argumento, entre otras cosas, porque se muestra en tanto que verdad objetiva.

Si admitimos que la experiencia es un grado sin necesidad de andar divagando acerca de sus excepciones, excepciones que no contradirían la mayor sino que la harían fuerte, podemos afirmar que la la niñez, la adolescencia y la juventud no son más que momentos del desarrollo del ser humano que se superan, precisamente, con el objetivo, no siempre explícito, de acceder a un plano superior. ¡No distinto!, como diría un quisiquilloso (educado en la corrección política). Aunque, eso sí, ¡distinto, pero no sólo distinto!, que no es lo mismo. Así, ¿distinto? Claro. ¿Sólo distinto? En absoluto.

En tanto que ser, un sujeto aprende de lo aprendido y aprehendido durante el transcurso de su existencia (experiencia) con el fin de ir accediendo a planos superiores (madurez, sabiduría). Otra cosa muy distinta es es lo que pueda hacer cada uno con todo ese bagaje personal y otra cosa es, también, lo que cada uno piense de todo ello.

Ahora otra afirmación, esta vez derivada de la primera: La experiencia de quien la tiene debe servir fundamentalmente para dos cosas: para mejorar en su desarrollo personal y para servir de ejemplo y guía a esas otras generaciones que aún no la tienen. Esto exige, por parte de los primeros una cierta responsabilidad y por parte de los segundos una cierta sumisión. Un niño debe someterse a sus padres de la misma forma que un estudiante debe someterse a su maestro, porque lo que está en juego es, precisamente, eso que sólo puede ofrecer la experiencia. De otra forma, veríamos normal que un niño de 9 años diera lecciones a sus padres, o que un joven construyera un puente sin haber estudiado ingeniería, o que un estudiante de medicina aprendiera su oficio como si fuera Leonardo da Vinci, o sea, ignorando los avances de 500 años de perfeccionamiento científico. Y tendríamos que valorar de igual forma el dibujo de un niño y un dibujo de Ingres.

En cualquier caso sí hay una clave en el éxito de la empresa, la de la transmisión del conocimiento: la confianza. La necesaria sumisión de quien se admite carente debe ser asumida y asimilada en base a la confianza que deposita en quien debe mostrar su sentido de la responsabilidad. Con una madurez adquirida en base a la experiencia.

En un anterior post hacía una afirmación como mínimo problemática: decía que los los personajes del cine (y de las series) actual se caracterizan por un nuevo paradigma: “la ambigüedad moral, esa, al parecer, con la que se identifican tantos millones de espectadores contemporáneos”. ¿Convendrán conmigo en que resulta, cuanto menos, turbadora?

¿Acaso no resulta turbador que las nuevas generaciones tengan de patrón o modelo a un ser a veces despreciable cuando no directamente a un malvado?

Reapasemos las definiciones de 3 conceptos según Léxico de Filosofía:

Idealismo. Actitud que consiste en creer en un ideal y subordinal a él los actos.
Modelo. Lo que sirve de original, aquello a partir de lo cual se puede reproducir alguna cosa.
Moral. Conjunto de reglas de conducta que se consideran universal e incondicionalmente válidas.

La ambigüedad moral, pues, como consecuencia de una elección tan personal como voluntaria (por muy colectiva que sea la “moda”). Una elección que viene determinada por la atracción que produce un modelo que, precisamente, carece de moral. Podríamos decir que esa atracción hacia el lado oscuro es la consecuencia de un deseo que nace de una sociedad que ha renunciado a todo tipo de idealismo. Y que se ha configurado a partir de la inculcación de un individualismo feroz, ese individualismo que renuncia a la moral por pura comodidad y por puro interés. Un individualismo que carece de escrúpulos porque sólo se nutre del interés propio, el que conduce, a ese ser amoral, a priorizar una estrategia egoísta por encima de cualquier cosa.

Y para acabar, las definiciones de otros dos conceptos:

Escrúpulo. Guijarro pequeño y puntiagudo. Apreciación enormemente rigurosa que una conciencia incisiva, sutil y delicada hace de su propia conducta prestando especial atención a las más pequeñas imperfecciones que de allí resultan.
Estrategia. Conjunto de acciones destinadas a producir un resultado determinado, a eliminar al adversario, etc.; arte y habilidad para dirigir un asunto.

¡Eliminar al adversario!... sin guijarros que frenen esa estrategia...