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viernes, diciembre 13, 2019


De artistas y galeristas

Una gran parte del mundo del arte se encuentra tan perdida que a veces incluso produce ternura. Este texto nace de las declaraciones del vicepresidente de LaVAC (Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana) en El Levante con motivo del cierre de la Galería Espaivisor: “Valencia sigue con la política de los grandes eventos... no hace nada para retener a las galerías”, “los políticos sólo atienden a los grandes centros”, “Nosotros nos jugamos el tipo en cada exposición”, “las galerías carecemos de absoluto interés para los políticos”.

Los artistas se lamentan

No hace mucho se organizó aquí en Valencia una suerte de seminario en el que se pretendía ofrecer al artista del hoy “un mapa de herramientas y estrategias con las que reorientar y enmendar su situación de inestabilidad profesional”. Se llamó Hacia la profesionalidad del artista visual y contó, como era de prever, con toda una plantilla de profesionales que se mostraban preocupados verdaderamente por el futuro del artista del hoy: comisarios, gestores culturales, galeristas, periodistas, artistas y miembros de asociaciones o agrupaciones pertenecientes a dos sectores de ese mundo.

Las galerías de arte se lamentan

Parece ser que, en efecto, parte de ese mundo del arte actual anda desconcertado. ¡Pero hay que decir que no todos los “elementos” que configuran su mundo!: los políticos y gestores culturales institucionales (no sólo de las capitales sino de todos los municipios tengan el tamaño que tengan) parecen vivir en constante estado de excitación y éxtasis. Y tienen motivos para ello pues a veces les sobrepasa la cantidad de eventos que tienen que atender cada semana. Tampoco los Grandes Centros de Arte pueden poner mala cara, pues sus alegrías crematísticas ya no provienen de una sola vía, la política/institucional, sino de dos, la política (que con ello gana votos) y la privada (que gana en desgravaciones). Aunque siempre les parecerán pocas esas alegrías a los Grandes Centros de Arte, todo se ha de decir. Llorones.

Entonces, ¿quiénes se encuentran desconcertados además de compungidos? Pues ya lo hemos avanzado: fundamentalmente dos sectores de ese mundo, el de los artistas y el de los galeristas, precisamente esos dos sectores que hasta no hace mucho eran los verdaderos generadores de la idea de Arte Contemporáneo. Pero ya no -se siente-, y por eso se embarcan constantemente en seminarios, congresos, jornadas, “abiertos”, mesas redondas, “nocturnos” y encuentros con el fin el fin de superar lo que ellos mismos llaman, no sin cierta ingenuidad, “reto del nuevo mercado global”, analizando conceptos como branding, comunicación off-line, RRSS, composición curricular, estrategias on-line, autogestión e incluso autogestión sostenible. Ya digo, desconcertados y perdidos.

De los artistas

Si hay algún sector verdaderamente patético en eso que aún llamamos mundo del arte es el de los artistas, o mejor, el de todos esos personajes que se autodenominan artistas. Los que se autocalifican artistas -que son todos los que creen hacer arte- se caracterizan por la queja, por vivir su “profesión” en permanente estado de lamento. O bien se quejan de no vender, o bien se quejan del poco cariño que le muestra la Institución Política, o si quieren el Poder Fáctico. Ambas quejas, insisto, es lo que convierte en patético a los representantes del sector. Respecto a la la primera porque convierte a los supuestos artistas en seres molestos, como molestos son todos aquellos que se empeñan en vendernos algo que no queremos. Y respecto a la segunda porque la queja supone una contradicción insalvable, pues la primera función (misión) que dicen tener los supuestos artistas es la de cuestionar el Sistema, el Poder Fáctico si quieren. Por lo que si alguien se empeña en trabajar para Él es sólo porque quiere ser un lacayo, lo contrario de un ser libre. Su falta de dignidad es sólo equiparable a su falta de pudor.

De las galerías de arte

Y respecto a las galerías baste recordarles tres cosas: -1. Que lo suyo se trata de un negocio y NO se un Servicio Cultural. -2. Que el producto que venden ya no representa ni siquiera el Espíritu de nuestra Época. Y -3. que ellos, los galeristas montaron su negocio por voluntad propia y además nadie les pide que “se jueguen el tipo con cada exposición”.

Parecen ignorar que las cosas del ahora nada tienen que ver con las cosas acaecidas antes de la caída de Lehman Brothers en (2007), mismo año en el que surgieron los smartphones, mismo año en que se consolidó Facebook; mismo año de la expansión de Twitter; mismo año en el que Google lanzó Android y promovió Youtube; mismo año en definitiva y sobre todo donde las RRSS se impusieron como forma de comunicación inmediata y masiva. En estas circunstancias el método hagiográfico (el artista como ser heroico que inevitablemente produce objetos sagrados) que aún siguen usando los galeristas ya no sólo es anacrónico, sino también obsoleto.

En cualquier caso, y tal y como ya advertí en artículo anterior, ¡claro que seguirá habiendo galerías de arte que funcionen bien económicamente!, pero ahora más que nunca serán solo aquellas que trabajen con coleccionistas superpoderosos (los pocos que van quedando), o con narcotraficantes, o con traficantes de armas, o si quieren, con brokers desalmados, o con empresarios de alto standing que saben desgravar con elegancia o blanquear con permisividad y connivencia, etc. ¡Y claro que seguirá habiendo Grandes "Ferias Basel”, pero para dar servicio sólo a los -galeristas- que son capaces de llegar a ellas! Unos cuantos elegidos, privilegiados.

domingo, septiembre 09, 2018

Sin Arte II


Al hilo del último post

y al hilo de otros otros posts también recientes:

En algunos de los últimos posts ha intentado uno describir la situación en la que se encuentra “eso” (esa actividad, esa disciplina) que aún tantos se empeñan en seguir llamando arte. Vano empeño (de uno), el de convencer a alguien de la futilidad de su actitud si no está dispuesto a escuchar nada que le pueda contravenir. Porque cuando uno habla de la inexistencia del arte no habla uno ni de creadores ni de su producto, que de esos y eso cada vez hay más, lógicamente. Así, no habla uno de lo que los demás sobre-entienden (no sé por qué), sino de la inexistencia del arte por la inevitable imposibilidad de su existencia.

De hecho, cuando hago referencia a la inexistencia del arte ¡no me refiero nunca ni a los creadores ni al producto que generan! (que ahí están ellos en tanto que artistas y ahí está el producto mostrado en nombre del arte, insisto), cuanto a una situación, la actual, que resulta perfectamente incompatible con la idea del arte que paradójicamente defienden tanto esos mismos creadores como los intermediarios que pretenden hacer negocio con ellos -galeristas y comisarios. Una idea del arte que devenida del final del XVIII se encuentra ahora perfectamente periclitada por una FUERZA MAYOR, el “simple” paso del tiempo. En este caso además con el aliño de un cambio de ERA, de la Analógica a la Digital. Y repito: Harald Szeeman dio el pistoletazo de salida, Lehman Brothers el gran empujón y la Redes Sociales la estocada definitiva.

Harald Szeeman mostrando un Sistema que ya no contemplaba la linealidad histórica y mostrando por tanto la imposibilidad de historiar el producto/arte, que no es sino una forma de negar la posibilidad de la Historia del Arte ante el arte actual; una forma de negar la posibilidad de aplicar la Historia a las nuevas formas de entender y organizar ese producto/arte. El caso Lehman Brothers desvinculando de forma brutal el concepto arte del concepto futuro; fue la caída de Lehman Brotehers en tanto que provocadores privilegiados de la la Gran Crisis Mundial la que le extirpó al producto/arte esa condición sagrada que venía sostenida por un mercado absolutamente disparatado y mostrenco (2007). Y las Redes Sociales haciendo real la verdadera democratización del arte, algo en lo que el arte venía fracasando desde hacía más de 100 años; fueron las Redes Sociales las que realmente hicieron posible y verdadera esa ecuación que tanto excitaba a los elitistas “artistas”, que eran todos: Arte=Vida.

Una de las consecuencias más patéticas que se dan en esta desconcertante coyuntura es, lo hemos comentado en otras ocasiones, el apasionado AMOR que ha unido a los artistas y a las Instituciones. Un AMOR tan apasionado como inquebrantable. Así, los artistas hacen -crean- exactamente lo que a esas Instituciones les interesa. Y son felices todos comiendo perdices: ellos, los artistas, creyéndose libres pero trabajando duramente para el “único mercado” que verdaderamente les hace caso, el ideológico, y ellas, las Instituciones, usando a los artistas para limpiar sus trapos sucios y mostrar de paso una imagen comprometida. Porque no nos engañemos, no hay nada que ponga más cachondo a las Instituciones del hoy que mostrarse comprometidas y, ¡oh casualidad! nada hay que ponga más cachondos a los artistas del hoy que saberse comprometidos. El AMOR, pues. Otra cosa es ver qué pasa cuando entra en acción el interés de un artista por ganar dinero con su trabajo y otra cosa es también ver qué pasa cuando entran en acción (en el “otro mercado”) los brokers del arte y reivindican su tajada. Otra cosa porque es entonces cuando todo el mundo habla del poco interés que hay en la sociedad por el arte, y es cuando ya nadie habla de visitantes en las galerías y museos, sino de compradores, coleccionistas e inversores. La QUEJA.

En el último post hacía uno referencia al Festival Abierto Valencia, un evento creado por los galeristas profesionales con dos fines: revitalizar (sic) las ventas y culturizar (sic) al pueblo valenciano. Veamos lo que el El Cultural del ABC decían ayer 4 jóvenes galeristas con motivo de su Apertura, un evento creado en Madrid con las mismas intenciones que el de Valencia. Ante la pregunta “¿Cómo van a hacer sus presentaciones oficiales en este Apertura?” contestaban esto (y cito textual e íntegramente):

-P.C.:Presentaremos a Gabriela Bettini, artista de la galería desde sus inicios. Su Primavera silenciosa habla de diversidad, de ecología, de feminismo, con un componente político.
-N.M.: Nuestra apuesta será Cristina Ferrández. Campos de utopía se centra en los casquetes polares y habla de la fragilidad del paisaje.
-L.M.: Aquí desplegaremos el trabajo de Lecuona y Hernández, colectivo canario con el que comenzamos a trabajar. La exposición se llama Cuestiones vivas y se centra en lo identitario.
-C.D.: Barbara Hammer, histórica y pionera del cine experimental feminista. Será una muestra poco comercial.

La originalidad que emana de las propuestas artísticas es apabullante debido a su poca previsibilidad que se desprende de los temas elegidos. En cualquier caso si los artistas no vendieran siempre les quedará la Institución que sin duda los acogerá con las piernas abiertas. Y si las galerías no vendieran siempre les quedará la queja... y sus reuniones con las Instituciones... para ver si pillan algo.

Post Scriptum. Para entendernos no hay más remedio que llamar arte a eso que todos siguen llamando arte aún cuando la tesis sea que ya “no hay Arte” desde que éste se democratizara realmente a través de la existencia de las Redes Sociales.

martes, agosto 07, 2018

Vendrán más años y nos harán más ciegos


O: Y aún dicen que el pescado es caro


Llegamos sobre la hora prevista y pactada. Se trataba de llegar a la cena con un poco de margen de tiempo por delante para poder charlar con tranquilidad antes de la misma, y por qué no, porque tampoco ninguno de nosotros (?) somos demasiado nocturnos. Acudíamos mi pareja y yo al chaletito de un matrimonio con una hija de 7 años. Él es amigo mío desde hace exactamente 31 años y a su mujer la conozco desde hace 13, los años que hace que se casó. No los veía desde hacía casi un año y mi pareja no los conocía.

Como era de prever la niña acapara una cierta atención de mi pareja. Algo de alguna manera lógico en la medida en que mi pareja tiene una hija que no hace tanto tenía la misma edad de la hija de mis amigos.

Nos sentamos en la mesa a cenar los cinco, y la niña sigue siendo el centro de atención de 4 adultos que en principio tienen muchas cosas que decirse, muchas cosas que descubrirse. Creo. Ahora, pues, entiendo menos la exagerada atención a la niña. Toda conversación se intenta hacer extensiva a la niña, pobrecita. Ella se siente bien, claro, es la protagonista de unas conversaciones que a veces entiende y otras, la mayoría, no, pero siempre es consultada, siempre atendida, pobrecita. Se hacen apartes entre nosotros pero late en toda la cena la necesidad de mostrarle a la niña interés por su presencia ¡y hasta por su pensamiento!, pobrecita. Pero a la niña le resulta insuficiente. Lógico por otra parte. Y razonable. Y es entonces cuando le pide al padre su teléfono para jugar con él en la mesa. El padre le dice que no, que su teléfono no, pero la niña hace oídos sordos y se levante de la mesa. El padre le insiste, "con mi teléfono no". La niña regresa con él, lo toquetea y pide la clave para entrar. La madre se lo coge de la mano para intentar abrirlo, pero la niña dice “no, sólo lo puede abrir el papá”. El padre, que se encuentra en plena conversación conmigo coge el teléfono como un autómata e introduce la clave, la niña se lo arranca de las manos y se queja de no tener los juegos que le apetecen. Así la niña: “voy a descargarme un juego papi”. Así el padre: “no, P, no que el papá no quiere aplicaciones en el teléfono”. La niña se lo descarga. Empieza a jugar a un ruidoso juego y los padres le llaman la atención. La niña hace caso omiso; incluso llega a decir que no sabe bajar el volumen. Al final hay que ponerse serio. Es igual, ya se ha cansado y lo ha soltado. Ahora quiere desatar a los perros, que han sido atados precisamente para que no nos dieran la cena, son perros agrestes que viven en el campo y no están muy educados. Los padres se lo niegan... durante unos... segundos, pero la madre le dice “vale, ve y desátalos”. La niña sale disparada y contenta mientras la madre dice “pobrecita, es que le gustan mucho los animales y sufre si están atados”. Llegan los perros en una estampida. Comienzan los gritos de mis amigos para intentar mantenerlos a raya. Imposible Se acercan, babean, lengüetean, se arriman y demandan comida. Imposible. La niña, pobrecita, se abalanza sobre ellos y los abraza; los acaricia y los vuelve a abrazar. “Pobrecita”. El padre le dice que ahora tendrá que lavarse las manos si quiere volver a sentarse. Ella ni lo mira. Mi pareja le da conversación, los perros están al acecho, de repente uno de ellos se impulsa contra la mesa supletoria engancha unas viandas y sale escapado. La mujer de mi amigo sale tras él cagándose en sus muertos y al rato llega con una esterilla de comida destrozada por las mandíbulas del animal. Cuando la cosa parecía haber llegado al límite y con el goce de la niña en su punto de clímax exclama “me aburro”. A los tres adultos que me acompañan parece afectarles la frase de la niña, pobrecita. Claro, pobrecita, una niña entre 4 adultos... Yo, sin embargo me digo a mí mismo para mis adentros “¿que te aburres... desde cuándo?”. “Pues podrías bañarte en la piscina” dice el ocurrente padre. Pensado y hecho, la madre le pone el bañador y ale. Pero la niña no contaba con que dentro de la piscina no sería la reina de la noche, así que en unos minutos estaba envuelta en la toalla. Al cabo de un rato mi pareja y yo nos despedimos de elllos y nos vamos. Ya en el coche me hace dos observaciones, una en forma de afirmación y otra en forma de pregunta; afirmación: “qué bien me ha caído la niña, es estupenda, desde que la he conocido me he dado cuenta de que es especial; hemos conectado enseguida”. Pregunta: “¿Has estado bien esta noche?, es que te he visto poco hablador.

Mutatis mutandi. Me encuentro de veraneo en una apartamento con mis sobrinos de 18 año. Uno de ellos se tira en la cama después de la comida, 3,30 h., con el teléfono firmemente agarrado por ambas manos. Yo me pongo a leer y a escribir. Me levanto varias veces, unas para beber, otras para evacuar y otras por simple curiosidad. Dan la 8, 30 h. y mi sobrino permanece con el teléfono empotrado en su pecho y a dos palmos de su cara, como una estatua de sal. Mientras me arreglo para salir le pregunto si quiere venirse conmigo a tomar algo, pero me dice que no, que ha quedado con un amigo; de hecho se baja en el ascensor conmigo para encontrase con él. A mi regreso me lo encuentro en la cama en la misma posición en la que ha estado 5 horas seguidas abrazado a su artefacto. Con el artefacto, claro.

martes, julio 03, 2018

Aclaración al post anterior



Un par de personas me han dicho que no han entendido muy bien el post anterior. Tiene su lógica si presuponemos que no se sabe quiénes son los personajes protagonistas de la fotografía. Una fotografía que habría sido absolutamente impensable hace unos pocos años. A nadie, digo, a nadie, se le habría ocurrido que para informar de una exposición de arte se podía poner en prensa una fotografía con 4 políticos. Hace unos pocos años les habría parecido, a todos los artistas (implicados o no en la exposición), una autentica aberración el que los políticos ocuparan la fotografía que informaba de una exposición colectiva. Pero ahí están ellos, orgullosos... con sus medallas dentífricas, dejando claro que detrás de ellos hay una de esa obras realizada por un artista/súbdito, casi anónimo.

Nota. Cuando digo 4 políticos no se me escapa que habrá quien sólo vea 2 y que, quizá alguien un poco más avispado vea sólo 3. Pero la realidad es que todo director de un Museo es, en este mundo hiperideologizado y configurado por los poderes fácticos coyunturales, un político puro. Como lo es todo comisario desde que el arte perdió su mayúscula, es decir, desde que el arte fuera definitivamente fagocitado por la Institucion.
Para más información ver siguiente post.

lunes, mayo 14, 2018

Teatro en domingo


¿Qué cosa es el público? ¿El público de qué? O mejor, ¿dónde está cuando no está donde debe?

Llevaba años esperando esperando -sin Godot- que algún espectáculo dramatúrgico me sacara de su estado letárgico. Y mientras esperaba me aburría o me indignaba precisamente por no cejar en esa esperanza. Esperanza en la espera activa, pues. Casi casi basura ha sido todo lo que a uno se le ha venido encima en los teatros a los que he ido acudiendo estos últimos años. No exagero. Basura aplaudida con ímpetu sin duda por un público ignorante por ideologizado o infantilizado. Años acudiendo al teatro, casi cada semana, con la esperanza de que, como en antaño, alguna obra me conmoviera. Alguna. De vez en cuando siquiera. No por una cuestión de innecesaria nostalgia, sino de pragmática necesidad. Cada vez más necesito creer en algo.

Ayer se cambió la dinámica. Tuve la suerte y el privilegio de ver un montaje teatral de primer orden. Como era de esperar, de prever y de suponer no éramos más de 30 personas las que en un domingo por la tarde tuvimos esa suerte y ese privilegio. La obra: 1789, en un universo paralelo, de Hadi Kurich.

Pero ¿por qué cree uno que había tan poca gente? Pues por varios motivos, los mismos motivos por los que, ya de entrada, se me hace difícil comprender la existencia de esta obra en los teatros valencianos: NO es una comedia, NO se trata de una compañía valenciana (subvencionada) y por último se trata de una obra exigente en la medida en que pudiendo ser entendida por la universalidad del texto, la verdad es que sólo una persona medianamente culta puede disfrutarla en plenitud. Así, pues, obra condenada al fracaso, el fracaso por el que hoy en día se mide todo. Sin embargo su indudable éxito se encuentra en la obra en sí misma, un prodigio de montaje para un texto milimétricamente preciso. El éxito de esta obra no era probable, pero ya se sabe: hoy en día, en estos tiempos de corrección política y de ideología agresiva, el éxito, cualquier éxito no puede ser otra cosa más que una forma de sofisticado fracaso. Y viceversa: muchos fracasos no pueden ser más que un signo de éxito. Así pues, 1789 un éxito (30 espectadores en domingo). Las cosas excelentes necesitan fracasar en alguna medida para poder ser excelentes. En alguna medida, repito, en alguna medida. 

El título ya avisa para que nadie se lleve a engaños. Un título disuasorio -y por tanto valiente- para todos aquellos que no le pongan cara a esa fecha, que son tantos... De hecho mi acompañante no sabía nada acerca de la fecha, ni reconocía los nombres de los personajes ni de lo que supusieron en la historia real. De tal forma que se tuvo que conformar con dejarse llevar por unos diálogos que no le referenciaban ni remitían a hechos concretos del pasado -del que salía este texto ficcional-, pero no por ello dejó de disfrutar por el sentido de universalidad que se desprende de la elaboración de un texto bello y preciso al que se añade la sobriedad de las interpretaciones. ¡Qué raro ya es encontrarse en el teatro algo de inteligente sobriedad!

Un espectáculo... ¡sobrio!, qué extraña paradoja y ¡qué bienvenida!: un espectáculo que utiliza la creatividad escenográfica para generar las sutiles metáforas que le permitirán evitar esa espectacularidad digital que tanto necesitan los ignorantes (al menos cuando no hay risas). Ignorantes, sí, los ignorantes que ha ido generando una Opinión Publicada absolutamente alineada, alienada y cobarde, que dejó de hacer verdadera Crítica de Teatro para que toda obra pudiera tener el mismo éxito merecido. Igualdad: todo es maravilloso y nadie es menos que nadie en el producto artístico. En la era de la corrección política no cabe ya la verdadera Crítica; ya no cabe el derecho al pataleo debido a una suerte del relativismo cultural que se nos ha impuesto por la vía de un buenismo populista; un buenismo cuya principal función es velar por la salud mental de los mediocres. No está hecha la miel para la boca des asno. ¿Éramos 30 personas en el teatro? Pues eso.



lunes, enero 15, 2018

Es que me muero de risa con el mundillo del arte II

Hace unos días aparecía esta noticia a toda página en la contraportada de El País:

“Una exposición repleta de falsos 'modigliani'”

La contundencia de la noticia se vale por sí misma, ya no tanto por lo que dice cuanto por lo que significa. Decir repleta no es decir cualquier cosa, es decir, repleta. Tal y como el mismo subtitular reza con un tipo de letra intermedia:

“Un informe policial asegura que un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”

Lo cierto es que el Arte Moderno y Contemporáneo tienen sus cosillas. De hecho, son las cosillas que envuelven a ese Arte Moderno que comenzó a imponerse a finales del XVIII las que de forma previsible nos condujeron a su inevitable acabamiento. Y así le ha ido al Gran Relato que fue la Historia del Arte: que ha desaparecido en los bajos fondos de la Revolución Tecnológica. Aunque haya tanta gente que se muestre reacia a percatarse de esa desaparición, bien por inercia, bien por melancolía, bien por intereses económicos.

Así que el Arte fue un sueño -de la razón- que transcurrió entre Revoluciones, la Francesa y la Tecnológica. Ese periodo de tiempo en el que el Arte se imponía a dedo... ya no por Reyes, como en el Antiguo Régimen, sino por Expertos; críticos, exegetas, historiadores, marchantes, políticos y narcotraficantes. No hay persona mínimamente informada que no sepa que el Arte Moderno surge, precisamente, cuando la maestría y la excelencia (de un arte al servicio del Poder) fueron sustituidas por la sinceridad y la autenticidad de unos seres (artistas) que justificaban su presencia en el hilo narrativo de la Historia a partir de un relato hiper-racionalizado, valga la paradoja y en contra de las apariencias.


El caso es que ¡“Un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”!, dice la noticia […]. Perdón por la pausa, pero es que me da la risa y me cuesta escribir, se me emborrona la tinta con los lagrimones que se me escapan involuntariamente. Sobre todo cuando pienso en los más de 100.00 visitantes que salieron del Palacio Ducal cachondos por la ingesta de Alta Cultura. Si verdaderamente fueran dignos de tanta cultura exquisita exigirían la devolución del dinero de la entrada, y los padres y profesores pedirían compensación por los daños y perjuicios causados por la pérdida de autoridad ante hijos y alumnos. Me meo. Perdón, pero es que me imagino a esos profesores de instituto intentando culturizar a los amantes de Netflix señalando la genialidad de lo que habían hecho unos cuantos mindundis... y me meo. Perdón de nuevo, pero es que leo las conclusiones de la experta (Isabella Quatttrocchi) que ha analizado las obras expuestas, “están vulgarmente falsificadas” y es que no lo puedo evitar, me meo. Y perdón.

Para completar información:
https://albertoadsuara.blogspot.com.es/2017/08/es-que-me-muero-de-risa-con-el-mundillo.html

jueves, enero 11, 2018

Autopista a la Maldad

Se ha apuntado mas de una vez en este blog. La maldad avanza con paciencia y sin freno.

Uno perdió toda esperanza cuando vio el uso que, después de todo, se hacía de Internet. 

Antes de que se impusiera como forma de comunicación total y bastante antes de que las redes sociales se impusieran como forma de vida absoluta uno creía, en toda su ingenuidad, que Internet serviría para impedir que grandes grupos (mediáticos, financieros, políticos, empresariales) nos siguieran humillando y aplastando sin piedad. Uno creía, en toda su imperdonable ingenuidad, que una vez fuera posible la comunicación total y a tiempo real entre TODOS, no habría nada ni nadie que pudiera humillarnos a TODOS. ¡Cuán estúpida ingenuidad la mía! No sólo siguen haciéndolo sino que además lo hacen a cuerpo de rey, es decir con el beneplácito de TODOS, ya mucho más preocupados por sus Insta que por la humillación a la que les someten de forma persistente todas las compañías de telecomunicaciones. Y las de distribución de energía.

Acaba uno de cambiarse de compañía una vez más, con todo lo ello lleva de diálogos surrealistas y de trámites kafkianos. Y por tanto de pérdida de tiempo y dinero. No había forma de hacerse entender ante ninguno de los interlocutores que preguntaban acerca del motivo por el que uno quería cambiar de compañía. Uno les decía de forma concisa, reiterativa e imperturbable: “no puedo soportar ni consentir que se premie la infidelidad”. “Cómo... qué... no entiendo”, contestaban todos los sabios que tienen contratados de mortecinos tele-comunicadores. Así uno sin concesiones ante la ignorancia ética y ontológica: “No puedo entender que después de años como cliente fiel de esta Compañía uno esté pagando más que cualquiera de los que entra de nuevo, me parece una política contranatura por perfectamente injusta, además de poco agradecida”.

Algo huele mucho a podrido. Y mucho se teme uno que las Compañía de Telecomunicaciones no son las únicas responsables de sus actos y decisiones. 


Post Scriptum. Llevan años diciéndonos, tanto desde Tráfico como desde todos los Medios de Comunicación, que la inmensa mayoría de accidentes mortales se producen en carreteras secundarias. Seguramente por eso, una de las decisiones más anunciadas a principio de este nuevo año ha sido el incremento sustancial del peaje en las autopistas. PURA MALDAD. Y mientras los internautas comiendo pipas. 

jueves, diciembre 14, 2017

Reír o llorar

Fotografía y enseñanza

Hoy empieza uno, como todos los años por estas fechas, a impartir las clases de Fotografía en la Universidad. Siempre hay un primer día en la enseñanza de cualquier materia, siempre hay un primer día en que el profesor se confronta a los que, después, van a ser alumnos de su asignatura durante un tiempo. No hay otra, ni para uno ni para ellos: uno llega al aula el primer día de clase y se encuentra delante de los que van a ser alumnos de su asignatura; ellos llegan a esa desconocida aula por primera vez y se encuentran delante al profesor que les va a impartir la concreta asignatura. Mirando a uno casi sin parpadear se encuentran todos esos alumnos que no están ahí para otra cosa que para aprender la materia de la asignatura concreta, la que uno imparte desde hace 13 años (al menos en este lugar). Expectantes y algo atemorizados, sólo algo, pero algo. No tanto por la asignatura en sí, cuanto por lo que pueda esperarse de quien les va a enseñar fotografía.

Por eso intenta uno siempre hacer un discurso lo más “naturalista” posible en ese primer día, pero sin dejar de apuntar los objetivos de la asignatura. Así, intenta uno ser afable sin dejar de concretar cuáles son los conocimientos que resulta imprescindible adquirir. Y uno les cuenta, entre otras cosas, que Fotografía es una de las asignaturas más difíciles de impartir porque así como de otras materias no saben nada y ellos lo reconocen (diseño editorial, tipografía, after efects, etc.) todos creen, sin embargo, saber de fotografía en la medida en la que llevan años haciendo miles de fotografías y subiéndolas a sus redes sociales. Y cuenta uno estas cosas mientras le miran todos casi sin parpadear, al aparecer expectantes y posiblemente, aunque sólo algo, atemorizados. O eso al menos cree uno cuando ve los rostros de esos jóvenes en su primer día de clase. Rostros que miran a uno de forma impertérrita, casi paranormal en la medida en que apenas parpadean. Y es entonces cuando uno, tal y como sucede todos los años, no sabe qué pensar. Porque siempre e inevitablemente uno no sabe qué pensar cuando un nuevo grupo de jóvenes le mira aparentando un interés, insisto, casi sobrehumano. Dudas, las de uno, razonables, pues aunque todos los años pasa lo mismo uno siempre cree que las cosas pueden ser distintas cada vez. Y que por tanto esta vez, hoy, los alumnos estarán verdaderamente interesados en el discurso de uno. Eso al menos piensa uno hoy: que quizá hoy las cosas van a ser distintas.

Así que uno les explica a los primerizos, entre otras cosas y en ese primer día, las diferencias que existen entre aprender (de) fotografía a través de internet y aprender (de) fotografía a través de los libros. Y se explaya uno entonces en ofrecer detalles que demuestran tales diferencias, pero no sin antes haber dejado claras ¡las maravillosas virtudes de poder informarse de todo a golpe de click!, cosa que hay que hacer fundamentalmente para que no tomen a uno por gilipollas ya desde el primer día de clase. Les cuenta uno, digo, lo que es un libro de fotografía(s), o un fotolibro en tanto que variante del primero, más genérico. Y esto de explicarles qué es un libro, en este caso de fotografías, hay que entenderlo de forma textual: hay que explicarles lo que es un libro, primero porque en realidad no lo saben y segundo para que puedan entender a continuación las diferencias que median entre aprender (de) fotografía a través de internet o hacerlo a través de los libros. Y en este punto se acuerda uno de la frase de aquel alumno que hace un par de años respondió “desengáñate Alberto, ya hace tiempo que las nuevas generaciones no leemos” a mi afirmación “ya no os doy a leer el libro de Susan Sontag porque ya sé que no lo vais a leer, como he podido comprobar de forma progresiva desde hace unos años”. Y cuando hablaba de lectura -hace ese par de años- hablaba de lectura, no de miradas fragmentarias, inconexas, lábiles, fugaces, ocasionales y raudas; hablaba no de otra cosa que de leer libros.

“De entrada un libro de fotografía, de fotografías -les cuenta uno-, así como un fotolibro, como este libro de fotografías del fotógrafo Robert Frank que tengo en mis manos (y es entonces cuando alzo el libro para que lo puedan ver todos: The americans) es antes que nada el producto de una negociación, de la negociación entre el autor y su editor. Así que observemos: Un libro tiene antes que nada un formato, unas proporciones, no es lo mismo un formato cuadrado que uno rectangular y no es lo mismo abrir en horizontal que abrir en vertical. Por no hablar del tamaño, tan vinculado al formato y claro está a la idea, a la idea de libro que se pretende. A los amantes de los libros -les señala uno-, no les suelen gustar los formatos horizontales si no se encuentran claramente justificados. Pero eso es sólo el principio, como también es previo a ese principio la concreta selección de las imágenes que van a formar parte de ese libro. Toda publicación que pretenda cierta excelencia es necesariamente el producto de una edición concienzuda, es decir, el producto de una selección muy concreta de entre todas las fotos posibles del autor. Después se encuentra ese otro tema capital de la edición de un libro, el de la estructura, que se organiza en función de una determinada secuencia narrativa; y en este sentido conviene saber el uso que se hace de la distribución de imágenes teniendo en cuenta, ya no sólo el orden, que también, sino la distinta importancia que puedan tener ciertas imágenes dependiendo de si se encuentran en las páginas pares o impares. Hay libros -les dice uno-, como éste, que decidió, con acierto indiscutible, reproducir las fotografías sólo en las páginas impares. En un libro de fotografía(s) las partes y el todo se encuentran estrechamente condicionadas entre sí. Por otra parte se encuentra el tamaño de las fotografías (la mancha, que se llama) respecto del formato del libro, si ocupan mucho o poco en ese blanco de la página, a lo que se añade la dificultad de decidir qué se hace con respecto a las diferencias de tamaño que, en un libro vertical, pueden darse entre fotos verticales (grandes en una página vertical) y muy pequeñas (en una página vertical). Por no hablar de cómo situarlas en esa página, si a sangre toda ella, o a sangre por uno de sus lados, o centrada... Un fotolibro -les acaba diciendo uno-, es puro pensamiento visual, así que resulta necesario saber elegir las imágenes adecuadas para hilar de la forma más adecuada una narración concreta, algo que encontrará su máxima excelencia si se tienen en cuenta todos esos factores. Y para acabar: un libro es un objeto con un peso específico que de alguna forma hay que tocar; las reproducciones son extremadamente parecidas a las fotografías originales, parten del mismo principio, el de ser/estar impresas sobre papel; en fin, todo en la experiencia de ver/tocar/ver un conjunto ordenado de fotografías invoca al conocimiento, al conocimiento que es pensamiento visual.”

Todo eso les cuenta uno a sus primerizos alumnos -los que siguen mirando a uno casi sin parpadear- explicándoles inmediatamente después qué tipo de conocimiento puede adquirirse a través de internet: “Sin embargo -sigue uno- cuando pincháis el nombre de un fotógrafo en Google, como por ejemplo este de Robert Frank, aunque podríamos acudir a cualquier otro ejemplo -y es entonces cuando alzo con las manos otros 3 libros de otros autores que uno se ha tomado la molestia de traer a clase- lo que os vais a encontrar es, inevitablemente, un magma de fotografías sin orden ni concierto. Un magma caótico en el que aparecen fotos de forma aleatoria y que se visualizan en formato muy pequeño y en una visión de conjunto. En pequeño, sí, porque carecen de resolución suficiente para poder ser vistas con una mínima dignidad, y en ¡vaya conjunto!, porque son muchas, pero colocadas al tun tun debido a algoritmos fantasmas, siempre muy comerciales; una o varias de ellas pueden repetirse ad-nausean pero pareciendo distintas debido al color, que en unas es verde, en otras rojo o violeta aunque la foto sea en blanco y negro. Y lo peor de todo: ni siquiera todas las fotos que nos muestra la búsqueda de imágenes son del mismo autor, lo que sin duda confundirá definitivamente a quien quiere informarse con el fin de aprender algo del autor/fotógrafo”.

Y continúa uno dirigiéndose a esos primerizos alumnos que apenas parpadean: “Fijaos qué curioso, el año pasado, les conté todo esto mismo que os acabo de contar a vuestros predecesores, los que ahora están en segundo, les traje estos mismos libros que deposité sobre esta misma mesa tal y como he hecho hoy, habiéndoles señalado que aquí estaban -traídos a propósito- para que pudieran echarles una ojeada y corroborar el discurso, no sin antes habiéndoles hecho un pequeño comentario acerca de todos ellos. ¿Sabéis qué pasó cuando llegó la hora del almuerzo, que todo se ha de decir no fue inmediatamente después de ese discurso sino media hora más tarde? Pues yo os lo digo: que se levantaron, salieron del aula y cruzaron al horno a comprarse la empanadilla de turno”. Los libros se quedaron ahí, huérfanos de tacto y mirada. Y yo con un palmo de narices; “no hicieron a los libros ni puto caso”, eso fue lo que les dije.


Todo esto les ha contado uno a los alumnos primerizos aproximadamente media hora antes de que llegara la hora del almuerzo esta mañana, esta misma mañana, primer día de clase. ¿Y saben ustedes, lectores míos, qué ha pasado cuando he anunciado la hora del recreo, esto es, la del almuerzo? ¿A que sí? En efecto: que han salido disparados hacia el horno. Reír preferiría, pero sólo tengo ganas de llorar. Son ya varios palmos de narices.

domingo, agosto 07, 2016

La juventud de Eloy

Por una parte se encontraría el Conocimiento y por otra el Sujeto.

El Conocimiento sería, pues, eso que NO todo Sujeto desea poseer.

¿Y qué desea poseer ese Sujeto que carece de interés por el Conocimiento? No lo sé, ni me importa, supongo que tiempo para jugar (CandyCrash), bailar, chatear, hacer senderismo, running, ultramaratones. Que en su derecho están, digo yo, sobre todo si son jóvenes, o no.

En verdad sólo me ocupan los que, en principio, desean obtener algún tipo de Conocimiento en sentido abstracto, no especializado. Pero ¿quienes son, si es que se caracterizan por alguna particularidad que los hace reconocibles? ¿Y qué entienden por Conocimiento?

La cuestión es que al Conocimiento sólo se accede a través del ansia. Y aquí no valen distinciones entre analógicos y digitales. Sólo es posible el Conocimiento poseyendo un ansia previa y dedicando después un ulterior esfuerzo. Lo demás es pura palabrería bienintencionada.

¿Y cómo podría definirse el ansia de conocimiento en la juventud de esta era digital? Seguramente como peculiar, entre otras cosas debido a la inmanencia a la que son arrastrados por un ritmo de vida que rechaza radicalmente la parsimonia, el adaggio. Única forma posible, al menos desde el punto de vista analógico, de acercarse a cualquier posibilidad real de Conocimiento.

¿Generalizar? Por supuesto, pues los jóvenes son quienes son y hacen lo que hacen, y no quienes podrían haber sido, o quienes les gustaría ser, o quienes nos gustaría que fueran. Entonces, insisto, ¿quienes son esos jóvenes que supuestamente desean obtener Conocimiento? ¿Qué tipo de Conocimiento? Y sobre todo ¿en qué forma desean obtenerlo? ¿De qué forma esperan acceder a él?

De una forma o de otra yo estoy en contacto con ellos todos los días desde hace años, así que me veo capacitado para ensayar una respuesta, no tanto en base a opiniones deducidas de mi experiencia docente, cuanto en base a mi propia experiencia vital personal, que tampoco puede dejar de ser la que es.

  1. Hace unos pocos meses (ya lo conté aquí en otro post) fui invitado a dar una conferencia sobre el tema de mi último libro, titulado De otros mundos. Una aproximación al paisaje sintético, en la Universidad de Bellas Artes de Murcia. A pesar de los esfuerzos del programador -del ciclo de ponencias- sólo consiguió reunir a unas 30 personas en el salón de actos. La sensación era ciertamente desoladora si tenemos en cuenta al menos dos circunstancias: que el tema era en principio un tema directamente vinculado a los jóvenes y a sus estudios, que son a quienes hace referencia el libro cuando habla de creación digital; y que además la ponencia se daba en “sus” instalaciones tan cercanas a los estudiantes de 3 cursos y masters varios. Avergonzado por la ausencia de público quien ha contratado mi presencia me dice “Aún has tenido suerte, con Valcárcel Medina (Premio Nacional de Arte) fueron 9 los asistentes y con Borja Villel (Director del Reina Sofía), una de las personas más inflyentes en el mundo del arte contemporáneo, no llegaron a una quincena”.
  2. Y ya que estoy: el libro De otros mundos ha sido escrito a partir de una exhaustiva investigación que pretende aproximarse a un mundo, el de la creación digital figurativa, sobre el que aún nadie ha reflexionado seriamente (creación de personajes y sobre todo entornos digitales figurativos). Y lo he hecho por encontrarme en la, posiblemente, mejor escuela universitaria de videojuegos que hay en el estado español. Así, en una escuela en la que las imágenes sintéticas (digitales) forman parte intrínseca y primordial de su formación más especializada. Pues bien, y por no extenderme, puedo decir sin faltar a la verdad que absolutamente NADIE ha leído el libro. Nadie. Y hay cerca de 300 alumnos y 60 profesores que de forma directa se encuentran vinculados a la creación artística en general y más concretamente a la creación artística relacionada con las imágenes sintéticas figurativas en muchos casos particulares. Pues nadie.
  3. Todos los años espero, como quien espera el maná, la llegada del estupendo ciclo de conferencias que organizada el periodista Salva Torres en Valencia. Y todo debido a la presencia del para mí mejor pensador vivo actual, Jesús González Requena, uno de los pocos pensadores españoles, si no el único, con un personal corpus teórico perfectamente sistematizado que constantemente queda corroborado desde su apabullante fecundidad. Presenciar una conferencia de Requena acaba convirtiéndose siempre en una experiencia extática para quienes como yo no se conforman con las ideas ingeniosas y buscan, precisamente, aproximación al Conocimiento real. Ya son varios años acudiendo aquí en Valencia a las ponencias en las que interviene González Requena. Pues bien y por ir al grano, la media de asistentes a sus charlas podría cifrarse en la veintena, de los que habría que descontar la docena que van obligados por una profesora que se lo exige a sus alumnos. Así, entre 6 y 10 espectadores tirando por lo alto.
  4. Este año debo haber ido al teatro pongamos que unas 20 veces, 15 de las cuales ha sido en salas alternativas donde por lo general se hace un teatro más digno que las salas “major”. Salvo raras excepciones, se trata de compañías semiprofesionales que suelen representar buenos textos y que me han otorgado muy buenos momentos (de goce y conocimiento). Pues bien, hay veces en las que he sentido verdadera vergüenza debido a la escuálida asistencia que han convocado algunas de esas obras. Recuerdo una en concreto en la que el número de actores (de una compañía venida para los efectos desde Mallorca) era aproximadamente el de los espectadores: 6 actores para 9 espectadores. Y yo me preguntaba cada vez ¿dónde están quienes no se encuentran? ¿Quiénes son? ¿Dónde están, por ejemplo, los estudiantes de Arte Dramático de las 3 escuelas que a ello se dedican en Valencia (dos privadas y una pública)? ¿Dónde están los estudiantes de interpretación que se encuentran ahora cursando el primer curso… y los de segundo… y los de tercero… y los de los másters? ¿Dónde los licenciados de hace un año, de dos años, de tres? ¿Dónde los que quieren estudiar Arte Dramático? ¿Dónde los que lo estudiaron hace 5, 6 o 7 años? Yo conozco a muchos de esos estudiantes y jamás me he cruzado con ninguno en ninguna ocasión. Y no debemos olvidar que Valencia cuenta con más de un millon y medio de ciudadanos.
  5. Cinema Jove es el Festival de Cine de Valencia por antonomasia y por derecho propio. Este año se esforzó por complementar complementó la programación con una sección que estuviera más cerca de los nuevos intereses de los jóvenes, una sección dedicada a las webseries, esas series realizadas para ser deglutidas por internet, que a su vez es eso a lo que los jóvenes se encuentran adheridos varias horas al día. Para indagar acerca de esos intereses y de las dificultades que llevaba intrínsecas esta nueva y juvenil forma de expresión audiovisual se programaron dos mesas redondas, en una de las cuales yo participaba. ¿Número de asistentes? Respuesta: 8. Es decir, en toda la Comunidad Valenciana hay en principio sólo 8 personas a las que les interesa reflexionar acerca de los intereses y gustos de un sector de la población, la juventud, respecto a un formato narrativo audiovisual incipiente e inventado por ellos mismos. Y digo en principio porque 6 de esos 8 asistentes eran amigos de los ponentes. Así, 2. UN Festival con 20 años de existencia programa una mesa redonda para abordar un asunto que atiende a intereses puramente juveniles -pero de forma “profesional” y buscando un análisis que pueda ayudar a solventar los problemas que todos los creadores admiten tener- y es capaz de convocar a ¡2 personas!

Sin embargo, lo veo en los telediarios, el éxito de Arenal Sound (Festival de Música en la playa) es apabullante incluso a pesar de los inonvenientes surgidos este año. Y éste es sólo uno de los numerosos festivales de música estivales.

Antes hacía referencia a la poca o nula necesidad que sienten los estudiantes por leer un concreto libro que, esta vez, se encontraba estrechamente vinculado al producto que les tendría absorvidos durante al menos 4 años de sus vidas. Podría parecer que el tono de lamento viniera por tratarse de un libro escrito por mí. Nada más lejos. Pero no dejaba de ser un libro que parecía haber sido escrito para esa gente y no otra. Y la cuestión fue que un libro que indagaba y reflexionaba entorno a los fundamentos de la creación de un producto al que los estudiantes pensaban dedicar su vida no obtuvo ni un solo lector.

Por decirlo a las bravas, y a ver si nos dejamos de dar rodeos y de marear la perdiz: los jóvenes de el hoy no leen nada; o mejor, leen algo si el protagonista de la historieta tiene los pies peludos o porta una varita mágica, pero NADA sobre, por ejemplo, los fundamentos de aquello a lo que van a dedicar su vida entera (por no decir NADA sobre asuntos que les conciernen pero desde un punto de vista más filosófico). Me resulta impensble que mis alumnos pudieran leer libros sobre los fundamentos de su futura profesión, tal y como hicimos todos los que estudiamos años ha. Impensable por imposible que dedicaran su maravilloso tiempo ¿libre? a leer lo que todos leímos a las 18 años: Munari, Dorlfles, Arnheim, Panofsky, Dondis, Zunzunegui, Francastel...

Es cierto, de todas formas, que no debemos esperar de los jóvenes lo que no a todos los jóvenes tiene por qué interesar. Así, la cuestión no es criticar a ese porcentaje de gente al que jamás interesó el Conocimiento, sino de sorprendernos ante ese cada vez más exiguo porcentaje de jóvenes al que sí les interesó en otros tiempos. Porque incluso los jóvenes más avispados y competentes de el hoy son NO lectores empedernidos. Y quien dice no lectores dice en negativo todo lo que afecta a una cultura sensible; así: no espectadores de teatro, no espectadores de cine clásico o alternativo, no amantes de la Historia, en definitiva, del Conocimiento más abstracto y conceptual que se adquiere de múltiples y variadas formas, todas ellas imbricadas. Sí, ese Conocimiento que según muchos no sirve para nada, que por algo han quitado la filosofía de los nuevos planes de estudios. Así, mientras los magnates y los políticos engordan sus estómagos y sus arcas dejándonos indefensos ante las compañías de telecomunicaciones, por ejemplo, los demás, los ciudadanos de a pie, nos iremos haciendo cada vez más ciegos, o más gilipollas, por ir aceptando, con absoluta indulgencia, o incluso diría que en perfecta connivencia con ellos, todas esas dádivas -envenenadas- que nos hacen parecer más libres. ¿Que por qué? Pues debido a la indefensión y el desamparo en los que sume a un sujeto su propia ignorancia. Podemos ir con chanclas y bañador a las clases universitarias pero carecemos de argumentos y por tanto de Fuerza.


Nota. En cualquier caso, y por hacer honor a la verdad, debo decir que he regalado mi libro De otros mundos a bastante gente y la conclusión es que no lo ha leído nadie, al menos nadie me ha hecho jamás un comentario al respecto. Y ya no estamos hablando de jóvenes. Bueno miento; uno sí me hizo saber que lo había leído y me hizo algún comentario al respecto, Félix de Azúa. Ningún otro.

sábado, noviembre 28, 2015

Lo que verdaderamente pasa con el Arte 3

Quizá era necesario dejarlo claro con formas y ejemplos más taxativos. Lo voy a intentar.

Cuando digo que ya no hay Arte lo que digo es que ya no hay una Institución que verdaderamente controle y abarque lo que en su nombre se presenta como tal. Y que tal cosa ha sucedido porque el producto que podríamos denominar artísitico se ha fundido en lo social. Es decir, del elitismo aristocrático que ha gobernado el mundo del Arte durante todo su reinado, cerca de 250 años, hemos pasado a un estado donde la tecnología ha democratizado el producto en nombre de las autopistas de la información y de la multioferta. Y recordemos que era ¡exactamente esto! lo que la Institución Arte ha perseguido con ahínco, sobre todo desde las Vanguardias Históricas: democratizar el Arte. No podemos olvidarnos del híper famoso grito de Guerra del gurú por antonomasia del Arte finisecular Beuys, “Todos somos artistas”. Así pues, un éxito del propio Arte (de la Institución Arte en su desarrollo histórico) el hecho de que ya no haya Arte. Es lo que se llama “morir de éxito”.

De nuevo un frase de Tomás LLoréns nos muestra lo reacios que son los representantes de una era periclitada a aceptar un cambio de paradigma. En la entrevista citada en el anterior post Lloréns venía a decir que a pesar de todo ese caos que vive el arte en la actualidad hay muchos buenos artistas pero que en estas condiciones son muy difíciles de encontrar.

Pues bien, es exactamente TODO LO CONTRARIO. Es precisamente ahora donde todo es fácil de encontrar. Lo que seguro seguirá siendo difícil es determinar quienes son o no son buenos artistas. Y es ahí donde, precisamente, entra el factor de la democratización que tanto ofusca a quienes en el fondo no la quieren -y no la querían- porque no les interesa. No hay duda: cuando no existían ni Internet ni el Big Data lo que decían los expertos era incuestionable entre otras cosas porque no había forma de cuestionarlo. Pero ahora ¿qué usuario (más o menos nativo digital) va aceptar que un supuesto experto le diga qué artistas debe admirar? Prácticamente ninguno. Que un tipo se empeñe, en función de su supuesta condición de sabio, en señalar a ciertos artistas para hablar de su irrefutable superioridad artística respecto a otros es una de las cosas más desfasadas que intelectualmente pueden hacerse hoy en día.

Lo que en absoluto quiere decir que no se pueda elogiar a tal o cual artista a través de textos verbales más o menos literarios. Sólo quiere decir que ya no podrá hacerse amparándose en el plural mayestático que se expresa desde la Institución. O dicho de otra forma, todo elogio verbal de una obra de arte no dejará de ser más que una “simple” crónica del firmante de la misma.

Cuando digo que ya no hay Arte porque el producto arte se ha fundido en lo social, lo que digo es que el artista de antaño ha desaparecido. Y que ha desaparecido, precisamente, por estar en “todas partes”. Así pues, ésta es la paradoja, el precio que el artista del hoy ha tenido que pagar por estar en todas partes es el de haber desaparecido.

domingo, noviembre 22, 2015

Lo que verdaderamente pasa con el Arte 2

Para leer este texto recomendaría primero acceder a estos enlaces:




Resulta fácil entender la afirmación que hace hoy (22-11-15 Levante) Tomás Lloréns en una entrevista a doble página en la que asegura que la gestión del arte debe dirigirse “a los ciudadanos y no a grupos de profesionales que viven de la cultura”. Porque, en efecto, una de las perversiones más habituales que se derivan de las actuales formas de política es sin duda la corrupción. No hay partido político gobernante que no ceda a la tentación de convertir la cultura en aquello que más les interesa y para ello no dudará en usar los mecanismo que se han demostrado eficaces políticamente, cediendo favores a ciertos grupos especializados en vivir del cuento. A veces no son ni siquiera amigos o avenidos, simplemente lo hacen porque a ellos, los gobernantes, les resulta más cómodo dejar la cultura en manos de técnicos mediocres (“profesionales que viven de la cultura”) conocedores de los límites y cómplices del nepotismo tácitamente aceptado, que dejarlo en manos de quien por independencia pudiera generar problemas. Otra cosa sería aceptar que la gestión del arte debiera ir dirigida a los ciudadanos. He aquí, pues, el gran dilema no resuelto: nadie sabe qué significa que la gestión del arte tenga en cuenta a los ciudadanos.

Dilema que no resuelve el gran experto Tomás Lloréns, como demuestra en toda la segunda parte de la entrevista. Más bien al contrario, lo que hace es mostrar la incapacidad que sufre hoy en día la Institución para explicar su caótica existencia actual. Después de una afirmación que sin duda proviene de la indignación (la gestión del arte no debe ir dirigida a grupos de profesionales que viven de la cultura*) el experto, uno de los más reconocidos internacionalmente, se pasa media entrevista pidiendo que la gestión de la cultura se deje en manos de profesionales independientes, es decir de profesionales no vinculados a ningún partido político. Pero, ¿pueden convivir las dos afirmaciones simultáneamente? Sin duda, no. Esta esquizofrenia es típica y comprensible de quien ha vivido la Era del Arte (analógica) y se resiste a las nuevas pautas que marca la Era Digital. Recordemos que la Era del Arte no fue más que el producto del hacer de unos profesionales que jamás pudieron ser cuestionados “desde fuera”, lo que decían y hacían era incuestionable. Y eso por no hablar de la (im)posibilidad actual de desligar los grandes eventos culturales de los presupuestos del Estado, que ese es otro tema

De hecho, resulta muy significativa la contradicción de Lloréns: por una parte niega la autoridad a “grupos de profesionales que viven de la cultura” y por otra exige que la gestión cultural sea llevada a cabo… por profesionales. Significativa por cuanto delata las debilidades -o los miedos o las perversas nostalgias- que afloran en quienes han perdido el monopolio de la opinión y por tanto de la configuración del sistema Arte. Para eso debemos aceptar que el experto -antes crítico/historiador/director/galerista- lleva ya muchos años fuera de servicio y su poder es casi nulo en la configuración del sistema. Aunque no así la del comisario, figura por la que ha sido sustituido y que, como bien sabemos, es una figura meliflua y adaptativa que genera proyectos para los que son necesarias unas muy buenas relaciones con las altas instancias políticas.

Pero es en la explicación que da Lloréns a este desafuero que ya nadie discute donde se encuentra el fatal error, ese error que sólo podrá mantener vivo el propio desafuero. Y todo porque tal explicación nace de un entendimiento del arte absolutamente periclitado, desfasado, es decir justificado con argumentos excesivamente “analógicos” (pertenecientes a la Era del Arte, no a la Digital). Para Lloréns ese desafuero en la gestión del arte se debe a los propios mecanismos utilizados en la misma gestión, que se rigen por lo él que llama “innovación destructiva”. En efecto, para el experto todo este desorden que habita la gestión del arte contemporáneo se debe a la necesidad de actuar como lo hace el mercado tecnológico: proponiendo ciclos destructivos que se fundamentan en la promoción constante de lo novedoso. Para él toda la culpa se encuentra en esta perpetua necesidad de renovación. Así, es cierto,la causa se encontraría en la propia Era Digital, pero el pensamiento con el que se analiza esa causa es puramente analógico y no atiende realmente a las condiciones mismas del presente.

Pero de lo que no se da cuenta Lloréns es que la cuestión podría ser mucho más fácil de entender -y de explicar- a poco que observemos atentamente el actual estado de las cosas:

En la Era Digital coexisten dos tipo de personas: los antiguos amantes del arte (seres más analógicos, antiguos compradores, galeristas, críticos) y los nuevos consumidores de internet. Los primeros YA no compran porque se sienten estafados debido a los precios que tuvieron que pagar por lo que hoy no vale NADA. Y los segundos están directamente en otra onda; no quieren saber nada que ocupe las paredes y almacene polvo. Paredes de casa que no tienen porque su única casa es la nube. Además en esa nube lo tienen todo y su afinidad electiva jamás se verá contaminada por la opinión de alguien (experto) que intente imponer ciertas jerarquías ya sólo justificadas por caprichos personales. Por eso insisto: Damien Hirst y Jeff Koons son los últimos artistas de la Era del Arte, una era periclitada. Todo lo que ha venido después no sé lo que es, pero desde luego que no pertenece a la Era del Arte porque esa era ya no existe más allá de los vestigios testimoniales que haya podido generar una inercia sentimental y especulativa.

*Frase que viene precedida de un titular que corrobora el enfado que envuelve la entrevista del experto: “La situación del San Pío V es una total vergüenza”.

Post posterior y complementario
http://albertoadsuara.blogspot.com.es/2015/11/lo-que-verdaderamente-pasa-con-el-arte-3.html

lunes, agosto 22, 2011

España...

Sigo sin recordar el tema que me ocupa tantas horas al día (ver antepenúltimo post), pero sigo rodeado de los mismos libros y de unos pocos más. Mi mesa es un skyline de panorama cambiante. Todos ellos se refieren de manera más o menos directa a cuestiones estéticas. La mayoría son nuevos, pero otros fueron ya subrayados hace tiempo. Se trata de un tema que, como ya he contado en otras ocasiones, ocupa una buena parte de mi biblioteca. Y de mi cabeza magnetizada.

En el primer párrafo del libro de Jean-Marie Schaeffer Adiós a la estética leo lo siguiente: “A pesar de las apariencias, el título de este ensayo no debe leerse como una declaración personal. Simplemente traduce, admito que de manera algo adornada, mi diagnóstico respecto a la renovación de la reflexión estética a la que habríamos asistido en Francia durante el último decenio. […] los debates han encontrado –al menos de momento- un eco público más allá de la esfera de la filosofía profesional…”.

Podría no dársele la importancia que verdaderamente tiene. Y quizá no suela dársele debido a una significativa costumbre aquí adquirida. Pero, bien miradas, las cosas cambian (como casi siempre). Por eso me escandalizan frases tan aparentemente inocuas como “…la renovación de la reflexión estética a la que habríamos asistido en Francia durante el último decenio.”

¿Renovación?, ¿reflexión estética?, ¿último decenio?, y la más importante ¿dónde se ha dado esa reflexión que ha provocado una renovación tan importante en la estética? Respuesta: en Francia. O dicho de otra forma: en España NO, por supuesto. ¿Qué ha pasado pues en España respecto a esa importante renovación estética en el pensamiento; dónde se ha producido el "debate"? Respuesta a la primera: estéticamente hablando NADA. Respuesta a la segunda: ¿qué debate?

Así que, en efecto, sólo nos queda leer lo que dicen, entre otros, los franceses. ¿Qué ha pasado entonces en España respecto a un pensamiento estético que pudiera codearse con el pensamiento allende nuestras fronteras, ya sea con el continental ya sea con el analítico? Respuesta: ¿España, pensamiento qué? En su libro Schaeffer cita a algunos autores con los que discute o con los que acuerda. ¿Alguno español? Respuesta: usted mismo.

Cambio de libro, ahora es Antropología de la imagen de Hans Belting, que tiene 17 páginas de relación bibliográfica. ¿Cuántos autores españoles le han servido al bueno de Hans para elaborar su interesante tesis antropológica? En efecto: ninguno. Cojo ahora Teoría de la imagen de W.J.T. Mitchell, a quien podría considerarse el teórico más influyente del panorama actual, ¿algo quizá de España, una propina aunque sea? Respuesta: NO, NADA y se trata, posiblemente de alguien que se ha leído casi todo. Cojo ahora tres de golpe, Paisajes sublimes de Remo Bodei (con 23 págs. de citas y notas bibliográficas), Lo grotesto de Wolfang Kayser (con 25 págs. de referencias bibliográficas usadas para realizar su estudio) y Lo fantástico de Remo Cesarini (con 14 págs. dedicadas a la bibliografía). Total: 79 páginas repletas de referencias bibliográficas escritas en letra pequeña. Pregunta, ¿algún español? Respuesta suavizada: hmmm... NO.

Por último acudo a un libro que podría sacarme de la obnubilación que sufro, pues se trata de un libro que analiza, como su mismo título indica, La querella del arte contemporáneo, así en general. En él, en efecto, se analizan las variadas posiciones que ciertos pensadores han ido tomando en referencia a las formas de entender el arte y la estética hacia finales del XX. Los nombres importantes que salen a relucir son, evidentemente, no españoles. He acudido a mi biblioteca para consultar las bibliografías de todos esos autores, unos más antiguos y otro más actuales (Clement Greenberg, Nelson Goodman, Yves Michaud y Rene Clair, entre otros muchos). Pero también salen en el libro nombres menos importantes, pero igualmente traducidos al español; los consulto. ¿Y qué?, ¿algo?, se preguntará más de uno. Respuesta: NO SOMOS NADIE, queridos. Como NADIE somos en el mismo arte contemporáneo, cuyo mercado español representa un miserable 0’6% del mercado mundial.

En todo caso ¿a quién cabría achacar este desaguisado que demuestra el cero absoluto? Respuesta: ¿Qué tipo de conocimiento es impartido en las Universidades de este país? ¿Qué tipo de conocimiento adquieren los alumnos? ¿Quién les otorga los “cum laude” a los alumnos cuando se les considera legítimos investigadores? ¿Qué clase de tesis se les exige? ¿O se trata después de todo de una cuestión de editoriales? ¿No será que las editoriales no publican las únicas cosas que valdrían la pena debido precisamente a que en ellas existe investigación y tesis, esto es, riesgo? Respuesta: España de mis huevos.