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sábado, marzo 14, 2020

La sociedad de la opulencia


...y de su forma curiosa de actuar

¿Por qué no salió ayer en los medios Irene Montero para hablarnos del techo de cristal?, ¿Por qué no salió anteayer para señalarnos los signos machistas que afloran cuando un padre le compra una pelota a su hijo? ¿Por que no va a salir hoy para relatarnos una nueva fantasía policial? ¿Por qué no veo a nadie en ningún lugar hablando de las pocas mujeres ingenieras que hay? ¿Por qué en los periódicos no aparecen noticias sobre el empoderamiento de la mujer; ni sobre su poca visibilidad (sic)? ¿Por qué desde hace 3 días no oigo a nadie diciendo que los varones estamos confabulados de forma organizada para fastidiar a las mujeres? ¿Por qué ahora sólo oigo hablar de infectadOs?

*Tercer día de pánico producido por el Coronavirus

martes, marzo 13, 2018

Del goce y el dinero

Las feministas y feministos están cabizbajos, de alguna forma se les ha caído el mundo encima; sus expectativas se han visto frustradas. De alguna forma, insisto, su inercia se ha visto frenada. Sobre todo después del extraordinario goze con el que vivieron su aventura de la Huelga del 8M. Y también se encuentran cabizbajos, por lo que supone en términos de pérdida de dinero, a la vista de cómo se ha resuelto el caso del pequeño Gabriel.

El caso se ha resuelto sin que la noticia haya podido servir para que el lobby, los lobbies, hayan agrandado su arcas (económicas) y sin que nadie haya podido gozar en una reivindicación que se hubiera podido beneficiar de lo que al fin y al cabo no es sino una mala noticia. El asesinato de un niño es sin duda y siempre una mala noticia, pero sólo hubiera sido rentable para mucha gente si el asesino hubiera sido un varón.

La verdad es que a más muertas (?) más dinero se destina a combatir la "lacra". Más argumentos hay para justificar los necesarios gastos que supone combatirla. Por eso a las feministas y feministos no les ha hecho ninguna gracias que "el" asesino del pequeño Gabriel haya sido una mujer; una mujer inmigrante y negra para más señas. Si hubiera sido un hombre los lobbies de opinión en general y los feministas en particular estarían cachondos a pesar de todo.

Nota. Por cierto, de los últimos 23 niños asesinados por sus familias 16 de ellos han sido asesinado por mujeres y 7 por varones.

jueves, marzo 08, 2018

Huelga Feminista 8M (1)


(Itinerario de 3 días, del 5 al 8 de marzo)

[Antes de nada: he preguntado en mi entorno y puedo decir con rotundidad que nadie en ese entorno se ha leído el manifiesto feministas del 8M. Y cuando digo nadie digo nadie, y está al alcance de cualquiera a golpe de click. Pero eso sí, todo el mundo tiene opinión, nada más faltaba]

5 de marzo (faltan 3 días)
Leo en el periódico, en página impar y ocupando gran parte de la página,

“La C. Valenciana, a la cabeza en víctimas de violencia machista”.

Junto a esa noticia, y en columna pequeña lateral, leo este otro artículo, con titular de tipo mucho más pequeño,

“España registra el porcentaje más bajo en violencia sexual”.

En el artículo grande se nos vienen a decir, en el tono al que estamos acostumbrados, que las mujeres son víctimas de una sociedad controlada por hombres, hombres canallas como no podía ser de otra forma. Va implícito en todas las opiniones publicadas desde hace ya unos años, sólo que ahora ya de forma desmelenadamente psicótica.

En la columnita, en cambio, se dice que

“Según datos de The European Union Agency for Fundamental Rights, en el año 2014, el 48 % de las mujeres danesas declaró haber sufrido violencia física al menos una vez en la vida. En Finlandia lo hicieron 43 de cada 100 y en Reino Unido 42, mientras que en España el porcentaje se sitúa en el 20 %”.

Respecto a la violencia sexual, también se dan datos: Dinamarca 20%, Países Bajos 18 %, Finlandia 17 % “y España se muestra en las más seguras con un 6% de víctimas de violencia sexual”.

¿Cuál diría usted que era la noticia más importante?
¿Cuál diría usted que es al menos la noticia más impactante... por poco previsible?
¿Cuál podría ser el motivo de esta anormalidad, diría que inmoral, de que una noticia tan esclarecedora -por rompedora de ideologemas impuestos- sea mostrada tan en “pequeño” y además junto a otra que prácticamente la anula (por proporcionalidad)?
Una posible respuesta a esta pregunta: ¿Es posible que se hayan puesto juntas precisamente para quitar importancia precisamente a aquella a la que se la quitan porque de otra manera hubiera tenido que ocupar una página entera (y eso al parecer NO INTERESA?

¿No es eso maldad?
¿O acaso no es inmoral que una noticia “buena” (al menos para España, que es la que ha promovido el manifiesto feminista 8M que prácticamente nadie se ha leído) esté casi oculta tras una noticia que simplemente vende más, aunque esa venta sólo consiga acrecentar la Guerra, la Guerra que al parecer tanto goce proporciona?
¿Por qué sabemos que nadie va a hablar de eso que se dice con la boca pequeña (en la columnita) en estos días que nos quedan antes de la Huelga... ni en los de después?
¿No es sino producto de la pura maldad lo que hace que una noticia que podría servir para reconducir tanto odio y tanto rencor sea menospreciada por otra que es grande sólo porque se amolda a lo que el Pensamiento Único impone a partir de la Corrección Política, una Corrección fundamentada en la Guerra?

¿Cuál creen ustedes que puede ser la causa de que la maldad se exprese de forma tan “natural”?

¿De verdad el rencor, el odio, el espíritu de vendeta?

Puede que de eso algo haya, o mucho, no sé, pero quizá no sea esa la verdadera causa. O sí.

Yo diría que se trata de una cuestión de goce y de dinero. Del goce que están viviendo las mujeres con la posibilidad de despreciar públicamente al varón, y del dinero y del poder que produce en los convocantes, los lobbies, los manifestantes, las plataformas, las agrupaciones, los institutos de la mujer, los partidos políticos (todos), los grupos de opinión, los periódicos, los telediarios...

Han conseguido que no exista la posibilidad de que alguien discrepe del discurso declarado oficial y “necesario” so pena de ser crucificado. Discrepancias que pudiera darse en las formas (vehementes por no decir beligerantes en contra de la mitad de la población), discrepancias que pudiera darse en las partes (del discurso imperante que es unidireccional y sin concesiones), discrepancias que pudieran darse incluso en los fundamentos que nos vende el mismo manifiesto 8M (caracterizado por una violencia extrema y por estar ideologizado hasta la náusea).




martes, febrero 27, 2018

Carta abierta al varón (sobre todo si es blanco y heterosexual), sólo a él



“Estimado” varón cobarde:

Cualquier excusa es buena para echarle la culpa al varón, sobre todo si es blanco y heterosexual. ¿La culpa de qué? Se preguntará algún ser ingenuo.

Respuesta mía y sólo mía (al parecer y por lo que veo, oigo y leo): si de lo que hablamos es de estigmas y de las repercusiones de esos estigmas -cada sexo tiene los suyos como iremos viendo-, y si de lo que hablamos es también de querer saber de qué son culpables los varones la respuesta sólo podrá encontrarse en el análisis de la Opinión Pública y la Opinión Publicada. No hay otra. Si ese ser ingenuo hiciera el necesario análisis podría comprobar, de forma inmediata e indubitable, que no quedan ya mujeres ingenuas y que el varón, o mejor, los varones TODOS, son culpables... de TODO. TODOS de TODO. O dicho en plata (y recordemos que se trata de la única conclusión a la que puede llegarse si uno analiza atentamente las Opiniones Pública y Publicada): que los varones, todos, son unos cabrones... y las mujeres unas Santas Laicas, reprimidas y oprimidas claro por los cabrones varones. Y si alguien cree que exagero, que abandone ahora la lectura de esta misiva. Y que siga ensimismado con su red social de contactos o lo que sea.

Plena actualidad

En la revista Mujer de Hoy del Grupo Vocento viene un artículo de opinión sobre Margaret Atwood y el éxito de su serie El cuento de la criada y posteriormente de su libro. El artículo se llama “¿Escritora o profeta?” y viene firmado por Nere Basabe, que dice “los totalitarismos de Europa del Este, el miedo a la guerra nuclear y el regreso a los valores más conservadores y puritanos en el Oeste inspiraron entonces (1985) esta fábula de la Guerra Fría”. Para más adelante apuntar, “aquella distopía política en la que Norteamérica se convertía en una opresiva dictadura teológica donde las mujeres eran reducidas a meras esclavas reproductoras sigue de plena actualidad”.

Así, de plena actualidad sigue ese relato imaginario (futurible) distópico escrito desde el Berlín Occidental de los ochenta en donde las mujeres serían meras esclavas.

Por otra parte dice Isabel Coixet en su exitosa conferencia pronunciada en el Museo Centre del carmen de Valencia hace unos días (después de haber ganado el Goya), “Las mujeres tenemos que repetir mucho las cosas para que se nos oiga. Siento que todavía tengo que probar una y otra vez que valgo para lo que hago”.

Quizá por eso, directores como Enrique Urbizu o Víctor Erice no consiguen que nadie produzca sus propuestas cinematográficas desde hace años y sin embargo la Coixet sea una de las pocas personas que desde 1996 ha podido conseguir financiación para más de 30 películas.

Así, en efecto, es de plena actualidad. Tanto que ya se miden por miles los artículos que diariamente aparecen en periódicos en los que una mitad de la población es tratada como piltrafa. Por ser, así en genérico, culpable del mal que al parecer sufre la otra mitad, así en genérico.

La cosa es que la agresiva metodología de la Corrección Política -que tan cachondos pone a los periodistas y políticos... y a los nenes de la farándula- ha llegado a su punto más álgido. Y ha llegado a su límite con la más absoluta normalidad, y lo que resulta más significativo, con el beneplácito y el consentimiento de todos, ahora sí, varones y hembras.

Plena actualidad: la Corrección Política ha hecho creer a la humanidad, o mejor, ha impuesto el ideologema de que en la sociedad (la civilizada, por supuesto, que es la que tiene Opinión Pública y Publicada) la cosa... ¡va de mitades! Así, quienes hace apenas unas horas rehusaban hablar de Guerra de Sexos -por considerar el término excesiva e innecesariamente bélico, además de falso- ahora sólo hablan de ganarla. Pero ¿quién afirma -y reivindica- ya sin pudor la existencia de una Guerra y qué significa ganarla? Pues está claro: la Guerra se encuentra confirmada por los poderes fácticos ebrios de CP y ganarla sólo puede significar una cosa. No hay mas que ver lo que hacen lo medios de comunicación a diario. Así la pregunta es ¿qué significa ganar esa Guerra que reivindican a diario?

Fácil respuesta si somos analistas materialistas: así, si aceptamos (porque las hembras lo dicen, y los media y políticos lo corroboran) que se trata de una Guerra y que se trata de ganarla, el ganarla sólo puede significar una cosa: la destrucción del varón. Y en ello están.

Así que vosotros, hombres cobardes, o despistados, lo que queráis, ya sabréis lo que hacéis. La gente sólo habla de libertad de expresión cuando un tontaina, en una decisión tan contingente como estúpida, decide retirar una obrilla de arte en una Feria de Arte, pero no habla de ella cuando a diario se tiene que morder la lengua por miedo. Y ahora me dirijo a los periodistas varones, que son los que acceden a la Opinión Publicada: ¿Dónde están vuestras opiniones en que os mostráis ofendidos por ser juzgados, todos, como un conjunto de cabrones estúpidos insensibles egoístas?

Hace poco la columnista Elizabeth López Caballero y a propósito de un anuncio en el que dos actrices anunciaban el jabón Fairy decía:

“¿Se imaginan qué maravilla ver a dos hombres de pelo en pecho, machos alfa, fregando loza? No, verdad, no se lo imaginan. Porque mientras salgan emitiendo este tipo de anuncios -queriendo sin querer- seguiremos normalizando lo que ya no es normal. Que no tenemos que ser siempre nosotras las ratitas presumidas que barren y cocinan y se ocupan de los niños. Que nosotras también podemos ser soldados y ganar más de una guerra, aunque en esta, de la igualdad, vayamos perdiendo”.

Analizad esto, hombres cobardes: la tal Elizabeth ya sabe que, en efecto, no somos capaces de imaginar a dos hombres de verdad (macho alfa, pelo en pecho) fregando loza. En los motivos se encuentra la clave de esta afirmación; para la periodista (cuyo lapsus consiste en hablar de un macho alfa con pelo en pecho) los motivos de que no seamos capaces de imaginarlo se encuentran en una publicidad machista, pero en mi opinión se encuentran en el cómo desea VER una mujer a UN macho (no sé si al suyo o a todos, nunca se sabe). De hecho, y vosotros los sabéis de sobra, hombres cobardes, los que más follan son siempre los más chulos (con lo que eso significa en cuanto al deseo de la mujer), los que nunca friegan loza, los que no se comprometen con nadie y los que engañan todo lo que pueden a todas las que pueden, los machos alfa, los que somos incapaces de imaginar fregando loza; los otros los menos chulos son precisamente los que viven el constructo cultural y habitan en él con la aceptación de un compromiso -que es la máxima representación del constructo cultural que las mujeres desprecian por ser el causante de todos los machismos- de la procreación de descendencia compartida. Es a esos, sólo a esos, a los que curiosamente se les exige fregar loza, y es así, claro, porque... ¡son los únicos imaginables!, lo cual no carece de lógica, al menos de la suya. Otra cosa, ya digo, es con quien follan, o de quien se enamoran verdaderamente (si queremos ser finos), esas mujeres que son incapaces de imaginar a un hombre de verdad fregando loza.

¿Quiero decir con esto que el hombre no debe fregar loza, o que son las mujeres la que deben hacerlo? En ABSOLUTO, bajo ningún concepto, pero sé de sobra que eso es lo que querrá entender quien no sepa leer. Y como podéis ver, está también ahí el tema de la igualdad entendido de manera perversa: nada hay de casual y espontáneo en las palabras de Elizabeth; no reivindica la posibilidad de que las mujeres pueda ser unas buenas cirujanas plásticas, reivindica el derecho a que puedan ser soldados, es decir, a que puedan usar la fuerza sin argumentos, la fuerza bruta, la que algunos hombre usan para humillar a algunas mujeres. Y también la necesidad de ganar una guerra, la Guerra.

Vosotros sabréis hombres cobardes.


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jueves, noviembre 30, 2017

Sobre la igualdad II ¿Hipocresía, ignorancia o maldad?

O sobre La Manada

El post anterior se fundamentaba en sendas frases de mis dos sobrinos mellizos; la de ella, “La verdad es que las chicas y los chicos somos muy diferentes... y además eso lo sabemos todas”, y la de él, “Eso es verdad, nosotros también lo sabemos todos, es que salta a la vista”. Y yo afirmaba que ellos demostraban saber aquello que no sabían los adultos (?) embriagados por los beneficios sociales y económicos de la Corrección Política. Pero va y resulta que la lectura que hacen los menores es puramente materialista, es decir, basada en lo que para ellos es irrefutable por estar ahí: “salta a la vista”. Y, en efecto, si hay algo que salta a la vista ya para un niño primero y para un adolescente después es que los hombres y las mujeres NO son iguales. O, por darle un giro a la frase de mi sobrino y sin abandonar ni un ápice su significado: (cuando digo que) NO somos iguales (lo digo) debido a aquello “que salta a la vista”.

No se trata de negar todo aquello que, en tanto que seres humanos, nos iguala a ambos sexos, que es mucho más que aquello que nos diferencia, pero eso no quita para que las diferencias, evidentes ya en el propio físico, sean condicionantes determinantes, como lo es aquella que resulta más que determinante definitiva: la capacidad de engendrar hijos en el propio cuerpo. Ellos estaban hablando, sólo, de sexualidad y de predisposición hacia el otro en tanto que posible partenaire; de deseo, del tipo de deseo y de la forma de gestionar ese deseo. Y así, mientras él se mata a pajas porque su índice de testosterona le exige explotar de forma constante (la plenitud sexual de un varón se encuentra en los 19 años), ella se acuesta todos los días con la mirada perdida (la plenitud sexual de una mujer se da a los 35 años). Y eso sin contar lo que hacen con “el otro”, que daría para otro enfoque textual.


En cualquier caso ambos llevan cerca de 8 años pudiendo ver, que es lo mismo que decir “viendo”, todo tipo de vídeos a través de sus teléfonos móviles, smartphones. ¿Y qué es eso que llevan viendo desde que tenían 10 años? Pues todas esas cosas de las que por tradición les habían protegido los adultos responsables. ¿Y de qué les protegían en antaño esos adultos responsables a esos niños sus hijos? Pues de todo aquello que pudiera perturbarles hasta el punto de generarles ideas equivocadas, cuando no monstruosas, sobre algo que resulta clave en el desarrollo de un ser humano civilizado: la sexualidad; de todo aquello que pudiera generarles un trauma que podría quedar oculto en el consciente pero no así en un perturbado inconsciente. ¿Pero qué es entonces eso que desde los 10 años ven con “naturalidad” los niños con sus tierna y frágiles mentes? Pues yo se lo diré: ante todo mucha sexualidad donde prevalece la violencia ejercida en todos los sentidos y direcciones. O por decirlo de forma que ustedes, padres responsables y reivindicadores sociales de la igualdad, puedan entender mejor: lo que ven sus pequeños, gracias al dispositivo que ustedes le regalaron a los 10 años, es eso que incluso a ustedes les costaría digerir y asimilar; no pornografía al uso, no, no se engañen porque eso no es compartible entre amiguitos debido a su vulgaridad; no, lo que ven sus pequeños es a una mujer siendo follada por pongamos 8 hombres que la manejan como un trapo, forzándola, follándosela simultáneamente por el coño y por el culo mientras se la tiene que chupar a 2 o 3 más que se la meten en la boca hasta que a ella se le corre el rimel de las pestañas; así sucesivamente y alternándose ellos mientras ella tiene que superar, sonriendo, las arcadas que le producen las pollas en la garganta. Usted, claro, como padre/madre responsable de su adorado/a hijito/hijita no sabe lo ve su adorado/a hijito/hijita en el dispositivo maravillo que le regalaron a los 9 años, un montón de vídeos con protagonistas guapos, musculosos y con pollas grandes que usan la violencia sobre chicas que parecen disfrutar a lo bestia de tanta bestialidad, con estrangulamientos, felaciones profundas, escupitajos, bofetadas, etc. Usted, claro, que es un padre/una madre actualizado/a y feminista/o defensor de la igualdad no le importa que eso que eduque a sus maravillosos hijitos/hijitas en materia de sexualidad sea aquello que pueda provocar daños irreversibles; por ejemplo, ver a una tierna joven sobre la que de forma continuada y consecutiva se corren en su cara 20 o 25 hombres de todo tamaño, aspecto y condición que se encuentran alrededor de ella pajeándose durante la media hora que dura ese simpático vídeo en el que ella sonríe constantemente. Pero sepan ustedes que ellos/ellas, sus adorables hijitos/hijitas, saben perfectamente lo que es una Gang Bang y lo que es un Bukkake... a los 10 años. Y después se sorprenden, como gente de bien que son ustedes, por supuesto, de lo que ha pasado con La Manada.

martes, noviembre 28, 2017

Sobre la igualdad

Sobre la igualdad

Hoy he comido con mi familia directa, esto es, con mi madre, mi hermano y mis dos sobrinos mellizos de 17 años. Ha salido el tema del sexo, la sexualidad y, lógicamente el de las relaciones sexuales y sentimentales. También lógicamente ha salido el asunto de la igualdad entre sexos. Así mi sobrina para zanjar una conversación que le aburría: “la verdad es que los chicos y las chicas somos muy diferentes... y además eso lo sabemos todas”. Y su hermano apostilla: “Eso es verdad, nosotros también lo sabemos todos, es que salta a la vista”. Por lo que, al parecer, saben a su corta edad lo que no saben los cientos de miles de adultos (?) que se expresan y opinan públicamente. Yo, que estaba allí, puedo asegurar que ambos eran plenamente conscientes de que sus palabras sólo tenían que ver con aquello a lo que esas palabras referían. Estaban hablando, sólo, de sexualidad y de predisposición hacia el otro en tanto que posible partenaire; de deseo, del tipo de deseo y de la forma de gestionar ese deseo.


Nota. No haría falta añadir que mis sobrinos distinguen perfectamente la necesaria igualdad de derechos que tienen las personas con independencia de su condición sexual de aquello que a ellos les resulta evidente: que “en eso otro” los chicos son muy distintos de las chicas. Y viceversa. Estos es, diferentes: desiguales. Y no haría falta añadir que mis sobrinos están absolutamente en contra de toda posible forma de violencia.

sábado, noviembre 26, 2016

Sobre la Igualdad

Sobre la Igualdad

¿La Igualdad? se pregunta uno. ¿Qué contestar?

La verdad es que resulta complicado responder a una pregunta cuya única respuesta posible admitida socialmente sólo puede ser una, valga la redundancia; a saber: la que utiliza ese mismo concepto desde la afirmación asertiva; la que no admite dudas acerca de su reivindicación; la que no admite disidentes en ese rechazo de la duda que conlleva toda pregunta. No existe la posibilidad de duda si la respuesta sólo puede ser una. Sólo es posible cabecear en positivo ante ella. Para nuestra época la Igualdad es sí o sí, y no existe posibilidad de disidencia; no existe en ningún caso la posibilidad de análisis semántico. “¿Para qué?”, se preguntan los adalides de la Corrección Política, ya la lleven puesta de forma explícita o de forma implícita.  

Así, no hay duda de que tanto la Opinión Pública como la Opinión Publicada, esto es, la emitida socialmente, tienen claro qué hacer con el concepto Igualdad: reivindicarlo ferozmente siempre fuere como fuere, por mucho que la pregunta, así planteada (¿La Igualdad?), pudiera quedarse siempre corta por incompleta. Son cosas de la Corrección Política: no mostrar fisuras en la asertiva estrategia cortando por lo sano desde la misma abstracción del concepto. La Igualdad -así en genérico y en abstracto- es para Ella, la Corrección Política, el fín último, esto es, el primer objetivo. ¡Pero no tanto en cuanto a su posible aplicación a la misma sociedad se refiere!, cosa imposible además de indeseable*, sino en su objetivo real, que no es otro que el de inocular la misma reivindicación feroz de esa Iguadad en nombre del Bien Supremo. En el mercado de las ideas regidas por la Corrección Política (que son prácticamente todas en la medida en que las ideas privadas no acceden a la Opinión Social) no existe la posibilidad de afinar, matizar, limitar el concepto Igualdad porque todas esas acciones serían vistas como enemigas del fin último de la estrategia. ¡Ay de quien se atreva a poner en duda la univocidad del término más allá del círculo privado!

¿Cuál ha sido el resultado después de 40 años de imposición ideológica? Pues el resultado previsto, que no es otro que el buscado por la misma estrategia que conlleva toda política impositiva. Y una estrategia, según el Léxico de Filosofía de Jacqueline Russ,  es el “el conjunto coherente de acciones destinadas a producir un resultado determinado, a eliminar al adversario, etc.; arte y habilidad para dirigir un asunto”.

Desde luego que en el caso que nos ocupa la coherencia es un aspecto definitivo. La psicótica reivindicacón de la Igualdad sólo puede obtener éxito desde un férreo control de la Opinión Pública y Publicada. Y esto es sólo es posible a través del Puro Control, que en este caso (como en otros de parecido fundamento) se ejerce, como digo, en nombre del Bien Supremo… pero siempre desde el Poder Omnívodo, desde ese Poder que sólo sabe expresarse desde el Pensamiento Único; desde ese Poder que no admite disidencias. desde ese Poder más preocupado por “eliminar adversarios” que de solucionar el problema, pues como ya hemos apuntado otras veces, la única forma de luchar contínuamente contra la Desigualdad -desde la Corrección Política- es dejando que ésta no deje de existir.

Pero insistimos ¿cuál ha sido el resultado? Pues ahí está a la vista de todos: que la Diferencia sigue manifestándose en la vida real con una naturalidad pasmosa (ver Nota), tan pasmosa como ajena a los desencajados rostros de todos aquellos que no ven más allá de la ideología impuesta por un Poder nada inocente, entre otras cosas porque toda imposición se ejerce desde la tiranía y el despotismo (e incluso desde algo mucho peor, la perversa incultura y la maléfica ignorancia). Porque la Diferencia cristaliza en la sociedad con absoluta indiferencia hacia los Institutos de Mujer y las Consejerías de Igualdad.

Igualdad es, precisamente, aquello que no puede ser con independencia de sus posibilidades (siempre ambiguas debido a verdadera imposibilidad última), y Diferencia es, precisamente, aquello que por asentarse como única posibilidad de relación social -tanto en el sujeto en general como en el sexuado en particular- habría que aprender a gestionar. Algo que, no haría falta decirlo, nada tiene que ver con la igualdad de derechos (estamos hablando de igualdad de géneros por lo que al comportamiento entre ellos o hacia ellos se refiere).

Además, hablar en nombre del Bien para justificar una estrategia, es decir, asociar de forma arbitraria el concepto Igualdad al concepto de Bien, no deja de ser lo mismo que lo que hacía en antaño el estamento religioso cuando justificaba sus actos inquisitoriales en nombre de Dios. Y más aún si ha sido el propio pensamiento políticamente correcto quien lleva más de 40 años desdibujando las fronteras entre el bien y el mal a través del Pensamiento Académico (tesis, ensayos, ficción literaria, arte…) y desde la nueva Narrativa Audiovisual.

Dicen que todo es un problema de educación. Cierto, pero no estaría de más que desde ella se abrieran nuevas vías para abordar un problema que, como vemos día a día, permanece incólume. En efecto, sólo la educación permitiría señalar como fracasada una estrategia que se regenera a sí misma en función de los consecutivos fracasos. De hecho las noticias que hacen referencia a las funestas consecuencias derivadas de los problemas de género no hacen otra cosa que insistir en el fracaso persistente cada vez que magnifican las cifras que lo demuestran. Quizá entonces, y aceptando que se trata de un problema de educación, pudiera aceptarse otra vía que estuviera fundamentada en análisis menos prejuiciosos. Y tal vez así, diéramos entrada al concepto de Diferencia (tan factual como inevitable) y pudiéramos centrar la educación en el aprendizaje de la gestión de esa Diferencia.

En el Léxico de Filosofía, antes citado, dícese del concepto: Diferencia: Relación de alteridad entre dos cosas que tienen elementos idénticos. La verdad es que resulta difícil encontrar frases tan bellas como la que propone esta definición de Diferencia. Aristóteles dijo algo parecido, “Se llaman diferentes cuantas cosas son otras siendo en cierto modo idénticas”.

*Para saber si cualquier sociedad cree o no en la Igualdad como verdadero fin último no hay más que preguntar a unos padres con hijos en edad adolescente. Aquello padres que tuvieran hijos esforzados desearán con todas sus fuerzas que sus hijos no acaben teniendo la suerte de aquellos otros adolescentes que no hubieran pegado un palo al agua. Y si la suerte es lo que está en juego es porque las Igualdad además de imposible resulta indeseable. Siendo entonces la asunción de la Diferencia aquello a partir de lo cual puede afrontarse, con mayor sensatez, los asuntos relacionados con la Justicia/Injusticia. En cambio, si sólo se habla de Igualdad todo acabará conteniendo, inevitablemente, un sesgo de injusticia. Algo que pone cachondos a los practicantes y defensores de la Corrección Política. De todas formas no nos engañemos; cuando los políticos hablan de Igualdad sólo lo hacen o por votos o por dinero.
Y les funciona a la perfección. De ahí que muestren ese frontal rechazo a todo aquello que cuestione el concepto Igualdad.

Nota. Estaría bien que la gente reflexionara acerca de la ingente cantidad de niñas adolescentes que estos días pasados hicieron eternas colas (durante meses incluso) para poder ver de cerca a su héroe, un mierdecilla como Justin Bieber, un tipo que se lió a mandobles con sus fans una vez acabado el concierto.

domingo, septiembre 28, 2014

Locke (film de Steven Knight, 2013)

Primera parte

Escepticismo y mentira

En Léxico de Filosofía (Jacqueline Russ) se nos dice que Escepticismo es la "doctrina según la cual el espíritu humano no puede alcanzar la verdad con total seguridad; sería pues necesario suspender todo juicio y practicar la duda".

De esta forma, hay quien podría deducir, a partir de esta definición y de una observación objetiva de la realidad, que el mundo es, todo él, escéptico, pues se asienta sobre esa extendida máxima, intelectual donde las haya, que reza "¡porque tú lo digas!", que a su vez tiene como complemento estilístico esa otra muletilla perfectamente consecuente con el pensamiento altamente desarrollado, "eso lo dirás tú". Así, esa suerte de escepticismo emerge, curiosamente, para poder poner en duda la verdad del otro, que no será posible en tanto que Verdad, pero sin renunciar a la propia razón. Esa es la enseñanza exacta que el pensamiento académico lleva inoculando en la sociedad desde hace cerca de 40 años. Y cuando digo "el mundo" me refiero al conjunto de sujetos que lo habitan desde el supuesto civilizado. En cualquier caso, no hay más que ver cualquier tertulia en televisión para conocer el nivel de la retórica de ese sujeto del hoy. Una retórica asentada en las consecuencias devenidas de un relativismo cachondo: irresponsable.

Pero, ¿realmente puede alguien ser escéptico si no es capaz de suspender un juicio debido a algo tan sencillo como que es incapaz de tenerlo? O dicho de otra manera ¿se puede suspender un juicio que nunca ha tenido lugar? La condición necesaria para poder poner en cuarentena un juicio es haberlo previamente elaborado; haber tenido la capacidad de elaborarlo; no se puede poner en cuarentena el simple boceto de un juicio, resultaría tan pueril como patético. Así que mucho me temo que la seda sólo le sirve a la mona para cambiar su apariencia, que es sólo una parte anecdótica de la Verdad de su Ser.

Por tanto, ¿es o no verdad que el mundo es escéptico, tal y como al parecer se deducía de una observación objetiva? Pues no, el mundo altamente tecnologizado e interconectado es, paradójicamente, exageradamente creyente. Y por eso él mismo resume los diez mandamientos de lo digital en los dos fundamentales: te amarás a tí por encima de todas las cosas y al dinero como a ti mismo. Es decir, el mundo es perfectamente fundamentalista aun cuando sus creencias se asienten en la reivindicación de un relativismo feroz. Es esta paradoja la que han sabido captar las elites del poder (económico, político y académico) y lo que les ha facilitado la imposición de ese perverso sistema universal de adocenamiento y humillación que es la Corrección Política, verdadera causa en última instancia de los males que aquejan al sujeto del hoy. Que se ha vendido al bienestar individualista por un plato de lentejas. O que ha comprado su derecho a la queja a costa de perder su verdadera libertad.

Uno puede suspender un juicio y practicar la duda si y sólo si es capaz de elaborar juicios que por su entidad pueden ponerse en cuarentena. Un juicio no es una ocurrencia, de hecho lo que diferencia una cosa de la otra es precisamente su dimensión. Para que la definición del libro Léxico de Filosofía tenga sentido debemos aceptar que la dimensión de un juicio es una dimensión vinculada al pensamiento, esto es, a la cultura, la reflexión y el análisis. Pero el sujeto del hoy, pragmático como nunca en la historia de la humanidad, es un sujeto que prioriza la información sobre el conocimiento, con lo que que sus enunciados tienden más a la ocurrencia que al juicio. Suspender una ocurrencia para ponerla en duda podría ser, si así ocurriera, la forma exacta de describir las habituales formas de actuación del sujeto del hoy, un sujeto que DEBE alejarse del conocimiento para medrar. Un sujeto, por tanto, que resulta patético cuando a sus ocurrencias les asigna las cualidades de los juicios. Otra cosa sería que la coherencia llevara, a quienes creen que todas las afirmaciones valen lo mismo, a aceptar que eso sólo sería posible a costa de no llevar nunca razón. Algo que precisamente no sucede a quienes no le han dedicado tiempo a obtener la capacidad de juicio, que por ello no tienen palabra. Sólo quienes respeten la palabra, en tanto que pieza angular de un discurso que en ella se sujeta, podrán suspender un juicio, y su duda no podrá ser otra cosa que el producto de la sabiduría.

Prueba de todo ello es la facilidad con la que se ha asumido la mentira en las sociedades supuestamente civilizadas, o mejor, la tranquilidad con la que se ha admitido como inevitable la existencia de la mentira en un mundo donde todas las afirmaciones valen lo mismo. Hasta anteayer el descubrimiento de un engaño o una mentira podía acabar, por ejemplo, con la destitución inmediata (e incluso la dimisión voluntaria) de una alta instancia de la política. Eran otros tiempos. Aún recuerdo como "hace unos días" un ministro alemán dimitió cuando se descubrió que su tesis doctoral no era del todo suya. Y un Ministro de Interior español cuando se le fugó un delincuente.

Es el hecho de que todos los opinadores tengan razón al mismo tiempo lo que precisamente les da pábulo para calificar de mentiras las afirmaciones de sus contrincantes. No son escépticos, lo que hacen es aprovechar las enseñanzas inoculadas por ese pensamiento político y académico que siempre habla de igualdad. La primera fase de su estrategia consistió en hacer creer que todas las opiniones, en tanto que propuestas personales, valen lo mismo, pues otra cosa habría parecido discriminatoria; la segunda, la vemos, es llamar mentiroso al contrincante. Extraña consecuencia que sobre el sujeto del hoy impone la asimilación de la corrección política, que le permite poner en duda la existencia de Verdades pero sin por ello abandonar la posibilidad de llevar razón en sus opiniones. Ni siquiera aunque ello le conduzca al insulto de su contrincante. Lo vemos todos los días en televisión y cada vez que se retransmiten las interioridades del Congreso de Diputados. Hace unos pocos años habría sido impensable admitir la mentira en alguien que detentara un cierto poder público, sin embargo ahora vivimos sabiendo que todos los capitostes mienten... según sus contrincantes. O sea, todos mienten. Y lo hacen, entre otras cosas, en la medida en que reivindican en público lo que son incapaces de sostener en privado, por ejemplo que "todas las opiniones son respetables". Éste es el verdadero motivo por el que en nuestra época triunfan los mediocres, cuando no los directamente canallas; allá donde la palabra no vale nada la virtud no podrá entenderse más que como una pérdida de tiempo

jueves, junio 09, 2011

¡Indignaos!

La corrección política es una cuestión de gesto, de actitud. Su ejercicio se encuentra vinculado a lo social y es en lo social donde alcanza la plenitud que le confiere su fuerza. Una fuerza, por cierto, que controlan de igual forma, y valga la paradoja, el poder institucionalizado y las propuestas disidentes y alternativas. La corrección política se ha instalado en el organismo social inoculando el germen de su propia incompetencia. En todos los segmentos sociales que quieran o necesiten medrar. O por decirlo de otra forma y con un ejemplo, no será la corrección política la que libre a algunas mujeres ser agredidas por algunos hombres malos. Es más, probablemente sea la corrección política la que no pueda evitar el agravamiento de ciertos problemas que dice querer eliminar, cualesquiera que fueren.

Ha caído en mis manos el folleto de la V edición de Cortometrajes por la Igualdad. Las bases de la convocatoria contienen 13 puntos. El primero y más importante de ellos reza: “Podrán participar todas aquellas personas que lo deseen y en sus obras se trate cualquiera de las temáticas sociales relacionadas con la discriminación de la mujer y su lucha por la igualdad: coeducación, violencia de género, acoso o abuso sexual, roles históricos, participación de la mujer en la vida social, conciliación con la vida laboral, políticas de igualdad, techo de cristal, invisibilidad, discriminación laboral o salarial, etc.”

Como puede observarse desde el principio se encuentra dirigido a… personas; ni a ciborgs, ni a replicantes, ni a ningún tipo de engendro, sino a personas. Y además a todas aquellas que, además de serlo, contengan el deseo de ser participantes, participantes de un concurso de cortometrajes. Así: dirigido a personas que deseen reconocimiento a través del ejercicio creativo, artístico. Y ¿cómo podríamos denominar a esas personas? La respuesta en la misma primera base: “no podrán presentarse más de 2 obras por autora/or”. Ya sabemos, por tanto, cómo se denominan las personas creativas: autoras/es.

Lo comprobamos en la segunda de las bases, que comienza así: “Será de libre elección, se admitirán todos los géneros creativos audiovisuales en los que la/el autora/or haya decidido expresarse”. En fin, personas todas. Como puede confirmar la cuarta base que termina explicando lo que debe contener el sobre entregado: “En el sobre en el que se envíe constará el título Cortometrajes por la Igualdad y en el remite los datos del autor/a/es”. Y cuando ya todo parecía haber llegado al límite llega la penúltima de las bases que termina diciendo: “La presentación y/o posible selección del cortometraje para su edición posterior implica ya la cesión de estos derechos por parte del/la/os autor/a/es.

La corrección política es el verdadero cáncer que ha creado ese mostrenco estado de las cosas que, al margen de lo enunciado, con razón denuncian los “militantes” del 15 M, pero se encuentra tan bien instalada que desde lo social nadie puede escapar a ella. Ni el sector más institucionalizado ni el más progresista. Así pues, están ambos sectores atados de pies y manos por el verdadero causante de nuestra degradación. Es decir, no hay solución posible respecto a los asuntos que de alguna forma se encuentren contaminados por una fuerza fundamentada en la hipocresía. Nadie que quiera medrar puede permitirse el lujo de ser incorrecto, ni siquiera los indignados. Yo no me siento con la fuerza de defender ciertas causas nobles porque no creo ni en mi beatitud ni la presupuesta nobleza. Y por eso soy un desalmado.