Cuando los marxistas de antaño comenzaron a reciclarse, allá por finales de los setenta, dormían con Apocalípticos e Integrados debajo de la almohada. Estaban eufóricos con la idea de equiparar Falcon Crest con El silencio de Bergman. Se sentían liberados de la ya periclitada y despótica presión que infligía la “marca” y comenzaron a sonreír. Porque, es cierto, el hecho de ser integrado permitía por primera vez a un marxista abandonar su auto-exigido aire circunspecto. Así, mientras sonreían todos esos marxistas reciclados que gustaban de analizar la cultura popular desde las nuevas y endogámicas metodologías académicas (Cultural Studies), el mundo más civilizado se iba abandonando, con su beneplácito, al neoliberalismo más descarado y descarnado. La derecha, mientras tanto, otorgaba porque, en el fondo, todo se iba desarrollando a su gusto y manera. Sonrieron tanto todos los que detentaban poder y además durante tanto tiempo que al final se les quedó la boca torta. No habría más que recordar a Zapatero y a su comitiva sonriendo en todas y cada una de sus apariciones públicas en su ostentación de poder; todo el mundo se preguntaba “¿de qué se ríe Zapatero (y Pajín y Aído y Pepiño)?”.
La cuestión es que tanta risita les costó el poder a los socialistas. Porque como decía mi abuela “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Sobre todo si, entre risita y risita, los ciudadanos veíamos crecer el infierno día a día. Fueron precisamente esas improcedentes risitas las que pusieron serios a los socialistas más sensatos y fueron esos socialistas sensatos los que permitieron a la derecha gobernar por mayoría (hay que joderse). Pero ¿por qué aquella sonrisa permanente de nuestro ex presidente y de sus secuaces? ¿Cuál es el motivo que puede inducir a un político -que representa a un país en extinción- a sonreír como un autómata en todos los saraos públicos? Yo diría que se trata, ante todo, de un sentido absolutamente desfasado del concepto de política. De hecho ahora, como es lógico, ya ningún político se ríe. Si acaso se intenta ser simpático cuando las circunstancias lo permiten. En cualquier caso, para poder contestar a esta pregunta conviene hacer un esfuerzo que nos evite caer en la deriva ideológica que inevitablemente todos poseemos. Así, y sin acritud: Zapatero sonreía permanentemente, aun sin necesidad, porque intelectualmente era un cero absoluto; porque despreciaba cualquier atisbo de pensamiento. Aunque parezca mentira sonreía porque creía fervientemente en el des-conocimiento.
En efecto, sólo un iletrado puede, en la era digital, creer que el mundo aún se divide en antiguos y modernos, en apocalípticos e integrados. Zapatero y su séquito fueron la perfecta representación de un gobierno que se pasa por los fondillos el pensamiento y la razón. Por tanto la perfecta representación de una forma de gobernar que se fundamenta en el sentimiento (véase anterior post) y en el sentimentalismo. Con todos esas/esos ministras/os sin estudios que se intercambiaban carteras como cromos. Visión típica del pensamiento integrado, que cree que vale lo mismo –o incluso más-, pongamos, el falconcrestismo de una Bibiana Aído que el bergmanismo de un Aurelio Arteta. La incultura y la ignorancia del gobierno de Zapatero fueron tan enormes que con un poco más de tiempo el PSOE habría podido obtener la fuerza que le habría permitido destrozar tres países del tamaño de España. Recuerdo que en los días previos a las elecciones generales Rubalcaba, perfecto pupilo del socialismo zapaterista (a pesar de todo y en contra de algunas apariencias), se daba golpes de pecho ante una entrevistadora que le preguntaba acerca de su propuesta de ministro de economía. Sonriendo, cómo no, vino a contestar que poco importaba en realidad quien fuera el ministrable pues era él quien en última instancia tomaría las grandes decisiones. Conciencia mesiánica propia del zapaterismo que llevó a la ruina al PSOE. Así le fue en las elecciones. Y este es, al parecer, el futuro del socialismo en España. Espero que hagan un análisis de conciencia los socialistas que continuaron votando al PSOE (no los sensatos que se vieron abocados al abandono aún a pesar de sus convicciones socialistas, que ya lo hicieron) sobre tanta maléfica y soberbia ignorancia. Una ignorancia forjada sobre una idea de conocimiento basada en el desprecio del canon (el que les da la risa), de la razón (que les da miedo), y en el sentimiento de superioridad moral (el que les induce al desprecio indiscriminado).
Addenda. Reíd malditos. Sólo un malvado -o un loco- puede creer que Unión Progreso y Democracia es un partido facha. Sólo un malvado -o un imbécil- puede creer, aún, que la maldad se encuentra, sólo, en “los otros”. Sólo un país en extinción puede dar más importancia mediática a la muerte de Whitney Houston que a las barricadas populares griegas (sucedidas ambas en el mismo día).
martes, febrero 21, 2012
lunes, enero 30, 2012
El 15M y el Pensamiento Tuit
Tenían las circunstancias a su favor y contaban con las mejores de las condiciones posibles.
La hecatombe del país era tan grosera que no se comprende cómo tardó tanto en manifestarse una queja masiva. Quizá valga la pena preguntárselo varias veces antes de continuar leyendo. El caso es que con el 15M se dieron las condiciones más favorables para una revuelta. Así que quizás también valga la pena preguntarse por qué fracasó.
Porque, en efecto, la hecatombe sobre la que estábamos viviendo en España no era el producto de una mala gestión, que también, sino el producto de un clima… moral. El Pensamiento Académico llevaba años conculcando un individualismo desalmado, la Clase Política inoculando la mentira como una forma de verdad y las Narraciones Audiovisuales Televisivas glorificando la maldad. Un individualismo que vino muy bien a todos los que preferían quejarse antes que asumir responsabilidades; unas mentiras que el individuo aceptó para poder justificar las suyas; y una maldad que resultaba ser rentable además de decorativa. Así pues, las condiciones para que triunfara una revuelta masiva se encontraba lastrada por el mismo mal que había configurado la hecatombe. O por decirlo de otra forma, la hecatombe había sido configurada con “nuestro” beneplácito; o con nuestra connivencia. Cuando yo decía que “los políticos somos nosotros” (y se me enfadaban muchos por ello) es porque estoy absolutamente convencido de que la hecatombe de nuestro país se debe a que los políticos somos nosotros. Un Libre Mercado sin control cenital de ningún tipo es una cosa, pero un Libre Mercado carente de principios éticos a línea de tierra es otra. Los sindicalistas compran en los chinos y a los ecologistas más radicales no les falta ni el coche ni el aire acondicionado. Las Universidades ya hace años que renunciaron al desarrollo del Pensamiento, entre otras cosas porque descubrieron las ventajas económicas que proporcionaba un “pensamiento neoliberal”, esto es, un pensamiento al servicio del bolsillo de doctores y catedráticos.
En estas circunstancias, un movimiento como el 15M se hacía necesario, pero a su vez resultaba difícil de imaginar. Entre otras cosas porque para imaginarlo había que esperar, primero algún tipo de pensamiento profundo, y segundo, y más importante, un pensamiento que siendo profundo pudiera ser estructurado, organizado y difundido. Ante esta afirmación habrá más de uno que se pregunte, ¿pero qué es eso del pensamiento profundo? Y habrá más de otro que diga con mueca de desprecio, ¿pero quién se ha creído éste para determinar qué es o no profundo; o siquiera para calificar de débil a “nuestro” pensamiento? La respuesta se encuentra en la misma incapacidad manifiesta de propagación del movimiento, que fracasó aún teniendo a su favor el arma más poderosa de las posibles: internet, la posibilidad de la comunicación TOTAL.
Habría que matizar que el fracaso ha sido fundamentalmente un fracaso de la juventud. El 15M fue una respuesta masiva y variopinta, es cierto, pero es sólo en la juventud donde pudo depositarse la verdadera esperanza, primero porque son ellos los representantes del futuro (que es más suyo que de los otros) y segundo porque son ellos los que se mueven por el espacio virtual con plena y absoluta naturalidad. Los verdaderos motivos del fracaso apenas son analizados en esta España cainita que es la cuarta potencia del mundo en el consumo de videojuegos. A nadie le interesa analizarlos, no vaya a ser que las conclusiones exigieran, como primera medida real y no pancartera, una lucha sin piedad contra, por ejemplo, las compañías de teléfonos móviles en particular y de telecomunicaciones en general. Cualquier cosa antes que prescindir del teléfono; es decir, cualquier cosa antes que comenzar prescindiendo del teléfono. Así, podrá parecer una tontería, pero mientras los jóvenes tengan padres que se hagan cargo de sus facturas de telefonía no habrá nada que hacer.
Por otra parte se ha conculcado a los jóvenes un espíritu de exigencia para con los demás que no cuadra con la dejadez que muestran de sí mismos (el hecho de que carezcan de fundamentos para argumentar no les impide ser categóricos en sus afirmaciones). Por acudir a una nomenclatura decimonónica pero eficaz: se les insta a exigir sus derechos pero no se les exige deber alguno. De ahí que, en su época de “aprendizaje”, esa época que caracteriza a todo estudiante por ser un ignorante predispuesto a dejar de serlo, se les haya dejado elegir las asignaturas que conforman su conocimiento; un conocimiento, pues, elaborado “desde” el desconocimiento; un conocimiento que además deberá inevitablemente enfocarse al inflexible mercado laboral; un mercado laboral envenenado por las comodidades que comporta un sistema configurado a partir de un individualismo desalmado que acepta la mentira como forma de verdad y que tiene a los malvados como ejemplos de comportamiento.
Hace 5 años esos jóvenes (universitarios o no) eran adolescentes a los que se les consentía escribir haciendo un uso laxo de la gramática y con innumerables faltas de ortografía. Y hace 10 años eran niños cuya formación humanística se saldaba con la expresión corporal y el conocimiento del medio. Es cierto que esos niños-jóvenes son víctimas de un sistema ajeno a ellos, pero es precisamente por ello por lo que deberían tomarse en serio la rebelión y las barricadas. Y olvidarse de tanta descarga, de tanto "muro" y de tanto Pensamiento Tuit.
La hecatombe del país era tan grosera que no se comprende cómo tardó tanto en manifestarse una queja masiva. Quizá valga la pena preguntárselo varias veces antes de continuar leyendo. El caso es que con el 15M se dieron las condiciones más favorables para una revuelta. Así que quizás también valga la pena preguntarse por qué fracasó.
Porque, en efecto, la hecatombe sobre la que estábamos viviendo en España no era el producto de una mala gestión, que también, sino el producto de un clima… moral. El Pensamiento Académico llevaba años conculcando un individualismo desalmado, la Clase Política inoculando la mentira como una forma de verdad y las Narraciones Audiovisuales Televisivas glorificando la maldad. Un individualismo que vino muy bien a todos los que preferían quejarse antes que asumir responsabilidades; unas mentiras que el individuo aceptó para poder justificar las suyas; y una maldad que resultaba ser rentable además de decorativa. Así pues, las condiciones para que triunfara una revuelta masiva se encontraba lastrada por el mismo mal que había configurado la hecatombe. O por decirlo de otra forma, la hecatombe había sido configurada con “nuestro” beneplácito; o con nuestra connivencia. Cuando yo decía que “los políticos somos nosotros” (y se me enfadaban muchos por ello) es porque estoy absolutamente convencido de que la hecatombe de nuestro país se debe a que los políticos somos nosotros. Un Libre Mercado sin control cenital de ningún tipo es una cosa, pero un Libre Mercado carente de principios éticos a línea de tierra es otra. Los sindicalistas compran en los chinos y a los ecologistas más radicales no les falta ni el coche ni el aire acondicionado. Las Universidades ya hace años que renunciaron al desarrollo del Pensamiento, entre otras cosas porque descubrieron las ventajas económicas que proporcionaba un “pensamiento neoliberal”, esto es, un pensamiento al servicio del bolsillo de doctores y catedráticos.
En estas circunstancias, un movimiento como el 15M se hacía necesario, pero a su vez resultaba difícil de imaginar. Entre otras cosas porque para imaginarlo había que esperar, primero algún tipo de pensamiento profundo, y segundo, y más importante, un pensamiento que siendo profundo pudiera ser estructurado, organizado y difundido. Ante esta afirmación habrá más de uno que se pregunte, ¿pero qué es eso del pensamiento profundo? Y habrá más de otro que diga con mueca de desprecio, ¿pero quién se ha creído éste para determinar qué es o no profundo; o siquiera para calificar de débil a “nuestro” pensamiento? La respuesta se encuentra en la misma incapacidad manifiesta de propagación del movimiento, que fracasó aún teniendo a su favor el arma más poderosa de las posibles: internet, la posibilidad de la comunicación TOTAL.
Habría que matizar que el fracaso ha sido fundamentalmente un fracaso de la juventud. El 15M fue una respuesta masiva y variopinta, es cierto, pero es sólo en la juventud donde pudo depositarse la verdadera esperanza, primero porque son ellos los representantes del futuro (que es más suyo que de los otros) y segundo porque son ellos los que se mueven por el espacio virtual con plena y absoluta naturalidad. Los verdaderos motivos del fracaso apenas son analizados en esta España cainita que es la cuarta potencia del mundo en el consumo de videojuegos. A nadie le interesa analizarlos, no vaya a ser que las conclusiones exigieran, como primera medida real y no pancartera, una lucha sin piedad contra, por ejemplo, las compañías de teléfonos móviles en particular y de telecomunicaciones en general. Cualquier cosa antes que prescindir del teléfono; es decir, cualquier cosa antes que comenzar prescindiendo del teléfono. Así, podrá parecer una tontería, pero mientras los jóvenes tengan padres que se hagan cargo de sus facturas de telefonía no habrá nada que hacer.
Por otra parte se ha conculcado a los jóvenes un espíritu de exigencia para con los demás que no cuadra con la dejadez que muestran de sí mismos (el hecho de que carezcan de fundamentos para argumentar no les impide ser categóricos en sus afirmaciones). Por acudir a una nomenclatura decimonónica pero eficaz: se les insta a exigir sus derechos pero no se les exige deber alguno. De ahí que, en su época de “aprendizaje”, esa época que caracteriza a todo estudiante por ser un ignorante predispuesto a dejar de serlo, se les haya dejado elegir las asignaturas que conforman su conocimiento; un conocimiento, pues, elaborado “desde” el desconocimiento; un conocimiento que además deberá inevitablemente enfocarse al inflexible mercado laboral; un mercado laboral envenenado por las comodidades que comporta un sistema configurado a partir de un individualismo desalmado que acepta la mentira como forma de verdad y que tiene a los malvados como ejemplos de comportamiento.
Hace 5 años esos jóvenes (universitarios o no) eran adolescentes a los que se les consentía escribir haciendo un uso laxo de la gramática y con innumerables faltas de ortografía. Y hace 10 años eran niños cuya formación humanística se saldaba con la expresión corporal y el conocimiento del medio. Es cierto que esos niños-jóvenes son víctimas de un sistema ajeno a ellos, pero es precisamente por ello por lo que deberían tomarse en serio la rebelión y las barricadas. Y olvidarse de tanta descarga, de tanto "muro" y de tanto Pensamiento Tuit.
domingo, enero 15, 2012
Mentiras e impudicia
Negar la existencia de la verdad es dar manga ancha al sentimentalismo, ¡bobo!, -le dije-.
Post Scriptum. La primera en la frente. La primera declaración del nuevo y recién estrenado Presidente de Gobierno se corresponde con una MENTIRA. Su desconocimiento del decimal exacto respecto al déficit real no es causa suficiente para rechazar el término mentira en toda su extensión. Así, primera declaración, primera mentira. Y no pasa nada. Absolutamente nada. ¿De qué sería señal?, ¿qué señalaría el hecho de que la mentira campe a sus anchas sin obstrucción alguna en la política española? De hecho se miente, desde hace unos años, constantemente desde todas las instancias políticas que detentan poder. Y si se miente, y además con descaro y desfachatez, es precisamente porque la mentira es, ya, absolutamente inocua.
La cosa no resulta fácil de entender: Rajoy no sólo miente sino que además sabe que “todos” saben que se trata de una mentira. O dicho de otra manera: Rajoy sabía que resultaba perfectamente despreciable la cantidad de gente que podría creer (la verdad de) su afirmación y eso no le impidió pronunciar la mentira. Así, curiosamente, la mentira como una estrategia segura respecto al fin que se prevé: el del inmovilismo de la sociedad; pero no una sociedad cualquiera, sino una sociedad que se sabe gobernada por la mentira. Y que no le importa. Rajoy ha mentido, en definitiva, porque sabe que además de inocua la mentira política es, en un país adocenado intelectualmente, invencible. Rajoy ha mentido porque sabe que ya nadie quiere saber nada de la razón.
Rajoy sabe, como saben todos los políticos de esta España infausta, que el ciudadano no quiere argumentos razonados… porque no es la “razón” lo que se le ha inculcado y por lo tanto no está preparado para ello. Las humanidades fueron desapareciendo del mapa escolar al mismo tiempo en que se imponía la Corrección Política impuesta fundamentalmente desde un Sistema Académico hipócrita. Razonar es una pérdida de tiempo en un mundo que sólo admite UNA opinión pública. Razonar es una pérdida de tiempo en un mundo que se adapta a la demanda de las empresas; una pérdida de tiempo en un mundo regido por lo mercantil (¡Ay Bolonia!). Rajoy, sabe, como saben todos los políticos, que a falta de otras cosas en España se argumenta por sentimiento. O sea, no se argumenta.
El Sistema Académico Español lleva años desprestigiando la Verdad a instancias de una suerte de relativismo que fue importado, a su manera, de una metodología de campus universitario anglosajón. Pero dadas las características continentales de España y dados sus particulares condicionantes de estulticia intelectual históricamente cotejada, importó ese relativismo burlándose de la filosofía analítica y convirtiendo los estudios culturales en un juego para doctorandos y medradores españoloides. Un despropósito. Y de ahí que el relativismo español contenga características propias y de ahí que, por ello, podamos hablar de un relativismo folklórico, o de un relativismo de castañuelas. Que no es otro que un relativismo que no conformándose con despreciar la Verdad, se decide por la defensa a ultranza de la mentira. El proceso es complejo y digno de estudio porque en principio una cosa no lleva, al menos necesariamente, a la otra. En cualquier caso, un mundo en el que todas las opiniones valen lo mismo es un mundo perfectamente preparado para que reine la mentira. La mentira es invencible aunque sea sólo porque se basta a sí misma para ser. La mentira es la única verdad (rentable) en un mundo sin verdades. Ya no se trata de convencer mediante la razón o el embelesamiento (Teodoro y Apolodoro) porque ambas posibilidades exigen aún un esfuerzo argumentativo que ya nadie contempla. A la mentira, sin embargo, sólo le hace falta ser pronunciada para imponerse y triunfar. Y triunfará mientras el ciudadano prefiera creer que todas las opiniones valen lo mismo.
La perversidad de la Corrección Política consiste en eso, en haber generado su necesidad entre quienes no pueden renunciar a ella aún cuando se encuentren perjudicados por ella. El ciudadano español soporta el alud de mentiras constantes de sus dirigentes porque ante la tesitura que se le plantea prefiere creer que sus opiniones valen lo mismo que las de cualquier otro. Renunciando con ello a la otra vía, la de creer que hay verdades más verdaderas que otras. Mientras esa preferencia se encuentre instalada en la Opinión Pública la mentira campará a sus anchas. Y predominará el sentimentalismo.
Post Scriptum. La primera en la frente. La primera declaración del nuevo y recién estrenado Presidente de Gobierno se corresponde con una MENTIRA. Su desconocimiento del decimal exacto respecto al déficit real no es causa suficiente para rechazar el término mentira en toda su extensión. Así, primera declaración, primera mentira. Y no pasa nada. Absolutamente nada. ¿De qué sería señal?, ¿qué señalaría el hecho de que la mentira campe a sus anchas sin obstrucción alguna en la política española? De hecho se miente, desde hace unos años, constantemente desde todas las instancias políticas que detentan poder. Y si se miente, y además con descaro y desfachatez, es precisamente porque la mentira es, ya, absolutamente inocua.
La cosa no resulta fácil de entender: Rajoy no sólo miente sino que además sabe que “todos” saben que se trata de una mentira. O dicho de otra manera: Rajoy sabía que resultaba perfectamente despreciable la cantidad de gente que podría creer (la verdad de) su afirmación y eso no le impidió pronunciar la mentira. Así, curiosamente, la mentira como una estrategia segura respecto al fin que se prevé: el del inmovilismo de la sociedad; pero no una sociedad cualquiera, sino una sociedad que se sabe gobernada por la mentira. Y que no le importa. Rajoy ha mentido, en definitiva, porque sabe que además de inocua la mentira política es, en un país adocenado intelectualmente, invencible. Rajoy ha mentido porque sabe que ya nadie quiere saber nada de la razón.
Rajoy sabe, como saben todos los políticos de esta España infausta, que el ciudadano no quiere argumentos razonados… porque no es la “razón” lo que se le ha inculcado y por lo tanto no está preparado para ello. Las humanidades fueron desapareciendo del mapa escolar al mismo tiempo en que se imponía la Corrección Política impuesta fundamentalmente desde un Sistema Académico hipócrita. Razonar es una pérdida de tiempo en un mundo que sólo admite UNA opinión pública. Razonar es una pérdida de tiempo en un mundo que se adapta a la demanda de las empresas; una pérdida de tiempo en un mundo regido por lo mercantil (¡Ay Bolonia!). Rajoy, sabe, como saben todos los políticos, que a falta de otras cosas en España se argumenta por sentimiento. O sea, no se argumenta.
El Sistema Académico Español lleva años desprestigiando la Verdad a instancias de una suerte de relativismo que fue importado, a su manera, de una metodología de campus universitario anglosajón. Pero dadas las características continentales de España y dados sus particulares condicionantes de estulticia intelectual históricamente cotejada, importó ese relativismo burlándose de la filosofía analítica y convirtiendo los estudios culturales en un juego para doctorandos y medradores españoloides. Un despropósito. Y de ahí que el relativismo español contenga características propias y de ahí que, por ello, podamos hablar de un relativismo folklórico, o de un relativismo de castañuelas. Que no es otro que un relativismo que no conformándose con despreciar la Verdad, se decide por la defensa a ultranza de la mentira. El proceso es complejo y digno de estudio porque en principio una cosa no lleva, al menos necesariamente, a la otra. En cualquier caso, un mundo en el que todas las opiniones valen lo mismo es un mundo perfectamente preparado para que reine la mentira. La mentira es invencible aunque sea sólo porque se basta a sí misma para ser. La mentira es la única verdad (rentable) en un mundo sin verdades. Ya no se trata de convencer mediante la razón o el embelesamiento (Teodoro y Apolodoro) porque ambas posibilidades exigen aún un esfuerzo argumentativo que ya nadie contempla. A la mentira, sin embargo, sólo le hace falta ser pronunciada para imponerse y triunfar. Y triunfará mientras el ciudadano prefiera creer que todas las opiniones valen lo mismo.
La perversidad de la Corrección Política consiste en eso, en haber generado su necesidad entre quienes no pueden renunciar a ella aún cuando se encuentren perjudicados por ella. El ciudadano español soporta el alud de mentiras constantes de sus dirigentes porque ante la tesitura que se le plantea prefiere creer que sus opiniones valen lo mismo que las de cualquier otro. Renunciando con ello a la otra vía, la de creer que hay verdades más verdaderas que otras. Mientras esa preferencia se encuentre instalada en la Opinión Pública la mentira campará a sus anchas. Y predominará el sentimentalismo.
Etiquetas:
corrección política,
España,
Lo políticamente correcto,
mentira,
poder,
políca
sábado, diciembre 31, 2011
Amor
Los políticos siguen poniéndose refitoleros y los medios de comunicación siguen queriendo politizar el asunto de las mujeres asesinadas por ¿sus parejas?, ¿sus maridos?, ¿sus ex maridos?, ¿sus amantes?, ¿sus ex amantes? ¿sus novios?, ¿sus ex novios? ¿sus compañeros? Ya no saben cómo denominarlo: ¿violencia de género?, ¿violencia machista?, ¿violencia doméstica?, ¿violencia de entorno familiar? Hace unos días se produjo un nuevo asesinato y de nuevo la cuestión fue noticia en TODOS los medios. Y en TODOS se notició el hecho partiendo de la duda que genera la misma denominación del hecho.
Así, tenemos por una parte el hecho (el asesinato) y por otra el relato del hecho (la noticia), que genera dudas entre políticos y periodistas. Así es como hemos llegado a esta situación en la que, ante la inevitable espectacularidad que les exige la Corrección Política, los media y los políticos se afanan por ideologizar políticamente ciertos hechos que en realidad no necesitan adjetivación alguna. Adjetivación que, en cualquiera de los casos y todo sea dicho de paso, se ha demostrado siempre obsoleta en cuanto a la amortiguación del problema que pretende combatir.
Lo trágico del asunto es que mientras el sujeto dilucida (privada o públicamente) acerca de cómo denominar el hecho la cuestión es que éste se sigue repitiendo mientras ignora, en cada ocasión, el problema de la denominación. Es decir, y por ejemplificar acudiendo al caso de estos días: antes de que se produjera el hecho (el asesinato), ni al andaluz asesino de 61 años ni a su asesinada esposa rusa de 28 años les había importado un comino la denominación del mismo; ni antes del hecho ni durante. Y si a ellos no les importó, ¿por qué debería importarles a todos los asesinos y víctimas reales? ¿Le sirve de algo a un potencial asesino y a la potencial víctima conocer con precisión la denominación de un acto que se cometerá en un momento de desesperación y/u odio? Por otra parte, ¿significa esto que la cuestión de la denominación es inocente? En absoluto, sólo significa lo que demuestra: que la necesidad de una (supuestamente) justa denominación es absolutamente ajena a la posibilidad de resolver el problema. Sobre todo, digámoslo ya, debido a la perfecta imposibilidad de abarcar todos esos asesinatos bajo un mismo adjetivo. El asesinato de una mujer es, siempre, un asesinato antes que cualquier otra cosa; es antes un asesinato que “un asesinato debido a…”. El asesinato de una mujer no necesariamente implica violencia de género, ni necesariamente presupone machismo por parte del asesino. Tampoco hay por qué considerar doméstico al asesinato producido en un descampado por el ex novio de la víctima. Un asesinato no requiere denominación propia para ser más asesinato. Pero si tiene denominación resultara sin duda más rentable.
Así, la obsesión por la adjetivación no sólo se encuentra abocada al fracaso sino que además nos muestra el verdadero interés de los media y los políticos: la criminalización del varón. Y para comprobarlo no hace falta más que ver los telediarios y leer la prensa después de cada nuevo asesinato. Todas las notificaciones que producen los medios después de casos como éste sólo demuestran que, como vengo observando desde hace tiempo, quien siempre gana es la Corrección Política; que sólo gana, todo se ha de decir, mientras siga pudiendo perpetuar la existencia de los problemas que justifican su presencia. Aun cuando para justificar su presencia tenga que demostrar su perfecta incompetencia, la que indefectiblemente mostrará a la hora de resolver los problemas que dice combatir.
Por otra parte, el periódico nacional de más tirada le dedicó al asunto dos páginas completas en las que SÓLO se hablaba de la necesidad de educar a los varones para evitar el problema. Dos páginas completas (una vez más) para culpabilizar al varón de todas las desgracias de la mujer. Asociaciones y expertos comentando lo importante de la educación de los varones en la infancia y de las terapias psicológicas de adultos en los casos de maltrato reconocido. Nada sobre las mujeres que eligieron como pareja a “sus” respectivos energúmenos.
Yo tengo la desgracia de haber sido íntimo amigo de una de esas mujeres que fue noticia en todos los telediarios. Un tipo le dio 18 puñaladas en un garaje en la zona franca de Barcelona. Podría decir de ella cosas maravillosas que de buen seguro se quedarían cortas en su simple enumeración. Pero podría citar de ella una característica que resultaba como poco curiosa: le gustaban los hombres, cómo decirlo, malotes, por usar el mismo lenguaje que utilizan muchas mujeres para reconocer públicamente ciertas debilidades de ellas (haciéndolo siempre con una medio sonrisa que espera encontrar cierta complicidad entre “las suyas”). A mi buena amiga le gustaban, en efecto, los hombres oscuros, turbios, duros, fuertes, chuletas, por usar adjetivos livianos y no demasiado precisos. Cuando la conocí se estaba separando de un canalla. Y por el camino hacia su “destino” tuvo problemas con otro capullo. Hasta que dio con el boss, que la mató. Los medios de comunicación dieron la noticia como mandan los cánones citados, pero yo me pregunto: ¿más allá de declarar malvados a los hombres que ella elegía, quién necesitaba, TAMBIÉN, una re-educación respecto al asunto de las interrelaciones afectivas? O por decirlo de otra forma, ¿es sólo de educación preventiva de lo que se trata? ¿Se trata en realidad sólo de prevenir?
Addenda. Es decir, nadie habla de amor. Nadie contempla la posibilidad de que sea de amor de lo que hay que hablarle a los niños. Supongo que porque les parecerá ridículo, si no cursi, a los educadores (que siguen jugando con consolas y preocupados con el último capricho tecnológico). Nadie contempla que sea amor lo que tienen que ver a su alrededor los niños. Nadie les quiere hablar a los niños de amor porque NADIE se encuentra con ganas de dar ejemplo. En vez de enseñar a los niños a controlar sus instintos se les prefiere enseñar suspicacia. En vez de preocuparse por modelar los patrones del deseo resulta más fácil a los educadores introducirlos en la microguerra, en las microguerras. Y lo que resulta más grave: nadie contempla la posibilidad de que la educación en el amor sea la solución porque el amor (o el bien, o lo bueno) no es rentable a instancias del Poder. Sólo son rentables las microguerras.
Así, tenemos por una parte el hecho (el asesinato) y por otra el relato del hecho (la noticia), que genera dudas entre políticos y periodistas. Así es como hemos llegado a esta situación en la que, ante la inevitable espectacularidad que les exige la Corrección Política, los media y los políticos se afanan por ideologizar políticamente ciertos hechos que en realidad no necesitan adjetivación alguna. Adjetivación que, en cualquiera de los casos y todo sea dicho de paso, se ha demostrado siempre obsoleta en cuanto a la amortiguación del problema que pretende combatir.
Lo trágico del asunto es que mientras el sujeto dilucida (privada o públicamente) acerca de cómo denominar el hecho la cuestión es que éste se sigue repitiendo mientras ignora, en cada ocasión, el problema de la denominación. Es decir, y por ejemplificar acudiendo al caso de estos días: antes de que se produjera el hecho (el asesinato), ni al andaluz asesino de 61 años ni a su asesinada esposa rusa de 28 años les había importado un comino la denominación del mismo; ni antes del hecho ni durante. Y si a ellos no les importó, ¿por qué debería importarles a todos los asesinos y víctimas reales? ¿Le sirve de algo a un potencial asesino y a la potencial víctima conocer con precisión la denominación de un acto que se cometerá en un momento de desesperación y/u odio? Por otra parte, ¿significa esto que la cuestión de la denominación es inocente? En absoluto, sólo significa lo que demuestra: que la necesidad de una (supuestamente) justa denominación es absolutamente ajena a la posibilidad de resolver el problema. Sobre todo, digámoslo ya, debido a la perfecta imposibilidad de abarcar todos esos asesinatos bajo un mismo adjetivo. El asesinato de una mujer es, siempre, un asesinato antes que cualquier otra cosa; es antes un asesinato que “un asesinato debido a…”. El asesinato de una mujer no necesariamente implica violencia de género, ni necesariamente presupone machismo por parte del asesino. Tampoco hay por qué considerar doméstico al asesinato producido en un descampado por el ex novio de la víctima. Un asesinato no requiere denominación propia para ser más asesinato. Pero si tiene denominación resultara sin duda más rentable.
Así, la obsesión por la adjetivación no sólo se encuentra abocada al fracaso sino que además nos muestra el verdadero interés de los media y los políticos: la criminalización del varón. Y para comprobarlo no hace falta más que ver los telediarios y leer la prensa después de cada nuevo asesinato. Todas las notificaciones que producen los medios después de casos como éste sólo demuestran que, como vengo observando desde hace tiempo, quien siempre gana es la Corrección Política; que sólo gana, todo se ha de decir, mientras siga pudiendo perpetuar la existencia de los problemas que justifican su presencia. Aun cuando para justificar su presencia tenga que demostrar su perfecta incompetencia, la que indefectiblemente mostrará a la hora de resolver los problemas que dice combatir.
Por otra parte, el periódico nacional de más tirada le dedicó al asunto dos páginas completas en las que SÓLO se hablaba de la necesidad de educar a los varones para evitar el problema. Dos páginas completas (una vez más) para culpabilizar al varón de todas las desgracias de la mujer. Asociaciones y expertos comentando lo importante de la educación de los varones en la infancia y de las terapias psicológicas de adultos en los casos de maltrato reconocido. Nada sobre las mujeres que eligieron como pareja a “sus” respectivos energúmenos.
Yo tengo la desgracia de haber sido íntimo amigo de una de esas mujeres que fue noticia en todos los telediarios. Un tipo le dio 18 puñaladas en un garaje en la zona franca de Barcelona. Podría decir de ella cosas maravillosas que de buen seguro se quedarían cortas en su simple enumeración. Pero podría citar de ella una característica que resultaba como poco curiosa: le gustaban los hombres, cómo decirlo, malotes, por usar el mismo lenguaje que utilizan muchas mujeres para reconocer públicamente ciertas debilidades de ellas (haciéndolo siempre con una medio sonrisa que espera encontrar cierta complicidad entre “las suyas”). A mi buena amiga le gustaban, en efecto, los hombres oscuros, turbios, duros, fuertes, chuletas, por usar adjetivos livianos y no demasiado precisos. Cuando la conocí se estaba separando de un canalla. Y por el camino hacia su “destino” tuvo problemas con otro capullo. Hasta que dio con el boss, que la mató. Los medios de comunicación dieron la noticia como mandan los cánones citados, pero yo me pregunto: ¿más allá de declarar malvados a los hombres que ella elegía, quién necesitaba, TAMBIÉN, una re-educación respecto al asunto de las interrelaciones afectivas? O por decirlo de otra forma, ¿es sólo de educación preventiva de lo que se trata? ¿Se trata en realidad sólo de prevenir?
Addenda. Es decir, nadie habla de amor. Nadie contempla la posibilidad de que sea de amor de lo que hay que hablarle a los niños. Supongo que porque les parecerá ridículo, si no cursi, a los educadores (que siguen jugando con consolas y preocupados con el último capricho tecnológico). Nadie contempla que sea amor lo que tienen que ver a su alrededor los niños. Nadie les quiere hablar a los niños de amor porque NADIE se encuentra con ganas de dar ejemplo. En vez de enseñar a los niños a controlar sus instintos se les prefiere enseñar suspicacia. En vez de preocuparse por modelar los patrones del deseo resulta más fácil a los educadores introducirlos en la microguerra, en las microguerras. Y lo que resulta más grave: nadie contempla la posibilidad de que la educación en el amor sea la solución porque el amor (o el bien, o lo bueno) no es rentable a instancias del Poder. Sólo son rentables las microguerras.
Etiquetas:
amor,
Feminismo,
guerra de sexos,
mujeres y hombres,
periodismo,
periodismo execrable,
política
viernes, diciembre 16, 2011
Microguerras
A.Antes que nada debemos asumir que las sociedades civilizadas y avanzadas se encuentran en franca decadencia. No habría más que constatarlo a través de un análisis, no necesariamente exhaustivo, del estado actual de esas sociedades. Por no hablar de esas otras sociedades que, habiendo persistido en métodos de gobierno déspotas y autoritarios, nunca abandonaron el espíritu rancio y sucio (y por tanto nunca tuvieron verdadero por-venir). Esa decadencia se ha debido no tanto al hecho de haber errado en los planteamientos, que también, como a no haber sabido ir rectificando según el elemental método de ensayo-error. En cualquier caso, si no admitimos que nuestra(s) sociedad(es) civilizada(s) se encuentra(n) en clara decadencia, a pesar, o mejor, con independencia de todas las comodidades que nos hayan podido aportar el progreso y la tecnología, no vale la pena seguir leyendo este texto. De todas formas el hecho de que se encuentre(n) en bancarrota es un perfecto signo de esa decadencia. Además de su consecuencia.
B.Hay veces que los tópicos no son más que el reflejo de una realidad. Y generalizar no es más que una forma, si no la forma, de poder mantener una comunicación fluida. O mejor: la generalización es la única forma demostradamente eficaz que existe para acceder al conocimiento, aunque sólo sea debido a su inevitabilidad a-priorística. Otra cosa sería lo que pueda haber detrás de cada una de las generalizaciones expresadas por el individuo, y ahí entramos de lleno en la capacidad intelectual que cada individuo haya podido alimentar a base de su interés por conocer y su capacidad de discernimiento. O sea, no se trata de que las generalizaciones sean buenas o malas sino de que sean tan necesarias como inevitables. Y más que del “qué” se trata del “quién y del “cómo”. Las generalizaciones, es cierto, penden de un simple y sutil hilo, pero no es menos cierto que ese hilo sólo es invisible para un déspota. Así, una generalización podrá ser frágil, desde luego, pero no por ello dejará de poder ser procedente o plausible. O incluso verdadera.
C.La Corrección Política ha generado una sociedad individualista. Y una sociedad individualista es una sociedad regida por microguerras. Encubiertas, solapadas y micro, pero guerras al fin y al cabo. El alumno contra el profesor, los hijos contra sus educadores, los negros contra los blancos, los nacionalistas contra los universalistas, las mujeres contra los hombres… Se nos insta desde el Poder (político y académico) a indagar para descubrir de qué podemos ser víctimas y después se nos insta a luchar. Se nos conculca, pues, la lucha: la guerra. Y una guerra se produce cuando los individuos buscan culpables habiéndose des-responsabilizado primero de todos sus actos. La Cultura de la Queja y el Victimismo como adalides de la Corrección Política.
D.Algunas generalizaciones procedentes:
-Los sistemas políticos y los departamentos universitarios llevan inculcando al ciudadano un individualismo fanático a través del uso de la Corrección Política.
-Todo individualismo fanático conlleva odio hacia “el otro”.
-El odio hacia “el otro” comporta siempre el desarrollo de microguerras soterradas pero permanentes entre individuos.
-Todo nacionalismo es generador de microguerras (por lo menos y en un principio).
-Las mujeres y los hombres están enfrentados en una permanente microguerrra improductiva (como podemos comprobar echando un vistazo a las estadísticas). Es decir, la (micro) guerra entre sexos se ha demostrado como ineficaz a la hora de solventar el problema que pueda existir entre ellos.
-Todas estas generalizaciones no son necesariamente verdaderas
-Todas estas generalizaciones son más verdaderas que falsas.
-Por ser más verdaderas que falsas todas estas generalizaciones son procedentes.
-Practicar un relativismo a ultranza es ejercer un fundamentalismo atroz.
-Quien practica un fundamentalismo atroz mientras defiende un relativismo a ultranza es un canalla.
-Las microguerras son una inevitable forma de vida del individuo conformado por la Corrección Política.
-La Corrección Política ha producido sociedades decadentes en los países civilizados (que son los que contenían un verdadero por-venir).
B.Hay veces que los tópicos no son más que el reflejo de una realidad. Y generalizar no es más que una forma, si no la forma, de poder mantener una comunicación fluida. O mejor: la generalización es la única forma demostradamente eficaz que existe para acceder al conocimiento, aunque sólo sea debido a su inevitabilidad a-priorística. Otra cosa sería lo que pueda haber detrás de cada una de las generalizaciones expresadas por el individuo, y ahí entramos de lleno en la capacidad intelectual que cada individuo haya podido alimentar a base de su interés por conocer y su capacidad de discernimiento. O sea, no se trata de que las generalizaciones sean buenas o malas sino de que sean tan necesarias como inevitables. Y más que del “qué” se trata del “quién y del “cómo”. Las generalizaciones, es cierto, penden de un simple y sutil hilo, pero no es menos cierto que ese hilo sólo es invisible para un déspota. Así, una generalización podrá ser frágil, desde luego, pero no por ello dejará de poder ser procedente o plausible. O incluso verdadera.
C.La Corrección Política ha generado una sociedad individualista. Y una sociedad individualista es una sociedad regida por microguerras. Encubiertas, solapadas y micro, pero guerras al fin y al cabo. El alumno contra el profesor, los hijos contra sus educadores, los negros contra los blancos, los nacionalistas contra los universalistas, las mujeres contra los hombres… Se nos insta desde el Poder (político y académico) a indagar para descubrir de qué podemos ser víctimas y después se nos insta a luchar. Se nos conculca, pues, la lucha: la guerra. Y una guerra se produce cuando los individuos buscan culpables habiéndose des-responsabilizado primero de todos sus actos. La Cultura de la Queja y el Victimismo como adalides de la Corrección Política.
D.Algunas generalizaciones procedentes:
-Los sistemas políticos y los departamentos universitarios llevan inculcando al ciudadano un individualismo fanático a través del uso de la Corrección Política.
-Todo individualismo fanático conlleva odio hacia “el otro”.
-El odio hacia “el otro” comporta siempre el desarrollo de microguerras soterradas pero permanentes entre individuos.
-Todo nacionalismo es generador de microguerras (por lo menos y en un principio).
-Las mujeres y los hombres están enfrentados en una permanente microguerrra improductiva (como podemos comprobar echando un vistazo a las estadísticas). Es decir, la (micro) guerra entre sexos se ha demostrado como ineficaz a la hora de solventar el problema que pueda existir entre ellos.
-Todas estas generalizaciones no son necesariamente verdaderas
-Todas estas generalizaciones son más verdaderas que falsas.
-Por ser más verdaderas que falsas todas estas generalizaciones son procedentes.
-Practicar un relativismo a ultranza es ejercer un fundamentalismo atroz.
-Quien practica un fundamentalismo atroz mientras defiende un relativismo a ultranza es un canalla.
-Las microguerras son una inevitable forma de vida del individuo conformado por la Corrección Política.
-La Corrección Política ha producido sociedades decadentes en los países civilizados (que son los que contenían un verdadero por-venir).
domingo, diciembre 11, 2011
Post Scriptum
Por misteriosas cuestiones en el anterior post se quedó fuera el último párrafo, eccolo:
Pos Scriptum. No hace mucho tuve la oportunidad de verme inmerso en la Puerta del Sol en una manifestación. Se trataba de un gran grupo de personas que se habían tomado la molestia de reunirse para gritar una consigna curiosa que rezaba así: “¡La familia nuclear ES radioactiva”! Sin duda se trataba de gente que consideraba la familia clásica como el principio del mal. No seré yo quien dude de que la familia es un formato con demasiadas pegas, pero tampoco seré yo quien piense que otro formato acabaría con los problemas que conlleva el crecimiento de unos niños educados inevitablemente por adultos.
Las preguntas ahora podrían ser, ¿no resulta extraño que habiendo 5 millones de parados en España (en el estado, que diría el introductor de Cuerpo Impropio) no hayan sublevaciones y revueltas a diario?, ¿no resulta extraño que con 5 millones de parados no haya más robos y altercados provocados por la gente necesitada?, ¿a qué puede ser debido que con 5 millones de parados vivamos con tanta paz aquí, en España? Respuesta: pues por una parte a la economía sumergida y por otra a la familia, que es la que sustenta a los miembros desesperados. Sin las familias que sustentan a sus miembros desesperados España habría ardido. "¡Radioactiva!", dicen los ignorantes.
Pos Scriptum. No hace mucho tuve la oportunidad de verme inmerso en la Puerta del Sol en una manifestación. Se trataba de un gran grupo de personas que se habían tomado la molestia de reunirse para gritar una consigna curiosa que rezaba así: “¡La familia nuclear ES radioactiva”! Sin duda se trataba de gente que consideraba la familia clásica como el principio del mal. No seré yo quien dude de que la familia es un formato con demasiadas pegas, pero tampoco seré yo quien piense que otro formato acabaría con los problemas que conlleva el crecimiento de unos niños educados inevitablemente por adultos.
Las preguntas ahora podrían ser, ¿no resulta extraño que habiendo 5 millones de parados en España (en el estado, que diría el introductor de Cuerpo Impropio) no hayan sublevaciones y revueltas a diario?, ¿no resulta extraño que con 5 millones de parados no haya más robos y altercados provocados por la gente necesitada?, ¿a qué puede ser debido que con 5 millones de parados vivamos con tanta paz aquí, en España? Respuesta: pues por una parte a la economía sumergida y por otra a la familia, que es la que sustenta a los miembros desesperados. Sin las familias que sustentan a sus miembros desesperados España habría ardido. "¡Radioactiva!", dicen los ignorantes.
sábado, diciembre 10, 2011
Basura
Excepto por una pequeña crisis vivida a principio de los noventa hemos estado gozando de las vacas gordas durante 25 años. Unas vacas cebadas por un fascismo simpático disfrazado de democracia circunspecta. Medios de comunicación y gobernantes trabajando al unísono para generar ciudadanos inmaduros, irresponsables. Empezando por los que generaba el Sistema Académico Universitario. Así es la Corrección Política cuando entra en acción: fagocita igualmente a televidentes aburridos que a estudiosos académicos. Mientras los primeros pedían créditos para comprar cosas que no necesitaban los segundos generaban un discurso cuyo sentido sólo tendría sentido en épocas de vacas gordas; un discurso, por tanto, perfectamente inocuo para la Humanidad. Respecto al Pensamiento podrá decirse, desde un futuro no muy lejano, que los últimos 30 años han generado, más que un Pensamiento Débil un Pensamiento Estúpido. Estúpido por inservible. Y hablo del pensamiento oficial, esto es, del académico, no del producido por algunos estupendos personajes orillados por el Sistema. Que afortunadamente los hay.
La Corrección Política ha sido, sin duda, la forma de gobierno por antonomasia de todos los países que ahora se encuentran en bancarrota. Habrá quien no quiera otorgar a esta forma de gobierno la importancia que yo vengo confiriéndole desde hace 18 años (sobre todo en mis artículos publicados en aquella maravillosa revista Archipiélago). O habrá incluso quienes no piensen que se trate de una forma de gobierno. Allá ellos. La cuestión es que además de estar en bancarrota contamos con un Pensamiento (Oficial) Estúpido, es decir, inservible.
Ahora les pido a los lectores un poco de paciencia porque creo que vale la pena. No hace mucho recibí, como viene siendo habitual desde hace muchos años, el folleto promocional del último evento cultural de la Universidad Internacional de Andalucía. Arte y Pensamiento. En él se anunciaba un ciclo de ponencias y mesas redondas que trataría el tema Cuerpo Impropio. Guía de modelos somatopolíticos y de sus posibles usos desviados. En efecto este era el tema a tratar por el conjunto de expertos invitados al encuentro: el cuerpo, el cuerpo impropio. Abrí el folleto para leer la introducción que pudiera liberarme de la incertidumbre que tal título me generaba debido a la incomprensión absoluta que me suscitaba. Y es ahora cuando les pido paciencia a Ustedes porque he decidido transcribir íntegramente el texto que además de ser explicativo debió servir para incitar a la participación del seminario; he aquí pues la introducción al completo:
“Lejos de un plano biológico liso como tabula rasa y recurso natural sobre el que después actúa el poder, el cuerpo moderno es ante todo un aparato somático estratificado, denso, siempre intervenido por técnicas biopolíticas que al mismo tiempo le avasallan y le confieren potencia de actuar. El cuerpo no es naturaleza sino somateca, un archivo político de lenguajes y técnicas. La alianza del capitralismo y de la biopolítica se hace efectiva cuando a la expropiación de las tierras comunes se añade el cercamiento del cuerpo social, de las formas de vida y de producción colectivas. LA naturalización y privatización del cuerpo contrasta con la invención y distribución diferencial de órganos y fluidos (útero, seno, semen, sangre, morfología facial, masa muscular, grasa, color de la piel) y con la tecnificación creciente de las funciones reproductivas y del ámbito del “bienestar” y de la salud. Al mismo tiempo, la hegemonía de la reproducción sexual, del binarismo de género, de la visión, del hablaba, de la movilidad y de la inmunidad genera márgenes somáticos, cuerpos-parias de un espacio democrático que oculta un contrato entre bípedos reproductores válidos.
¿Qué podemos aprender acerca del despliegue colonial y capitalista cuando lo examinamos desde el punto de vista de una historia de los sistemas de producción somática y de sus modos específicos de explotación? ¿Cuáles son las condiciones sociales, económicas y políticas que permiten inventar órganos y hacer circular fluidos corporales? ¿Cómo introducir agenciamiento en los procesos normativos de producción somática? ¿Cómo producir un cuerpo capaz de resistir a las lógicas del cercamiento neoliberal, del naturalismo y de la privatización? ¿Es posible hacer de la vulnerabilidad y de la discapacidad un modelo eco-queer de acción política?
Mientras los movimientos feministas y homosexuales se articulaban desde el pasado siglo en políticas de identidad, el activismo que emerge de la crisis del SIDA, de la denuncia de los protocolos intersexuales y de la politización de la discapacidad hace de la vulnerabilidad corporal una plataforma de acción y resistencia común. Los movimientos queer, transgénero y cripple (tullidos) rechazan el modelo de adecuación somática que establecía una continuidad entre sexo, género y sexualidad y demandan el reconocimiento de la multiplicidad como fundamento inmanente de un nuevo contrato democrático entre cuerpos que ya no se definen por su independencia y soberanía sino por su constitutiva relacionalidad. Hombres sin pene, mujeres con barba, cyberfeministas, cuerpos seropositivos, body hackers, padres que gestan… expropian las tecnologías de producción del cuerpo y de la subjetividad de la tutela jurídica y médica y reclaman su uso crítico y su redefinición colectiva. Se trata de revoluciones moleculares, como las que soñaba Félix Guattari, que desbordan las políticas de identidad y de la representación y exigen nuevas estrategias de invención de un cuerpo queer/cuir con técnicas específicas e instituciones propias.
A través de una historia crítica del capitalismo como sistema de re/producción y un análisis de la dimensión performativa de las prácticas médicas y biotecnológicas, este seminario estudia la invención del cuerpo biológico como cuerpo político, así como las relaciones estratégicas entre zoe et bios, organismo y máquina, privado y público, normal y patológico, váliso e inválido, animal y humano, sano y enfermo, sexo y género, sexualidad y trabajo, reproducción y producción. Este seminario activa instrumentos de análisis que provienen del feminismo, de la teoría queer, de las políticas trans, de lucha contra VIH/SIDA y cripple para poner a prueba la noción foucultiana de somatopolítica y trazar una cartografía de técnicas de poder, de redes de subjetivación y de posibles agenciamientos.
El formato del seminario contempla el desarrollo de debates en torno a cada una de las sesiones, conteniendo una serie de interlocuciones en las que tomarán parte divers+s invitad+os que participan en las prácticas políticas y culturales en distintos puntos geográficos del estado”.
Ahora, y después de pedirles perdón por el mal trago, les rogaría que hicieran el esfuerzo de volverlo a leer (de nuevo perdón). Sólo serán 4 minutos más. […]. Vale, gracias. Pues bien, esto es exactamente lo que el mundo académico nos ha estado ofreciendo invariablemente desde hace aproximadamente 30 años. Con su propia terminología pseudoerudita, rimbombante y… hueca. Pero extremadamente comprometida. Este texto es perfectamente representativo del Pensamiento Académico que se ha extendido por los países democráticos más civilizados, los que ahora se encuentran en bancarrota. Un texto con todos y cada unos de los tics propios de la Cultura de la Queja sustentada por la Corrección Política que ama a las minorías por considerarlas víctimas. Mis preguntas: ¿qué queda verdaderamente de todo esto después del descalabro occidental producido, entre otras cosas, por la imposición de un Pensamiento Estúpido, estúpido por inservible? Los posibles logros obtenidos a partir de ese pensamiento, ¿han proporcionado más felicidad al sujeto?, ¿cuál sería el cuerpo impropio del varón heterosexual de raza blanca?, ¿y cuál el del transexual tullido de raza negra?
En fin, estamos ante un seminario que con toda seguridad habrá llenado todas sus plazas. El motivo es muy simple: se corresponde, aunque de forma epigonal, con el Pensamiento oficial al que han tenido que subyugarse miles de doctorandos (pusilánimes y/o medradores) durante 30 años y que ha llenado de libros inútiles los anaqueles de las librerías sin dejar apenas hueco para otro tipo de pensamiento “disidente”. En materia de cuerpo, o de sexo, o de género no hay otra cosa (oficial) que Pensamiento Estúpido. Y es posible que sea esta crisis (generada en parte por el Pensamiento Estúpido) la que lo descubra como tal. Lo que no sé es que se hará cuando se tome consciencia de la cantidad de basura que ha sido amasada por la Corrección Política. Tampoco sé si será demasiado tarde cuando se tome consciencia de tanta estulticia. Y tampoco veo al Pensamiento Académico desenmascarándose a sí mismo.
Post Scriptum. No hace mucho tuve la oportunidad de verme inmerso en la Puerta del Sol en una manifestación. Se trataba de un gran grupo de personas que se habían tomado la molestia de reunirse para gritar una consigna curiosa que rezaba así: “¡La familia nuclear ES radioactiva”! Sin duda se trataba de gente que consideraba la familia clásica como el principio del mal. No seré yo quien dude de que la familia es un formato con demasiadas pegas, pero tampoco seré yo quien piense que otro formato acabaría con los problemas que conlleva el crecimiento de unos niños educados inevitablemente por adultos.
La Corrección Política ha sido, sin duda, la forma de gobierno por antonomasia de todos los países que ahora se encuentran en bancarrota. Habrá quien no quiera otorgar a esta forma de gobierno la importancia que yo vengo confiriéndole desde hace 18 años (sobre todo en mis artículos publicados en aquella maravillosa revista Archipiélago). O habrá incluso quienes no piensen que se trate de una forma de gobierno. Allá ellos. La cuestión es que además de estar en bancarrota contamos con un Pensamiento (Oficial) Estúpido, es decir, inservible.
Ahora les pido a los lectores un poco de paciencia porque creo que vale la pena. No hace mucho recibí, como viene siendo habitual desde hace muchos años, el folleto promocional del último evento cultural de la Universidad Internacional de Andalucía. Arte y Pensamiento. En él se anunciaba un ciclo de ponencias y mesas redondas que trataría el tema Cuerpo Impropio. Guía de modelos somatopolíticos y de sus posibles usos desviados. En efecto este era el tema a tratar por el conjunto de expertos invitados al encuentro: el cuerpo, el cuerpo impropio. Abrí el folleto para leer la introducción que pudiera liberarme de la incertidumbre que tal título me generaba debido a la incomprensión absoluta que me suscitaba. Y es ahora cuando les pido paciencia a Ustedes porque he decidido transcribir íntegramente el texto que además de ser explicativo debió servir para incitar a la participación del seminario; he aquí pues la introducción al completo:
“Lejos de un plano biológico liso como tabula rasa y recurso natural sobre el que después actúa el poder, el cuerpo moderno es ante todo un aparato somático estratificado, denso, siempre intervenido por técnicas biopolíticas que al mismo tiempo le avasallan y le confieren potencia de actuar. El cuerpo no es naturaleza sino somateca, un archivo político de lenguajes y técnicas. La alianza del capitralismo y de la biopolítica se hace efectiva cuando a la expropiación de las tierras comunes se añade el cercamiento del cuerpo social, de las formas de vida y de producción colectivas. LA naturalización y privatización del cuerpo contrasta con la invención y distribución diferencial de órganos y fluidos (útero, seno, semen, sangre, morfología facial, masa muscular, grasa, color de la piel) y con la tecnificación creciente de las funciones reproductivas y del ámbito del “bienestar” y de la salud. Al mismo tiempo, la hegemonía de la reproducción sexual, del binarismo de género, de la visión, del hablaba, de la movilidad y de la inmunidad genera márgenes somáticos, cuerpos-parias de un espacio democrático que oculta un contrato entre bípedos reproductores válidos.
¿Qué podemos aprender acerca del despliegue colonial y capitalista cuando lo examinamos desde el punto de vista de una historia de los sistemas de producción somática y de sus modos específicos de explotación? ¿Cuáles son las condiciones sociales, económicas y políticas que permiten inventar órganos y hacer circular fluidos corporales? ¿Cómo introducir agenciamiento en los procesos normativos de producción somática? ¿Cómo producir un cuerpo capaz de resistir a las lógicas del cercamiento neoliberal, del naturalismo y de la privatización? ¿Es posible hacer de la vulnerabilidad y de la discapacidad un modelo eco-queer de acción política?
Mientras los movimientos feministas y homosexuales se articulaban desde el pasado siglo en políticas de identidad, el activismo que emerge de la crisis del SIDA, de la denuncia de los protocolos intersexuales y de la politización de la discapacidad hace de la vulnerabilidad corporal una plataforma de acción y resistencia común. Los movimientos queer, transgénero y cripple (tullidos) rechazan el modelo de adecuación somática que establecía una continuidad entre sexo, género y sexualidad y demandan el reconocimiento de la multiplicidad como fundamento inmanente de un nuevo contrato democrático entre cuerpos que ya no se definen por su independencia y soberanía sino por su constitutiva relacionalidad. Hombres sin pene, mujeres con barba, cyberfeministas, cuerpos seropositivos, body hackers, padres que gestan… expropian las tecnologías de producción del cuerpo y de la subjetividad de la tutela jurídica y médica y reclaman su uso crítico y su redefinición colectiva. Se trata de revoluciones moleculares, como las que soñaba Félix Guattari, que desbordan las políticas de identidad y de la representación y exigen nuevas estrategias de invención de un cuerpo queer/cuir con técnicas específicas e instituciones propias.
A través de una historia crítica del capitalismo como sistema de re/producción y un análisis de la dimensión performativa de las prácticas médicas y biotecnológicas, este seminario estudia la invención del cuerpo biológico como cuerpo político, así como las relaciones estratégicas entre zoe et bios, organismo y máquina, privado y público, normal y patológico, váliso e inválido, animal y humano, sano y enfermo, sexo y género, sexualidad y trabajo, reproducción y producción. Este seminario activa instrumentos de análisis que provienen del feminismo, de la teoría queer, de las políticas trans, de lucha contra VIH/SIDA y cripple para poner a prueba la noción foucultiana de somatopolítica y trazar una cartografía de técnicas de poder, de redes de subjetivación y de posibles agenciamientos.
El formato del seminario contempla el desarrollo de debates en torno a cada una de las sesiones, conteniendo una serie de interlocuciones en las que tomarán parte divers+s invitad+os que participan en las prácticas políticas y culturales en distintos puntos geográficos del estado”.
Ahora, y después de pedirles perdón por el mal trago, les rogaría que hicieran el esfuerzo de volverlo a leer (de nuevo perdón). Sólo serán 4 minutos más. […]. Vale, gracias. Pues bien, esto es exactamente lo que el mundo académico nos ha estado ofreciendo invariablemente desde hace aproximadamente 30 años. Con su propia terminología pseudoerudita, rimbombante y… hueca. Pero extremadamente comprometida. Este texto es perfectamente representativo del Pensamiento Académico que se ha extendido por los países democráticos más civilizados, los que ahora se encuentran en bancarrota. Un texto con todos y cada unos de los tics propios de la Cultura de la Queja sustentada por la Corrección Política que ama a las minorías por considerarlas víctimas. Mis preguntas: ¿qué queda verdaderamente de todo esto después del descalabro occidental producido, entre otras cosas, por la imposición de un Pensamiento Estúpido, estúpido por inservible? Los posibles logros obtenidos a partir de ese pensamiento, ¿han proporcionado más felicidad al sujeto?, ¿cuál sería el cuerpo impropio del varón heterosexual de raza blanca?, ¿y cuál el del transexual tullido de raza negra?
En fin, estamos ante un seminario que con toda seguridad habrá llenado todas sus plazas. El motivo es muy simple: se corresponde, aunque de forma epigonal, con el Pensamiento oficial al que han tenido que subyugarse miles de doctorandos (pusilánimes y/o medradores) durante 30 años y que ha llenado de libros inútiles los anaqueles de las librerías sin dejar apenas hueco para otro tipo de pensamiento “disidente”. En materia de cuerpo, o de sexo, o de género no hay otra cosa (oficial) que Pensamiento Estúpido. Y es posible que sea esta crisis (generada en parte por el Pensamiento Estúpido) la que lo descubra como tal. Lo que no sé es que se hará cuando se tome consciencia de la cantidad de basura que ha sido amasada por la Corrección Política. Tampoco sé si será demasiado tarde cuando se tome consciencia de tanta estulticia. Y tampoco veo al Pensamiento Académico desenmascarándose a sí mismo.
Post Scriptum. No hace mucho tuve la oportunidad de verme inmerso en la Puerta del Sol en una manifestación. Se trataba de un gran grupo de personas que se habían tomado la molestia de reunirse para gritar una consigna curiosa que rezaba así: “¡La familia nuclear ES radioactiva”! Sin duda se trataba de gente que consideraba la familia clásica como el principio del mal. No seré yo quien dude de que la familia es un formato con demasiadas pegas, pero tampoco seré yo quien piense que otro formato acabaría con los problemas que conlleva el crecimiento de unos niños educados inevitablemente por adultos.
martes, noviembre 22, 2011
Reaccionario yo
A.Están los integrados, por ahí. Con sus malditas redes sociales. Errando por ese pseudomundo de cursi y elemental denominación. Viviendo pues (en) el instante del ciberespacio. Todos usuarios. Atontados ante la necesidad de de ser reactivos, veloces: oportunos. Porque el don de la ubicuidad alienta al sujeto del hoy a tener que ser ocurrente pero también oportuno. Enganchados, todos. Con sus malditas arrobas, con sus nicks malditos, encubridores. La velocidad y la fugacidad como puesta en escena necesaria. Sin momentos privilegiados. La velocidad y la fugacidad homogeneizando el tiempo acrónico. Sin pasado y sin futuro. O mejor, sin pasado pero sobre todo sin futuro.
B.Los integrados con sus redes, jugando al ingenio. Creyendo. Sintiéndose afortunados por ser protagonistas de las maravillosas consecuencias logradas por el cambio de paradigma: los antiguos medios de comunicación unidireccionales y dictatoriales se han quedado por fin obsoletos gracias a la Revolución informática. Creen. Creen los usuarios de las redes sociales, los integrados. Creyendo pues en la Verdad que para ellos emana de toda interacción comunicativa, creyendo que toda interacción es por tanto un signo de libertad. Los integrados se creen libres ahora porque la comunicación no es ya unidireccional, esto es capitalista, o sea porque pueden comunicarse (sic) directamente con, digamos Rubalcaba o Rajoy (¡ay el twitter!). Y quien dice esos dice Bisbal, o Sánchez Dragó, o Ronaldo. Ilusionados, pues, millones de personas por poderse comunicar con la cúpula (los dioses). Creyendo por ello en su libertad, la que representa a la Libertad. Los integrados están encantados con el “tiempo real”. Con el instante del “tiempo real” y con su trato directo con los dioses. Y por eso son integrados… porque les gusta estar encantados. Enganchados pues ante la necesidad de estar encantados. A perpetuidad. Mientras, todo se ha de decir, los dioses llenan su panza de caviar.
A+B.Están los integrados por ahí, encantados. Quizá indignados, pero encantados. Creyendo que la comunicación es, por aparente, real. Creyendo en la comunicación, pues. Creyendo que el signo de nuestro tiempo es la comunicación y encantados de que la para ellos verdadera comunicación (la que es interactiva) les permita expresarse sin necesidad de formar parte de la cúpula. Y lo que es definitivo: encantados de comunicarse directamente con ella… y a tiempo real. Viviendo pues a tiempo real, esto es, a velocidad vertiginosa. Porque vivir sólo a tiempo real conlleva una forma de vida necesariamente apresurada. Para el interconectado (integrado) no existen la lentitud y la parsimonia porque no existe ni el pasado ni el futuro, sólo existe el movimiento. El presente continuo ya no se estira "hacia atrás" para recordar porque nada hay que recordar ya; y no se prolonga "hacia delante" porque no hay nada en lo que confiar ni nada que temer ni nada que esperar. El espacio ha sido devorado por el tiempo. Y un tiempo sin espacio, que además es necesariamente veloz, es un tiempo sin ética.
A-B + B-A.En 1971 el nada sospechoso Hans Magnus Enzensberger escribió un librito al que llamó Elementos para una teoría de los medios de comunicación. Cuando aún se hablaba de computadoras y no de ordenadores Magnus Enzensberger decía que la “libertad de opción de las masas ha sido siempre una ficción, dado que desde un principio se las alejaba sistemáticamente de los medios de producción y en consecuencia de la opinión pública liberal”. Y Bertolt Brecht decía 40 años antes que “la radiodifusión han de ser transformada de aparato de distribución en un aparato de comunicación”. Pues bien, hasta aquí hemos llegado. El voluntarismo de los antaño pensadores más sagaces y lúcidos se ha hecho realidad. Las redes sociales han servido, claro, para que las masas (que diría aquel) puedan expresar su sentir libremente y puedan comunicárselo al mundo entero. A tiempo real. Pero también se equivocaron porque sirven, sobre todo, para eliminar la pausa y el recreo. El Aquiles del hoy ha comprendido que muerto el perro se acabó la rabia, y por eso se ha cargado a la tortuga. La manipulación ya es, por fin, multidireccional. Y el caos absoluto porque el hipervínculo, puesto en manos de un Aqulies sin tortuga, es devastador.
A=B.1971 es el pleistoceno para un nativo informático. Y en 2011 unos cuantos millones de nicks se creen libres porque pueden comunicarse (sic) con unos avatares. Cuánta ingenuidad. O cuánta idiotez. Y a las pruebas me remito: así nos va.
B.Los integrados con sus redes, jugando al ingenio. Creyendo. Sintiéndose afortunados por ser protagonistas de las maravillosas consecuencias logradas por el cambio de paradigma: los antiguos medios de comunicación unidireccionales y dictatoriales se han quedado por fin obsoletos gracias a la Revolución informática. Creen. Creen los usuarios de las redes sociales, los integrados. Creyendo pues en la Verdad que para ellos emana de toda interacción comunicativa, creyendo que toda interacción es por tanto un signo de libertad. Los integrados se creen libres ahora porque la comunicación no es ya unidireccional, esto es capitalista, o sea porque pueden comunicarse (sic) directamente con, digamos Rubalcaba o Rajoy (¡ay el twitter!). Y quien dice esos dice Bisbal, o Sánchez Dragó, o Ronaldo. Ilusionados, pues, millones de personas por poderse comunicar con la cúpula (los dioses). Creyendo por ello en su libertad, la que representa a la Libertad. Los integrados están encantados con el “tiempo real”. Con el instante del “tiempo real” y con su trato directo con los dioses. Y por eso son integrados… porque les gusta estar encantados. Enganchados pues ante la necesidad de estar encantados. A perpetuidad. Mientras, todo se ha de decir, los dioses llenan su panza de caviar.
A+B.Están los integrados por ahí, encantados. Quizá indignados, pero encantados. Creyendo que la comunicación es, por aparente, real. Creyendo en la comunicación, pues. Creyendo que el signo de nuestro tiempo es la comunicación y encantados de que la para ellos verdadera comunicación (la que es interactiva) les permita expresarse sin necesidad de formar parte de la cúpula. Y lo que es definitivo: encantados de comunicarse directamente con ella… y a tiempo real. Viviendo pues a tiempo real, esto es, a velocidad vertiginosa. Porque vivir sólo a tiempo real conlleva una forma de vida necesariamente apresurada. Para el interconectado (integrado) no existen la lentitud y la parsimonia porque no existe ni el pasado ni el futuro, sólo existe el movimiento. El presente continuo ya no se estira "hacia atrás" para recordar porque nada hay que recordar ya; y no se prolonga "hacia delante" porque no hay nada en lo que confiar ni nada que temer ni nada que esperar. El espacio ha sido devorado por el tiempo. Y un tiempo sin espacio, que además es necesariamente veloz, es un tiempo sin ética.
A-B + B-A.En 1971 el nada sospechoso Hans Magnus Enzensberger escribió un librito al que llamó Elementos para una teoría de los medios de comunicación. Cuando aún se hablaba de computadoras y no de ordenadores Magnus Enzensberger decía que la “libertad de opción de las masas ha sido siempre una ficción, dado que desde un principio se las alejaba sistemáticamente de los medios de producción y en consecuencia de la opinión pública liberal”. Y Bertolt Brecht decía 40 años antes que “la radiodifusión han de ser transformada de aparato de distribución en un aparato de comunicación”. Pues bien, hasta aquí hemos llegado. El voluntarismo de los antaño pensadores más sagaces y lúcidos se ha hecho realidad. Las redes sociales han servido, claro, para que las masas (que diría aquel) puedan expresar su sentir libremente y puedan comunicárselo al mundo entero. A tiempo real. Pero también se equivocaron porque sirven, sobre todo, para eliminar la pausa y el recreo. El Aquiles del hoy ha comprendido que muerto el perro se acabó la rabia, y por eso se ha cargado a la tortuga. La manipulación ya es, por fin, multidireccional. Y el caos absoluto porque el hipervínculo, puesto en manos de un Aqulies sin tortuga, es devastador.
A=B.1971 es el pleistoceno para un nativo informático. Y en 2011 unos cuantos millones de nicks se creen libres porque pueden comunicarse (sic) con unos avatares. Cuánta ingenuidad. O cuánta idiotez. Y a las pruebas me remito: así nos va.
Etiquetas:
idiocia,
indignados,
mentira,
redes sociales,
teléfonos móviles,
verdad
domingo, noviembre 13, 2011
Indefensión y desamparo (o elecciones V)
Si hay alguna cualidad –virtud- que debiera ser prioritaria para determinar la pertinencia de un prójimo a nuestro personal círculo de afines ésa sería, probablemente, la sensatez. Digo yo. Pero si hay alguna cualidad que deberíamos exigir a nuestros gobernantes, a todos, esa sería, sin duda, la SENSATEZ. Lástima entonces que la sensatez pueda definirse como aquello que todas las personas creen poseer. Algo que todo se ha de decir nos ha conculcado, como decíamos hace unos días, la cultura de la queja y el victimismo impuesto por la fatídica corrección política basada en un relativismo melifluo e irresponsabilizador. Es cierto que resulta despreciable el número de personas que serían capaces de desaconsejarse a sí mismas debido a su autoconsciente y admitida insensatez. Así, el hecho de que prácticamente nadie se considere un insensato es, precisamente, unos de los hechos más peligrosos y aterradores a los que se encuentra abocado el ser social. O dicho de otra forma, si el sujeto está condenado a alguna amenaza permanente y sumamente peligrosa ésa es sin duda la insensatez de un “cercano”. Si el “cercano” tiene cierto poder la cosa puede complicarse. Si la insensatez llega a formar parte del carácter de toda una clase al completo la cosa se agrava, pero si la clase es la clase política la cosa puede ser devastadora. Era poco probable que toda una clase fuera abducida por la insensatez, pero España ha demostrado una vez más que es different. Y lo ha demostrado a lo grande: con los mismos gobernantes (los que han conseguido que España se incluya en lo que los internautas europeos llaman países “pig”).
En el post anterior hacía referencia al desamparo hacia el que nos abocaban los poderes fácticos cuando permitían la total indefensión del ciudadano. Sobre todo porque la proporción de perjudicados/beneficiados con esa táctica mencionada es metafísicamente incomprensible; por incomprensiblemente maléfica. No puede caber más maldad que la de aquel (la compañía telefónica y el político que consiente) que mancilla, humilla y abandona a millones de ciudadanos a costa de la fortuna de unos pocos. Y un Estado que deja al ciudadano abandonado, no a su suerte, sino a la malograda suerte por el mismo Estado programada en connivencia con los magnates sin escrúpulos, es un Estado putrefacto; un Estado agusanado. Y su poder se sustenta, más que en la contrapartida económica que recibe a cambio (por los entes empresariales monstruosamente abstractos para el ciudadano y perfectamente concretos para el político: Moviestar, Vodafone, Orange, etc.), en el ejercicio de esa misma autoridad capaz de humillar a tantos millones de personas sin que esto no produzca graves consecuencias. O sea, se sustenta en la misma pura maldad.
Esta vez han sido las compañías de telefonía y de telecomunicaciones las que nos han señalado la vejación que a diario sufrimos los ciudadanos con pleno consentimiento de todo el Estado. Pero hay muchas otras vejaciones que vienen de otros sitios y que son el resultado de esta misma indignante forma de actuar carente de toda ética. El post anterior comenzaba con lo que parecía un caso personal, que después no lo era en la medida en que era extensible a la casi totalidad de usuarios. La putrefacción del Estado consiste en hacer que todos esos casos parezcan, sólo, personales. Sin ir más lejos, y por volver al terreno personal (extensible), en este año me he visto envuelto en dos casos en los que debía intervenir el seguro que en teoría me debía proteger de ciertos daños causados sobre mis pertenencias. En los dos se hizo el requerido peritaje y en los dos el seguro se desentendió del pago que por ley le correspondía asumir. En los dos casos tuve que acudir a los servicios de un abogado. La sola presencia de un abogado en la contienda hizo que las compañías abonaran inmediatamente el pago que se me había estado negando en innumerables y costosas llamadas telefónicas. Es decir, pagaron cuando les salió de las narices que es, después de todo, cuando la retribución que me correspondía por los daños causados se evaporaba en los costes del mismo abogado. Tan claro estaba el informe pericial que ante la carta de mi abogado me hicieron el ingreso en dos días. Pero lo peor del caso viene siempre cuando comento estos infortunios a mis allegados. Todos me dicen lo mismo, “claro, ¿qué no sabes lo que se ahorran las compañías aseguradores por todas aquellos afectados que renuncian a la contratación de un abogado?”. Así, con esta estrategia maléfica, son perjudicados los usuarios afectados que no llegan a contratar un abogado pero también perjudicados los usuarios que sí lo hacen. En fin, todos. Desamparados e indefensos todos y siempre, mientras los políticos cruzan la calle en un Audi de ventanillas ahumadas y comen a diario en estrellas michelín. Porque como ya he dicho en otras ocasiones les importamos una higa. Allá donde la insensatez de los gestores de este país no llega, llega la maldad. Si votamos a los menos malos tendremos lo que nos merezcamos.
En el post anterior hacía referencia al desamparo hacia el que nos abocaban los poderes fácticos cuando permitían la total indefensión del ciudadano. Sobre todo porque la proporción de perjudicados/beneficiados con esa táctica mencionada es metafísicamente incomprensible; por incomprensiblemente maléfica. No puede caber más maldad que la de aquel (la compañía telefónica y el político que consiente) que mancilla, humilla y abandona a millones de ciudadanos a costa de la fortuna de unos pocos. Y un Estado que deja al ciudadano abandonado, no a su suerte, sino a la malograda suerte por el mismo Estado programada en connivencia con los magnates sin escrúpulos, es un Estado putrefacto; un Estado agusanado. Y su poder se sustenta, más que en la contrapartida económica que recibe a cambio (por los entes empresariales monstruosamente abstractos para el ciudadano y perfectamente concretos para el político: Moviestar, Vodafone, Orange, etc.), en el ejercicio de esa misma autoridad capaz de humillar a tantos millones de personas sin que esto no produzca graves consecuencias. O sea, se sustenta en la misma pura maldad.
Esta vez han sido las compañías de telefonía y de telecomunicaciones las que nos han señalado la vejación que a diario sufrimos los ciudadanos con pleno consentimiento de todo el Estado. Pero hay muchas otras vejaciones que vienen de otros sitios y que son el resultado de esta misma indignante forma de actuar carente de toda ética. El post anterior comenzaba con lo que parecía un caso personal, que después no lo era en la medida en que era extensible a la casi totalidad de usuarios. La putrefacción del Estado consiste en hacer que todos esos casos parezcan, sólo, personales. Sin ir más lejos, y por volver al terreno personal (extensible), en este año me he visto envuelto en dos casos en los que debía intervenir el seguro que en teoría me debía proteger de ciertos daños causados sobre mis pertenencias. En los dos se hizo el requerido peritaje y en los dos el seguro se desentendió del pago que por ley le correspondía asumir. En los dos casos tuve que acudir a los servicios de un abogado. La sola presencia de un abogado en la contienda hizo que las compañías abonaran inmediatamente el pago que se me había estado negando en innumerables y costosas llamadas telefónicas. Es decir, pagaron cuando les salió de las narices que es, después de todo, cuando la retribución que me correspondía por los daños causados se evaporaba en los costes del mismo abogado. Tan claro estaba el informe pericial que ante la carta de mi abogado me hicieron el ingreso en dos días. Pero lo peor del caso viene siempre cuando comento estos infortunios a mis allegados. Todos me dicen lo mismo, “claro, ¿qué no sabes lo que se ahorran las compañías aseguradores por todas aquellos afectados que renuncian a la contratación de un abogado?”. Así, con esta estrategia maléfica, son perjudicados los usuarios afectados que no llegan a contratar un abogado pero también perjudicados los usuarios que sí lo hacen. En fin, todos. Desamparados e indefensos todos y siempre, mientras los políticos cruzan la calle en un Audi de ventanillas ahumadas y comen a diario en estrellas michelín. Porque como ya he dicho en otras ocasiones les importamos una higa. Allá donde la insensatez de los gestores de este país no llega, llega la maldad. Si votamos a los menos malos tendremos lo que nos merezcamos.
domingo, noviembre 06, 2011
Carta a los indignados (o elecciones IV)
No es que quiera hacer extensivos mis problemas, pero me he acordado de aquellos artículos que con cíclica frecuencia solía escribir el insobornable y estupendo Javier Marías contra Telefónica. Me identificaba y solidarizaba con sus argumentos y quejas de forma absoluta. Eran épocas de monopolios y Marías esperaba el fin del monopolio de Telefónica como agua de Mayo. Como yo. Y por eso me faltó tiempo para cambiarme de compañía cuando tuve la primera oportunidad. ¿Qué pasó después? Pues que me tuve que cambiar de la nueva compañía debido a irregularidades evidentes con las que trataba a sus clientes. […] Y después a otra… Y después a otra…
¿Y ahora? Ahora estoy en trámites de abandonar la que me ha estado engañando durante estos últimos tiempos. Y cada vez resulta más difícil darse de baja. No existe un contacto directo con bajas, debes hablar primero con unas cuantas incompetentes máquinas que no entienden la voz humana, debes teclear números que tampoco entiende nunca el burdo sensor de la compañía, debes hablar con varios sudamericanos (lo siento) que te hablan de tú y dicen (algunos) entender tu problema, el que dicen que no pueden solucionar, debes escuchar musiquillas infames durante los interminables minutos de espera, debes resignarte a que nadie pueda solucionarte el problema y, lo peor, debes sosegar tus instintos asesinos cuando después de 20 minutos en esas circunstancias se corta la conversación de manera tan sospechosa como indefectible. Y vuelta a empezar.
Todos conocemos casos de usuarios que han sido víctimas de alguna compañía telefónica. Y si somos todos los que conocemos casos particulares de estafa en nuestro pequeño entorno es porque el modus operandi de las compañías es con toda probabilidad absolutamente fraudulento y con toda seguridad ajeno a toda posible ética empresarial. El viernes pasado me dio por preguntar a mis alumnos. Todos habían tenido problemas, y serios, con las compañías a las que habían pertenecido, o con aquellas a las que seguían perteneciendo. Una alumna en concreto se encuentra a la espera de juicio y dos más han tenido que recurrir a abogados. A mí me toca pagar por un servicio que no se me ha dado durante dos meses y he de pagarlo so pena de complicar muchísimo más las cosas. Y saben que si quisiera recuperar lo pagado por mi no servicio durante esos dos meses tendría que contratar a un abogado que me costaría diez veces más de lo que vale mi deuda.
¿Se trata todo esto de una desviación digamos que previsible del sistema capitalista o de una política liberal? En absoluto. Se trata de una circunstancia que nos habla, y con claridad, del tipo de gobernantes que tenemos en esta España de mis huevos. Habrá quien no quiera elevar a categoría lo que parecen simples anécdotas de los casos particulares. Pero es de ahí, de la pusilanimidad del individuo, de donde las compañías beben la sangre que refresca sus gigantescas arterias. Decía en otros posts que los políticos españoles son malvados (sin paliativos y si excepciones) porque no saben nada acerca del ciudadano de la calle. Y en efecto, son malvados porque el Estado que consiente estas aberraciones es el Estado de un país irremediablemente putrefacto. Mientras la clase política deje que estas cosas vayan pasando el país que representa jamás podrá levantar la cabeza. Un país donde el ciudadano se encuentra vendido es un país sin libertad y sin justicia. Y un país sin libertad y justicia es un país asqueroso.
¿Y ahora? Ahora estoy en trámites de abandonar la que me ha estado engañando durante estos últimos tiempos. Y cada vez resulta más difícil darse de baja. No existe un contacto directo con bajas, debes hablar primero con unas cuantas incompetentes máquinas que no entienden la voz humana, debes teclear números que tampoco entiende nunca el burdo sensor de la compañía, debes hablar con varios sudamericanos (lo siento) que te hablan de tú y dicen (algunos) entender tu problema, el que dicen que no pueden solucionar, debes escuchar musiquillas infames durante los interminables minutos de espera, debes resignarte a que nadie pueda solucionarte el problema y, lo peor, debes sosegar tus instintos asesinos cuando después de 20 minutos en esas circunstancias se corta la conversación de manera tan sospechosa como indefectible. Y vuelta a empezar.
Todos conocemos casos de usuarios que han sido víctimas de alguna compañía telefónica. Y si somos todos los que conocemos casos particulares de estafa en nuestro pequeño entorno es porque el modus operandi de las compañías es con toda probabilidad absolutamente fraudulento y con toda seguridad ajeno a toda posible ética empresarial. El viernes pasado me dio por preguntar a mis alumnos. Todos habían tenido problemas, y serios, con las compañías a las que habían pertenecido, o con aquellas a las que seguían perteneciendo. Una alumna en concreto se encuentra a la espera de juicio y dos más han tenido que recurrir a abogados. A mí me toca pagar por un servicio que no se me ha dado durante dos meses y he de pagarlo so pena de complicar muchísimo más las cosas. Y saben que si quisiera recuperar lo pagado por mi no servicio durante esos dos meses tendría que contratar a un abogado que me costaría diez veces más de lo que vale mi deuda.
¿Se trata todo esto de una desviación digamos que previsible del sistema capitalista o de una política liberal? En absoluto. Se trata de una circunstancia que nos habla, y con claridad, del tipo de gobernantes que tenemos en esta España de mis huevos. Habrá quien no quiera elevar a categoría lo que parecen simples anécdotas de los casos particulares. Pero es de ahí, de la pusilanimidad del individuo, de donde las compañías beben la sangre que refresca sus gigantescas arterias. Decía en otros posts que los políticos españoles son malvados (sin paliativos y si excepciones) porque no saben nada acerca del ciudadano de la calle. Y en efecto, son malvados porque el Estado que consiente estas aberraciones es el Estado de un país irremediablemente putrefacto. Mientras la clase política deje que estas cosas vayan pasando el país que representa jamás podrá levantar la cabeza. Un país donde el ciudadano se encuentra vendido es un país sin libertad y sin justicia. Y un país sin libertad y justicia es un país asqueroso.
Etiquetas:
España,
Juventud,
maldad,
telefonía,
teléfonos móviles
jueves, noviembre 03, 2011
No habrá paz para los malvados
La parsimonia es una cualidad cinematográfica que, después de todo, no es apropiada para ser aplicada a cualquier idea. Recrearse en los puntos muertos con secuencias aparentemente innecesarias o lentas requiere de una genialidad para la que no todos los directores están preparados. La parsimonia requiere oficio, sensibilidad y sobre todo inteligencia. Hay mucho cine bienintencionado al que sólo le sobra un poco de parsimonia. Mucho cine (auto)considerado independiente o alternativo (en América indie) necesitaría revisar el concepto para no confundir la falta de ideas con la supuesta pureza que parece emanar de cierto entendimiento ensimismado de la parsimonia. Y desde luego no se trata de una cuestión de géneros, no hay por qué asociar la parsimonia al cine intimista. Puede haber cine de gansters o incluso westerns realizados con estilo parsimonioso. Y hay películas pretendidamente intimistas (o comprometidas) que habrían ganado con cierta agilidad narrativa o con algún matiz deslumbrante. Cuando la parsimonia se da en su justa medida el cine crece como forma de conocimiento.
La parsimonia en el cine no consiste en decir poco, sino en saber exactamente qué es lo que no hay que decir. Pero sobre todo, cuándo y cómo no hay que decirlo. Es decir, la parsimonia no puede ser un estilo sino una forma de abordar determinadas secuencias narrativas. La parsimonia funciona cuando los silencios, las pausas y los recreos extáticos se encuentran milimétricamente calculados y cuando la contención es la adecuada para cada secuencia. No se trata de dejar que el espectador complete la información no dada en el juego del silencio y la elipsis, sino de dar la información precisa de la forma más adecuada respecto a la trama. Tanto si se trata de la descripción de un personaje como si se trata de una escena dialogada. Toda escena tiene un tempo adecuado, por lo que diremos que una película es buena cuando su ritmo interno responde a tempos adecuados, con independencia de si estos son lánguidos o vivaces. Es en este sentido que la lentitud deja de considerarse un defecto. Hay de todas formas muchos farsantes entre los influenciados por Antonioni y Angelopoulos.
No habrá paz para los malvados es una de las mejores películas españolas de los últimos tiempos, pero no resulta fácil recomendarla. Para los amantes de la acción resultará decepcionante y para los amantes de los sentimientos resultará frustrante. Así, no resulta fácil recomendarla porque se trata de una película contenida y sombría. En cualquier caso es una película necesaria porque, además de todo, representa a nuestra querida España, esta España nuestra del hoy. O por decirlo de otra forma, si el cine de Víctor Erice tuvo su momento y ese fue sin duda el mejor cine posible de ese momento, ahora le toca al cine de nuestro presente, el gansteril. Porque eso es exactamente lo que necesita este país que ha vuelto a la charanga y la pandereta (así nos ven desde fuera), pero con altas dosis de corrupción. Necesitamos sobriedad a capazos.
Sobriedad, contención y austeridad narrativa en una trama sin solución de continuidad es lo que hay en No habrá paz para los malvados. De alguna forma se tenía que compensar al ciudadano español hastiado de los shares televisivos y de los rancios panes oscuros y las sofisticadas pieles deshabitadas. Urbizu lo hace con esta película y nos salva de la quema mostrándonos nuestro propio infierno.
En No habrá paz para los malvados sólo tienen cabida los malvados, que son los que hacen y deshacen España. Todo(s) lo(s) demás es(son) puro relleno, puro ornamento, puro cartón piedra. Sólo prima la maldad y son los malvados los únicos protagonistas. Todo lo demás es secundario, subsidiario: grotesco. Es en todos los demás personajes donde habitan las buenas intenciones, pero son los malvados los que tienen siempre la última palabra. Estamos en manos de los malvados, para los que nunca habrá paz, los demás somos, como mucho, simples espectadores desconcertados, atontados.
Post Scriptum. No hace mucho mi amigo Juan me dijo que buscara en Internet el blog de Carlos Carnicero y que leyera todos los artículos que salieran poniendo en “búsqueda” las palabras clave, Zapatero, Pedrojota y Barroso. Supongo que los conocerán ustedes. El ejercicio requiere de un tiempo, pero les aseguro que vale la pena leer todos los artículos que aparecen en esa búsqueda. La trama gansteril española que Carnicero describe con precisión (de periodista independiente) deja a las historias de Vito Corleone en un cuento de Disney. Pero como decía Bardem, aquí nunca pasa nada.
La parsimonia en el cine no consiste en decir poco, sino en saber exactamente qué es lo que no hay que decir. Pero sobre todo, cuándo y cómo no hay que decirlo. Es decir, la parsimonia no puede ser un estilo sino una forma de abordar determinadas secuencias narrativas. La parsimonia funciona cuando los silencios, las pausas y los recreos extáticos se encuentran milimétricamente calculados y cuando la contención es la adecuada para cada secuencia. No se trata de dejar que el espectador complete la información no dada en el juego del silencio y la elipsis, sino de dar la información precisa de la forma más adecuada respecto a la trama. Tanto si se trata de la descripción de un personaje como si se trata de una escena dialogada. Toda escena tiene un tempo adecuado, por lo que diremos que una película es buena cuando su ritmo interno responde a tempos adecuados, con independencia de si estos son lánguidos o vivaces. Es en este sentido que la lentitud deja de considerarse un defecto. Hay de todas formas muchos farsantes entre los influenciados por Antonioni y Angelopoulos.
No habrá paz para los malvados es una de las mejores películas españolas de los últimos tiempos, pero no resulta fácil recomendarla. Para los amantes de la acción resultará decepcionante y para los amantes de los sentimientos resultará frustrante. Así, no resulta fácil recomendarla porque se trata de una película contenida y sombría. En cualquier caso es una película necesaria porque, además de todo, representa a nuestra querida España, esta España nuestra del hoy. O por decirlo de otra forma, si el cine de Víctor Erice tuvo su momento y ese fue sin duda el mejor cine posible de ese momento, ahora le toca al cine de nuestro presente, el gansteril. Porque eso es exactamente lo que necesita este país que ha vuelto a la charanga y la pandereta (así nos ven desde fuera), pero con altas dosis de corrupción. Necesitamos sobriedad a capazos.
Sobriedad, contención y austeridad narrativa en una trama sin solución de continuidad es lo que hay en No habrá paz para los malvados. De alguna forma se tenía que compensar al ciudadano español hastiado de los shares televisivos y de los rancios panes oscuros y las sofisticadas pieles deshabitadas. Urbizu lo hace con esta película y nos salva de la quema mostrándonos nuestro propio infierno.
En No habrá paz para los malvados sólo tienen cabida los malvados, que son los que hacen y deshacen España. Todo(s) lo(s) demás es(son) puro relleno, puro ornamento, puro cartón piedra. Sólo prima la maldad y son los malvados los únicos protagonistas. Todo lo demás es secundario, subsidiario: grotesco. Es en todos los demás personajes donde habitan las buenas intenciones, pero son los malvados los que tienen siempre la última palabra. Estamos en manos de los malvados, para los que nunca habrá paz, los demás somos, como mucho, simples espectadores desconcertados, atontados.
Post Scriptum. No hace mucho mi amigo Juan me dijo que buscara en Internet el blog de Carlos Carnicero y que leyera todos los artículos que salieran poniendo en “búsqueda” las palabras clave, Zapatero, Pedrojota y Barroso. Supongo que los conocerán ustedes. El ejercicio requiere de un tiempo, pero les aseguro que vale la pena leer todos los artículos que aparecen en esa búsqueda. La trama gansteril española que Carnicero describe con precisión (de periodista independiente) deja a las historias de Vito Corleone en un cuento de Disney. Pero como decía Bardem, aquí nunca pasa nada.
Etiquetas:
analisis cinematográfico,
Cine,
España. Lo políticamente correcto,
política,
slow
lunes, octubre 31, 2011
Elecciones III (o España de mis huevos)
Tengo a mi alrededor gente de izquierdas y de derechas con la que me relaciono habitualmente. Algunos de ellos los considero amigos, otros simples conocidos. Tantos unos como otros, y tal y como ellos mismos me han contado, han sido votantes de alguno de los dos partidos mayoritarios. He podido cerciorar que sólo una proporción despreciable de mi entorno está constituido por votantes de un partido minoritario. Así pues mi entorno responde con exactitud a lo que vienen a ser los resultados electorales habituales.
[A partir de ahora mis generalizaciones no se corresponderán con ningún habitual modo de síntesis pragmático sino que serán el producto de la realidad. Al fin y al cabo es de mi entorno del que hablo. Lo que no quiere decir que no haya entornos diferentes, que los habrá, claro, digo yo, no sé]
Los de izquierdas son gente que votó al PSOE y que lo hizo con convicción, es decir, sin dudas. He intentado en alguna ocasión extraer una queja respecto al modo de gobernar de “su” partido durante estos casi 8 años. En muy raras ocasiones la he conseguido. O por ser más exacto, lo que he conseguido extraer de ellos han sido, fundamentalmente, comentarios irónicos sobre, pongamos por caso, los trajes de Camps. O, en todo caso, sobre los políticos en general. Ante mi insistencia y mis incisivas preguntas relacionadas con el estado actual de las cosas en el Estado todo lo que he conseguido ha sido una declaración de principios morales en el mejor de los casos. Y una vuelta a los trajes de Camps en el peor. Son gente que cree que vivimos una circunstancia que, gracias al PSOE, es mejor de lo que pudo haber sido si hubiera gobernado el PP.
Los de derechas son gente que no defendieron claramente a Camps (tampoco lo atacaron) y que además no gustan de Rajoy en ningún sentido. Echan de menos a Aznar y no tienen nada bueno que decir ni de Cospedal ni de Arenas ni de González Pons. No hacen falta incisivas preguntas para que se muestren, siempre que pueden, más cercanos a las víctimas del terrorismo que a cualquier político del PP que se encuentre buscando aliados nacionalistas. O por resumir: no gustan del PP y pueden descalificar, aunque con la boca pequeña, a toda la clase política con la que contamos. Sólo les gustan realmente Soraya, Intereconomía y Federico.
Tanto los unos como los otros se han visto seriamente afectados por la crisis (alguno de ellos gravemente). Pero siguen viendo la solución en lugares diferentes. Los de izquierdas lo tienen claro para las siguientes elecciones: votar de nuevo al PSOE. Cualquier cosa antes de dejar que gobiernen los fascistas (sic), aunque ello pueda presuponer el incremento del desastre. Los de derechas también lo tienen claro: votar de nuevo al PP. Cualquier cosa antes de dejar que vuelvan a gobernar estos ineptos, aunque ello les obligue a tener que votar a unos incompetentes traidores. Yo también lo tengo claro y por eso me dirijo a ellos, tanto a los de izquierdas como a los de derechas que no gustan claramente ni del PSOE ni del PP pero a ellos les votan: ¡os vais todos a la mierda!
Addenda. Pido disculpas a mis excelsos lectores por los últimos abusos del idioma. No suele ser mi hábito, lo saben ustedes. Me ha pasado lo que a Valmont, pero pasado por el filtro español de Fernando Fernán Gómez, que no he podido evitarlo. En cualquier caso les hago una pregunta ¿se acuerdan ustedes de aquella época en la que los españoles teníamos que salir fuera de nuestras fronteras para saber cómo era de verdad el mundo? ¿Se acuerdan con qué momento histórico se correspondía? ¿Se acuerdan cuánto duró esa época en la que vivimos esclavizados a unos poderes fácticos dirigidos por la canalla? Acabo de llegar de pasar una temporada en Suiza y me he juntado con un sobrino que acaba de llegar de Londres. Nuestra conversación nos ha exigido un trago, que dirían los americanos. Y los hijos de mis amigos están dirigiendo sus pasos hacia el extranjero porque quieren ser tratados con decencia y dignidad. Spain is absolutly different. Por eso todas las semanas veo con ansiedad el programa Españoles por el mundo, el programa más instructivo de la actualidad con diferencia. Y lo veo con una libreta de notas y un bolígrafo de cuatro colores. Ya digo: ¡a la mierda!
[A partir de ahora mis generalizaciones no se corresponderán con ningún habitual modo de síntesis pragmático sino que serán el producto de la realidad. Al fin y al cabo es de mi entorno del que hablo. Lo que no quiere decir que no haya entornos diferentes, que los habrá, claro, digo yo, no sé]
Los de izquierdas son gente que votó al PSOE y que lo hizo con convicción, es decir, sin dudas. He intentado en alguna ocasión extraer una queja respecto al modo de gobernar de “su” partido durante estos casi 8 años. En muy raras ocasiones la he conseguido. O por ser más exacto, lo que he conseguido extraer de ellos han sido, fundamentalmente, comentarios irónicos sobre, pongamos por caso, los trajes de Camps. O, en todo caso, sobre los políticos en general. Ante mi insistencia y mis incisivas preguntas relacionadas con el estado actual de las cosas en el Estado todo lo que he conseguido ha sido una declaración de principios morales en el mejor de los casos. Y una vuelta a los trajes de Camps en el peor. Son gente que cree que vivimos una circunstancia que, gracias al PSOE, es mejor de lo que pudo haber sido si hubiera gobernado el PP.
Los de derechas son gente que no defendieron claramente a Camps (tampoco lo atacaron) y que además no gustan de Rajoy en ningún sentido. Echan de menos a Aznar y no tienen nada bueno que decir ni de Cospedal ni de Arenas ni de González Pons. No hacen falta incisivas preguntas para que se muestren, siempre que pueden, más cercanos a las víctimas del terrorismo que a cualquier político del PP que se encuentre buscando aliados nacionalistas. O por resumir: no gustan del PP y pueden descalificar, aunque con la boca pequeña, a toda la clase política con la que contamos. Sólo les gustan realmente Soraya, Intereconomía y Federico.
Tanto los unos como los otros se han visto seriamente afectados por la crisis (alguno de ellos gravemente). Pero siguen viendo la solución en lugares diferentes. Los de izquierdas lo tienen claro para las siguientes elecciones: votar de nuevo al PSOE. Cualquier cosa antes de dejar que gobiernen los fascistas (sic), aunque ello pueda presuponer el incremento del desastre. Los de derechas también lo tienen claro: votar de nuevo al PP. Cualquier cosa antes de dejar que vuelvan a gobernar estos ineptos, aunque ello les obligue a tener que votar a unos incompetentes traidores. Yo también lo tengo claro y por eso me dirijo a ellos, tanto a los de izquierdas como a los de derechas que no gustan claramente ni del PSOE ni del PP pero a ellos les votan: ¡os vais todos a la mierda!
Addenda. Pido disculpas a mis excelsos lectores por los últimos abusos del idioma. No suele ser mi hábito, lo saben ustedes. Me ha pasado lo que a Valmont, pero pasado por el filtro español de Fernando Fernán Gómez, que no he podido evitarlo. En cualquier caso les hago una pregunta ¿se acuerdan ustedes de aquella época en la que los españoles teníamos que salir fuera de nuestras fronteras para saber cómo era de verdad el mundo? ¿Se acuerdan con qué momento histórico se correspondía? ¿Se acuerdan cuánto duró esa época en la que vivimos esclavizados a unos poderes fácticos dirigidos por la canalla? Acabo de llegar de pasar una temporada en Suiza y me he juntado con un sobrino que acaba de llegar de Londres. Nuestra conversación nos ha exigido un trago, que dirían los americanos. Y los hijos de mis amigos están dirigiendo sus pasos hacia el extranjero porque quieren ser tratados con decencia y dignidad. Spain is absolutly different. Por eso todas las semanas veo con ansiedad el programa Españoles por el mundo, el programa más instructivo de la actualidad con diferencia. Y lo veo con una libreta de notas y un bolígrafo de cuatro colores. Ya digo: ¡a la mierda!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)