domingo, abril 19, 2015

Vanitas: Biblioteca

Escribo porque han asaltado a mi cabeza funestos recuerdos acaecidos meses atrás. Una semana trágica la vivida por mí al final de agosto del año pasado. Precisamente en los días más calurosos de los últimos 40 años si nos atenemos a las estadísticas. Por motivos que no vienen a cuenta tuve que vaciar la casa de pueblo que compré hace 13 años y que hasta ahora sólo me había servido para almacenar todo aquello que no cabía en mi casa de la ciudad. Todo se desarrolló muy rápidamente así que no tuve mucho tiempo para pensar y planificar. Y el calor era verdaderamente sofocante. Contaba yo con 5 días para "limpiar" la casa de algunas antigüedades de no mucho valor y algo más de dos mil libros. No quería deshacerme de estos últimos pero no tenía otro remedio, mi casa de Valencia está literalmente forrada de ellos.

¿Y cuánto valen todos esos libros, libros de arte, de historia, de arquitectura, de ilustración, ensayos filosóficos, ensayos sobre cine (cerca de 100), colecciones de revista completas (Arena, Sur Express, El Europeo, Cuadernos del norte, Ardi...) y muchos comics (cerca de 400 ejemplares)? ¿Cuánto vale todo eso, si sabemos que muchos de esos libros, concretamente los de arte y arquitectura e ilustración, costaron en su momento entre los 20 y 40 euros? ¿Y cuanto los ensayos? ¿Cuanto pueden valer en su conjunto? A mí sólo se me ocurría una respuesta ante la urgencia de venderlos: el precio no podría ser otro que aquel que permitiera al comprador extraer unos beneficios. Digo yo, por ser sensato. Pero también debía ser un precio que compensara la inquietud que me producía deshacerme de eso que tanto había significado en mi vida. Así que una valoración que me hice a mí mismo, a quién si no, fue que podía pedir por ellos una cuarta o una quinta parte de lo que pagué. Incluso una sexta. También se me ocurrió otra forma de valorarlos: hacer una media entre los más caros y los más baratos y después dividir esa cifra por un número que diera por resultado 2 euros. Una forma como otra cualquiera (aunque algo estrambótica) para llegar a la cifra 2 como precio por unidad. Así, podría recibir por ellos cuatro mil euros. Tierna ingenuidad.

Llegó el primer posible comprador y su valoración no ofrecía dudas: NADA. No me daba NADA por ellos, pero estaba dispuesto a vaciarme la casa gratis. Lo despaché, no sin antes agradecer su tasación. Después vino otro... y después otro. Ambos me daban lo mismo que el primero. NADA. Después llegó otro que me ofreció 200 euros, pero sólo si también le daba los candelabros de bronce que se encontraban junto a los libros, una bañera de porcelana y una urna del XIX. Le dije que me parecía poco y se ofendió. Esta vez fue él quien me despachó a mí. A punto de sonar la campana vino uno que me ofreció 400 euros por el lote. Se lo llevó. Necesidades mandan. A 20 céntimos la pieza, ya fuera un libro sobre Aldo Rosi, ya fuera un libro sobre dinosaurios de super-gran formato, ya fuera un libro de entrevistas al pintor Kitaj.

Nota. Siento el miembro como si aún lo tuviera y estiro el brazo para rascarme cuando siento que me pica. Me extirparon hace unos meses el miembro de una parte de mi biblioteca. Es decir, hay una parte de lo que fue mi biblioteca que ya no es mía, y sin embargo aún la siento. Sobre todo cada vez que echo en falta alguno de aquellos libros.

Ah, y otra cosa: hace ahora 15 días tuvo lugar la feria del libro de ocasión en la Gran Vía de Valencia, como siempre. En su clausura los medios hablaron: "El peor año en ventas de toda la historia de la Feria". "Se ha vendido un 25 % respecto a otros años".

Ah, que se me olvidaba: vi dos de "mis" libros en un paseo por la feria, uno sobre ilustración de animales imposibles que estaba a la venta por 22 euros y un ensayo sobre Antonioni que estaba a 12 euros.

Ah, y para finalizar, quien no esté en contacto directo y diario con nativos digitales no sabe el alcance verdadero del desprecio que en ellos hay hacia el mundo físico -más allá de los dispositivos tecnológicos-. 

jueves, marzo 26, 2015

Las casualidades no existen

Las casualidades no existen

Dos estudiantes de sexo femenino conversan en unos lavabos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid:

Chica A: “Pues a mí me toca los cojones”
Chica B: “Y a mí me suda la polla”

Me lo cuenta Marusela, que ha compartido momento con esas jóvenes en el baño público. Me dice también que eso no es todo; que muchas veces oye a sus alumnas –también universitarias- dirigirse entre ellas usando el vocablo “tío”. Yo le digo que se trata de un lapsus, pero ella me corrige rápidamente: “De eso nada, saben perfectamente lo que dicen. Lo que pasa es que lo quieren todo; les han inculcado que tienen derecho a todo y se sienten superpoderosas, y por eso quieren ser mujeres y hombres a la vez. Además, como los hombres cada vez son menos hombres porque precisamente es eso lo que se les exige desde la corrección política…”


Todo esto sucede a las 12,45 de la mañana, como digo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, en el descaso que se produce entre conferencia y conferencia. Estamos en el VII Congreso Internacional de Análisis Textual. El título de este año: “Las diosas”. 

martes, marzo 17, 2015

¿Qué _ _ _ _ quieren?

¿Qué _ _ _ _ quieren?


No cesa la queja. Es más, se incrementa día a día. En todo. Nada de lo que pueda hacerse para disiparla es ni será suficiente; la queja es, en esta era posmoderna, ¡qué le vamos a hacer!, una de las actitudes más rentables. ¿Por qué no quejarse, entonces? Ah, y otra cosa; la queja será más rentable en proporcionalidad directa al rencor y el odio que en ella vayan intrínsecos. Son cosas del activismo y de la corrección.

En el Arte, también.

No cesa de oírse esa queja. "Queremos más visibilidad". Así, quieren más visibilidad. ¿Quiénes? Ellas, por supuesto, las mujeres. ¿Más visibilidad? No exactamente; lo que dicen querer es la misma visibilidad que los hombres. Para ellas, no puede haber (existir) un hombre artista si no hay (existe) una mujer artista... de forma !simultánea y ubicua! Sí, ésta sería la cuestión. Lo que quieren las mujeres (y tomo el todo por la parte en la medida en que las que callan otorgan, habida cuenta de los beneficios que obtienen de la queja, tengan o no tengan clara la exigencia) es una igualdad numérica, estadística, cuantitativa. Paridad, igualdad. Si alguien quiere comisariar una exposición sobre, pongamos fotografía nocturna, lo que le exigirán los abanderados de la corrección política es que ese alguien NO seleccione a los 12 fotógrafos -sean mujeres o hombres- que le parezcan más interesantes -adecuados, apropiados-, sino que en su elección haya 6 fotógrafas y 6 fotógrafos (6 mujeres y 6 hombres: 6 personas con vagina y 6 personas con pene).

Pero, ¿a quién se quejan esas mujeres tan activistas?, ¿a la sociedad machista, ese corpus amorfo de individuos al que se le echa siempre la culpa de todo? ¿o al mundo del Arte, ese conjunto de personas que configuran el mismo mundo del Arte que "al parecer" es discriminatorio con las mujeres? Porque esa es la queja: las reivindicadoras no se quejan de que haya menos mujeres artistas sino de que la selección habitual -para su exhibición- no sea natural, sino malignamente partidista. Para ellas, sí hay una selección natural y es tan natural que tiene que ser equitativa... por cojones (perdón). Así, natural, o sea, equitativa, igualitaria. Natural (?).

Mutatis Mutandi
Podríamos comenzar por diferenciar entre presencia y poder.
¿Y que _ _ _ _ quieren las mujeres: presencia o poder? ¿Qué quieren cuando dicen querer igualdad? ¿Más presencia en las decisiones del poder? ¿Más presencia en los eventos expositivos?

Y podríamos también, para situarnos realmente, remontarnos a los años ochenta, los años de apertura, cambio y desarrollo de la España ulterior a los 40 años de anquilosamiento cultural. ¿Y quién detentaba el poder del Arte durante esa década y la posterior? Pues se lo digo yo: las mujeres. ¿A quién había que conocer si uno quería medrar en el fantástico y sensible mundo del Arte durante los ochenta y los noventa una vez fallecida Juana Mordó? Pues se lo digo yo: a Juana de Aizpuru, a María Corral, a Cármen Jiménez, a Helga de Alvear, a Soledad Lorenzo... a Elba Benítez, a Elvira González, Oliva Arauna, las Moriarty, Oliva María, Rosa Martínez, Estrella de Diego, Evelyn Botella, Rosa Olivares... y poco más allá Pilar Parra, Marta Cervera, Elena Ochoa, Ana María Guasch... Ellas lo controlaban TODO, ellas configuraron el panorama que representaba el arte español y foráneo en nuestro territorio. Y diseñaron la estrategia de expansión. Ellas impusieron su criterio, algo contra lo que no hay nada que objetar, digo yo. ¿O sí? Es verdad que hubo algunos hombres... (Juan Antonio Ramírez, Calvo Serraller, Pepe Cobo...) pero sólo para que la cosa no pareciera demasiado discriminatoria. Así pues, las mujeres con presencia casi absoluta en el mundo del Arte, al menos respecto al poder real.

¿Y los artistas, qué pasa con los artistas, se seguirán preguntando las activistas más comprometidas con su sexo? Pues muy sencillo: los artistas que había era los que colocaban ellas, los que ellas sugerían, los que ellas ¿imponían?; ellas, las que detentaban el poder: Juana de Aizpuru, Soledad Lorenzo, María Corral, Oliva Arauna, Cármen Jiménez, Rosa Martínez, Elba Benítez, Oliva María, Rosa Olivares, Elvira González, Elena Ochoa...

¿Y ahora, qué pasa? Pues que ahora tenemos, sin ir más lejos, ese festival del Arte tan igualitario y tan poco partidista que se llama Miradas de mujeres. Que, cómo no, es aprovechado para elevar la queja y el lamento en la opinión publicada a su máxima exponencia (impactos mediáticos): "exigimos más visibilidad", "queremos la igualdad". Cada año lo mismo: "exigimos más visibilidad". Un festival que se amplía cada año y que cada vez cuenta con más participantes, que lógicamente nunca serán suficientes. ¿Sólo un festival, sólo él, el de Miradas de mujeres? Noooo, un hay un sinfín de eventos que en nombre de la mujer discriminada se reparten durante todo el año por todo el territorio español, la mayor de las veces promocionados y patrocinados por administraciones públicas, institutos de la mujer, y demás entidades subvencionadas.

Sin ir más lejos en Valencia se inauguró la semana pasada una exposición "de" mujeres, una exposición que se ha denominado, supongo que nada inocentemente, Las dueñas del arte. Se trata de la selección de artistas llevada a cabo por 14 galeristas mujeres de la Comunidad Valenciana. Pero para saber el verdadero alcance y significado de la cifra (14) conviene saber antes que en la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana hay 19 galerías de Arte. Así pues, el mundo del Arte, al menos aquí en Valencia, se encuentra en manos de mujeres. Y no tanto a nivel privado, sino también a nivel político-cultural, para bien o para mal, como saben todos los valencianos. Y no debemos olvidar que, por el motivo que sea, es la clase política -del signo que sea- la primera en promover, tanto de forma directa como indirecta, eventos culturales que tengan por protagonistas a las mujeres. Que lo hacen.

¿Entonces?

Para contestar a esta enigmática última pregunta podemos acudir a la entrevista que Makma les hiciera a tres mujeres activistas directamente comprometidas con el Arte y con la Mujer. En dicha entrevista no se pudo dejar más clara la queja que tiene como objeto la discriminación de las mujeres en el mundo del Arte. Resulta tan paradigmática que recomiendo su búsqueda y lectura. Da mucho de sí.

Dice la directora del Festival en la Comunidad Valenciana Irene Ballester "Nuestra finalidad es llevar el arte hecho por mujeres a los grandes museos y galerías, pero también a las concejalías de Cultura e Igualdad de cualquier pueblo". Queda claro entonces que sus objetivos, ya logrados (15 comunidades, más de 1.000 artistas, 308 espacios expositivos), han conseguido elevar la presencia de mujeres artistas en espacios tanto privados como públicos; no de mujeres artistas extraordinarias, ni de las mejores mujeres artistas, sino de mujeres artistas ("arte hecho por mujeres"). Y como decimos, no sólo a espacios privados, sino a espacios sufragados con dinero público.

Por eso quizá no se entienda esa pertinaz manía del mundo del Arte hacia los estamentos políticos. De hecho en esta misma entrevista aflora lo que acaba siempre por aflorar cuando el mundo del Arte exige independencia en su sensibles decisiones: su desprecio por ese intrusismo que supone toda acción gubernamental en las cosas de la Cultura. Y por eso dice Lucía Peiró a poco que se descuida, "La política y el arte deberían ir por separado". Y es que, en efecto, se trata de algo que es absolutamente habitual en aquellos que, curiosamente, viven de las prebendas del papá Estado. Aceptan con naturalidad todo tipo de subvenciones y ayudas (de las Concejalías, las Casas de Cultura y Administraciones en general), pero después las quieren mandar a freír espárragos cuando se trata o de hacer lo que les dé la gana o de ganar dinero.

Pero aquí de lo que se trata es de saber si existe realmente discriminación maléfica y organizada o si se trata de algo mucho más sencillo. Es decir, la cuestión es: si aceptáramos, tal y como dicen algunas estadísticas que nos ofrecen las asociaciones más activistas, que las mujeres tienen menos presencia que el hombre en el mundo del arte, ¿será debido a una discriminación maléfica instigada por una sociedad machista o se debe a las leyes de mercado? Veamos lo que dice una de las entrevistadas, concretamente la galerista Teresa Lagarre, es decir, la que representa el mercado (el del dinero y no el de las ideologías): "Yo tengo muchos artistas de la Comunidad Valenciana, el 70% son de aquí, y aunque tal vez sean más hombre que mujeres los que exponen en mi galería, lo cierto es que yo siempre me he inclinado por el arte de las mujeres porque me siento identificada con sus propuestas".


Pues bien, por fin queda claro el por qué teniendo más poder en la gestión -ese poder que se atribuye en exclusiva al maléfico hombre autoritario- después parecen no obtener la misma visibilidad. Aquí una mujer galerista y su programa: me identifico con las propuestas de las mujeres (sic)… pero tal vez (sic) sean más hombres que mujeres los que exponen en mi galería. Para  después, eso sí, sumarse rauda a la –rentable- queja.

Post Scriptum. Llego de Madrid con varias carteleras de actualidad cultural en mi cartera… y no hay sitio para la duda: Ellas crean. En efecto, en todas las carteleras, e incluso en algunas de las portadas de esas carteleras, aparece ese titular, Ellas crean. Titular que se corresponde con la XI Edición del Festival Ellas Crean, festival que, y ahora cito de la cartelera Madrid en vivo, “aporta un punto de visibilidad para las mujeres creadoras”. También se dice “Este año el Ayuntamiento de Madrid presenta un cartel alucinante, sugestivo y pleno de propuesta que harán las delicias de los asistentes” (y Ayuntamiento de Madrid va en negrita). Este festival, inmediatamente posterior a Miradas de mujeres (que se realizaba en 15 comunidades entre otras ésta) contaba con 46 intervenciones (música, danza, debates, exposiciones, presentaciones…) y con la colaboración de 18 museos.


lunes, marzo 16, 2015

El Arte y el Experto

El Arte y el Experto (ARCO)

No resulta fácil hablar de Arte ¡con alguien! si no fijas primero un concepto definitorio. De lo contrario, como ya sabemos todos, hablar de Arte ¡con alguien! puede convertirse en un diálogo de besugos; o por ser más finos: en un diálogo propio del hall de la Torre de Babel.

Ese concepto definitorio, cómo no, sólo puede ser uno: "qué es Arte" (y no tanto "qué es el Arte).

Lógicamente se trata de una cuestión angular en la Historia y en la Historiografía. No hay tiempo para detenernos en este extenso y farragoso asunto, así que después de una elipsis explicativa acerca de la evolución de las posibles respuestas sólo me cabe señalar un asunto que a mí particularmente me sorprende. A saber: que aún hay quien pone en duda el aserto que reza, "Arte es lo que la Institución señala como tal". Y quien dice Institución dice mundo del arte; Sistema Arte.

Es decir, aún hay quien cree que un producto adviene Arte exclusivamente por un tipo de merecimiento propio del producto que lo logra (por señalamiento de la Institución, se entiende), un meremiento por tanto directamente relacionado con la esencia misma de lo que Arte significa. O dicho de otra forma: aún hay gente que cree (yo diría que todos los "afortunados" componentes del mundo del Arte) que los productos que son Arte lo son con independencia de que la Institución los haya señalado y acojido. Y por tanto esos productos son Arte a partir de un acto de Justicia Suprema.

Hace un par de semanas tuvo lugar ARCO y en este mismo blog se dio cuenta de ello. Ahora ha caído en mis manos un magazine que contiene una entrevista a su director, Carlos Urroz. Juan Carlos Rodríguez es quien la realiza. A continuación una de las preguntas con su respectiva respuesta:

Pregunta. ¿Sigue escuchando el típico comentario despectivo "esto lo hace mi hijo" ante una obra supuestamente banal?
Respuesta. Pues qué suerte tienen con si hijo,¿no) [Risas]. Ya no se escucha tanto. Hay gente que siempre cuestiona el valor pecuniario de algunas obras, pero luego se revenden en subastas por el doble. Los ladrillos de Carl André, por ejemplo, que causaron risa cuando los compró la Tate Gallery en los 70, hoy cuestan una fortuna en subastas. Luego el tiempo da la razón al valor de las obras de arte.

Analicemos fragmentariamente:
"Pregunta. ¿Sigue escuchando el típico comentario despectivo "esto lo hace mi hijo" ante una obra supuestamente banal?"

Como podemos ver el periodista está en el ajo del asunto. De otra forma no habría usado el término "supuestamente". Es decir, no existe la posibilidad real de que algo mostrado desde la Institución Arte pueda ser banal. Y el periodista o lo sabe o hace como que lo sabe. De esta forma, el "supuestamente" no puede ser sino una forma (sumisa o no) de complicidad ante la Institución. No es posible la banalidad en el Arte; por tanto la banalidad sólo puede ser supuesta. Así pues, o se está en el ajo o se está en el hall de la Torre de Babel.

"Respuesta. Pues qué suerte con su hijo, ¿no? [Risas]"
Las risas son lo importante de la respuesta. Y las risas sólo dan cuenta de que la sumisión del periodista resulta absolutamente necesaria. Cuestionar la autoridad de la Institución sólo podría entenderse como una muestra de ignorancia supina. El Arte sólo puede ser banal de forma supuesta, hipotética; es decir; no puede ser realmente banal bajo ningún concepto. Cuestionar un producto señalado por el Arte -señalando su banalidad- es estar contra el Arte, y no se puede estar contra el Arte... desde el Arte. No hay obras de Arte banales, sólo productos que son banales precisamente por no poder ser Arte.

"Hay gente que siempre cuestiona el valor pecuniario de algunas obras, pero luego se revenden en subastas por el doble."

¿Gente? ¿Qué gente: los que creen en la posible banalidad de algunos productos artísticos? ¿O los que habiéndose interesado por una pieza concreta discuten el precio? Y lo de que "luego se revenden en subastas por el doble" es directamente falso. O mejor, se trata de una afirmación que además de falsa resulta fraudulenta. Sólo un porcentaje increíblemente despreciable de obras cuestionadas por su precio puede llegar a venderse en subasta por el doble. Por lo tanto resulta tan legítimo como higiénico que la gente cuestione el valor pecuniario de algunas obras.

"Los ladrillos de Carl André, por ejemplo, que causaron risa cuando los compró la Tate Gallery en los 70, hoy cuestan una fortuna en subastas."

Los ladrillos no causaron risa; causaron perplejidad y desconcierto (sobre todo en la gente que cree en la posible banalidad de algunas obras de Arte, es decir en gente ajena a la Institución Arte). La compra de la Tate tampoco causó risa; causó polémica. El motivo por el que el precio de los ladrillos creciera exponencialmente es precisamente ése: que fueran comprados por la Tate Gallery. Así se configura un mundo, el del Arte, que para SER necesita más del asunto pecuniario que del asunto de la excelencia. Cuando los mejores museos y los coleccionistas más ricos comparten producto resulta muy difícil no especular. Pero siempre cabe la posibilidad de una Opa Hostil. Depende de que existan intereses aún mayores y que contengan un ansia de poder más grande todavía. Quien conoce la historia de Sandro Chia con Saatchi and Saatchi lo sabe.

"Luego el tiempo da la razón al valor de las obras de arte."

Las obras de arte ni llevan razón ni dejan de llevarla, ¡tontaina! Ló único que cuenta aquí son las cantidades de dinero con las que se "juega". ¡Dinero! ¡Arte! ¡Y palabrería a manta!

jueves, febrero 26, 2015

ARCO y zombies

Hay quien cree que no ha pasado nada y por eso actúa como si nada hubiera pasado. Visitar ARCO hoy es una experiencia muy parecida a la que podía tenerse cuando se visitaba ARCO hace pongamos 25 años. Demasiado parecida. Es cierto que en su andadura la Feria ha pasado por momentos variopintos en cuanto a su oferta se refiere, pero en cualquier caso, y salvo alguna rara excepción, siempre ha predominado el aspecto comercial, que es por otra parte el que confiere sentido al evento.
Así pues, el ARCO de este año podría ser calificado de sobrio; sí, sobrio; hay quien diría elegante pero yo no llegaría a tanto. Y por sobrio entiendo una disposición de stands muy ordenada y racionalista y una selección de galerías cuya oferta podría calificarse de clásica; entendiendo por clásica esa producción que fundamentalmente se encuentra destinada a cubrir paredes y algún que otro hall exquisito.
Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la realidad? Y es aquí donde no queda otro remedio que ponerse antipático.
ARCO siempre es el producto de su director y de su equipo. Y cada edición es el resultado de una decisión. Yo lo he visitado y conocido el mismo día de la inauguración (ayer), que como es sabido sólo se encuentra abierto a profesionales. Precisamente es en este punto donde se encuentra la clave de la tesis que quiero plantear, en eso que pueda colegirse del concepto "profesionales".
Para empezar yo diría que hay un sector muy amplio y con muchos intereses dentro del mundo del comercio del arte que sigue creyendo que el arte es lo mismo de hace 30 años. O dicho de otra manera, que sigue sin percatarse de los radicales cambios que se han producido en la sociedad civilizada desde que apareció la primera verdadera promoción de nativos digitales; que además coincide en fecha con la determinante caída de Lehman Brothers.

Para que la feria obtenga un aspecto u otro, lo primero que hace cualquier comité es determinar la interpretación que del concepto Arte hace dicho comité (de hecho las variables que durante su existencia nos ha proporcionado la Feria de Arte se han debido a la diferente forma de interpretar ese concepto; y para eso está el director y el comité de selección, siempre tan controvertido). Pero para que la feria obtenga su sentido la organización debe asumir, en primera instancia, que lo expuesto debe ser vendible. Y entender el arte como un producto elitista (en sus diversos grados, pero elitista), o sea, debe seguir creyendo en el carácter sagrado del producto expuesto que resulta desproporcionadamente caro en comparación a otros productos cuya función se encuentra más clarificada.

Y es aquí donde ARCO me parece una feria absolutamente desfasada. Pero no desfasada por su contenido sino desfasada por su propia existencia en la medida en que nada tiene ya que ver lo allí expuesto y ofrecido con lo que vive toda esa avalancha de nativos digitales que desde 2007 se nos ha venido encima.

Y es que ese carácter lineal que nos inculcó un entendimiento hegeliano de la Historia hacia el despliegue del Espíritu Absoluto ha tocado a su fin. Y muerto el perro se acabó la rabia. Sin Historia no hay posibilidad de Arte. Y por eso la inauguración de ARCO parecía un congreso de gerontología. ARCO ha decidido (o por mera supervivencia, o por puro convencimiento, lo cual sería mucho peor) que el público al que se dirige no puede ser otro que aquel al que su edad no le permite cambiar de hábitos. Es decir, la organización de ARCO ha decidido dirigirse a los que no les queda otro remedio en la vida que creer que no han hecho el primo durante toda su vida. Comprando a precios muy altos lo que muy poca gente estaría dispuesta a comprarle a ellos a precios muy bajos.

Ésta y no otra ha sido la elección de los organizadores: la de atraer a gente que está más cerca de la muerte que de su nacimiento. Así, una feria que exhibe un producto obsoleto (aunque más o menos interesante o decorativo) para gente que está medio muerta.

O por decirlo de otra manera: ARCO se dirige a quien no sólo tiene una casa... sino varias. Sin embargo los jóvenes de hoy ni la tienen ni la quieren, y en sus prioridades no se encuentra la de hipotecar su vida por una casa, sobre todo cuando no saben dónde les va a tocar vivir ni por cuánto tiempo. Su casa es inestable, por lo que sus paredes sólo pueden ser virtuales.

lunes, febrero 23, 2015

Deconstrucción... y nativos digitales


Deconstrucción


...y nativos digitales


La Era Digital, es cierto, nos está proporcionando muchos individuos hábiles y eficaces; inteligentes en definitiva. Al parecer la banda ancha -que en su uso no requiere esfuerzo sino tiempo (libre)- ha jugado un papel muy importante en ello, y los expertos aseguran que parte del éxito se debe a la tecnología en general y a los videojuegos en particular, que han configurado un nuevo sujeto con mayores cualidades en lo que respecta a la gestión cotidiana de problemas y al que consideramos inteligente por su hábil manejo de la información, por sus desarrollados reflejos y por su resolutividad. Antes de continuar sólo me cabría apuntar que unas de las características más relevantes de los psicópatas ha sido siempre su alto grado de inteligencia. Así pues y en principio, la inteligencia es una cualidad bastante neutra por lo que respecta a los beneficios que pudiera proporcionar a una sociedad. Por otra parte los libros de autoayuda llevan cerca de 40 años vendiéndonos el asunto de la inteligencia emocional, que no es otra cosa, desde el punto de vista del best seller, que la reivindicación encubierta del individualismo -egoísmo- a partir de conceptos tan horteras como el de la "autoestima".


La inteligencia por tanto es neutra en la medida en que no necesariamente colabora en la transformación positiva de la sociedad. Otra cosa sería hablar de los usos y aplicaciones de esa inteligencia. Y otra cosa sería preguntarnos cuáles son los beneficios que podría acarrear una inteligencia sin conocimientos generales o sin sentido ético. O por decirlo de otra forma: no es lo mismo aplicar un adjetivo a un sujeto para asignarle una cualidad (Fulanito es inteligente), que además resulta ser neutra, que definir a un sujeto por una forma de ser -estar- en el mundo (Fulanito es un intelectual).


La Era Digital, es cierto, nos está proporcionando muchos individuos ingeniosos, rápidos, resolutivos, informados, listos, inteligentes... pero con una nula capacidad de pensamiento profundo. ¿Y qué sería eso del pensamiento profundo? Pues el poder generar pensamiento a partir de silogismos complejos que requieren algo más que el uso de la información obtenida por multicanal. El pensamiento profundo sólo puede generarse a partir del estudio en profundidad -valga la redundancia- de los "textos"*; un estudio/análisis que necesariamente se alejaría de la metodología fragmentaria y comprometida ideológicamente que la Corrección Política y la Deconstrucción llevan 40 años imponiéndonos.  


La Era Digital, es cierto, nos ha proporcionado muchos individuos hábiles, eficaces, pragmáticos, espabilados, listos, inteligentes... pero extremadamente incultos. ¿Habrá quien se ofenda ante esta descripción de los hechos? ¿Habrá quien después de tanto halago se ofenda ante el señalamiento de una o dos carencias? Pues muy probablemente sí, porque el sentido inmanente que la Era Digital ha inculcado a sus nativos les ha convertido, paradójicamente, en inmortales. Y no es que los inmortales lo quieran todo, sino que se creen con derecho a tenerlo todo. Y para ellos ese derecho los hace de alguna forma usufructuarios del TODO. La culpa no es exactamente suya pero eso no remeda su peligrosa ignorancia. Han sustituido el sentido ético que atiende a los valores e induce a la acción, por el compromiso ideológico que sólo sirve para tranquilizar conciencias. Es precisamente su ignorancia, su incultura, la que les ha llevado a asociar sentido ético con religión y compromiso con solidaridad. Haciéndolo, precisamente, en el momento histórico de máximo apogeo del individualismo. Así pues, una solidaridad de juguete.


Pero la incultura sólo se cura con el desarrollo de dos virtudes: el esfuerzo y el espíritu de sacrificio, éste último tan ligado a un sentido ético de la existencia. Y tan pensado por los nativos digitales como una simple y lamentable reminiscencia castrense. Pero ya digo, ellos no son culpables, al menos en primera instancia; porque un virtuoso sería, en principio, lo contrario de un emprendedor y la sociedad deconstruida -a placer- que habitamos ya sólo se dedica a potenciar dos tipos de individuos: los jóvenes emprendedores y los artistas emergentes. Y no es que los emprendedores no puedan ser virtuosos, sino que un virtuoso es, antes que nada y en principio, un ser sin demasiadas ambiciones económicas. De hecho es por eso por lo que esta sociedad deconstruida -a placer- tuvo que inventarse la figura del artista emergente. Y todo con independencia de que después, TODO sea lo mismo, pues como es bien sabido, los grandes artistas son, antes que otra cosa y desde hace ya muchos años, empresarios de su propia marca (Hirst, Koons).


La Era Digital, es cierto, nos ha proporcionado muchos individuos hábiles, eficaces, ingeniosos, graciosos,pragmáticos, informados, preparados, comprometidos (ideologizados), espabilados, listos, inteligentes... pero deconstruidos.


*Cuando digo textos hago referencia a todo aquello a través de lo cual el ser humano se escribe y se inscribe. Y de paso me hago partícipe de las tesis de Jesús González Requena, del que hablaré en el próximo post a propósito de su último libro. Cerrando así esta trilogía de artículos a él dedicados.

jueves, febrero 05, 2015

Nuevo blog

Nuevo blog:

www.adsuaraalberto.blogspot.com

En cualquier caso este blog sigue su marcha...

jueves, diciembre 25, 2014

Locke (film de Steven Knight, 2013)



Segunda parte

Podría ser un género ese que proviene de titular una película o una novela con el nombre propio del protagonista. Pero no lo es; nadie, que yo sepa, ha establecido las pautas por las que entender Laura o Gilda como películas de género por el mero hecho de nombrar la película con el nombre propio de la protagonista. Lo que no impide que estas obras dirijan al espectador hacia un terreno tan poco abstracto como reductivo.

Así, Locke, contiene, desde luego, unas premisas reductivas por cuanto le hace saber al espectador que va a ver una película cuyo tema central es el personaje mismo, Locke. En este caso se trataría de Ivan Locke, un ingeniero que en el mismo inicio de la película decide dar sentido a la palabra. A la palabra en su doble acepción; la palabra en tanto que signo lingüístico a través del cual nos comunicamos -todo es palabra en una película que sucede dentro de un coche- y a la palabra en tanto que promesa. Locke es pues un personaje que no saldrá de campo en toda la película y que se servirá de su palabra para validar sus actos, esos de los que sabremos, precisamente, a través de sus propias palabras. Locke es la película de un hombre, Locke, que se ve impelido a realizar un trayecto nocturno para ajustar cuentas consigo mismo. Hay otros personajes, desde luego, pero aparecen sólo en forma de voz, o mejor, en forma de palabras pronunciadas fuera de campo.

O dicho de otra forma: Ivan Locke es un tipo que a mitad de su jornada laboral decide hacer un largo viaje nocturno para resolver un asunto del que se siente responsable y será su "manos libres" lo que le permita dar las necesarias explicaciones a quienes de él algo demandan. Explicaciones en un caso e instrucciones en otro, porque el cometido del viaje es, precisamente y en contra de toda apariencia, no abandonar su deber; no eludir el cumplimiento de su deber. Su mujer y su hijo se han quedado esperándolo para cenar y ver el partido en televisión, y además abandona el trabajo justo cuando en su empresa están acometiendo un proyecto que requiere de sus especializados conocimientos de ingeniero. Sin embargo, insistimos, el único cometido de Locke abandonando momentáneamente a su mujer, su hijo y su trabajo es, paradójicamente, su decisión irrevocable de cumplir con su deber.

Pero ¿cuál es su deber? Pues es aquí cuando el asunto se complica; sobre todo en un tiempo donde el concepto de verdad ha perdido todo sentido debido a una suerte de corrección que le confiere sesgos reaccionarios. En cualquier caso el deber sería, desde el punto de vista kantiano, la obediencia a una ley moral universal que nosotros mismos construimos. ¿Y quién si no?, me pregunto yo, ¿quién, sino nosotros mismos, podría construir una ley moral que pudiera ser universal? ¿Quiénes, sino nosotros mismos, somos quienes debemos obedecer a una ley moral universal? Así surge en Ivan Locke la decisión de abordar su deber. La decisión en tanto que fase última de una deliberación que contiene su propia conclusión. El deber, pues, vinculado a otro concepto que se encuentra en franca decadencia, la moral, ese relativo al ideal y a las reglas éticas que se aplican a la conducta. ¿Reglas dices?, ¿reglas? ¿Reglas, moral, deber, verdad? ¿A quien le interesan estos conceptos en la época de la corrección política? Moral: conjunto de reglas de conducta que se consideran universal e incondicionalmente válidas.

Locke inicia su viaje con el fin de cumplir con su deber, que no es otro que decir la verdad. Así, cumplir su deber en tanto que ser moral. Y "La mayor violación del deber del hombre para consigo mismo, considerado únicamente como ser moral (la humanidad en su persona), es lo contrario de la veracidad: la mentira." (Kant en Metafísica de las costumbres). La verdad, pues, en tanto que adecuación o concordancia entre la realidad (los hechos) y la palabra que configura la individualidad del sujeto.

Y si es la palabra quien configura la individualidad del sujeto sólo sabremos de la verdad y de la mentira a través de ella. Locke no quiere vivir en una mentira y por eso ha tomado la para él necesaria decisión de decir la verdad con independencia del alto precio que tenga que pagar por ello. Que en el peor de los casos asumirá con la conciencia tranquila (¿Conciencia?, ¿Conciencia has dicho?). Y lo hace a través de la palabra en su doble acepción: la palabra en tanto que signo lingüístico que le sirve para comunicarse con su colega, con su jefe, con su mujer, con su ex-compañera y con su hijo, y la palabra en tanto que promesa ("te doy mi palabra") que inexorablemente vincula el momento presente de la misma promesa -que en este caso es pasado: cuando se comprometió con su mujer- con el futuro -que en la película es presente- donde esa promesa debe cumplirse. Locke siente que con la mentira falta a la promesa que en su momento le hizo a su mujer y ello le obliga a decir la verdad aun cuando esa verdad pase por aceptar el incumplimiento de la promesa. Habrá que ver la película para entenderlo plenamente.

En cualquier caso toda promesa se encuentra inexorablemente ligada al plano de la enunciación y la enunciación no es más que el conjunto de palabras que comprometen al sujeto que promete. La verdad de Ivan Locke no es, desde luego, universal, pero no deja de ser la única verdad que conoce: aquella por la que se comprometió a través de la palabra. "Las palabras -dice Jesús González Requena- se dan y se reciben. Es decir, si el régimen de registro semiótico es el del intercambio, el del simbólico es el de la donación. El plano, por eso mismo, en el que tiene lugar la fundación simbólica del sujeto". El sujeto es, pues, en tanto que ser de palabra -dada-.

Locke dio su palabra y faltó a ella. Ahora sólo le queda recuperar la dignidad que supone haber faltado a la palabra; algo que sólo puede hacerse a través de la palabra misma. Cito de nuevo a González Requena, ahora in-extenso:

"Ser: fiel a su promesa
Pues el ser no es lo que es.
El ser es, por el contrario, la palabra encarnada que resiste en -y a- lo real.
¿Existe entonces la verdad?
Existe, desde luego, pero sólo en la medida en que el que la enuncia la desee con suficiente intensidad. Quiero decir: con la intensidad suficiente para ser fiel a su promesa.
Pues en ello le va el ser. Es decir: en ello reside el ser: en la palabra que es verdadera porque resiste y hace frente al caos de lo real"

Así es como Ivan Locke se convierte, con un simple gesto formalizado a través de la palabra, en un héroe; un héroe que lo es, también, debido a la resignación con la que es capaz de aceptar las tremendas pérdidas que le suponen ser un hombre de palabra. En definitiva, Locke, una de las películas más bellas de los últimos tiempos. Una película en la que el texto principal se ve complementado con un texto secundario que funciona como perfecta metáfora de la complejidad que funda toda relación amorosa. Una bella película de amor. Locke: una bella película de amor que probablemente aburrirá a los amantes de la acción y del pensamiento académico.


domingo, septiembre 28, 2014

Locke (film de Steven Knight, 2013)

Primera parte

Escepticismo y mentira

En Léxico de Filosofía (Jacqueline Russ) se nos dice que Escepticismo es la "doctrina según la cual el espíritu humano no puede alcanzar la verdad con total seguridad; sería pues necesario suspender todo juicio y practicar la duda".

De esta forma, hay quien podría deducir, a partir de esta definición y de una observación objetiva de la realidad, que el mundo es, todo él, escéptico, pues se asienta sobre esa extendida máxima, intelectual donde las haya, que reza "¡porque tú lo digas!", que a su vez tiene como complemento estilístico esa otra muletilla perfectamente consecuente con el pensamiento altamente desarrollado, "eso lo dirás tú". Así, esa suerte de escepticismo emerge, curiosamente, para poder poner en duda la verdad del otro, que no será posible en tanto que Verdad, pero sin renunciar a la propia razón. Esa es la enseñanza exacta que el pensamiento académico lleva inoculando en la sociedad desde hace cerca de 40 años. Y cuando digo "el mundo" me refiero al conjunto de sujetos que lo habitan desde el supuesto civilizado. En cualquier caso, no hay más que ver cualquier tertulia en televisión para conocer el nivel de la retórica de ese sujeto del hoy. Una retórica asentada en las consecuencias devenidas de un relativismo cachondo: irresponsable.

Pero, ¿realmente puede alguien ser escéptico si no es capaz de suspender un juicio debido a algo tan sencillo como que es incapaz de tenerlo? O dicho de otra manera ¿se puede suspender un juicio que nunca ha tenido lugar? La condición necesaria para poder poner en cuarentena un juicio es haberlo previamente elaborado; haber tenido la capacidad de elaborarlo; no se puede poner en cuarentena el simple boceto de un juicio, resultaría tan pueril como patético. Así que mucho me temo que la seda sólo le sirve a la mona para cambiar su apariencia, que es sólo una parte anecdótica de la Verdad de su Ser.

Por tanto, ¿es o no verdad que el mundo es escéptico, tal y como al parecer se deducía de una observación objetiva? Pues no, el mundo altamente tecnologizado e interconectado es, paradójicamente, exageradamente creyente. Y por eso él mismo resume los diez mandamientos de lo digital en los dos fundamentales: te amarás a tí por encima de todas las cosas y al dinero como a ti mismo. Es decir, el mundo es perfectamente fundamentalista aun cuando sus creencias se asienten en la reivindicación de un relativismo feroz. Es esta paradoja la que han sabido captar las elites del poder (económico, político y académico) y lo que les ha facilitado la imposición de ese perverso sistema universal de adocenamiento y humillación que es la Corrección Política, verdadera causa en última instancia de los males que aquejan al sujeto del hoy. Que se ha vendido al bienestar individualista por un plato de lentejas. O que ha comprado su derecho a la queja a costa de perder su verdadera libertad.

Uno puede suspender un juicio y practicar la duda si y sólo si es capaz de elaborar juicios que por su entidad pueden ponerse en cuarentena. Un juicio no es una ocurrencia, de hecho lo que diferencia una cosa de la otra es precisamente su dimensión. Para que la definición del libro Léxico de Filosofía tenga sentido debemos aceptar que la dimensión de un juicio es una dimensión vinculada al pensamiento, esto es, a la cultura, la reflexión y el análisis. Pero el sujeto del hoy, pragmático como nunca en la historia de la humanidad, es un sujeto que prioriza la información sobre el conocimiento, con lo que que sus enunciados tienden más a la ocurrencia que al juicio. Suspender una ocurrencia para ponerla en duda podría ser, si así ocurriera, la forma exacta de describir las habituales formas de actuación del sujeto del hoy, un sujeto que DEBE alejarse del conocimiento para medrar. Un sujeto, por tanto, que resulta patético cuando a sus ocurrencias les asigna las cualidades de los juicios. Otra cosa sería que la coherencia llevara, a quienes creen que todas las afirmaciones valen lo mismo, a aceptar que eso sólo sería posible a costa de no llevar nunca razón. Algo que precisamente no sucede a quienes no le han dedicado tiempo a obtener la capacidad de juicio, que por ello no tienen palabra. Sólo quienes respeten la palabra, en tanto que pieza angular de un discurso que en ella se sujeta, podrán suspender un juicio, y su duda no podrá ser otra cosa que el producto de la sabiduría.

Prueba de todo ello es la facilidad con la que se ha asumido la mentira en las sociedades supuestamente civilizadas, o mejor, la tranquilidad con la que se ha admitido como inevitable la existencia de la mentira en un mundo donde todas las afirmaciones valen lo mismo. Hasta anteayer el descubrimiento de un engaño o una mentira podía acabar, por ejemplo, con la destitución inmediata (e incluso la dimisión voluntaria) de una alta instancia de la política. Eran otros tiempos. Aún recuerdo como "hace unos días" un ministro alemán dimitió cuando se descubrió que su tesis doctoral no era del todo suya. Y un Ministro de Interior español cuando se le fugó un delincuente.

Es el hecho de que todos los opinadores tengan razón al mismo tiempo lo que precisamente les da pábulo para calificar de mentiras las afirmaciones de sus contrincantes. No son escépticos, lo que hacen es aprovechar las enseñanzas inoculadas por ese pensamiento político y académico que siempre habla de igualdad. La primera fase de su estrategia consistió en hacer creer que todas las opiniones, en tanto que propuestas personales, valen lo mismo, pues otra cosa habría parecido discriminatoria; la segunda, la vemos, es llamar mentiroso al contrincante. Extraña consecuencia que sobre el sujeto del hoy impone la asimilación de la corrección política, que le permite poner en duda la existencia de Verdades pero sin por ello abandonar la posibilidad de llevar razón en sus opiniones. Ni siquiera aunque ello le conduzca al insulto de su contrincante. Lo vemos todos los días en televisión y cada vez que se retransmiten las interioridades del Congreso de Diputados. Hace unos pocos años habría sido impensable admitir la mentira en alguien que detentara un cierto poder público, sin embargo ahora vivimos sabiendo que todos los capitostes mienten... según sus contrincantes. O sea, todos mienten. Y lo hacen, entre otras cosas, en la medida en que reivindican en público lo que son incapaces de sostener en privado, por ejemplo que "todas las opiniones son respetables". Éste es el verdadero motivo por el que en nuestra época triunfan los mediocres, cuando no los directamente canallas; allá donde la palabra no vale nada la virtud no podrá entenderse más que como una pérdida de tiempo

domingo, agosto 31, 2014

De felaciones oníricas

De felaciones oníricas

Una buena película puede definirse por su final. No es posible una gran película si su final no aporta algún matiz a todo el desarrollo del film. Tanto es así que uno de los trucos mejor usados por directores o guionistas espabilados es el de inventar un buen final (con un giro sorprendente, que se dice) para una película mediocre. En cualquier caso una película nunca es sólo su final. A pesar de que sean muchos los “expertos” que caen en esa trampa a la hora de valorar una película que nunca podrá ser sólo una trama con ingenioso desenlace. En las buenas películas el final no puede ser otra cosa que el inicio incierto de otra trama.

Y como este post no pretende ser una crítica cinematográfica sino un simple comentario, lo que me gustaría es reflexionar sobre el final de una película, El sabor de la sandía. Así, no me interesaría tanto la curiosa película como su final, tan enigmático como significativo, valga la paradoja. Un final que no es tanto un desenlace como la expresión de una idea. Una idea que toma cuerpo en mi mente con absoluta independencia del desarrollo de la trama, difusa por otra parte. Un final que aun pudiendo ser analizado como el desenlace de su propia trama, admitiría indudablemente una interpretación dislocada de ella. Algo nada descabellado por otra parte dado el carácter eminentemente surrealista de la película.

El final de El sabor de la sandía es un plano que, como muchos de los planos de la película, se caracteriza por su inusual larga duración. Porque, en efecto, se trata de una película muy alejada de esos blockbusters americanos que necesitan quintuplicar los planos de una secuencia consuetudinaria para que el espectador al que va dirigido -teenager en su aplastante mayoría- no se aburra, pobrecito. Así, los planos duran el tiempo que los hace inusuales y además sin movimiento de cámara.

El final: en un primer plano aparece el perfil del rostro de una mujer que tiene toda la polla de un hombre metida en su boca; sabemos que el hombre acaba de correrse en ella; al cabo de unos instantes le resbalan dos lágrimas por la mejilla. Y si bien es cierto que no hace falta conocer la totalidad de la trama para poder confrontarnos con ese plano no es menos cierto que sí resulta oportuno saber qué es lo que ha sucedido inmediatamente antes.

De todas formas podríamos resumir antes vagamente la trama: ella es una mujer joven que vive sola y que padece un evidente spleen: el propietario de la polla es un actor porno que tampoco parece feliz en un trabajo que ejecuta sin convicción y de forma mecánica. Ambos deambulan por la ciudad en busca del bien más preciado de una China con problemas de abastecimiento privado de agua. Aunque viven en el mismo edificio se conocen casi al final de la película sin saberse vecinos y sufren un extraño enamoramiento.

Escena previa al plano final: el actor porno está rodando una escena en la que por motivos desconocidos tiene que mantener relaciones sexuales con una actriz inerte, no se sabe si está drogada o borracha pero el caso es que se encuentra desmayada y totalmente flácida (la actriz que hace el personaje de actriz porno es la misma en toda la película). Los rodajes porno, tal y como se ha ido mostrando en secuencias anteriores, son rodajes precarios realizados entre dos operadores desapasionados que esta vez tienen que sujetar a la actriz –e ir cambiándola de posición- mientras el actor hace esfuerzos denodados por hacer su faena. En esas aparece la protagonista que observa la situación a través de una ventana con rejas pero sin cristal. Se queda anonadada ante el espectáculo pues ante ella se encuentra el chico que acaba de conocer y del que se ha enamorado, y además rodando un film porno con una protagonista que es manipulada como una marioneta por dos operadores de cámara groseros y chapuceros. Pero poco a poco lo que ha empezado siendo perplejidad va tornándose en excitación. De hecho sus gemidos sustituyen a los de una actriz absolutamente ausente. Él se percata y continúa con su extenuante labor, pero ahora ya pendiente de ella, cuya excitación aumenta ante esa mirada mutua. Cuando ella se acerca a la ventana él salta de la escena se encarama al quicio y le introduce toda la polla en la boca.

Repitamos ahora la escena final: en un primer plano aparece el perfil del rostro de una mujer que tiene toda la polla de un hombre metida en su boca; sabemos que el hombre acaba de correrse en ella; al cabo de unos instantes le resbalan dos lágrimas por la mejilla.

Y a partir de este plano emerge lo que más arriba he llamado una idea por llamarlo de alguna forma. Una idea que contiene todas las diatribas que la corrección política lleva inoculando en la sociedad para incrementar la rentable guerra de sexos.


Así, esta es la escena final de la historia de dos personajes que se han conocido después de dar muestras, durante toda la película, de vivir su anodina vida con absoluta independencia. La felación del último plano no es, desde luego, una felación normal, es una felación absolutamente imprevisible, además de grotesca. No sé, parece que toda la extraña película estaba preparándonos para ese final. O mejor, que ese final, esa imagen, es lo que confiere sentido a una película ininteligible. Así, un final como comienzo de otra incierta historia, la que esta vez podría ser la historia misma de El sabor de la sandía.