sábado, abril 29, 2017

Diálogo de ciegos: la maldad

Diálogo de ciegos: la maldad

Fedro. ¿Eres del todo sincero cuando asocias la estulticia a la ignorancia o se trata de una exageración retórica?
Alcibíades. Absolutamente, ¿acaso he bromeado yo alguna vez en asuntos como éste?

Fedro. Ya, pero no sé… dados los tintes de la conversación…
Alcibíades. Perdona amigo Fedro pero que la conversación fuera distendida debido a que no estuviéramos tú y yo solos no significa que dejara de ser serio todo lo que en ella se decía. Y lo digo tanto por lo que yo pude decir como lo que pudiste decir tú o lo que pudo decir Cacícles o Ariadna o su hermana. No creo que nadie dijera nada que no pensara de verdad.

Fedro. Bueno, pues ahora que estamos solos he de decirte que me pareció fuera de tono tu afirmación; creo que resulta exagerado si no injusto, que hablaras de la estulticia como efecto de la ignorancia
Alcibíades. No es eso lo que dije exactamente

Fedro. Exacto, tú no hablaste sólo de estulticia sino que llegaste más lejos y usaste el concepto de maldad
Alcibíades. Lo que yo dije es que la ignorancia tarde o temprano acaba recurriendo a la maldad en ese sujeto que necesita posicionarse… vamos, que recurre a ella para amortiguar el horror verdadero que hay en ese “vacío” que llamamos ignorancia.

Fedro. ¿Y no crees que eso es injusto? Nosotros no podemos juzgar a los individuos por sus conocimientos, estaríamos cayendo de alguna forma en la defensa de un tipo de eugenicismo y eso no es propio de ti querido Al. La vida es rica precisamente gracias a la diversidad
Alcibíades. Quizá lleves razón en lo que de pueda considerarse injusto, pero no por eso dejo de creer en mi argumento, el que por otra parte no pretende ningún tipo de limpieza social, sólo señala un problema asociándolo a una causa, y le pone nombre a esa causa

Fedro. ¿Argumento, problema? Pero si tú eres precisamente un defensor de la “diferencia”, así que resulta menos comprensible ese desprecio hacia una mayoría, esa que consideras ignorante
Alcibiádes. Y por ello, mala

Fedro. Eso es lo que trato de discutir, me parece que vas demasiado lejos
Alcibíades. Lo que me preocupa, quede claro, es sólo esa parte de ignorantes que lo son por elección –y diría que por vocación-, y no esos que lo son sin posible remedio

Fedro. Pues eso ya lo pudiste dejar claro el otro día en el debate
Alcibíades. No estoy de acuerdo, no hubiera cambiado en nada ninguna posición de nadie

Fedro. Puede, pero no habrías dado esa imagen tan reaccionaria, sobre todo porque siempre has sido tú, como digo, quien ha observado la “igualdad” como un imposible y la “desigualdad” como lo único posible
Alcibíades. Es claro que la ignorancia existe sólo porque existe el saber y viceversa; sabemos ambos que un concepto no es posible sin su antónimo; es más, sabemos ambos que en la dialéctica es donde se encuentra la razón de ser de las cosas, pero eso no me impide elaborar ciertos argumentos llamémoslos actuales, sincrónicos. No creo que en la actualidad debamos pensar en los mismos términos que cuando no existía Internet. Pero por volver al asunto: Incluso la misma “igualdad” adquiere su sentido pleno y último ante la existencia del concepto “diferencia”

Fedro. Puede, precisamente por eso yo puedo afirmar, y no me faltará razón, que no todos tienen que ser sabios para poder alejarse de la maldad. Sería una barbaridad pensar que todos los ignorantes son malvados
Alcibíades. Malvados no, pero sí malos, al menos de alguna forma en algún momento

Fedro. ¡Como los sabios, no te fastidia! A mí me parece una barbaridad lo que dices
Alcibíades. Pues te lo voy a intentar decir de otra manera: los sabios que hacen el mal no son malos sino malvados y por ceñir el asunto: la ignorancia es una condición tan terrible que exige al sujeto que la posee un mecanismo de defensa, un mecanismo de defensa que no atenderá a la ética si en ello le va el no poder defenderse

Fedro. ¿Y?
Alcibíades. Pues que es esa exigencia la que hace de ese sujeto un ser malo. Y un ser malo, no lo olvides, es según definición “sólo” quien causa un mal. La diferencia con el ser malvado se situaría en que este último sería quien hace deliberadamente el mal

Fedro. Vale, pero insisto: eso que llamas “mecanismo de defensa” no es otra cosa que un mecanismo de defensa legítimo del débil
Alcibíades. Débil muchas veces porque quiere. Muchas… yo diría que casi todas. Y yo, tal y como afirmé el otro día, digo que quien le ofrece un teléfono móvil a un hijo de 11 o 12 años es un ser malo y su maldad deviene en última instancia de su ignorancia supina<<<<<<, o dicho de otra forma, su maldad es evitable

Fedro. ¿No crees entonces que existan otros parámetros que podrían amortiguar la sentencia? No sé, la coyuntura misma del presente continuo… La tecnología es imparable
Alcibíades. Decididamente no. Ese vacío cargado de horror que conlleva la ignorancia sólo conduce a que, más tarde o más temprano, emerja la maldad. Ofrecer una conexión ilimitada con el mundo a los 11 años a través de un dispositivo que llevan encima todo el día es darle a ese niño un arma nuclear. La tecnología es como cualquier otra cosa, un concepto neutro que adquiere sentido(s) a partir, primero de lo que entendemos por ello, y segundo del uso que le damos a partir de ese entendimiento. ¿Ves como todo es en última instancia una cuestión de conocimiento? Quien no lo posee no tiene herramientas para…

Fedro. ¿No serás tú…?
Alcibíades. Noooo, más bien al contrario; todo depende del uso, nunca del artefacto. Y por otra parte sólo me queda abundar en lo que el otro día me tenía enfrentado a todos los contertulios: un niño no es más que un niño, un ser crudo, un ser haciéndose si quieres, un ser extraordinariamente frágil, como por cierto lo es en igual medida -solo que de otra forma-, un adolescente

Fedro. Pues anda que los adultos…
Alcibíades. (Cortanto) ¡Ese es el problema! Que los adultos, no siendo niños, son malos cuando se afanan por permanecer ignorantes; un adulto permanentemente enganchado a su dispositivo es un ser ridículo además de un irresponsable; un niño de 11 años permanentemente conectado al mundo es un ser crudo recibiendo “información” que muchos adultos no serían capaces de asimilar, o que incluso les podría afectar seriamente aún suponiéndoles ciertas dosis de conocimiento; porque la afección es algo que –existiendo al margen del conocimiento y la razón- entra por el ser y lo configura ¿O acaso no somos los adultos el producto de todo lo que nos afectó cuando éramos niños lo recordemos o no? Pues muy sencillo: una conexión permanente al mundo de un ser –sobre todo si se trata de un niño, de un ser haciéndose- multiplica por millones sus posibilidades de ser afectado, negativamente, se entiende. Tampoco sólo se trata de lo que pueda hacerse con el artefacto sino de lo que se deja de hacer cuando se vive permanentemente conectado a él

Fedro. Creo que magnificas el asunto del conocimiento
Alcibiádes. Esa es la clave, amigo Fedro, y llevas toda la razón. Sé que resulta peligroso magnificarlo porque no es "la" solución, pero dadas las circunstancias creo que se trata de la mejor solución a este problema –entre otros- aún cuando en realidad diste mucho de ser perfecta. De todas formas, y por volver al tema que causó tanta polémica en nuestro debate, creo que quien permite a un niño estar permanentemente “conectado”-colgado- al mundo es una mala persona

Fedro. No estoy muy de acuerdo contigo
Alcibíades. Muy gracioso lo del “muy”

Fedro. En cualquier caso no estoy muy de acuerdo contigo

domingo, abril 02, 2017

La retórica de Eloy

En retórica oratoria pueden distinguirse dos corrientes de filiación (y de actuación) con sus respectivos grados, como ya se advirtiera en el tratado Sobre lo sublime (de pseudo-Longino) que tanto éxito tuvo en el siglo XVIII: por una parte se encontraría la representada por los seguidores de Apolodoro, que sostendría que en el arte de la oratoria se podían fijar principios de valor científico, tales como la persuasión ejercida por medio de la palabra, que debía ser usada de la forma más racional posible, con el apoyo de los hechos y apartándose de toda posible ilusión o sugestión que pudiera propiciar el embelesamiento, la exaltación y el éxtasis. Y por otra estarían los seguidores de Teodoro, que asignarían un papel predominante a la pasión, a la parte afectiva e irracional del alma humana, al sentimiento que irrumpe al margen de toda razón que ya no se conforma con la persuasión y pretende el éxtasis.

Puede que uno de los filósofos vivos más importantes del mundo sea actualmente Antonio Escohotado, un perfecto representante del pensamiento que se forja sobre el uso del verbo y el sustantivo como instancias de conocimiento en su sabia conjunción, evitando en la medida de lo posible toda adjetivación y reduciendo al mínimo la adverbiación. De la misma forma, o por ello mismo, su oratoria sería una perfecta muestra de retórica a la manera de Apolodoro. Sobriedad, elegancia, empirismo y racionalidad llevados a un tipo de argumentación que no hurga en las emociones del espectador, sino que más bien al contrario le insta a esa misma sobriedad y racionalidad.

Respecto a su faceta de orador, que es la que aquí nos ocupa y no otra (que daría para largo), puede decirse lo que puede comprobarse en muchos de los vídeos colgados en la plataforma youtube. Yo he tenido la paciencia de verlos/escucharlos todos, lo que sin duda ha servido, entre otras cosas, para potenciar -en perfecta avenencia con la memoria- mis conocimientos adquiridos en la lectura de sus libros. Los he visto todos aun cuando una de las dos facetas de Escohotado como pensador me interese mucho menos que la otra, porque en efecto son dos las vías de análisis/investigación/pensamiento por las que el filósofo/historiador se ha instalado en la elite del pensamiento mundial. Salvo alguna veleidad científica y asumiendo el reduccionismo que todo resúmen conlleva estas dos vías serían, por una parte el asunto de las drogas y por otra el del comunismo como forma opuesta del liberalismo económico. (En este sentido los que a mí me han parecido más interesantes con diferencia son los que hacen referencia a su obra magna, Los enemigos del comercio: https://youtu.be/bU04v-RBXAw).

En cualquier caso revisitar alguno de esos vídeos (que no son más que conferencias en las que se le ha requerido para hablar de esos dos asuntos sobre los que es un auténtico especialista) resulta sumamente instructivo en la medida en la que eluden la síntesis consuetudinaria para ofrecer al espectador una síntesis creativa, es decir, una síntesis que aun teniendo de referencia el asunto por el que ha sido requerido Escohotado acaba organizando una charla con un cierto nivel de autonomía temática. Escohotado sabe, como buen orador, que la gracia no puede estar en el resumir 14 años de investigación, sino en las distintas formas de contar el asunto, de expresarlo.

Pero por volver al asunto inicial: si podemos afirmar que Antonio Escohotado es, desde luego, un orador inspirado por Apolodoro, podemos también afirmar que su compañera de mesa -en ése otro vídeo sobre el tema de las drogas: https://youtu.be/x5ys77hquMM-, Fernanda de la Figuera, es una oradora inspirada por Teodoro. El primero usando la contención, la mesura y la precisión en el uso de datos, y la segunda usando la exaltación para apelar a las emociones y los afectos.

¿El resultado? Pues dependerá de para quién. Como siempre. A mi juicio Escohotado logra transmitir una credibilidad absoluta con independencia de que se pueda estar o no de acuerdo con lo que en última instancia podrían ser considerados juicios personales (que se encontrarían en otra dimensión de los argumentos más vinculados al empirismo de los hechos, que por otra parte llevan el peso del discurso), pero de lo que nadie puede dudar es de la ingente cantidad de conocimientos que posee, los que precisamente le permiten expresarse con esa serenidad que relega los adjetivos y con los que evita la exaltación.

Fernanda de la Figuera, sin embargo, no hace otra cosa que apelar a los afectos y la emociones. Su discurso es un grito y su argumento la queja y el lamento, e incluso el insulto. De tal forma que su oratoria acaba produciendo, a mi juicio, (y como yo no soy Escohotado y sí gusto de los adjetivos) un discurso vacío, hueco, inconsistente, pueril e incluso burdo y en definitiva zafio, histérico, grosero. Así es como ver este vídeo, que contiene intervenciones de ambos ponentes, puede resultar instructivo para todo aquel que quisiera ver con claridad la diferencia entre los dos tipos de oratoria, la inspirada en la razón y la inspirada en las pasiones.

Pero como decía más arriba estas conclusiones son, sólo (?), el producto de mi juicio particular, que no tiene por qué coincidir con el de otros espectadores. Es más que posible que quien decidiera ver los vídeos aquí comentados -y linkeados- pueda llegar a otro tipo de conclusiones, algo que no me sorprendería demasiado a tenor de la respuesta que en vivo y en directo recibieron dichos ponentes a lo largo de sus intervenciones. La respuesta del público ante las intervenciones de Escohotado fue el silencio casi sepulcral, sin embargo ese mismo público interrumpió a Fernanda con vítores y aplausos en varias ocasiones.

¿Qué puede querer decir esto? Lo que en principio se me ocurre no es más que lo que la videncia señala: que a los espectadores de esas ponencias les ponía cachondos la exaltación de Fernanda aunque la base de su burdo discurso (más allá de la vehemente defensa de un amigo suyo injustamente condenado por la Justicia) fuera extremadamente… populista. O precisamente por eso, por tratarse de un discurso netamente populista su entidad y su forma no pudo ser más que burda.

De tal forma se manifestaba la catadura intelectual de ese público asistente (público eminentemente joven). Un público que se quedaba aplatanado ante el exhaustivo y explícito Conocimiento que ni poseen ni desean poseer (porque en todo caso no lo necesitan para quejarse) y que sin embargo empatizaba con un discurso fundamentado en los gritos histéricos de una mujer que carecía de argumentos (porque tampoco los necesitaba para seducir a los ya de por sí tendentes a la exaltación debido precisamente a su falta de Conocimiento).

Post Scriptum. Por cierto, es precisamente Escohotado quien en su magna Los enemigos del comercio (3 tomos) hace un preciso análisis del concepto Comunismo y por extensión también del Populismo. Como también lo hace José Luis Pardo en su Estudios del malestar, uno de los mejores ensayos publicado en estos últimos años. No apto, por supuesto, para amantes de la queja y la adrenalina.