lunes, junio 08, 2015

España, democracia y mujeres. Y Poder



España, democracia y mujeres. Y Poder

UNO
Premisa 1. No conforme con arruinar su partido Zapatero arruinó España. Esto no es algo que digo yo, que qué más da, sino todos los socialistas que conservan algo de sensatez, los que por cierto se manifestaron un poco tarde. Fue él quien sin duda originó una crisis autóctona de difícil solución. Su gran error fue priorizar la destrucción de la derecha por encima de cualquiera de los verdaderos intereses del país. Y gobernó sólo para sus votantes sin darse cuentas que muchos de ellos, aún estando a favor de sus políticas sociales, no tenían ese espíritu cainita demoledor. Dicen que el pueblo siempre tiene razón cuando vota. Falso: quienes votaron a Zapatero en su segunda legislatura eran unos inconscientes, unos zombies. Pero así es la democracia.

Premisa 2. El gobierno de Rajoy lleva casi 4 años confundiendo el asunto de las prioridades -económicas- con el de las necesidades -sociales-. No se sabe por qué extraña razón los objetivos de Rajoy se han depositado sobre las cuestiones económicas y financieras de nuestro país, ignorando todas esas otras que, generando un continuísmo endogámico, han ido además permitiendo que su partido se convirtiera en un nido de ladrones y de chulos. La inmoralidad ha campado a sus anchas en un gobierno que ha pasado olímpicamente de la demanda social. Dicen que el pueblo siempre tiene razón cuando vota. Falso: Quienes votan al PP en estas circunstancias son unos inconscientes, unos zombies. Pero eso es la democracia.

Premisa 3. Son estas dos primeras premisas verdades coyunturales, así que vayamos ahora a una verdad universal: lo peor que le puede pasar a un pueblo es ser gobernado por una dictadura. No hay más que echar un vistazo hacia atrás para saber lo que costó arreglar -en la transición- los desaguisados de 40 años de tiranía.

Conclusión: estos últimos 11 años han sido, sin duda, los peores en lo que a la democracia se refiere; no hay duda que en ellos se han forjado a fuego lento todos los fundamentos de una corrupción perfectamente instalada. Y por supuesto que incluyo en esos 11 años los 4 primeros de Zapatero, que tuvieron un cierto relumbre aparente por haberse beneficiado de la inercia de una economía bollante -aunque endeble, como pudo verse- heredada. Se necesitará una transición para poderlos superar.

En cualquier caso, si algo han conseguido estos dos gobiernos mentados, tanto el de Zapatero (con dos legislaturas) como el de Rajoy (con una), ha sido, sobre todo y ante todo, instalar la mentira como forma de vida. En efecto, la mentira hasta entonces había sido coyuntural y se usaba como instrumento de salvaguarda del estado. O por decirlo con ejemplos: tanto González como Aznar nos mintieron, pero sus mentiras eran las proferidas por estadistas, no por políticos de partido; en aquel entonces, recuérdese, la mentira aún era algo que podía costarle el puesto a un político (otra cosa fueron los casos aislados de algunos de políticos corruptos que ejercieron bajo sus mandatos). Desde Zapatero, sin embargo, la mentira se ha instalado en el discurso político como forma natural del habla. Así que con independencia de existan políticos que dicen la verdad, la cuestión es que todos ellos saben que la mentira carece de repercusiones sociales aun cuando ésta pudiera ser probada como tal. Se nos está mintiendo de forma grosera y pertinaz desde hace 11 años... y no pasa nada. Nos mienten a diario todos, y aquí ya no salvo ni a los partidos emergentes, porque también estos se han visto envueltos en una vorágine de la que resulta imposible salir si no es a costa de descartar la posibilidad de poder. Simplemente sucede que la mentira se ha convertido en una práctica constitutiva, esencial de la política. Ha pasado de ser un mal con el que por desgracia había que lidiar en algunas ocasiones a ser considerada una auténtica forma de demostración de poder. Y un país de mentira(s) es un país de injusticia(s).

Otra cosa tienen también en común estos dos partidos corrompidos por la médula: que ambos han hecho un esfuerzo titánico por tener en sus filas representantes políticos de ambos sexos -miembros y miembras- en una proporción todo lo más cercana posible al 50%. Si hay algo en lo que son iguales ambos partidos es en su entendimiento del concepto igualdad desde los parámetros de la corrección política. Acordémonos de Zapatero con su famosa y discutible Ley de Igualdad, la creación de un Ministerio de Igualdad y las fotos de todas sus ministras en revistas guay. Y no hace falta hacer un repaso de las mandamases peperas porque las estamos sufriendo en estos mismos momentos. Ah, y por último, otra cosa tienen también en común ambos partidos: el haber sido, de una forma o de otra, azote del ínclito y siniestro periodista Pedro J. Ramírez, que ahora sabe lo que calla mientras le unten con el dinero que le permita un nuevo brote psicótico. Que llegará.

DOS
Es posible que ya viniera diciéndose tiempo atrás, pero desde que yo tengo uso de razón vengo escuchando que "el mundo sería mucho mejor si las mujeres gobernaran". Y no necesariamente se ha ido haciendo esta afirmación de forma explícita, de hecho la mayoría de las veces se hace de forma tan implícita como reiterativa (diría que cotidiana, dado el poder de los lobbies y la acatación de instituciones políticas y universitarias a las normas de la corrección política) desde todos los medios de comunicación. Pero vayamos ahora, sólo, a lo expresado de forma explícita a partir de un artículo publicado en la más que políticamente correcta revista Yo Dona, asociada a El Mundo, de Pedro J. Ramírez. El título: "¿Cómo sería el mundo si mandaran las mujeres?"*.

Así, la pregunta ¡parece sincera! Lo que dado el punto en que nos encontramos no deja de parecer una broma. En efecto, para alguien que se encuentre viviendo el presente no puede parecer sino una broma que alguien pueda hacerse esta pregunta. Como en breve comprobaremos. Es pues el momento de repensar el título del artículo para conjeturar acerca de las intenciones de su autora, Lola Fernández, "¿Cómo sería el mundo si mandaran las mujeres?". Veamos íntegramente el texto que acompaña y abre el artículo:

 "Son muchos los que opinan que los llamados 'valores femeninos' conquistarán el poder para hacer un mundo mejor. Pero, ¿a qué se refieren exactamente? En su sexto aniversario, YO DONA analiza si hay una manera de mandar que diferencie a hombres y mujeres y hace un repaso de estos últimos años en el lento pero imparable ascenso femenino al poder"

Las preguntas se hacen necesarias ya antes de comenzar propiamente el artículo: 1. "Muchos", dice la periodista, pero ¿quiénes son esos "muchos"? En cualquier caso, ¿"muchos" incluye el "muchas"? 2. "Los llamados 'valores femeninos' conquistarán el poder para hacer un mundo mejor", dice, pero ¿cómo debemos entender el término poder, de forma positiva o negativa? No parece claro: de hecho parece que el término poder tiene connotaciones negativas si nos atenemos a lo hasta ahora conocido, que al parecer sólo puede ser asociado al hombre varón, pero que podrá positivarse si existe un cambio en el género de quienes lo detentan. 3. ¿Qué serían, en cualquier caso, los "valores femeninos"? ¿No habíamos quedado en que éramos iguales? ¿No han sido precisamente las feministas las que habían renunciado a lo femenino con el fin de ser consideradas iguales iguales iguales? De hecho dice la acreditada filósofa Amelia Valcárcel en el mismo artículo "No creo en la existencia de unos valores femeninos vinculados de un modo esencial a las mujeres". Así, ¿cómo podemos entender el texto introductorio? Respuesta: a los editores parece importarles un pimiento lo que el artículo dice dilucidar, porque saben que lo único importante es que éste se plantee de la forma en la que lo hace: hablando de valores femeninos asociados a un mundo mejor y vinculando esa mejoría no tanto a un relevo meritorio como a una lucha, una guerra: "conquistarán".

El artículo, como no podía ser de otra forma, en seguida se convierte en una loa a la mujer: "La ciencia nos dice que existen diferencias insignificantes entre el cerebro femenino y masculino, pero todos sabemos que las mujeres son más amables", frase que la periodista atribuye a Martin Amis. "La mujer suele preferir formas suaves de influencia o dominación. Creo que su estilo de mandar es mejor", atribuida a José Antonio Marina. También dice Amelia Valcárcel "No creo, como sostiene Michelle Bachelet, que las mujeres cambien el mundo, pero sí que cuando entran en número suficiente en determinados lugares, lo hacen más habitable. Las situaciones se vuelven más abiertas, hay más aire...". "Las mujeres son más prudentes por motivos genéticos y no van a cometer equivocaciones estúpidas", atribuída por la periodista al etólogo Desmond Morris. Y no faltan frases del tipo "Creo que la inclinación masculina a la violencia y la venganza, a la oposición y el orgullo nos destruirá" (Martin Amis), o del tipo "Fundamentalmente, el valor de la solidaridad que emana de la capacidad empática, es decir, ponerse en el lugar del otro. También valores afines como la generosidad, la antiviolencia, el valor de la creación como antítesis de la destrucción. Pueden ser compartidos por el colectivo masculino en un proceso de desaprendizaje o búsqueda de nuevos referentes" (Victoria Sau), o "Cuando las cosas son cerradamente masculinas, los hombres que llegan arriba suelen ser, generalmente, los peores, porque son los que, en mayor medida, comparten valores de exclusión" (Amelia Valcárcel). En fin, lo de siempre, lo de todos los días en todos los medios desde hace 35 años, ¡como si las condiciones de hace 35 años no hubieran cambiado!

Así: "Los llamados 'valores femeninos' conquistarán el poder para hacer un mundo mejor", con sus "formas suaves de influencia o dominación", porque siendo "más amables" y "más prudentes" hacen el mundo "más habitable" y "no van a cometer equivocaciones estúpidas". Y como los hombres son malos no les va a tocar otro remedio a ellas, las mujeres -con sus valores femeninos-, que conquistar el poder. Para mejorar el mundo, claro. Eso es al menos lo que "muchos opinan".

Decíamos en el punto UNO que estos últimos 11 años han sido, sin duda, los peores en lo que a la democracia se refiere; no hay duda que en ellos se han forjado a fuego lento todos los fundamentos de ésta nuestra particular corrupción cachonda. ¿Alguien lo duda? ¿Alguien duda acaso que esta crisis nacida hacia 2006 -pero forjada años antes- ha provenido de la absoluta incompetencia de los gobernantes así como de su falta de ética?, ¿que mientras la crisis afectaba a otros países con un 12% de paro en España rozábamos el 26%? ¿Y hay alguien que ignore que es precisamente en ese periodo de tiempo cuando más mujeres han compartido y ejercido ese poder... que con el tiempo se ha demostrado incompetente cuando no corrupto? ¿Hay alguien que dude de la participación de la mujer en el desaguisado? O dicho de forma tendenciosa pero no por ello falsa -por empíricamente demostrable: ¿no es cierto que ha coincidido este desaguisado español con el momento histórico en el que las mujeres han tenido un mayor protagonismo en la política (cuotas, paridad) y una extraordinaria presencia en las instituciones (paridad, cuotas, discriminación positiva, corrección política)? ¿Significa acaso que una cosa es consecuencia de la otra? EN ABSOLUTO, pero así ha querido el destino que se desarrollaran los acontecimiento en un mundo que ha preferido configurarse a partir del victimismo y la queja en vez de la meritocracia.

¿Entonces, cómo debemos tomarnos el título interrogativo del artículo? ¿Qué tipo de conjetura pretende realmente provocar? ¿Cómo, en definitiva, debemos tomarnos ese artículo? ¿"Cómo sería el mundo si mandaran las mujeres?

La primera legislatura de Zapatero estuvo constituida por 8 hombres y 9 mujeres. M.T. Fernández de la Vega (Vicepresidenta), Carme Chacón, Beatriz Corredor, Elena Espinosa, Magdalena Álvarez, Cristina Garmendia, Bibiana Aído, Mercedes Cabrera, Elena Salgado, y después se unieron Trinidad Jiménez (que alternaba carteras), Rosa Aguilar, Ángela González Sinde y Leire Pajín. Ellas dirigieron el país junto con sus varoniles colegas, aunque en una proporción ligeramente superior. ¡Y qué decir de nuestro pasado más cercano: Rita Barberá, Teófila Martínez, Yolanda Barcina, Luisa Fernanda Rudi, María Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría (vicepresidenta), Ana Botella, Esperanza Aguirre, Ana Mato, Ana Pastor. ¿Acaso no ellas mujeres y han detentado -o detentan- Poder? Por no hablar de la Comunidad Valenciana donde las mujeres son, además, las que llevan dirigiendo el desolador estado cultural de la Comunidad desde hace muchos años: Consuelo Císcar, Mairén Beneyto, M.J. Alcón, Rita Barberá, Helga Schmidt, María Consuelo Reina y un sinfín de técnicas con mano de hierro.

¿Y con el mundo, qué hacemos con el mundo? ¿Acaso EEUU mejoraría si dejamos que gobierne Condoleezza Rice o Hillary Clinton en vez de Obama? ¿Sería mejor para la humanidad que retornara una Margareth Thatcher en vez de dejar que gobierne cualquier laborista varón? ¿Deberíamos sustituir a Rajoy por una suerte de Imelda Marcos, o por una especie de Cristina Fernández de Kirchner? ¿Por qué no llamamos de nuevo a Magdalena Álvarez, o Leire Pajín pero esta vez  para darles un puesto con más poder que el que tuvieron? ¿Es Christine Lagarde la persona idónea para dirigir el FMI? ¿Por qué? ¿Y si dejamos a Rita Barberá 22 años más dirigiendo la ciudad de Valencia por ser mujer? ¿O colocamos a Esperanza Aguirre de Presidenta, por fin, para que sea una mujer y no un hombre quien nos gobierne? ¿O le damos un poco más de poder a Angela Merkel, no vaya a ser que se lo arrebate un hombre? ¿Acaso cuenta con poco poder Susana Díaz? ¿Hasta cuánto habría que otorgarle para que pudiera mejorar el mundo? ¿Y por qué no, en vez de Susana Díaz, Tania Sánchez?

*Artículo publicado en YO DONA inmediatamente después de las elecciones municipales de 2011.

miércoles, mayo 13, 2015

Whiplash



Whiplash

Este post también pudo llamarse El Espíritu de nuestro tiempo, pero en un momento dado me pareció excesivo.
También pudo llamarse Las casualidades no existen, que aunque me gustaba, posiblemente se tratara de un título demasiado abstracto y además ya usado en otro post reciente.
También pensé que podía llamarse La crueldad del hoy. Demasiado agresivo y genérico.
O El misterio de la voluntad perdida. Demasiado literario, sobre todo porque en realidad no hay ningún misterio.
Sí en cambio La voluntad perdida, no hubiera estado mal.
O Sin compasión. Quizá esta hubiera sido la mejor opción, pero al final preferí llamarlo con el mismo nombre de la película que suscitó todas estas reflexiones: Whiplash.

Cine

El éxito de una película depende muchas veces del boca a boca. Pero sabemos que el éxito no siempre va parejo con la calidad. Grave discusión sería ahora la que dirimiera acerca de la calidad en el cine. No es el momento ni el lugar. Sabemos, eso sí, que en el juicio estético emitido sobre el producto cinematográfico se encuentra bastante consensuado. Más allá de las tendencias hacia la que nos dirigen nuestros inevitables gustos personales sabemos que existe un criterio relativamente universal por el que somos capaces de señalar el buen cine, ya sea comercial o de autor, blockbuster o independiente. O por plantearlo de otra forma: si preguntáramos a 100 profesionales del análisis cinematográfico seguro que habría entre ellos muchos más puntos en común que discrepancias. Y las discrepancias responderían, exclusivamente, a causas difícilmente comunicables por estar vinculadas a lo extremadamente individual. O sea, que hay un cierto consenso entre los que entienden de cine, es decir, entre quienes entienden el cine desde el análisis y la reflexión, y no tanto entre quienes lo entienden sólo desde el entretenimiento.

Ese consenso deviene, pues, de la naturaleza misma del cine, que en su aspecto narrativo/descriptivo obliga en su ejecución a un adecuado uso de los dispositivos que pretenden comunicarse con el espectador. Las normas y las reglas son en este sentido tan necesarias como en sí mismas constitutivas de la creatividad del hecho cinematográfico. Porque si el cine se caracteriza por algo, al menos en lo que a su relación con el espectador se refiere, es por esa necesaria deslocalización que hace posible que los espectadores se cuenten por cientos de miles -y no por puñados. Espectadores que además pagan por su experiencia artística. Por ejemplo, un cuadro que habita la casa de "su" coleccionista está "ahí" para el uso y disfrute exclusivo de su propietario. Sin embargo, una película está "por ahí" para uso y disfrute de un indefinido pero cuantioso número de espectadores -que además pueden disfrutar simultáneamente. O sea, el producto cinematográfico está hecho para ser consumido masivamente y eso es, paradójicamente, lo que le confiere una dignidad incuestionable.

Crueldad y goce

Pero parece que ya nos hemos ido por las ramas, así que volvamos al principio: El éxito de una película depende muchas veces del boca a boca. Pero sabemos que el éxito no siempre va parejo con la calidad, sobre todo cuando el éxito es claramente popular. Más bien puede afirmarse que muchos de los éxitos de cada momento histórico se deben a las coyunturas que los hacen posibles, muchas veces vinculados a las modas de ese momento. Así entiendo yo el éxito de Whiplash. Entonces, ¿son los posibles factores coyunturales -actuales- los que explicarían ese éxito? Yo diría que sí, sin duda. Y ¿cuál sería después de todo esa coyuntura? Ésa sería la cuestión, porque pienso que sólo la coyuntura es capaz de explicar el éxito de una película efectista y preciosista, pero mala.

La película no es más que lo que una sinopsis breve podría describir. Es decir, en ella "no sucede" nada más que aquello que pudiera quedar descrito en una simple sinopsis: un muchacho que quiere triunfar en el mundo del jazz se enfrenta a la dura y peculiar metodología de un profesor. Pero, si apenas sucede poco más, ¿dónde podría situarse el éxito obtenido? Para contestar no podemos evitar el spoiler. Es más, si hubiéramos querido ser más estrictos en la sinopsis ya nos habríamos dado de bruces con la clave del éxito. Sería esta otra: un muchacho que quiere triunfar en el mundo del jazz se enfrenta a la peculiar metodología de un profesor indiscutiblemente cabronazo.

Sin duda es en esa extraordinaria dureza del profesor donde se encontraría la explicación del éxito de la película y lo que yo relaciono con una coyuntura, un profesor cuya dureza parece quedar justificada ante el alto índice de éxito conseguido por los que son sus alumnos. Así, estamos en condiciones de spoilear un poco más la trama: un muchacho que quiere triunfar en el mundo del jazz se enfrenta a la peculiar metodología de un profesor indiscutiblemente cabronazo, pero que es capaz de echar una lagrimita en el momento adecuado (sic).

En una película donde poco más sucede -aunque también: chico conoce chica; chico y chica viven su primer desencuentro amoroso (?)- la clave del éxito sólo puede situarse en la relación del alumno con el profesor. El alumno es un chaval bonachón, voluntarioso y trabajador y el profesor no muestra ninguna compasión cuando de lo que se trata es de que los alumnos aprendan. Y esto es, en definitiva, lo que ha cautivado al público. ¿Les suena? ¿No es esto lo que vemos en Tv todos los días? ¿No es cierto que los programas/concurso de máxima audiencia se caracterizan, todos ellos, por la dureza con la que son tratados los concursantes? Es decir, ¿no es cierto que los índices de audiencia han ido subiendo en función de la dureza con la que han ido siendo tratados los concursantes (ya sean dueños de hoteles, de restaurantes, de negocios cutres, de aspirantes a cantantes, a chefs...)? Lo que ha quedado claro a lo largo de los últimos años es que las desgracias de los concursantes es, en los realities, garantía de éxito de audiencia. Así, dada la poca chicha de Whiplash (más allá de una estética manierista pero muy eficaz) no encuentro otra explicación a su éxito que ésta: a una cantidad importante de espectadores les pone cachondos dos cosas que se encuentran estrechamente conectadas, una, la crueldad que inflige alguien sobre un "inferior" o un "necesitado" y dos, la desgracia de quien la sufre.
Pero, ¿cuál sería la causa real del disfrute ante tales circunstancias, que podríamos calificar de inhumanas?

La respuesta se encuentra en las mismas características del sujeto del hoy, un sujeto forjado en las condiciones impuestas por la Corrección Política. Un post no da lo da lo suficiente como para clarificar lo que esta afirmación significa y conlleva (si bien es cierto que este blog lo lleva haciendo desde hace 8 años), pero en realidad ya casi nadie pone en duda que llevamos 35 años siendo educados en un individualismo extremo. Y alguna de sus consecuencias es por todos conocida: la de vivir en una sociedad que rechaza categóricamente todos aquellos conceptos que supongan una carga supuestamente desestabilizadora en la educación de lo pobrecitos infantes. Términos como disciplina, esfuerzo y sacrificio se encuentran absolutamente anatemizados y despreciados por las nuevas generaciones de padres desde hace varias generaciones. Términos que han sido rechazados con conciencia individual, desde luego, pero también con la complicidad proporcionada por la ideología buenista (esa que asocia los conceptos de esfuerzo y sacrificio con fascismo). Y así nos ha ido.

Esquizofrenia

¿Entonces?, se preguntará más de uno. ¿Cómo es posible que por una parte se rechace la exigencia de disciplina y sacrificio cuando se trata del propio entorno, y por otra proporcione tanto goce cuando éstas se exigen al otro con crueldad y falta de compasión?

La respuesta se encuentra en las mismas características que ha implantado la Corrección Política. O mejor, emerge como una consecuencia de la misma. Y podríamos definirla en torno a una carencia, la de la voluntad. En efecto, es la voluntad lo que ha desaparecido del sujeto crecido en el esquizofrénico mundo de la queja y el victimismo propiciado por la Corrección Política. Una extraña laxitud y una cómoda dejación se ha impuesto en el sujeto del hoy, que se ha dejado llevar por una práctica proteccionista absolutamente inmadura por egoísta.

La cuestión es que el sujeto del hoy carece de voluntad, pero no conformándose con algo ya de por sí negativo incrementa su desgracia añadiendo a esa carencia un deseo que se expresa de forma perversa. Ante su reconocida falta de voluntad los adultos no exigen un correctivo, sino que se mantienen ante su derecho de no tenerla... pero ¡además gozan! ante el espectáculo que humilla a quienes públicamente la reclaman. Y cuando digo reconocida digo reconocida; ahí está para corroborarlo la emergencia de los personal trainning, personal shopping, couchers y todo tipo de personajes que son la extensión última de los ineficaces best sellers de autoayuda que llevan leyéndose masivamente desde hace 30 años.

El problema, como ustedes habrán podido deducir, es que cuando hablamos de voluntad sucede lo mismo que cuando hablábamos de sacrificio o de disciplina: que la gente se espanta. Como si la voluntad sólo pudiera ser la voluntad de  El triunfo de la voluntad (Leni Riefesnstahl). Hay que ser muy corto de miras para eso, o muy ignorante... y muy pero que muy vago. Indecentemente vago. Irresponsable: inmaduro.

Previsibilidad y compasión

Volvemos al cine, esta vez sobre una de esas pocas películas que, en contra de lo que decíamos más arriba, no han conseguido consenso en cuanto a su calidad se refiere. Una excepción, pues, que ha llevado a generar opiniones muy contrapuestas entre los mismos profesionales del análisis cinematográfico. Una excepción, una rareza en la historia de la crítica: El árbol de la vida del controvertido Terrence Malick.

La película trata del impacto que supone en una familia la pérdida de un hijo cuando aún es un chaval, pero en contra de lo que afirmábamos de Whiplash en ésta lo que sucede apenas tiene que ver con eso, con la sinopsis, o lo hace tangencialmente, de forma implícita. La película se encuentra plagada de escenas entre místicas y metafísicas en las que muchos críticos se han perdido debido, entre otras cosas, a su absoluta imprevisibilidad. No voy a entrar aquí en la pertinencia de esas escenas ni en lo que ellas afectan a la película como conjunto, pero sí voy a comentar una escena que me parece fundamental aún a pesar de su aparente innecesariedad. Una escena de la que a nadie he oído decir nada, quizá porque la han entendido de forma distinta a como yo lo he hecho.

En una película que trata problemas estrictamente contemporáneos hay una escena de dinosaurios. Sí, de dinosaurios. Puede pasar desapercibido lo que en ella realmente sucede, de hecho y con independencia de lo que se piense de la película, se trata de una escena que podría pasar por una incomprensible y caprichosa escena más de rollo new age. Pero no, lo que en ella sucede alcanza un nivel metafórico de los más sutiles y sensibles que haya podido experimentar yo en los últimos tiempos en el campo de la estética. Para que el lector pueda comprobar hasta qué punto esa escena le ha pasado o no desapercibida, o la ha entendido como metaforica y no como un capricho místico, no tiene más que preguntarse qué es lo que sucede en esa escena. A ver qué se contesta.

Tenemos que recordar que la escena nos sitúa en el mundo agresivo y salvaje de nuestra prehistoria, un mundo habitado por ese espíritu de supervivencia -la ley del más fuerte- que nos han mostrado siempre los libros y documentales escritos por geólogos, arqueólogos, historiadores y biólogos. Una escena de dinosaurios ¡en una película que trata de la extraordinaria amargura que les produce a los padres la muerte de un hijo! Aquí la escena: un dinosaurio débil y moribundo se tambalea sin fuerzas hasta caer en la ribera de un río. Al momento llega otro más grande que con gesto agresivo se acerca sigilosamente. Cuando llega a su altura y comprueba la debilidad de su adversario coloca ferozmente una pata sobre su cabeza. Con respiración agitada lo olisquea y observa un rato mientras, ya digo, inmoviliza la cabeza de su víctima. Pero de repente algo sucede. ¿Qué? No lo sabemos con exactitud, la cuestión es que el dinosaurio depredador decide dejar vivir al dinosaurio malherido. Es decir, decide dejarlo morir con dignidad. O mejor aún: emerge en él la compasión. Así: nace la compasión.

Como bien dice Shakespeare en una de sus siempre contemporáneas obras, la compasión no se tiene, se desprende.

domingo, abril 19, 2015

Vanitas: Biblioteca

Escribo porque han asaltado a mi cabeza funestos recuerdos acaecidos meses atrás. Una semana trágica la vivida por mí al final de agosto del año pasado. Precisamente en los días más calurosos de los últimos 40 años si nos atenemos a las estadísticas. Por motivos que no vienen a cuenta tuve que vaciar la casa de pueblo que compré hace 13 años y que hasta ahora sólo me había servido para almacenar todo aquello que no cabía en mi casa de la ciudad. Todo se desarrolló muy rápidamente así que no tuve mucho tiempo para pensar y planificar. Y el calor era verdaderamente sofocante. Contaba yo con 5 días para "limpiar" la casa de algunas antigüedades de no mucho valor y algo más de dos mil libros. No quería deshacerme de estos últimos pero no tenía otro remedio, mi casa de Valencia está literalmente forrada de ellos.

¿Y cuánto valen todos esos libros, libros de arte, de historia, de arquitectura, de ilustración, ensayos filosóficos, ensayos sobre cine (cerca de 100), colecciones de revista completas (Arena, Sur Express, El Europeo, Cuadernos del norte, Ardi...) y muchos comics (cerca de 400 ejemplares)? ¿Cuánto vale todo eso, si sabemos que muchos de esos libros, concretamente los de arte y arquitectura e ilustración, costaron en su momento entre los 20 y 40 euros? ¿Y cuanto los ensayos? ¿Cuanto pueden valer en su conjunto? A mí sólo se me ocurría una respuesta ante la urgencia de venderlos: el precio no podría ser otro que aquel que permitiera al comprador extraer unos beneficios. Digo yo, por ser sensato. Pero también debía ser un precio que compensara la inquietud que me producía deshacerme de eso que tanto había significado en mi vida. Así que una valoración que me hice a mí mismo, a quién si no, fue que podía pedir por ellos una cuarta o una quinta parte de lo que pagué. Incluso una sexta. También se me ocurrió otra forma de valorarlos: hacer una media entre los más caros y los más baratos y después dividir esa cifra por un número que diera por resultado 2 euros. Una forma como otra cualquiera (aunque algo estrambótica) para llegar a la cifra 2 como precio por unidad. Así, podría recibir por ellos cuatro mil euros. Tierna ingenuidad.

Llegó el primer posible comprador y su valoración no ofrecía dudas: NADA. No me daba NADA por ellos, pero estaba dispuesto a vaciarme la casa gratis. Lo despaché, no sin antes agradecer su tasación. Después vino otro... y después otro. Ambos me daban lo mismo que el primero. NADA. Después llegó otro que me ofreció 200 euros, pero sólo si también le daba los candelabros de bronce que se encontraban junto a los libros, una bañera de porcelana y una urna del XIX. Le dije que me parecía poco y se ofendió. Esta vez fue él quien me despachó a mí. A punto de sonar la campana vino uno que me ofreció 400 euros por el lote. Se lo llevó. Necesidades mandan. A 20 céntimos la pieza, ya fuera un libro sobre Aldo Rosi, ya fuera un libro sobre dinosaurios de super-gran formato, ya fuera un libro de entrevistas al pintor Kitaj.

Nota. Siento el miembro como si aún lo tuviera y estiro el brazo para rascarme cuando siento que me pica. Me extirparon hace unos meses el miembro de una parte de mi biblioteca. Es decir, hay una parte de lo que fue mi biblioteca que ya no es mía, y sin embargo aún la siento. Sobre todo cada vez que echo en falta alguno de aquellos libros.

Ah, y otra cosa: hace ahora 15 días tuvo lugar la feria del libro de ocasión en la Gran Vía de Valencia, como siempre. En su clausura los medios hablaron: "El peor año en ventas de toda la historia de la Feria". "Se ha vendido un 25 % respecto a otros años".

Ah, que se me olvidaba: vi dos de "mis" libros en un paseo por la feria, uno sobre ilustración de animales imposibles que estaba a la venta por 22 euros y un ensayo sobre Antonioni que estaba a 12 euros.

Ah, y para finalizar, quien no esté en contacto directo y diario con nativos digitales no sabe el alcance verdadero del desprecio que en ellos hay hacia el mundo físico -más allá de los dispositivos tecnológicos-. 

jueves, marzo 26, 2015

Las casualidades no existen

Las casualidades no existen

Dos estudiantes de sexo femenino conversan en unos lavabos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid:

Chica A: “Pues a mí me toca los cojones”
Chica B: “Y a mí me suda la polla”

Me lo cuenta Marusela, que ha compartido momento con esas jóvenes en el baño público. Me dice también que eso no es todo; que muchas veces oye a sus alumnas –también universitarias- dirigirse entre ellas usando el vocablo “tío”. Yo le digo que se trata de un lapsus, pero ella me corrige rápidamente: “De eso nada, saben perfectamente lo que dicen. Lo que pasa es que lo quieren todo; les han inculcado que tienen derecho a todo y se sienten superpoderosas, y por eso quieren ser mujeres y hombres a la vez. Además, como los hombres cada vez son menos hombres porque precisamente es eso lo que se les exige desde la corrección política…”


Todo esto sucede a las 12,45 de la mañana, como digo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, en el descaso que se produce entre conferencia y conferencia. Estamos en el VII Congreso Internacional de Análisis Textual. El título de este año: “Las diosas”. 

martes, marzo 17, 2015

¿Qué _ _ _ _ quieren?

¿Qué _ _ _ _ quieren?


No cesa la queja. Es más, se incrementa día a día. En todo. Nada de lo que pueda hacerse para disiparla es ni será suficiente; la queja es, en esta era posmoderna, ¡qué le vamos a hacer!, una de las actitudes más rentables. ¿Por qué no quejarse, entonces? Ah, y otra cosa; la queja será más rentable en proporcionalidad directa al rencor y el odio que en ella vayan intrínsecos. Son cosas del activismo y de la corrección.

En el Arte, también.

No cesa de oírse esa queja. "Queremos más visibilidad". Así, quieren más visibilidad. ¿Quiénes? Ellas, por supuesto, las mujeres. ¿Más visibilidad? No exactamente; lo que dicen querer es la misma visibilidad que los hombres. Para ellas, no puede haber (existir) un hombre artista si no hay (existe) una mujer artista... de forma !simultánea y ubicua! Sí, ésta sería la cuestión. Lo que quieren las mujeres (y tomo el todo por la parte en la medida en que las que callan otorgan, habida cuenta de los beneficios que obtienen de la queja, tengan o no tengan clara la exigencia) es una igualdad numérica, estadística, cuantitativa. Paridad, igualdad. Si alguien quiere comisariar una exposición sobre, pongamos fotografía nocturna, lo que le exigirán los abanderados de la corrección política es que ese alguien NO seleccione a los 12 fotógrafos -sean mujeres o hombres- que le parezcan más interesantes -adecuados, apropiados-, sino que en su elección haya 6 fotógrafas y 6 fotógrafos (6 mujeres y 6 hombres: 6 personas con vagina y 6 personas con pene).

Pero, ¿a quién se quejan esas mujeres tan activistas?, ¿a la sociedad machista, ese corpus amorfo de individuos al que se le echa siempre la culpa de todo? ¿o al mundo del Arte, ese conjunto de personas que configuran el mismo mundo del Arte que "al parecer" es discriminatorio con las mujeres? Porque esa es la queja: las reivindicadoras no se quejan de que haya menos mujeres artistas sino de que la selección habitual -para su exhibición- no sea natural, sino malignamente partidista. Para ellas, sí hay una selección natural y es tan natural que tiene que ser equitativa... por cojones (perdón). Así, natural, o sea, equitativa, igualitaria. Natural (?).

Mutatis Mutandi
Podríamos comenzar por diferenciar entre presencia y poder.
¿Y que _ _ _ _ quieren las mujeres: presencia o poder? ¿Qué quieren cuando dicen querer igualdad? ¿Más presencia en las decisiones del poder? ¿Más presencia en los eventos expositivos?

Y podríamos también, para situarnos realmente, remontarnos a los años ochenta, los años de apertura, cambio y desarrollo de la España ulterior a los 40 años de anquilosamiento cultural. ¿Y quién detentaba el poder del Arte durante esa década y la posterior? Pues se lo digo yo: las mujeres. ¿A quién había que conocer si uno quería medrar en el fantástico y sensible mundo del Arte durante los ochenta y los noventa una vez fallecida Juana Mordó? Pues se lo digo yo: a Juana de Aizpuru, a María Corral, a Cármen Jiménez, a Helga de Alvear, a Soledad Lorenzo... a Elba Benítez, a Elvira González, Oliva Arauna, las Moriarty, Oliva María, Rosa Martínez, Estrella de Diego, Evelyn Botella, Rosa Olivares... y poco más allá Pilar Parra, Marta Cervera, Elena Ochoa, Ana María Guasch... Ellas lo controlaban TODO, ellas configuraron el panorama que representaba el arte español y foráneo en nuestro territorio. Y diseñaron la estrategia de expansión. Ellas impusieron su criterio, algo contra lo que no hay nada que objetar, digo yo. ¿O sí? Es verdad que hubo algunos hombres... (Juan Antonio Ramírez, Calvo Serraller, Pepe Cobo...) pero sólo para que la cosa no pareciera demasiado discriminatoria. Así pues, las mujeres con presencia casi absoluta en el mundo del Arte, al menos respecto al poder real.

¿Y los artistas, qué pasa con los artistas, se seguirán preguntando las activistas más comprometidas con su sexo? Pues muy sencillo: los artistas que había era los que colocaban ellas, los que ellas sugerían, los que ellas ¿imponían?; ellas, las que detentaban el poder: Juana de Aizpuru, Soledad Lorenzo, María Corral, Oliva Arauna, Cármen Jiménez, Rosa Martínez, Elba Benítez, Oliva María, Rosa Olivares, Elvira González, Elena Ochoa...

¿Y ahora, qué pasa? Pues que ahora tenemos, sin ir más lejos, ese festival del Arte tan igualitario y tan poco partidista que se llama Miradas de mujeres. Que, cómo no, es aprovechado para elevar la queja y el lamento en la opinión publicada a su máxima exponencia (impactos mediáticos): "exigimos más visibilidad", "queremos la igualdad". Cada año lo mismo: "exigimos más visibilidad". Un festival que se amplía cada año y que cada vez cuenta con más participantes, que lógicamente nunca serán suficientes. ¿Sólo un festival, sólo él, el de Miradas de mujeres? Noooo, un hay un sinfín de eventos que en nombre de la mujer discriminada se reparten durante todo el año por todo el territorio español, la mayor de las veces promocionados y patrocinados por administraciones públicas, institutos de la mujer, y demás entidades subvencionadas.

Sin ir más lejos en Valencia se inauguró la semana pasada una exposición "de" mujeres, una exposición que se ha denominado, supongo que nada inocentemente, Las dueñas del arte. Se trata de la selección de artistas llevada a cabo por 14 galeristas mujeres de la Comunidad Valenciana. Pero para saber el verdadero alcance y significado de la cifra (14) conviene saber antes que en la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana hay 19 galerías de Arte. Así pues, el mundo del Arte, al menos aquí en Valencia, se encuentra en manos de mujeres. Y no tanto a nivel privado, sino también a nivel político-cultural, para bien o para mal, como saben todos los valencianos. Y no debemos olvidar que, por el motivo que sea, es la clase política -del signo que sea- la primera en promover, tanto de forma directa como indirecta, eventos culturales que tengan por protagonistas a las mujeres. Que lo hacen.

¿Entonces?

Para contestar a esta enigmática última pregunta podemos acudir a la entrevista que Makma les hiciera a tres mujeres activistas directamente comprometidas con el Arte y con la Mujer. En dicha entrevista no se pudo dejar más clara la queja que tiene como objeto la discriminación de las mujeres en el mundo del Arte. Resulta tan paradigmática que recomiendo su búsqueda y lectura. Da mucho de sí.

Dice la directora del Festival en la Comunidad Valenciana Irene Ballester "Nuestra finalidad es llevar el arte hecho por mujeres a los grandes museos y galerías, pero también a las concejalías de Cultura e Igualdad de cualquier pueblo". Queda claro entonces que sus objetivos, ya logrados (15 comunidades, más de 1.000 artistas, 308 espacios expositivos), han conseguido elevar la presencia de mujeres artistas en espacios tanto privados como públicos; no de mujeres artistas extraordinarias, ni de las mejores mujeres artistas, sino de mujeres artistas ("arte hecho por mujeres"). Y como decimos, no sólo a espacios privados, sino a espacios sufragados con dinero público.

Por eso quizá no se entienda esa pertinaz manía del mundo del Arte hacia los estamentos políticos. De hecho en esta misma entrevista aflora lo que acaba siempre por aflorar cuando el mundo del Arte exige independencia en su sensibles decisiones: su desprecio por ese intrusismo que supone toda acción gubernamental en las cosas de la Cultura. Y por eso dice Lucía Peiró a poco que se descuida, "La política y el arte deberían ir por separado". Y es que, en efecto, se trata de algo que es absolutamente habitual en aquellos que, curiosamente, viven de las prebendas del papá Estado. Aceptan con naturalidad todo tipo de subvenciones y ayudas (de las Concejalías, las Casas de Cultura y Administraciones en general), pero después las quieren mandar a freír espárragos cuando se trata o de hacer lo que les dé la gana o de ganar dinero.

Pero aquí de lo que se trata es de saber si existe realmente discriminación maléfica y organizada o si se trata de algo mucho más sencillo. Es decir, la cuestión es: si aceptáramos, tal y como dicen algunas estadísticas que nos ofrecen las asociaciones más activistas, que las mujeres tienen menos presencia que el hombre en el mundo del arte, ¿será debido a una discriminación maléfica instigada por una sociedad machista o se debe a las leyes de mercado? Veamos lo que dice una de las entrevistadas, concretamente la galerista Teresa Lagarre, es decir, la que representa el mercado (el del dinero y no el de las ideologías): "Yo tengo muchos artistas de la Comunidad Valenciana, el 70% son de aquí, y aunque tal vez sean más hombre que mujeres los que exponen en mi galería, lo cierto es que yo siempre me he inclinado por el arte de las mujeres porque me siento identificada con sus propuestas".


Pues bien, por fin queda claro el por qué teniendo más poder en la gestión -ese poder que se atribuye en exclusiva al maléfico hombre autoritario- después parecen no obtener la misma visibilidad. Aquí una mujer galerista y su programa: me identifico con las propuestas de las mujeres (sic)… pero tal vez (sic) sean más hombres que mujeres los que exponen en mi galería. Para  después, eso sí, sumarse rauda a la –rentable- queja.

Post Scriptum. Llego de Madrid con varias carteleras de actualidad cultural en mi cartera… y no hay sitio para la duda: Ellas crean. En efecto, en todas las carteleras, e incluso en algunas de las portadas de esas carteleras, aparece ese titular, Ellas crean. Titular que se corresponde con la XI Edición del Festival Ellas Crean, festival que, y ahora cito de la cartelera Madrid en vivo, “aporta un punto de visibilidad para las mujeres creadoras”. También se dice “Este año el Ayuntamiento de Madrid presenta un cartel alucinante, sugestivo y pleno de propuesta que harán las delicias de los asistentes” (y Ayuntamiento de Madrid va en negrita). Este festival, inmediatamente posterior a Miradas de mujeres (que se realizaba en 15 comunidades entre otras ésta) contaba con 46 intervenciones (música, danza, debates, exposiciones, presentaciones…) y con la colaboración de 18 museos.


lunes, marzo 16, 2015

El Arte y el Experto

El Arte y el Experto (ARCO)

No resulta fácil hablar de Arte ¡con alguien! si no fijas primero un concepto definitorio. De lo contrario, como ya sabemos todos, hablar de Arte ¡con alguien! puede convertirse en un diálogo de besugos; o por ser más finos: en un diálogo propio del hall de la Torre de Babel.

Ese concepto definitorio, cómo no, sólo puede ser uno: "qué es Arte" (y no tanto "qué es el Arte).

Lógicamente se trata de una cuestión angular en la Historia y en la Historiografía. No hay tiempo para detenernos en este extenso y farragoso asunto, así que después de una elipsis explicativa acerca de la evolución de las posibles respuestas sólo me cabe señalar un asunto que a mí particularmente me sorprende. A saber: que aún hay quien pone en duda el aserto que reza, "Arte es lo que la Institución señala como tal". Y quien dice Institución dice mundo del arte; Sistema Arte.

Es decir, aún hay quien cree que un producto adviene Arte exclusivamente por un tipo de merecimiento propio del producto que lo logra (por señalamiento de la Institución, se entiende), un meremiento por tanto directamente relacionado con la esencia misma de lo que Arte significa. O dicho de otra forma: aún hay gente que cree (yo diría que todos los "afortunados" componentes del mundo del Arte) que los productos que son Arte lo son con independencia de que la Institución los haya señalado y acojido. Y por tanto esos productos son Arte a partir de un acto de Justicia Suprema.

Hace un par de semanas tuvo lugar ARCO y en este mismo blog se dio cuenta de ello. Ahora ha caído en mis manos un magazine que contiene una entrevista a su director, Carlos Urroz. Juan Carlos Rodríguez es quien la realiza. A continuación una de las preguntas con su respectiva respuesta:

Pregunta. ¿Sigue escuchando el típico comentario despectivo "esto lo hace mi hijo" ante una obra supuestamente banal?
Respuesta. Pues qué suerte tienen con si hijo,¿no) [Risas]. Ya no se escucha tanto. Hay gente que siempre cuestiona el valor pecuniario de algunas obras, pero luego se revenden en subastas por el doble. Los ladrillos de Carl André, por ejemplo, que causaron risa cuando los compró la Tate Gallery en los 70, hoy cuestan una fortuna en subastas. Luego el tiempo da la razón al valor de las obras de arte.

Analicemos fragmentariamente:
"Pregunta. ¿Sigue escuchando el típico comentario despectivo "esto lo hace mi hijo" ante una obra supuestamente banal?"

Como podemos ver el periodista está en el ajo del asunto. De otra forma no habría usado el término "supuestamente". Es decir, no existe la posibilidad real de que algo mostrado desde la Institución Arte pueda ser banal. Y el periodista o lo sabe o hace como que lo sabe. De esta forma, el "supuestamente" no puede ser sino una forma (sumisa o no) de complicidad ante la Institución. No es posible la banalidad en el Arte; por tanto la banalidad sólo puede ser supuesta. Así pues, o se está en el ajo o se está en el hall de la Torre de Babel.

"Respuesta. Pues qué suerte con su hijo, ¿no? [Risas]"
Las risas son lo importante de la respuesta. Y las risas sólo dan cuenta de que la sumisión del periodista resulta absolutamente necesaria. Cuestionar la autoridad de la Institución sólo podría entenderse como una muestra de ignorancia supina. El Arte sólo puede ser banal de forma supuesta, hipotética; es decir; no puede ser realmente banal bajo ningún concepto. Cuestionar un producto señalado por el Arte -señalando su banalidad- es estar contra el Arte, y no se puede estar contra el Arte... desde el Arte. No hay obras de Arte banales, sólo productos que son banales precisamente por no poder ser Arte.

"Hay gente que siempre cuestiona el valor pecuniario de algunas obras, pero luego se revenden en subastas por el doble."

¿Gente? ¿Qué gente: los que creen en la posible banalidad de algunos productos artísticos? ¿O los que habiéndose interesado por una pieza concreta discuten el precio? Y lo de que "luego se revenden en subastas por el doble" es directamente falso. O mejor, se trata de una afirmación que además de falsa resulta fraudulenta. Sólo un porcentaje increíblemente despreciable de obras cuestionadas por su precio puede llegar a venderse en subasta por el doble. Por lo tanto resulta tan legítimo como higiénico que la gente cuestione el valor pecuniario de algunas obras.

"Los ladrillos de Carl André, por ejemplo, que causaron risa cuando los compró la Tate Gallery en los 70, hoy cuestan una fortuna en subastas."

Los ladrillos no causaron risa; causaron perplejidad y desconcierto (sobre todo en la gente que cree en la posible banalidad de algunas obras de Arte, es decir en gente ajena a la Institución Arte). La compra de la Tate tampoco causó risa; causó polémica. El motivo por el que el precio de los ladrillos creciera exponencialmente es precisamente ése: que fueran comprados por la Tate Gallery. Así se configura un mundo, el del Arte, que para SER necesita más del asunto pecuniario que del asunto de la excelencia. Cuando los mejores museos y los coleccionistas más ricos comparten producto resulta muy difícil no especular. Pero siempre cabe la posibilidad de una Opa Hostil. Depende de que existan intereses aún mayores y que contengan un ansia de poder más grande todavía. Quien conoce la historia de Sandro Chia con Saatchi and Saatchi lo sabe.

"Luego el tiempo da la razón al valor de las obras de arte."

Las obras de arte ni llevan razón ni dejan de llevarla, ¡tontaina! Ló único que cuenta aquí son las cantidades de dinero con las que se "juega". ¡Dinero! ¡Arte! ¡Y palabrería a manta!