sábado, julio 14, 2012

Cárceles de invención

Llevo años determinando la Corrección Política como el verdadero MAL de esta nueva era. Pero, ¿qué es exactamente la Corrección Política?
De entre las varias respuestas posibles (qe serían diferentes pero también complementarias), he aquí una respuesta excéntrica:
Si se coge la autovía que va de Valencia a Albacete podrá encontrarse el conductor con un letrero anunciador que dice establecimiento penitenciario. La cuestión es ¿por qué tal denominación? Es decir, ¿por qué allá donde hace años ponía la palabra cárcel pone ahora establecimiento penitenciario?, ¿por qué llamar establecimiento penitenciario a lo que TODO EL MUNDO llama cárcel?, ¿puede entenderse como intrascendente o despreciable este cambio?
Pues sepan Ustedes que no sólo no se trata de algo intrascendente o despreciable sino que se trata del signo que nos muestra la monstruosa realidad de la corrección política. Cuantas más preguntas nos hagamos acerca de este hecho más motivos obtendremos para sospechar de… ¿quién? Y si sabemos hacer extensibles esas preguntas a otras cuestiones que atañen a nuestra experiencia como ciudadanos regidos por un estado abusivamente proteccionista e innecesariamente paternalista, pues más datos obtendremos que muestren la perversión de la corrección política.
Situémonos en aquel momento: saliendo de Valencia y llegando a Picasent nos encontrábamos con letreros señalizadores que nos indicaban oportunamente la desviación para llegar a la cárcel. Pero de un día para otro deciden sustituirlo por otro que diga establecimiento penitenciario. La primera pregunta que habría que hacerse es ¿quién?, ¿quién ha tomado la decisión de sustituir una palabra de uso común por una suerte de cursilería eufemista que NADIE va a usar jamás para referirse al lugar? ¿Quién ha decido que sería mejor el eufemismo léxico que la denominación históricamente aceptada? ¿Quién ha pensado que tan decisión comportaría beneficios a la ciudadanía? ¿En qué beneficios se piensa cuando se sustituye una palabra inocua (en sí misma) pero reconocible por otra sofisticada pero inservible? ¿Qué mecanismos mentales se han dado y en quién como para poder llevar a cabo una acción que nadie reclamaba y que además responde a una situación falsa: falsa porque además de seguir siendo una cárcel todo el mundo sigue llamando cárcel al lugar en cuestión?
Ya dije que se trataba de una respuesta excéntrica, pero no por ello deja de dar pistas. Tengo serias dudas de que el cambio de paradigma consistente en falsear la realidad denominando las cosas desde los intereses políticos sea la forma adecuada de que las cosas mejoren (o simplemente se arreglen). Pero también es posible que, después de todo, haya miles (¿) de personas que crean verdaderamente en la necesidad de un proteccionismo estatal; primero porque crean en que es posible mejorar las cosas con la terminología buenista de los políticos y segundo porque todo proteccionismo les asegura un cierto victimismo atendido. Un victimismo que, como hemos visto, no servirá para solucionar el problema real, sino que más bien consolidará el problema con el único fin de que siga habiendo ciudadanos que acudan al Estado para resolver un problema que además ha sido re-generado por el propio Estado. O sea, llamar establecimiento penitenciario a lo que en realidad es una cárcel genera un problema que se añade a los problemas que el Estado dice querer solucionar.
(Dedicado a Gustavo Jornet)

1 comentario:

Gustavo Jornet dijo...

Muchas gracias. No sé qué decir, excepto que muy honrado.
Ójala estuviera yo a la altura para poder aportar en los comentarios eso que falta.
Por lo menos el aprecio y la espera del siguiente post está, sea cuando sea.

Gustavo Jornet