domingo, abril 02, 2017

La retórica de Eloy

En retórica oratoria pueden distinguirse dos corrientes de filiación (y de actuación) con sus respectivos grados, como ya se advirtiera en el tratado Sobre lo sublime (de pseudo-Longino) que tanto éxito tuvo en el siglo XVIII: por una parte se encontraría la representada por los seguidores de Apolodoro, que sostendría que en el arte de la oratoria se podían fijar principios de valor científico, tales como la persuasión ejercida por medio de la palabra, que debía ser usada de la forma más racional posible, con el apoyo de los hechos y apartándose de toda posible ilusión o sugestión que pudiera propiciar el embelesamiento, la exaltación y el éxtasis. Y por otra estarían los seguidores de Teodoro, que asignarían un papel predominante a la pasión, a la parte afectiva e irracional del alma humana, al sentimiento que irrumpe al margen de toda razón que ya no se conforma con la persuasión y pretende el éxtasis.

Puede que uno de los filósofos vivos más importantes del mundo sea actualmente Antonio Escohotado, un perfecto representante del pensamiento que se forja sobre el uso del verbo y el sustantivo como instancias de conocimiento en su sabia conjunción, evitando en la medida de lo posible toda adjetivación y reduciendo al mínimo la adverbiación. De la misma forma, o por ello mismo, su oratoria sería una perfecta muestra de retórica a la manera de Apolodoro. Sobriedad, elegancia, empirismo y racionalidad llevados a un tipo de argumentación que no hurga en las emociones del espectador, sino que más bien al contrario le insta a esa misma sobriedad y racionalidad.

Respecto a su faceta de orador, que es la que aquí nos ocupa y no otra (que daría para largo), puede decirse lo que puede comprobarse en muchos de los vídeos colgados en la plataforma youtube. Yo he tenido la paciencia de verlos/escucharlos todos, lo que sin duda ha servido, entre otras cosas, para potenciar -en perfecta avenencia con la memoria- mis conocimientos adquiridos en la lectura de sus libros. Los he visto todos aun cuando una de las dos facetas de Escohotado como pensador me interese mucho menos que la otra, porque en efecto son dos las vías de análisis/investigación/pensamiento por las que el filósofo/historiador se ha instalado en la elite del pensamiento mundial. Salvo alguna veleidad científica y asumiendo el reduccionismo que todo resúmen conlleva estas dos vías serían, por una parte el asunto de las drogas y por otra el del comunismo como forma opuesta del liberalismo económico. (En este sentido los que a mí me han parecido más interesantes con diferencia son los que hacen referencia a su obra magna, Los enemigos del comercio: https://youtu.be/bU04v-RBXAw).

En cualquier caso revisitar alguno de esos vídeos (que no son más que conferencias en las que se le ha requerido para hablar de esos dos asuntos sobre los que es un auténtico especialista) resulta sumamente instructivo en la medida en la que eluden la síntesis consuetudinaria para ofrecer al espectador una síntesis creativa, es decir, una síntesis que aun teniendo de referencia el asunto por el que ha sido requerido Escohotado acaba organizando una charla con un cierto nivel de autonomía temática. Escohotado sabe, como buen orador, que la gracia no puede estar en el resumir 14 años de investigación, sino en las distintas formas de contar el asunto, de expresarlo.

Pero por volver al asunto inicial: si podemos afirmar que Antonio Escohotado es, desde luego, un orador inspirado por Apolodoro, podemos también afirmar que su compañera de mesa -en ése otro vídeo sobre el tema de las drogas: https://youtu.be/x5ys77hquMM-, Fernanda de la Figuera, es una oradora inspirada por Teodoro. El primero usando la contención, la mesura y la precisión en el uso de datos, y la segunda usando la exaltación para apelar a las emociones y los afectos.

¿El resultado? Pues dependerá de para quién. Como siempre. A mi juicio Escohotado logra transmitir una credibilidad absoluta con independencia de que se pueda estar o no de acuerdo con lo que en última instancia podrían ser considerados juicios personales (que se encontrarían en otra dimensión de los argumentos más vinculados al empirismo de los hechos, que por otra parte llevan el peso del discurso), pero de lo que nadie puede dudar es de la ingente cantidad de conocimientos que posee, los que precisamente le permiten expresarse con esa serenidad que relega los adjetivos y con los que evita la exaltación.

Fernanda de la Figuera, sin embargo, no hace otra cosa que apelar a los afectos y la emociones. Su discurso es un grito y su argumento la queja y el lamento, e incluso el insulto. De tal forma que su oratoria acaba produciendo, a mi juicio, (y como yo no soy Escohotado y sí gusto de los adjetivos) un discurso vacío, hueco, inconsistente, pueril e incluso burdo y en definitiva zafio, histérico, grosero. Así es como ver este vídeo, que contiene intervenciones de ambos ponentes, puede resultar instructivo para todo aquel que quisiera ver con claridad la diferencia entre los dos tipos de oratoria, la inspirada en la razón y la inspirada en las pasiones.

Pero como decía más arriba estas conclusiones son, sólo (?), el producto de mi juicio particular, que no tiene por qué coincidir con el de otros espectadores. Es más que posible que quien decidiera ver los vídeos aquí comentados -y linkeados- pueda llegar a otro tipo de conclusiones, algo que no me sorprendería demasiado a tenor de la respuesta que en vivo y en directo recibieron dichos ponentes a lo largo de sus intervenciones. La respuesta del público ante las intervenciones de Escohotado fue el silencio casi sepulcral, sin embargo ese mismo público interrumpió a Fernanda con vítores y aplausos en varias ocasiones.

¿Qué puede querer decir esto? Lo que en principio se me ocurre no es más que lo que la evidencia señala: que a los espectadores de esas ponencias les ponía cachondos la exaltación de Fernanda aunque la base de su burdo discurso (más allá de la vehemente defensa de un amigo suyo injustamente condenado por la Justicia) fuera extremadamente… populista. O precisamente por eso, por tratarse de un discurso netamente populista su entidad y su forma no pudo ser más que burda.

De tal forma se manifestaba la catadura intelectual de ese público asistente (público eminentemente joven). Un público que se quedaba aplatanado ante el exhaustivo y explícito Conocimiento que ni poseen ni desean poseer (porque en todo caso no lo necesitan para quejarse) y que sin embargo empatizaba con un discurso fundamentado en los gritos histéricos de una mujer que carecía de argumentos (porque tampoco los necesitaba para seducir a los ya de por sí tendentes a la exaltación debido precisamente a su falta de Conocimiento).

Post Scriptum. Por cierto, es precisamente Escohotado quien en su magna Los enemigos del comercio (3 tomos) hace un preciso análisis del concepto Comunismo y por extensión también del Populismo. Como también lo hace José Luis Pardo en su Estudios del malestar, uno de los mejores ensayos publicado en estos últimos años. No apto, por supuesto, para amantes de la queja y la adrenalina.

jueves, febrero 23, 2017

(In)Justicia y Puta Locura

Enciendo el televisor y me encuentro con una tertulia de periodistas, una de esas tertulias en las que los tertulianos parecen no estar nunca de acuerdo. Que es lo que toca para distraer al televidente inculto y alienado.

Hoy es el turno de Urdangarín y de si la Justicia es igual para todos.Cada tertuliano matiza su pensamiento que difiere del de los otros en alguna minucia, la que justifica su particular presencia en el falso debate. Sin embargo hoy se han puesto todos de acuerdo en una cosa: ninguno duda de que la actuación de la Justicia “ha mitigado totalmente el riesgo de fuga de Urdangarín”.

Y lo dicen, todos, mientras de fondo paracen imágenes de Urdangarín vestidito de pijo y paseando en bicicleta por las calles de Ginebra.

Así, no hay riesgo de que se fugue un tipo que, habiéndonos estafado unos cuantos millones a los españoles y habiendo sido declarado culpable por la Justicia española, pasea alegremente por Suiza… en vez de pasear puteado por la selva amazónica.

sábado, febrero 11, 2017

Premios Goya y la mujer

Un tal Jesús Mota (que no José Mota) decía hoy en El País que el IVA no era un problema relevante para la industria cinematográfica española. Lo explicaba muy bien en la misma página del editorial. Con una reducción del IVA al 10% en vez de al 21% no se solucionaba el problema que la industria dice tener, que no es otro que la falta de espectadores, esto es, la falta de ingreso por taquilla, esto es, la falta de dinero con la que poder financiar otras películas, la falta de músculo en una industria en la que pocos quieren invertir.


De hecho, en los Premios Goya de este año se ha pasado de puntillas sobre el asunto. Quizá porque, como bien se hizo saber en su retrasmisión, éste ha sido un buen año para el cine español: más estrenos, más espectadores, más dinero. La cuestión es que pudiendo haber incidido en el asunto del IVA como objeto de crítica y reivindicación no se ha hecho. Y el gremio sabrá por qué, pero no deja de ser algo desconcertante. Sobre todo si sabemos lo que el gremio disfruta regodeándose en la denuncia y en la reivindicación activista.


¡Y tampoco hay ninguna Guerra contra la que “luchar”! [O sí, pero fuera de España, lo que al parecer la hace irrelevante para los cómicos españoles. "No a la guerra" sólo si está en ella involucrada Españita].


Así, ¿qué hacer en los Premios Goya este año?, ¿qué hacer para no abandonar ese espíritu crítico, reivindicativo y activista que tan cachondos les pone a los del gremio? Pues fácil, buscar un asunto que les permitiera seguir con la queja, la denuncia y la reivindicación; y nada mejor (a falta de otro más coyuntural) que el asunto de la mujer y su discriminación(?). Que ese nunca falla.


Y por ese lado se escoró este año la “necesaria” carga ideológica que al parecer debe contener la anual entrega de premios. 


[Por cierto, desde que escribí el último post ](http://albertoadsuara.blogspot.com.es/2017/01/mujeres-y-arte.html) a ahora se ha publicado en MAKMA otro artículo sobre el asunto (http://www.makma.net/el-arte-de-vender-arte/). Habla la Asociación de Galerías de Arte de la Comunidad Valenciana, compuesta por 18 galerías de las cuales 16 se encuentran dirigidas… ¡por mujeres! ¿Y qué se dice en el reportaje escrito por la infatigable reivindicadora Bel Carrasco? Pues que se necesita más presencia de la mujer en el mundo del arte.


Pero ¿acaso es que su presencia es realmente poca?* Desde luego que, dada la cantidad de mujeres que dirige y representa el sector comercial de ese mundo vinculado a la sensibilidad, podría decirse que NO, que su presencia es incluso abrumadoramente mayoritaria. Sin embargo siguen quejándose de la poca presencia de artistas-mujeres en las galerías de arte (?), exponiendo en galerías de arte.


Seguro que a estas alturas del post ya hay gente que cree tener la respuesta a ese desfase señalado por las mujeres a modo de denuncia. Seguro que hay gente que piensa que todo el mal (que se significa en esa diferencia cuantitativa respecto al hecho expositivo) proviene, cómo no y una vez más, de las estructuras patriarcales tradicionales y machistas que impiden a las féminas estudiar carreras como la de Bellas Artes.


Pero resulta que NO: que tal y como en los dos artículos se deja bien claro (tanto en el publicado en El Mundo y comentado en anterior post como en el recientemente aparecido en MAKMA), ya hace años en los que el porcentaje de mujeres que estudian Bellas Artes supera con creces al de los hombres; ellas mismas lo dicen: un 70% de mujeres respecto a un 30 % de hombres.


¿Entonces, qué es lo que quieren las galeristas cuando en los medios exigen más visibilidad para las de su género?


¿Pero no son ellas las “dueñas” del arte que se exhibe? ¿No son ellas quienes programan su exposiciones y quienes eligen a los artistas?


¿Entonces, qué es lo que quieren esas mujeres -que controlan la faceta expositiva de ese sensible mundo del arte- que según ellas mismas discrimina a las mujeres artistas?


Volviendo a los Goya:


¿Que quiere Ana Belén cuando en los Goya pide -toda seria y circunspecta- más presencia de la mujer en el cine? ¿Que haya más actrices? No lo creo, las hay a montones (con o sin trabajo). ¿Que las actrices se planteen dirigir? Tampoco lo creo. Nadie tiene por que hacer aquello que no le apetece, como bien sabe la propia Ana Belén ¿Que haya más protagonistas femeninas? No creo que sea eso lo que pidiese, ya que con esa reivindicación sólo estaría haciendo alarde de una tremenda incultura (véanse programaciones). ¿Que haya más directoras? Bueno, pero ¿salidas desde qué grupo de mujeres estudiantes (o no) que no muestran interés por la dirección cinematográfica?¿O acaso es que hay grandes directoras discriminadas y humilladas por la industria sólo por el hecho de ser mujeres? ¿Entonces? ¿Y por qué más directoras y no, por ejemplo, más sonidistas? ¿Será que hay más sonidistas hombres que mujeres porque el sonido les interesa más a los hombres que a las mujeres? ¿Qué tiene la dirección que no tenga el sonido para que resulte más glamourosa su reivindicación? ¿Quién quiere ser sonidista? 
¿Por qué entonces se ponen tan cachondos los del gremio cuando Dani Rovira o Ana Belén (y otros) reivindican más presencia de la mujer en el cine si no es porque lo que les pone cachondos es sólo el hecho de reivindicar -lo que sea- con la queja, el lamento y el enfado por en medio?


[Pero volvamos al artículo de MAKMA (sobre mujeres galeristas)].


Para la peridista del artículo “El arte de vender el arte”, la tarea de vender arte es “Una tarea que exige combinar cualidades diversas: espíritu empresarial, visión comercial y, sobre todo, sensibilidad artística para detectar nuevas firmas que reflejen las tendencias de cada momento. Además, sutileza psicológica para lidiar con los creadores y los clientes, con sus respectivas manías y exigencias. Este cúmulo de factores imprime un fuerte carácter vocacional y hace que la venta de una obra de arte pueda considerarse, en cierta manera, también una forma de arte. Un arte para el que parecen mejor dotadas las mujeres como demuestra su creciente presencia en este mundo”.


Así pues, ya lo sabemos: hay cosas para las que están más dotadas las mujeres que los hombres.


Y conviene recordar que:


Después del mandarinato de Juana Mordó en España, el mundo real del arte estuvo desde finales de los setenta muchos años en manos de Juana de Aiizpuru, María Corral, Cármen Jiménez, Helga de Alvear, Soledad Lorenzo, Elba Benítez, Elvira González, Oliva Arauna, las Moriarty, Oliva María, Rosa Martínez, Estrella de Diego, Evelyn Botella, Rosa Olivares, Pilar Parra, Marta Cervera, Elena Ochoa, Ana María Guasch... Ellas lo controlaban TODO, ellas configuraron el panorama que representaba el arte español y foráneo en nuestro territorio. Y diseñaron la estrategia de expansión. Ellas impusieron su criterio, algo contra lo que no hay nada que objetar, digo yo. ¿O sí?

sábado, noviembre 26, 2016

Sobre la Igualdad

Sobre la Igualdad

¿La Igualdad? se pregunta uno. ¿Qué contestar?

La verdad es que resulta complicado responder a una pregunta cuya única respuesta posible admitida socialmente sólo puede ser una, valga la redundancia; a saber: la que utiliza ese mismo concepto desde la afirmación asertiva; la que no admite dudas acerca de su reivindicación; la que no admite disidentes en ese rechazo de la duda que conlleva toda pregunta. No existe la posibilidad de duda si la respuesta sólo puede ser una. Sólo es posible cabecear en positivo ante ella. Para nuestra época la Igualdad es sí o sí, y no existe posibilidad de disidencia; no existe en ningún caso la posibilidad de análisis semántico. “¿Para qué?”, se preguntan los adalides de la Corrección Política, ya la lleven puesta de forma explícita o de forma implícita.  

Así, no hay duda de que tanto la Opinión Pública como la Opinión Publicada, esto es, la emitida socialmente, tienen claro qué hacer con el concepto Igualdad: reivindicarlo ferozmente siempre fuere como fuere, por mucho que la pregunta, así planteada (¿La Igualdad?), pudiera quedarse siempre corta por incompleta. Son cosas de la Corrección Política: no mostrar fisuras en la asertiva estrategia cortando por lo sano desde la misma abstracción del concepto. La Igualdad -así en genérico y en abstracto- es para Ella, la Corrección Política, el fín último, esto es, el primer objetivo. ¡Pero no tanto en cuanto a su posible aplicación a la misma sociedad se refiere!, cosa imposible además de indeseable*, sino en su objetivo real, que no es otro que el de inocular la misma reivindicación feroz de esa Iguadad en nombre del Bien Supremo. En el mercado de las ideas regidas por la Corrección Política (que son prácticamente todas en la medida en que las ideas privadas no acceden a la Opinión Social) no existe la posibilidad de afinar, matizar, limitar el concepto Igualdad porque todas esas acciones serían vistas como enemigas del fin último de la estrategia. ¡Ay de quien se atreva a poner en duda la univocidad del término más allá del círculo privado!

¿Cuál ha sido el resultado después de 40 años de imposición ideológica? Pues el resultado previsto, que no es otro que el buscado por la misma estrategia que conlleva toda política impositiva. Y una estrategia, según el Léxico de Filosofía de Jacqueline Russ,  es el “el conjunto coherente de acciones destinadas a producir un resultado determinado, a eliminar al adversario, etc.; arte y habilidad para dirigir un asunto”.

Desde luego que en el caso que nos ocupa la coherencia es un aspecto definitivo. La psicótica reivindicacón de la Igualdad sólo puede obtener éxito desde un férreo control de la Opinión Pública y Publicada. Y esto es sólo es posible a través del Puro Control, que en este caso (como en otros de parecido fundamento) se ejerce, como digo, en nombre del Bien Supremo… pero siempre desde el Poder Omnívodo, desde ese Poder que sólo sabe expresarse desde el Pensamiento Único; desde ese Poder que no admite disidencias. desde ese Poder más preocupado por “eliminar adversarios” que de solucionar el problema, pues como ya hemos apuntado otras veces, la única forma de luchar contínuamente contra la Desigualdad -desde la Corrección Política- es dejando que ésta no deje de existir.

Pero insistimos ¿cuál ha sido el resultado? Pues ahí está a la vista de todos: que la Diferencia sigue manifestándose en la vida real con una naturalidad pasmosa (ver Nota), tan pasmosa como ajena a los desencajados rostros de todos aquellos que no ven más allá de la ideología impuesta por un Poder nada inocente, entre otras cosas porque toda imposición se ejerce desde la tiranía y el despotismo (e incluso desde algo mucho peor, la perversa incultura y la maléfica ignorancia). Porque la Diferencia cristaliza en la sociedad con absoluta indiferencia hacia los Institutos de Mujer y las Consejerías de Igualdad.

Igualdad es, precisamente, aquello que no puede ser con independencia de sus posibilidades (siempre ambiguas debido a verdadera imposibilidad última), y Diferencia es, precisamente, aquello que por asentarse como única posibilidad de relación social -tanto en el sujeto en general como en el sexuado en particular- habría que aprender a gestionar. Algo que, no haría falta decirlo, nada tiene que ver con la igualdad de derechos (estamos hablando de igualdad de géneros por lo que al comportamiento entre ellos o hacia ellos se refiere).

Además, hablar en nombre del Bien para justificar una estrategia, es decir, asociar de forma arbitraria el concepto Igualdad al concepto de Bien, no deja de ser lo mismo que lo que hacía en antaño el estamento religioso cuando justificaba sus actos inquisitoriales en nombre de Dios. Y más aún si ha sido el propio pensamiento políticamente correcto quien lleva más de 40 años desdibujando las fronteras entre el bien y el mal a través del Pensamiento Académico (tesis, ensayos, ficción literaria, arte…) y desde la nueva Narrativa Audiovisual.

Dicen que todo es un problema de educación. Cierto, pero no estaría de más que desde ella se abrieran nuevas vías para abordar un problema que, como vemos día a día, permanece incólume. En efecto, sólo la educación permitiría señalar como fracasada una estrategia que se regenera a sí misma en función de los consecutivos fracasos. De hecho las noticias que hacen referencia a las funestas consecuencias derivadas de los problemas de género no hacen otra cosa que insistir en el fracaso persistente cada vez que magnifican las cifras que lo demuestran. Quizá entonces, y aceptando que se trata de un problema de educación, pudiera aceptarse otra vía que estuviera fundamentada en análisis menos prejuiciosos. Y tal vez así, diéramos entrada al concepto de Diferencia (tan factual como inevitable) y pudiéramos centrar la educación en el aprendizaje de la gestión de esa Diferencia.

En el Léxico de Filosofía, antes citado, dícese del concepto: Diferencia: Relación de alteridad entre dos cosas que tienen elementos idénticos. La verdad es que resulta difícil encontrar frases tan bellas como la que propone esta definición de Diferencia. Aristóteles dijo algo parecido, “Se llaman diferentes cuantas cosas son otras siendo en cierto modo idénticas”.

*Para saber si cualquier sociedad cree o no en la Igualdad como verdadero fin último no hay más que preguntar a unos padres con hijos en edad adolescente. Aquello padres que tuvieran hijos esforzados desearán con todas sus fuerzas que sus hijos no acaben teniendo la suerte de aquellos otros adolescentes que no hubieran pegado un palo al agua. Y si la suerte es lo que está en juego es porque las Igualdad además de imposible resulta indeseable. Siendo entonces la asunción de la Diferencia aquello a partir de lo cual puede afrontarse, con mayor sensatez, los asuntos relacionados con la Justicia/Injusticia. En cambio, si sólo se habla de Igualdad todo acabará conteniendo, inevitablemente, un sesgo de injusticia. Algo que pone cachondos a los practicantes y defensores de la Corrección Política. De todas formas no nos engañemos; cuando los políticos hablan de Igualdad sólo lo hacen o por votos o por dinero.
Y les funciona a la perfección. De ahí que muestren ese frontal rechazo a todo aquello que cuestione el concepto Igualdad.

Nota. Estaría bien que la gente reflexionara acerca de la ingente cantidad de niñas adolescentes que estos días pasados hicieron eternas colas (durante meses incluso) para poder ver de cerca a su héroe, un mierdecilla como Justin Bieber, un tipo que se lió a mandobles con sus fans una vez acabado el concierto.

martes, octubre 18, 2016

La forma y el concepto



La forma y el concepto

O la angustia, que también podría ser.

Desde un tiempo a esta parte han ido apareciendo unos dibujos en las paredes de las calles de Monteolivete (6 que yo haya contabilizado de momento). ¿Unos dibujos? Sí en la medida en que son formas realizadas teniendo la línea como fundamento. ¿Sólo dibujos? Eso ya no está tan claro porque se encuentran realizados en espacios públicos, en vías transitables por ciudadanos de a pie. ¿Graffitis entonces? Puede, pero tampoco está tan claro, sobre todo habida cuenta de los que “adornan” generalmente las calles de la urbe, que casi en su totalidad no son otra cosa que representaciones narcisistas realizadas por “niños” que se aburren. Algunos de ellos generados por necesidades estetizantes algo grotescas y otros directamente provocados por necesidades reivindicativas psicopáticas (tags).

La zona donde se ubican estos dibujos se encuentra limitada por Ruzafa y el Ensanche, así entre una zona hipster y una zona burguesa. Zona repleta de graffitis cuya única razón de ser es aquello que sirve para justificarlos: las necesidades de los adolescentes por expresar lo que al parecer no les dejan decir los mayores. Digo yo. ¿Y qué expresan con esos graffitis? Respuesta: nada.

Nada al menos que pudiera servir para provocar la reflexión del viandante, que sería en principio eso por lo que nació la necesidad de expresarse en espacios públicos, o bien a través de un estilo muy personal y repetitivo o bien a través de conceptos que jugaban con la ambigüedad con el fin de provocar esa reflexión. Nada que ver con las suciedad de los tags, que es aquello que predomina en el triángulo citado.

A veces aparecen, es verdad, graffitis que sin duda pretenden ser la obra de una artista. Aquí en Ruzafa pasa de vez en cuando pero no dejan de ser, la mayoría de las veces, más que ejercicios de estilo que derivan siempre en cierto manierismo. 



Estos dibujos son otra cosa. Al menos eso a mí me parece. No sé qué me quieren decir, pero tengo la convicción de que algo me quieren comunicar. Nada parece casual en el dibujo formado por dos formas diferenciadas pero claramente interdependientes. Tampoco parece casual la pose del antropomórfico falo que, plantado, se encorva de forma lánguida hacia adelante, como cansado, agotado. ¿Agotado? Sin duda, como demuestra esa otra forma cuyo significado tampoco está del todo clara: no se sabe bien si se trata de una gota de esperma o de un simple “bocadillo”. En cualquier caso, ese falo adulto, encorvado y cansado nos pide ayuda. ¿Se la podremos ofrecer?






viernes, septiembre 30, 2016

Arte y Mercado (Valencia)

A propósito del último “Abierto valencia”, evento en el que durante 2 días todos los centros expositivos de arte se juntan para promover el interés (?) por el Arte Contemporáneo.


Parece ser que tanto las Instituciones como los propios artistas, tan proclives estos a retozar en los brazos de aquellas, no acaban de entender muy bien qué pasa con el Arte. O más bien no acaban de entender qué es lo que no pasa.

La idea que del Arte que hemos ido teniendo durante cerca de 250 años es impropia de la actualidad.  Ver: http://www.jotdown.es/2013/04/el-hoy-del-arte/

O por decirlo de otra forma: la idea de un Arte fundamentado en una Historia escrita y descrita (sólo) por expertos es de un anacronismo delirante. Otra cosa, insisto, es que sean los voluntariamente implicados en el asunto quienes no quieran darse cuenta del insultante anacronismo. A lo expertos (comisarios, directores de museos, multimillonarios aburridos, técnicos de Consejerías, galeristas…) les sucede esto debido a las inercias y las necesidades autogeneradas, y a los artistas (tanto los jóvenes como los maduros) por voluntarismo ingenuo o por necesidad o por nostalgia.

Internet es un pozo sin fondo en el que cohabitan lo más zafio y lo más sublime por lo que a la creación artística se refiere. En cualquier caso prácticamente TODO se encuentra al alcance de TODOS. ¡Y sin jerarquías ni discriminaciones!, términos con los que durante 250 años se fundamentó una selección que impuesta por los expertos (?) pretendía ser la perfecta representación del Espíritu de cada Época. Nada menos.

Ya no. Ya no. Eso se acabó.

No hay “ser digital” que se avenga a creer que la obra de los artistas que le señala el galerista de la esquina o el comisario ideologizado o el director de museo preocupado por los números sea, ¡o casualidad!, la que valdría la pena tener en casa con la esperanza de que algún día pueda confirmarse el acierto de la compra. Sobre todo si teniendo veleidades artísticas o culturalistas ese “ser digital” sigue a 178 artistas marcados como favoritos en su dispositivo digital. 178 artistas que ¡no tienen ninguna presencia en en lo que aún sigue presentándose como Arte!... por quienes se creen todavía configuradores de la verdad artística, desde una Institución perclitada (de la que sólo queda el vestigio vinculado a la política pura y dura).

La sensación que a la postre tal situación produce es que sólo un idiota podría tomarse en serio lo que “cuatro” galeristas siguen haciendo. Y a las pruebas me remito: a sus quejas y a sus denodados intentos por cambiar esa inactividad mercantil. Diera la sensación, pues, de que los vendedores de Arte no se hubieran enterado de los cambios acaecidos en el mundo durante el transcurso de los últimos 15, de que el mundo ni se parece a lo que era antes de esos 15 años; diera la sensación de que quienes son sabedores del profundo cambio de paradigma -económico, político, social- sufrido en estos últimos años no quisieran saber nada del nuevo paradigma que rige en el mundo de la creación artística; diera la sensación de que para ellos aún no hubiera quebrado Lehmann Brothers; diera la sensación, en definitiva, de que no se hubieran enterado de la existencia de internet y de las consecuencias de esa red sobre los “seres digitales”, nativos o no.

Y ya digo, es una sensación, sólo una sensación.

Y en una ciudad de provincias como es ésta, Valencia, la sensación es todavía más intensa.

Y quien dice una ciudad como ésta dice una ciudad como aquella, porque ¿qué es Madrid al lado de los verdaderos centros neurálgicos donde aún se cocina la lista de los 40 principales del Arte a pesar de encontrarse en franca decadencia la misma idea de Arte (tal y como se ha entendido durante 250 años).

Y por supuesto que no se trata de dudar ni un ápice de la obra que esos galeristas se proponen vender, sino de dudar de la mayor si de lo que se trata es ¡de hablar de comercio! Puede que internet no sirva para comprar un tapies -sobre todo a un ser con mentalidad analógica- pero funciona perfectamente para comprar directamente piezas originales y creativas sin que nadie nos tenga que comer la oreja respecto al futuro del artista. Entre otras cosas porque es al artista a quien se compra directamente en internet, que esa es otra (o la misma). Ya lo decíamos más arriba, parece ser que es dentro del mismo Arte donde precisamente menos se acaba de entender qué es lo que pasa en el Arte mismo.

El intermediario de venta provinciano es lo primero que cae en un juego que pretende mantener las pautas de actuación antiguas en un mundo absolutamente nuevo.

Otra cosa sería hablar de la relación de los artistas con las Instituciones políticas. Para otro momento. En cualquier caso, y para avanzar respecto a lo que vendrá en otro texto, debo rectificar la frase que abría éste mismo: los galeristas en general y una mayoría de artistas no se han enterado muy bien qué es lo que pasa con el Arte, pero quienes sí lo saben a la perfección son las Instituciones (inevitablemente políticas en mayor o menor medida) y algunos artistas sumamente espabilados, pero l´ogicamente reaccionarios.

domingo, septiembre 18, 2016

Como un torrente

Decisión proviene del latín decisio y así lo define el diccionario: acción de zanjar una cuestión discutida, solución.

Resulta muchas veces curioso el uso que de las comas hacen los diccionarios. ¡Quién me lo iba a decir a mí! El término decisión perfectamente asociado al de solución. Así, para tomar una decisión tenemos primero que considerar la existencia no tanto de una duda como de un problema, pues supuestamente se ha discutido una cuestión. La pregunta que me inquieta es, ¿Puede entonces tomarse una decisión que no haya pasado por una previa discusión? O mejor, ¿puede existir en la inacción -de la inexistente discusión- algún tipo de decisión sensata posible?

Elección, del latín electio: Decisión por la que se muestra preferencia o se toma partido por una cosa, eligiéndola en detrimento de otra.

Aquí resulta más claro; la elección es una decisión a la que lo le hace falta discusión alguna. Uno elige porque le da la gana y lo hace sabiendo aquello a lo que reniega. Así la la elección tiene un valor soberano para el sujeto activo, dejando que lo elegido pueda permitirse el lujo de ser todo lo neutro que quiera. Elegir es una apuesta y como tal contiene siempre un punto de riesgo.

Decepción. Es un sentimiento de insatisfacción que surge cuando no se cumplen las expectativas sobre un deseo. Se forma en unir dos emociones primarias, la sorpresa y la pena.

En efecto, la definición de decepción no me habría sido válida sin la inclusión del término sorpresa, porque lo de la pena se daba más que por supuesto. Yo añadiría que la sensación que padece una persona decepcionada es la de permanecer sorprendida e inmóvil, digamos que atado, ante un torrente, digamos que de agua, que no le permite ni abrir la boca, so pena de ahogarse por querer respirar. Pena, eso sí, ligada al dolor y el sufrimiento que son ajenos a toda decisión.

Post Scriptum. Hemos dedicado 3 post a hablar de Richard Rorty y su concepción populista de la filosofía. Pues bien, una de esas reivindicaciones de las que el filósofo alardea tanto y que tanto gusta a sus acólitos bienintencionados es la que consiste en preferir disolver los problemas antes que resolverlos. Yo, de nuevo, estaría en franco desacuerdo con él. Pero hay muchos más rortyanos de los que nos creemos. Y al parecer no les va mal porque no hay mejor forma de disolver un problema que ignorándolo. No deja de ser una elección. Rajoy lo lleva haciendo hace muchos años y le funciona perfectamente. Despreciable.

viernes, septiembre 16, 2016

Richard Rorty III

Tercera parte
Es claro que Rorty tiene muchas veces razón en lo que dice, a veces debido a su indudable talento, pero otras debido al hecho de expresar su pensamiento más profundo con perogrulladas. Y no tanto por expresar lo que todo el mundo sabe cuanto por expresar lo que toda persona de “buena voluntad” parece que quiere escuchar. Sería lo que bien traído ahora podríamos llamar un filósofo populista, con su propuesta pragmática de la antifilosofía… De hecho uno de sus intereses más conspicuos es el de hacer prevalecer las afirmaciones que se expresan en nombre de la opinión sobre aquellas que lo hacen en nombre del conocimiento.

Tengo para mí que este afán por defender “lo llano” Vs. “lo profundo” no es más que el producto de un resentimiento no superado. Así, gran parte de las ideas que el pensador expresa de forma simple serían, para mí, el producto de una vendeta contra todo el campus universitario anglófono que en su momento estudiantil le hizo pasar por la piedra. Es cierto que el mismo Rorty parte de los insultos de los filósofos analíticos para después darles la vuelta, pero eso es precisamente lo que empequeñece su discurso; hubiera podido aprovechar esa debilidad que siempre contiene el insulto para elevarse y contestar con una elegancia desproporcionada, la que por otra parte podríamos exigirle a todo ideólogo populista.

No puede entonces conformarse con darle la vuelta al aserto. Ciertamente uno podría estar a favor de las opiniones -en tanto que formas de desarrollar el intelecto y por oposición a esa otra forma que sería la del conocimiento profundo- si previamente alguien se encarga de afirmar que el conocimiento profundo es, tal y como apuntó Platón, una creencia cierta y justificada. Pero la cosa es que, excepto algunos analíticos recalcitrantes y obsoletos, ya nadie cree que el conocimiento pueda sólo entenderse de una sola forma. Y la verdad es que las opiniones no pueden ser más que pura cháchara al lado de un Saber que busca aproximarse a la verdad, por muy conscientes que seamos de lo ilusorio de tal pretensión.

De hecho es el propio Rorty quien, cuando se descuida y pierde de vista su estrategia mediática, dice que “entender algo mejor significa tener algo más que decir acerca de ello; ser capaz de engarzar las diversas cosas que se habían dicho previamente de una forma nueva y comprensible”. No puedo estar más de acuerdo con él, pero no veo que los adverbios “más” y “mejor” sean propios de un relativista convencido, más bien al contrario los veo incoherentes. De la diferencia de grado que suponen los adverbios comparativos se colige que esa distinción que opone el estar en lo cierto con el generar lecturas nuevas y más imaginativas responde a una pose, la que él filósofo se ha marcado, precisamente, en base a su estrategia de filósofo profesional. Porque si resulta imposible estar en lo cierto resulta imposible estar más o menos cerca de lo cierto.

También a grandes rasgos estaría de acuerdo con Rorty en lo que respecta al hecho de tener que entenderlo todo como un relato que construímos más con la imaginación que con la ciencia, pero para eso me quedo con el trabajo de Jesús González Requena y su Teoría del Texto. No está mal eso de que en el fondo todo pueda ser relato, pero me seduce más la idea de que todo sea texto y que no cabe otra cosa que hacer que lecturas oportunas de todos los textos, y además de la forma más materialista posible. Creo que es la mejor forma de poder ir conociéndonos. 

jueves, septiembre 15, 2016

Richard Rorty y la Filosofía II

Segunda parte
...
Y aunque Rorty se considera un pragmatista todo su pensamiento se fundamenta en sustituir la “relación entre sujeto y objeto” por “teorías contextualistas relacionales”, y en reivindicar una suerte de “nominalismo”, asumiendo que “ninguna descripción de un objeto es más fiel a la naturaleza de ese objeto que otra”.

¡Hay que ver cómo les gusta a los nominalistas regocijarse en la incapacidad del sujeto por acercarse a una verdad que pudiera ser más verdadera que otra!, incluso aun cuando pudiera aceptarse con naturalidad la existencia de una naturaleza específica del objeto, la que los sujetos somos incapaces de conocer. Según el mismo Rorty.

Lo decíamos más arriba, lo que caracteriza principalmente a quienes reivindican los relativismos derivados de cierta idea del mundo (nominalista, pragmatista…) es el buenismo que siempre e inevitablemente emana de ellos -en tanto que sujetos que afirman, y además categóricamente- ante un interlocutor que sin duda será alguien en concreto (su lector, su alumno, su espectador). Esto es, precisamente, lo que al pensador relativista le impide ser consciente de la cantidad de perogrulladas que trufan su discurso, las que siempre profiere con aire tan dogmático como autocomplaciente. El goce del relativista no provendría tanto de poder decir “si seguís mi discurso podríamos eliminar, por ejemplo, los problemas de xenofobia”, que también, cuanto del goce que le supone creerse el verdadero instigador de la única forma de bondad posible.

En sus intentos de descalificar a los filósofos analíticos Rorty dice “Consideran importante ceñirse a la metáfora de ‘estar en lo cierto’ porque les parece una debilidad moral reemplazarla por el ideal de ‘volver a describir las cosas de una forma más imaginativa’”; o bien hablando como un pragmatista puro: “el progreso moral no es cuestión de una obediencia mayor a criterios previos sino más bien de redescribir la situación a la situación a la que se aplican criterios”. ¿Ven ustedes? éstas son las cosas que ponen cachondos a los relativistas porque saben, entre otras cosas, que se han ganado el afecto de millones de personas cuya cultura proviene únicamente de la lectura de azucarillos o de sus ingenuas ansias de igualitarismo, etc. Que existan criterios previos es tan inevitable como tener prejuicios. Sin criterios previos no se puede ni generalizar.

El problema comienza cuando para gustar tanto a "su" público recurren al truco más zafio de toda dialéctica: ante la necesaria dicotomía que el mismo pensador propone para inducir al lector a decidirse por la “buena”, que claro está es la suya, siempre describen la posición contraria de la forma más maniquea y ridícula posible. ¿Lógico? Puede que para un político sí, pero no para un pensador no.

¿Pero es que acaso no lleva razón Rorty? Pues sí y no simultáneamente, pero nunca jamás sólo “sí”, sobre todo si nos atenemos a la propia filosofía del pensador, que no admite vías únicas. “Estar en lo cierto” no tiene por qué ser incompatible con “volver a describir las cosas de una forma más imaginativa”, sobre todo, insisto, si aceptamos que la filosofía es, tal y como reivindica ferozmente Rorty, “su tiempo captado en el pensamiento”. Por otra parte, ¿acaso sería posible una obediencia mayor a un criterio en constante y permanente estado de redescripción? Pues no, es una locura más bien propia de un buenismo juvenil ignorante, pero no de un pensador profesional.

Resulta casi descorazonador escuchar frases como la que sigue: “La verdad es atemporal y eterna,sólo que nunca se sabe muy bien cuándo se está en posesión de ella. La veracidad, en cambio, es temporal, contingente y frágil, como la libertad”. Parece el aserto de un estudiante animado a ligar con su compañera de clase. Casi estamos a punto de oír que no es lo mismo libertad que libertinaje. En cualquier caso afirmar que la verdad es atemporal es darle crédito de existencia… a pesar de nuestra demostrada incompetencia a la hora de detectarla.

Pero como digo Rorty no ceja en su empeño de reivindicar el nominalismo: “un nominalista coherente no puede tolerar una organización jerárquica del reino de la mente pensante que se corresponda con una jerarquía ontológica”. Claro, la pregunta nos abrasa, ¿coherencia? ¿No es la coherencia lo único a lo que no puede acceder un relativista convencido? Nada puede ser coherente en un mundo en el que no existen “naturalezas intrínsecas” y sólo hay “descripciones identificativas”, pues como bien sabemos la misma contingencia es incompatible con toda posibilidad de coherencia. Y nadie puede ser coherente si renuncia “al proceso de jerarquización” para reemplazarlo (como también harán Gadamer y Habermas) “por la idea de una conversación libre de dominación…”. Y ya hemos topado con la iglesia, mal que le pueda pesar a Rorty. !"Conversación libre de dominación"!

Post Scriptum. Últimamente se me aparece mucho por televisión una mujer que mirándome fijamente a los ojos me dice "Un estornudo y una pérdida de orina. ¿Te suena?". Pues qué quieren que les diga: la verdad, no me suena.

miércoles, septiembre 14, 2016

Richard Rorty y la Filosofía

O Filosofía y Futuro, primera parte

¿Qué papel tendrá la Filosofía en el futuro?

Veamos si analizando a uno de los pocos filósofos manifiestamente preocupados por el asunto logramos extraer alguna conclusión.  

Rorty es un filósofo educado en esa extraña variante de la filosofía eminentemente anglófona: la filosofía analítica. Pero que nadie se lleve a engaños, Rorty rápidamente encontró motivos para apostatar del cientificismo obcecado que le enseñaron en Princeton y se dedicó a reivindicar, de forma más o menos perseverante, esa otra filosofía a la que tanto gusta la literatura comparada: la filosofía continental.

Para Rorty, por decirlo sin rodeos, la profundidad del entendimiento de algo no nos aleja de la apariencia -de ese algo- y mucho menos nos acerca a la realidad -de ese algo. Por eso, como heredero de Gadamer que se siente, Rorty prefiere las metáforas de la amplitud a las metáforas de la profundidad. O por decirlo en otros términos: para Rorty el mayor o menor entendimiento de algo no no radica en la distinción clásica entre apariencia y realidad porque eso nos conduciría irremediablemente -una vez más- a un sistema filosófico metafísico o pseudometafísico. A Rorty no le gustan los sistemas filosóficos que él mismo define como abarcadores en el sentido que pretenden encontrar respuestas inmutables, o en todo caso, respuestas que puedan ser cada vez más verdaderas. Para Rorty esto es inadmisible.

Así, por una parte se enfrenta a los filósofos de “su sangre”, tan científicos ellos, aun cuando acepte que más allá del lenguaje no hay nada. La física cuántica le interesa mucho menos que Milton, por decir algo, pero tampoco le interesa demasiado Platón, por producir una teoría pretendidamente abarcadora. Por otra parte Rorty gusta del axioma hegeliano cuando no se cansa de repetir que la filosofía no puede ser más que “su tiempo captado en el pensamiento”. Y por tanto “el sentimiento de la obligación moral depende menos de la comprensión que del condicionamiento”. Ya ven, de nuevo la preferencia por lo inestable -que es inevitable- antes que la del supuesto conocimiento. Lo inevitable es para Rorty la pura contingencia.

Todo lo que aspire a verdad alguna es despreciado por el filósofo. Tal es su rechazo por lo que entendemos como conocimiento que llega a afirmar que “en el centro de la filosofía hay un esfuerzo por encontrar un orden entre las cosas que ya nos son familiares, mientras que la literatura intenta romper con lo familiar y darnos algo sorprendente y nuevo”. Y después asocia el término conocido a la filosofía y el de desconocido a la literatura, que sin duda ve como superior. Y de ahí que haya acabado siendo profesor de literatura comparada… en el viejo continente. E insiste: “la filosofía es conservadora y sobria, mientras que la poesía es radical y exploradora”.

Resulta curioso comprobar el grado de autosatisfacción que contienen los pensadores que se autodenominan relativistas. Cuando lo que hace un relativista es, siempre e ineluctablemente, y casi diría que exclusivamente, expresar perogrulladas. Así, expresar cosas que son ciertas pero que sabe cualquiera. En cualquier caso lo suficientemente ciertas como para pensar que, después de todo, sí existen ciertas certezas, ciertos contenidos verdaderos, o más verdaderos que otros, cierta sensatez...