miércoles, abril 14, 2010

La maldad de la ignorancia voluntaria

En un programa de televisión Lucía Etxebarría ha representado una vez más su papel, el papel, todo se ha de decir, que representan todas las mujeres que salen por televisión cuando tocan el tema de la mujer en tanto que género, en tanto que género opuesto al otro, claro; ha representado el papel que representan todas las mujeres que sienten la necesidad, ante el tema en cuestión, de incriminar a ese otro género al que consideran canalla por hegemónico; ha representado, pues, el papel que representan todas las mujeres que salen por televisión o que se expresan a través de cualquier medio de comunicación cuando hablan en nombre de la mujer; ha representado el papel de quien, con independencia de ideología alguna, debe decir, en cualquier medio de comunicación, que las sociedad es machista y que la mujer es víctima de aquel a quien responsabilizan de esa sociedad machista. Da igual el estatus social, económico o cultural de la mujer que se expresa en un medio de formación de masas, la cuestión es que la mujer representa siempre su papel. Ésta es la Pura Opinión Pública del hoy respecto a la mujer en tanto que género (opuesto al hombre); no caben disidencias, no caben actos conciliadores: la mujer es siempre y en cualquier caso víctima del “otro” género, el maligno. Y así como cada mujer es cada mujer (nada más faltaba), no hay hombre que pueda no representar al incriminado conjunto de su género.

Lucía Etxebarría ha representado por tanto el papel de quien, por cuestión de género, se encuentra a la ofensiva por considerarse, antes que nada, una víctima; la víctima de un complot; el complot perfectamente organizado por el conjunto de personas de su género opuesto, el que de forma tácita pero subrepticia se han conjurado contra la mujer para procurarle todo tipo de males. Porque ese es para las mujeres el hombre del hoy. Lo vemos a diario en todas las opiniones que se vierten al respecto en todos los medios, es una cuestión pura de Opinión Pública. Y en esas estamos desde hace ya unos cuantos años.

La tesis de Lucía: que el hombre es culpable de que se publiquen pocos libros escritos por mujeres. Y para argumentar su tesis, esa tesis que nace del odio cuando no del resentimiento, la buena de Lucía usa los números estadísticos. Probablemente confundiendo, por ignorancia voluntaria, los números con los argumentos. Confusión, todo se ha de decir, que demuestra que su fundamento es, efectivamente, el resentimiento.

Los números: Lucía Etxebarría dice que el 56% de la población está compuesto por mujeres, pero que sólo el 18% de lo publicado se encuentra escrito por mujeres. Su conclusión, claro, no prevé nada que no culpabilice a los hombres de esa realidad expresada a través de un dato estadístico. (Por cierto, con “argumentaciones” como ésta es como se consigue adjuntar a un sustantivo su adjetivo más popularmente indisociable. Es así y sólo así que la sociedad es una “sociedad machista”: porque hay menos escritoras que escritores, y supongo que también porque hay menos barrenderas que barrenderos (¿) y menos fontaneras que fontaneros (¿). El adjetivo más popular, esto es, más comercial. El epíteto: cuando se habla de género no hay sociedad, sólo hay “sociedad machista”. La sociedad, para ellas, para las mujeres que expresan públicamente su opinión, no puede no ser machista).

Para Etxebarría los números lo dicen todo y lo que dicen es aquello que ella desea que digan: que los hombres han organizado un complot (tácitamente asimilado por la totalidad del conjunto) que consiste en ningunear, despreciar y humillar a la mujer. Negándole la posibilidad de publicar libros como sin embargo sí lo hacen los hombres (malos). Y quien dice publicar dice vender, soldar, remachar, pilotar, consolidar, componer, arrestar, etc. Y quien dice libros dice ramos de flores, yates, soldaduras de plomo, vinos, sábanas de lino, etc.

Pero, ¿qué hombres son esos que sin haberse intercomunicado ni reunido para marcar los destructivos objetivos (que la mujer no publique), después cumplen sin embargo a la perfección esos objetivos?, ¿qué hombres: los editores, los propios escritores, los lectores, los carpinteros, los ancianos?; ¿por qué querrían todos esos hombres despreciar a la mujer escritora? Pero, sobre todo, insisto, ¿quiénes son esos hombres (de la inevitable sociedad machista) que pueden tener como objetivo el que la mujer no escriba o publique? La pregunta no es baladí, pues no resulta tan importante qué consiguen esos perversos castradores cuanto quiénes son. ¿Qué hombres son: los que leen o los que no leen? Si son los que leen, ¿por qué? No alcanzo a encontrar un porqué verificable. ¿Y quiénes de esos que leen, los que leen las novelas históricas, los que leen a Javier Marías, los que leen a Soledad Puértolas? Si son los que no leen, ¿por qué? ¿Y quiénes de esos que no leen? Y digo que lo importante es saber quiénes son porque sólo conociendo los apellidos de esos canallas podríamos fijar verdaderamente el hecho machista, que en principio sólo a Lucía E. atañe y sólo para ella existe, pues se trata de una afirmación individual no cotejada. Y además sólo así podría la buena de Lucía E. hacer algo para atajar el problema, que es lo que al parecer le gustaría, ¿no?.

Se sabe, además, que el 65% de la gente que lee son mujeres. Así, seguimos: ¿qué hombres son los que hacen ese tremendo esfuerzo consistente en fastidiar a las (potenciales) mujeres literatas?, ¿se trata de fastidiar a las mujeres que quieren ser escritoras negándoles su afición o se trata de fastidiar a las escritoras que quieren publicar y no pueden?, ¿se trata quizá de fastidiar sólo a las mujeres que son buenas escritoras o de fastidiar a las que no tienen espacio en ninguna editorial? La editora de Lumen (que es mujer) dice que cuando llega un manuscrito escrito por una mujer a la editorial cuenta con ventajas añadidas debido al hecho de ser mujer, pero después no se posiciona respecto a lo que eso puede querer decir respecto a las cifras conocidas (56%, 18%). Lo que diga la mujer (en este caso la editora de Lumen) no trasciende en el asunto del problema de género si no sirve para apoyar la causa activista, la que afirma que la sociedad es machista. Es más, aunque los argumentos demuestren contradecir la causa, no se moverán ni un ápice las voces de la Opinión Pública. Las mujeres han hecho de su lucha una forma de vida y ya no pueden renunciar a los beneficios que les proporciona.

Cuando Lucía afirma que esa desproporción en los números tiene como causa la sociedad machista lo que hace es, como digo, representar el papel que representan todas las mujeres cuando hablan de sí mismas en tanto que género. Y poco importará la verdad de sus afirmaciones, porque lo que importa de lo dicho es lo que se trasluce de sus palabras, no el contenido de verdad de las mismas. Por eso, como decía más arriba, nadie fija el hecho de afirmaciones como ésta (que las hay a cientos a diario), porque lo rentable de la afirmación se encuentra en la misma queja.

¿Qué hombres, entonces, son quienes sustentan ese complot asimilado en la sociedad (machista) y qué pueden pretender despreciando a la mujer escritora?, ¿son los editores que saben que las mujeres leen más que los hombres?, ¿o los lectores (que son lectoras mayoritariamente) que se han organizado para ningunear a las escritoras por causas muy misteriosas? ¿Quiénes son esos hombres que logran que en literatura la sociedad sea machista: los editores en general o los editores imbéciles?, ¿los padres que alientan a escribir a los niños pero no a las niñas? ¿Por qué nadie se queja de que desde hace 30 años haya más universitarias que universitarios?

Da lo mismo, mientras haya gente que se dedique a mantener viva la llama del victimismo debido a la rentabilidad que supone, la queja indiscriminada sólo servirá para mantener activo el problema.

Así se fomenta la guerra: “argumentando” con la irracionalidad del (re)sentimiento y conculcando ese (re)sentimiento. Algo que sólo se consigue con el ejercicio de una ignorancia voluntaria, maliciosa.

3 comentarios:

juan diez del corral dijo...

En estas llegó Bibiana:
http://www.elmundotoday.com/2010/04/el-ministerio-de-igualdad-encarga-un-estudio-sobre-el-amor/

Anónimo dijo...

jajaja

Poussino Berlingieri dijo...

Exactamente, ¿cómo es que nadie se queja de que en España se matriculen más universitarias que universitarios? Seguro que compranmás libros que los hombres,seguro que piensan(o estudian)más que los hombres... nadie. Por tanto suscribo de nuevo su artículo: la queja es el último recurso de la mujer que ha entendido mucho mejor que el hombre, que su nuevo proselitismo antimachista le beneficia más que a ellos. Su nuevo rol: tiñosas, quejicas.