sábado, octubre 03, 2015

A quien pueda no interesar

A quien pueda no interesar

Son las consecuencias de lo interesante desde el punto de vista categorial: que todo lo vale lo mismo. Así, decir "a quien pueda interesar" es exactamente lo mismo que decir "a quien pueda no interesar". No hay otra. Ya lo decíamos en otro post: todo resulta interesante salvo a un cretino. Además, lo sabemos, este blog está escrito, afortunada o desgraciadamente, para muy pocos lectores. No por voluntad propia, desde luego, pero sí por inevitabilidad. Nada me produce más satisfacción que abrir mi blog y comprobar que nadie comenta mis textos. Otra cosa sería hablar del número de lectores. El caso es que este post está escrito para todos aquellos a quienes pudiera no interesarles nada de lo que en él digo.


1.El otro día me encontré un amigo de confianza. No lo veía desde hace unos 3 o 4 meses, así que nos lo tomamos con calma. Más allá de expresar esa vitalidad que siempre le caracterizó lo cierto es que algo en él le hacía parecer desconcertado. No me hizo falta preguntarle, de hecho no tardó mucho en abordar el asunto. "No entiendo muy bien lo que me está pasando -me dijo extrañado-, ya sabes que no soy persona a la que le guste hablar de temas personales, pero es que lo que me está pasando desde un tiempo a esta parte me tiene confundido...". Y después de estirar brevemente esta introducción dijo, "mira, no sé cómo debo entenderlo, pero de las 5 mujeres con las que estado últimamente 4 de ellas me han pedido que les hiciera daño. O que les pegara directamente".

Como ni mi amigo ni yo nos chupamos el dedo apenas hizo falta matizar su frase. Lo que él me quería transmitir no era que esas mujeres pedían ligeros forzamientos o palmaditas juguetonas en los glúteos. No. Nada que ver. Lo que le pedían era dolor y humillación de verdad. Dolor y humillación, claro, que a ellas resultaban placenteros. Y no voy a entrar en detalles, los que sí me dio mi amigo. "Una en concreto -siguió contando- casada con un buen hombre, tal y como ella misma me hizo saber, me dijo que estaba liada con su jefe que la maltrataba en habitaciones de hotel. Y que estaba obsesionada con ese canalla que sólo la utilizaba para eso". Mi amigo, por tanto, no era el único "extra" con el que se la pegaba a su marido esa mujer tan decidida, pero a mi amigo le dio pereza hacer el esfuerzo que había que hacer para satisfacer la curiosa (?) demanda. Y declinó. Y por eso mi amigo nunca dejará huella real en la mente de esa mujer, como tampoco lo hará su marido. El único que dejará una buena huella en ella será el jefe que le atiza en lujosas habitaciones de hotel.

2.Tengo una amiga que trabaja en una pequeña tienda de ropa de barrio. Me habla de la cantidad de clientas que le cuentan sus infidelidades. Me da pelos y señales de algunas de ellas. Al parecer, según ella apunta, se ha conseguido la verdadera igualdad. No tanto por el derecho a ser infiel, algo a lo que nadie debe aspirar debido a las connotaciones negativas de maldad que contiene el hecho en sí, sino por el "derecho" a contarlo de forma indiscriminada y con orgullo. Todo esto me lo cuenta mi amiga delante de su marido, también amigo.

3.De dos años a esta parte se han separado dos conocidos míos. Los dos han tenido que dejar la casa donde vivían con su familia e irse a vivir a otro lugar. Uno en concreto ha tenido que abandonar el casoplón e irse a vivir a un mini apartamento donde no caben ni sus pertenencias. El otro se ha trasladado momentáneamente a casa de su anciana madre para organizar su existencia. El primero estaba casado con una mujer que no trabajaba, el segundo con una mujer que le era infiel. Curiosamente las mujeres de ambos (que no se conocen porque pertenecen a ámbitos de mi vida diferentes) tienen rasgos físicos similares: labios gruesos, cuello terso, ojos rasgados y un buen escote. En fin, la cuestión es contar lo que nadie cuenta. Pero insisto, la mujer del primero no trabajaba (y ya saben lo que eso significa respecto a los bienes en común). Y la segunda hacía "horas extras".

4. Me lo contó el año pasado una perpleja buena amiga. Un abogado prestigioso (al menos aquí en Valencia) muy amigo suyo se estaba separando. Ante los trámites del reparto de bienes y la discusión acerca de la gestión familiar ella le suelta a bocajarro delante de la abogada: "No te preocupes demasiado por tus hijos porque en realidad no son tuyos. Ninguno. Son los 3 de Javier del que soy amante desde que te conozco".

Como puede verse, se trata de casos vinculadas de alguna forma -más o menos directa- a mi experiencia personal. La pregunta que se hará el lector es ¿Hasta qué punto pueden ser extrapolables o extensibles los casos personales para yo poder tomar partido? Y por tanto, ¿qué me dicen, más allá de ser casos aislados? O mejor, ¿hasta qué punto a mí me importa lo que pueda pasar en el entorno de una sola persona que escribe en un blog sin apenas lectores? Mi respuesta: "¿aislados?".

1 comentario:

Gustavo Jornet dijo...

Soy lector desde hace años. Apenas he comentado. Esta vez sí:

Dios mío