sábado, marzo 09, 2013

#50SombrasDeGrey


#50SombrasdeGrey
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#CartaAbiertaaToniCantó

Además de los más de 60 millones de ejemplares vendidos 50 sombras de Grey ha sido traducido a 55 idiomas, tiene más de 200.000 seguidores en Twitter, hay cientos de miles de comentarios en foros de variada índole y la revista Time ha declarado que E.L. James ha sido una de las 100 personas más influyentes de 2012.

A poco que uno se pasee por Internet podrá descubrir quién es Grey a través de los adjetivos que en su descripción se usan: joven, millonario, encantador, inteligente, romántico, exquisito, culto, sofisticado…

Así, resulta relativamente previsible que cualquier mujer se pudiera enamorar de él, como efectivamente le sucede a la joven e ingenua (¿) Anastasia. ¿Qué motivos podría haber, entonces, para que una mujer no se enamorara de un hombre como Grey? Difícil.

Veamos cómo se resume la trama en un artículo (de investigación) escrito a tres manos para el Magazine de El Mundo: Azucena S. Mancebo, María Tapia y María D. Sempere:

“Anastasia es sometida, azotada, atada y humillada por Christian. Llora de dolor y decepción. Y aún así se enamora de su amo”.

Ya lo sabemos, entonces: sí habría algún que otro motivo para que una mujer no se enamorara de un hombre como Christian a pesar de su dinero y su encanto. ¿Cuál? Por ejemplo el que haría a una persona huir del dolor físico. ¿Algún otro? Pues el que haría a una persona negarse a ser humillada. ¿Alguno más? El que proviniera de una decepción causada a partir de unas expectativas constantemente frustradas. ¿Sirve todos esos pequeños inconvenientes a Anastasia para disuadirle de su enamoramiento? No, porque es precisamente por ello por lo que se enamora. De hecho su enamoramiento se debe a que para ella ¡no son inconvenientes, sino todo lo contrario!
Pero ¿cuáles podrían ser realmente las causas por las que Anastasia se enamora de quien tanto dolor le inflige?

Al parecer hay bastantes (¿) si nos atenemos al deseo que en tantas millones de lectoras ha suscitado el personaje (según las autoras del artículo, “Quiero un Grey en mi vida” es una frase recurrente en internet). Pero hay en concreto uno que resaltan las autoras del artículo, supongo que en base a las conclusiones elaboradas a partir de un trabajo de investigación. Dicen:

“Sexo, erotismo, sumisión… Pero, además, la novela narra la historia de una mujer que trata de redimir a un hombre descarriado”.

A lo que añade la sexóloga Miren Larrazábal, una de las profesionales consultadas para la elaboración del artículo:

“Ella representa el instinto maternal y de cuidado de la mujer”.

Así, ella aguanta todo ese dolor y toda esa decepción, no tanto por amor, que puede, cuanto por su interés en salvar al hombre de su perdición. Pero en caso de que se tratara de amor se trataría, como apunta la profesional del sexo, de amor maternal. Que cuando se trata de hablar de mujeres, y no de hombres, sí existe el instinto. Es decir, cuando se trata de justificar la actitud de una mujer, que no la de un hombre, sí aparece el argumento de lo genético. 

En cualquier caso, por si a pesar de todo aún hubiera dudas acerca de las causas reales por las que una mujer puede enamorarse de un hombre pro-activo, prepotente, viril y asertivo, acude a nosotros otra profesional convocada por las escritoras del artículo. Dice la psicóloga Montserrat Montaño:

“A una mujer le resulta atractivo un hombre con dinero y éxito profesional, porque esa riqueza hace que muchos problemas de convivencia y del día a día desaparezcan”.

Así, vamos sabiendo cada vez un poco más. Al menos sabemos que la generalización es legítima: “A una mujer le resulta atractivo…” Pero también por lo que esa generalización concreta significa: lo que le resulta atractivo a una mujer es, además de otras cosas y sin saber de prioridades, que el hombre con posibilidades tenga posibles. Por tanto, pro-activo para abordarla, prepotente para humillarla, masculino para poseer el control, y además millonario para disipar problemillas ajenos a lo verdaderamente importante, como lo sería el hecho de no sufrir carencias (o de no sufrir esos típicos problemillas que causan las carencias, que a su vez causan tanto malestar en la relación de pareja). Por mucho que ese esquivamiento del problema -que se consigue a través de la elección del hombre millonario- se convierta, paralela y fortuitamente (¿), en acceso fácil a cenas de lujo, joyas y caprichos en general.

Pero, ¿una mujer que tiene en cuenta el dinero y el éxito del hombre en la elección de pareja, porque eso le evita los problemas del día a día, no es después de todo una mujer incapacitada para exigir inteligencia, ternura, romanticismo, cultura y comprensión? Conviene recordar los calificativos con los que se describe a Grey. ¿No es acaso verdad que de entre todas esas facultades que intentan describirlo hay una que no es propiamente positiva desde el punto de vista emocional, ético y relacional? ¿No es acaso verdad que el ser inteligente, culto, encantador y romántico se encuentra en otro orden de cosas que el ser millonario?

En cualquier caso, ¿no era por la independencia por lo que había que luchar? ¿No era por la independencia por lo que tantas mujeres han luchado en nombre de la libertad? ¿No era la liberación de la mujer lo que se pretendía con la lucha? ¿No consistía en eso la liberación: en la necesidad y la obligación de considerar la in-dependencia de la mujer en nombre de la libertad? ¿Qué podría significar, entonces, el que a una mujer le resulte atractivo un hombre con dinero y éxito si además se debe a que ese hombre con dinero sirve para disipar los problemas del día a día -y también para vivir mejor con independencia de la misma relación? ¿Es, en definitiva, compatible el grito que exige la independencia del género con (un entendimiento de) la mujer que antepone, de forma “natural” sus intereses a la misma libertad? ¿No es cierto que si los intereses se encuentran desconectados de la libertad resulta imposible hablar de igualdad?

Así, sin dejar de utilizar los mismos argumentos esgrimidos tranquilamente por las investigadoras, los que aceptan que “a una mujer le resulta atractivo…”, me pregunto: ¿puede esa mujer, que por naturaleza antepone o prioriza el dinero sobre otras facultades (romanticismo, comprensión…), exigir después igualdad? O por decirlo de forma vulgar: ¿habría sido igual de posible la “romántica” y “envidiable” relación sado-masoquista si ella hubiera tenido que pagar la mitad (o el total) de las cenas exquisitas y lujosas, o los viajes, o su ropa cara; o todos esos presentes y atenciones que le son regalados? ¿Se habría dejado igualmente humillar, vejar y denigrar por un tipo que careciera del glamour que proporciona la riqueza? O mejor aún, ¿habría sido posible el éxito de Grey si éste tuviera que comprar sus pantalones en los chinos y sólo pudiera pagar las cenas en la taberna de la esquina de un barrio poligonero?

Veamos lo que la sexóloga Montserrat Montaño dice de los personajes para así poder distinguir lo que les pasa a una mujer y un hombre concretos de lo que le pasa a la mujer y el hombre en general; poder desligar, si fuera posible, lo que les pasa a Anastasia y Grey de lo que les pasa a la mujer y el hombre en general, pero desde los conocimientos obtenidos a partir de la Opinión Publicada; a saber: que a la mujer le resultan atractivos los hombres con posibles y que el hombre necesita ser pro-activo, sujeto activo. De hecho, desde la óptica que proporciona la Opinión Publicada, lo que NO sabemos es que a la mujer puedan gustarle los hombres dominantes. Sí sabemos, en cambio, que le gustan inteligentes, encantadores, con sentido del humor y con posibles, pero nadie nos dice que puedan gustarle, ya no los sádicos, sino los simplemente dominantes. Nadie. Más bien al contrario. Y sabemos también, gracias a la misma Opinión Publicada, que los hombres son dominantes por defecto, y que son, por ello, machistas.

“Anastasia es una joven adaptada, con buenas relaciones familiares, sociales, capacidad de trabajo, de estudio… Únicamente mostraría cierta inseguridad personal relacionada con ciertos complejos físicos”. Sin embargo, “(Grey) Presenta multitud de problemáticas psicológicas […] A nivel emocional es inmaduro…”, dice Montaño.

¿Por qué entonces Anastasia, una persona normal, es decir, no condicionada por traumas de ningún tipo, se enamora de Grey, que no oculta sus intereses? ¿Por qué se enamora de él si tantos problemas “presenta”?

Quizá una respuesta acertada nos la dé la propia psicóloga Montaño, si bien lo hace sin ser consciente de lo que sus palabras puedan significar, pues la Opinión Publicada sólo puede atenerse a la Corrección Política. Dice la psicóloga:

“El protagonista cumple con muchas de las cualidades que las mujeres buscan de forma ideal en un hombre. Lo que probablemente no se tiene en cuenta es lo sumamente costoso a nivel emocional que sería mantener una relación real con alguien con tantos problemas psicológicos como el personaje”.

Ya tenemos dos datos de suma importancia: primero: Grey, que “cumple con muchas de las cualidades que las mujeres buscan de forma ideal en un hombre”, tiene muchos “problemas psicológicos”. Pero eso es algo que ¡ya sabíamos!, pues es ¡ESO precisamente lo que atrae a Anastasia! y es además el motivo por el que emergen las preguntas y las dudas. Y segundo: Anastasia acepta el coste emocional que supone preferir lo real a la fantasía.

Respecto al primer punto no haría falta añadir demasiado, más allá de lo que ya se ha apuntado. Sólo incorporar una pequeña puntualización que hace referencia a cómo se definen los géneros masculino y femenino desde la Opinión Publicada. Podríamos resumirlo con una frase ciertamente burda, pero efectiva en el cumplimiento de representar a la Opinión Publicada: Ella, la mujer, es siempre normal y él, el hombre, es siempre el enfermo. Y da lo mismo que hablemos de Anastasia y Grey que de las mujeres y los hombres en general. No habría más que abrir cualquier periódico de cualquier día, o ver un telediario al azar, o analizar las tesis doctorales de las enseñanzas de humanidades en los últimos 30 años, etc. La criminalización del varón se encuentra a la orden del día. Y si, como hemos visto, se trata de aceptar las diferencias, se hará siempre e ineluctablemente para hablar de una incuestionable superioridad de la mujer respecto a casi todo. 

En resumidas cuentas, para la Opinión Publicada: “hombre ser malo, mujer ser víctima”. Anastasia, que enfoca su felicidad desde la sumisión, la humillación y la vejación, sería, para las profesionales del sexo y la psicología, una mujer normal, sana: “adaptada, con buenas relaciones familiares, sociales, capacidad de trabajo, de estudio…”, mientras que Grey es, sólo, un hombre que “Presenta multitud de problemáticas psicológicas” y que “A nivel emocional es inmaduro…”. Tal podría ser, haciendo un ejercicio de analogismo, la caracterización por géneros que aparece en toda la Opinión Publicada. Aunque después, en la vida real, en la vida habitada por lo real, haya millones de mujeres cuyo agónico grito sea el de “Quiero un Grey en mi vida”.

Respecto al segundo: Cuando Montaño habla de “lo sumamente costoso” lo que hace es señalar como legítima la fantasía, pero al tiempo que señala como estúpida la posibilidad de intentar hacerla realidad. Probablemente tenga toda la razón del mundo en cuanto a lo de “costoso, de hecho es una forma de decir que las fantasías sólo son fantasías y que las mujeres deben aprender a distinguirlas claramente de la realidad. Pero, ¿no es cierto que, con independencia del tipo de relación elegida, toda relación exige unos costes?, ¿no es cierto, después de todo, que el “coste a nivel emocional” es el coste que toda persona debe pagar por SU compromiso, en la aceptación de su compromiso? Así, es cierto que sería sumamente costoso mantener esa relación, pero porque cualquier relación seria lo sería; pero sobre todo sería fundamentalmente costoso para quienes vivieran inmersos en la ideología propugnada por la Corrección Politica, esa ideología que todo lo fundamente en la igualdad.

Cuando sabemos, y no precisamente gracias a la Opinión Publicada, sino a partir del análisis de la realidad, que la gestión de una relación sentimental (y sexual) sólo da frutos positivos cuando las partes aceptan sus roles. El coste emocional es precisamente una de las consecuencias de todo compromiso y será alto o bajo dependiendo de del nivel de aceptación de los roles por parte de ambos. Así, el coste emocional sólo será grande de verdad cuando se actúe, ya no sin saber que en efecto se trata de una cuestión de roles (activo/pasivo, sujeto/objeto), sino sobre todo cuando se piense que no debe existir coste alguno. Que ahí radica el mal que nos ha inoculado el pensamiento posmoderno políticamente correcto: hacernos creer que nada en una relación de pareja debe implicar coste alguno, y que por tanto todo coste emocional es siempre innecesario. Éste es pues el mensaje de los “nuevos” tiempos posmodernos; un mensaje cuya máxima consiste en hacer creer que el amor no tiene por qué implicar coste alguno. Tal es el despropósito.

Otra cosa sería la valoración que podríamos hacer del coste en función de la satisfacción obtenida en la relación de pareja. Y para eso los tiempos posmodernos también tienen respuesta: si en una pareja el coste emocional se encuentra por encima de la satisfacción obtenida se deberá, sin duda, a la incompetencia o la maldad del hombre. Un hombre que será incompetente o malo debido a lo que le caracteriza como hombre: su masculinidad, su virilidad.

La masculinidad y la virilidad, sin embargo, que demuestra tener Grey; la masculinidad y virilidad que tanto hace “gozar” a Anastasia; la masculinidad y virilidad que queda patente, no tanto en las relaciones sadomasoquistas cuanto en lo que metafóricamente denotan: lo masculino como parte activa y lo femenino como parte pasiva; la masculinidad y virilidad que tanto parecen añorar las lectoras de la novela; las masculinidad y virilidad que podría manifestarse sin necesidad de ritualizar el dolor físico; la masculinidad y virilidad, pues, como reclamo que se simboliza desde el límite (el sadomasoquismo), pero donde el límite es realmente lo único prescindible: la masculinidad y virilidad como reclamo (“Quiero un Grey en mi vida”) de una mujer que traspasa la fantasía (el sadomasoquismo) en una desesperada búsqueda de lo real (un hombre de verdad); la masculinidad y virilidad repudiadas por el feminismo, pero que en definitiva tanto parecen atraer a las mujeres de un mundo configurado por sus propias demandas. [Recordemos que desde la misma revolución sexual lo que se le exige al hombre es menos masculinidad y más feminidad].

Nota. Este texto, que sólo es un fragmento de uno de mucha mayor extensión, va dedicado a quienes me piden que mis posts sean más cortos y más adecuados al medio.

1 comentario:

Gustavo Jornet dijo...

Si es posible publique el/los fragmentos que faltan, por favor.

De un lector al que no le importa la extensión de los posts. Sólo la verdad.

Gracias, un saludo.