martes, agosto 16, 2016

Sexo y Adolescencia

Adolescencia y Sexo

Decir que las diferencias entre sexos son el producto de un constructo sociocultural sería una perogrullada, pues llevamos varios miles de años movilizándonos en tanto que seres humanos y por tanto somos inevitablemente lo que hemos ido forjando en sociabilidad. Ahora bien, decir que la diferencia entre sexos sólo se debe a la insistencia de ese constructo sociocultural sólo puede ser una idiotez, una idiotez devenida de la ignorancia, a su vez derivada de la vagueza intelectual. Muy poca gente tiene opinión sobre le asunto de las partículas elementales porque es consciente de su ignorancia respecto a la física cuántica pero todo dios cree saberlo todo acerca de lo que para ellos no es más que una simple condición. Confundiendo de esta forma el derecho a opinar -legítimo- con el valor de la opinión -domésticamente intuitivo.

En cualquier caso ambas afirmaciones han tenido que coincidir en la mayor para llegar a discrepar en las conclusiones; ambas han tenido que aceptar la existencia de tales diferencias. Cosa que niegan rotundamente quienes desde los lugares comunes de la Corrección se desgañitan reclamando y exigiendo la igualdad de los sexos, la igualdad entre hombres y mujeres. Así pues, hay que comenzar por aceptar lo que en principio niega la Opinión Pública: así, no hay igualdad en la medida en que las diferencias son permanentemente constatables. (Insisto por enésima vez: aquí sólo se habla de diferencias de sexos respecto a seres sociales que cuentan con su cuerpo y su deseo para gestionar sus sentimientos más o menos vinculados a la reproducción)

Pero ¿son las diferencias producto de una adaptación biológica o son sólo resultado de un proyecto cultural machista? ¿Por qué las mujeres “siempre” tienen más frío? ¿Por qué son siempre ellas las que se quejan del aire acondicionado del vagón del tren o del restaurante o de la habitación o de la oficina? ¿Por qué ellas pueden dormir a pierna suelta en verano mientras los hombres buscan el fresco para pegar un ojo? ¿Por qué ellas califican de agradable brisa lo que para ellos no es sino un soplo de aire infernal que no alivia ni a las chicharras?

Aunque la pregunta sería más bien ¿es esa diferencia una diferencia suficiente? ¿Que nos dice tal diferencia? Desde luego que no somos iguales y que la diferencia que nos distingue debe tener su explicación. ¿Es por pequeña tal diferencia menos diferencia? ¿Acaso el desajuste de comportamientos que provoca en una pareja las diferentes sensaciones térmicas no es suficiente para hablar de diferencias en alto grado? ¿Obligar a una pareja que se ama a dormir en estancias separadas no es suficiente para aceptar el gran alcance de la diferencia? Yo diría que sí. Como también afirmaría que esa diferencia de grado se da en los sexos ante multitud de situaciones.

Y quien habla de frío habla de dolor, ¿no es cierto que las mujeres soportan el dolor mejor que los hombres? ¿O ahora que hablamos en positivo sí somos capaces de aceptar la existencia de diferencias? ¿No tendría esa diferencia una explicación NO cultural? Calificar esas diferencias de “menores” no sería más que otro grave error devenido de la indulgencia. No hay diferencia, por pequeña que sea, que no otorgue un matiz diferencial a los sexos respecto a ella. Y hay una que es tan definitoria como definitiva: un hombre y una mujer no pueden ser iguales mientras sea la mujer quien engendre y dé a luz a los hijos. Tal es la magnitud de esa diferencia que todas las demás se quedarían en anecdóticas a la hora de demostrar la imposibilidad de igualdad.    

¿Acaso también son todas esas diferencias el producto de un proyecto machista?

He tenido la suerte de convivir unos días con mis sobrinos de 16 años, mellizos de ambos sexos, y de observarlos en su pandilla. La conclusión es que el comportamiento de ellas es absolutamente diferente al de ellos y viceversa. Absoluta y radicalmente diferente. Pero ¿son verdaderamente esas diferencias producto del constructo sociocultural, es decir, impuestas por el desarrollo de una sociedad ancestral y persistentemente machista? Aunque la pregunta debería ser ¿son esas diferencias acogidas en buen grado por ellos, por los adolescentes? Mi respuesta no puede ser sino paradójica y sólo controvertida para los holgazanes; la daré en forma de hipótesis: si decidiéramos eliminar esas diferencias por las cuales se habla de sociedad machista las primeras que se negarían a aceptar el cambio serían ellas, las chicas, que son las que al fin y al cabo van por delante. Porque mientras ellas van de princesas (o de lo contrario) a ellos sólo les cabe jugar a la pelota y matarse a pajas.

Si decidiéramos imponer a los adolescentes esa supuesta igualdad -en nombre del derecho- que quieren imponer los lobbies y por ende toda la sociedad alienada por ellos -que es prácticamente toda-, lo único que obtendríamos es una negativa radical por parte de ¡ellas, las chicas, las supuestas víctimas!, esas mismas que después calificarán a la sociedad de sexista y machista instigadas y apoyadas por una ideología que criminaliza al varón de todo sin pestañear.

Son ellas las primeras y únicas que no aceptarían cambio alguno por mucho que eso supusiera la supuesta igualdad, reivindicando así vivir su rol tal y como lo viven actualmente. Y así sería aún a pesar de que ellas, las adolescentes, hubieran sido educadas desde niñas con todos esos miles de slogans feministas que sin duda abdujeron sus tiernas y manipulables mentes. El caso es que son ellas las que reclamarían quedarse igual que están (en una sociedad que sigue siendo calificada de machista), y no tanto por conformismo cuanto por pura vocación. Son ellas las que dejarían las cosas como están a pesar del lavado de cerebro al que invariablemente han sido sometidas. Observen si no a una pandilla de adolescentes.

Da capo. Decir que las diferencias entre sexos son el producto de un constructo sociocultural sería una perogrullada, pues llevamos varios miles de años movilizándonos en tanto que seres humanos y por tanto somos inevitablemente lo que hemos ido forjando en sociabilidad. Ahora bien, decir que la diferencia entre sexos sólo se debe a la insistencia de ese constructo sociocultural sólo puede ser una idiotez. “Varios miles de años” no dejan de ser una porquería de años a lado de los millones en que fuimos bestias... 

1 comentario:

Gustavo Jornet dijo...

Hace tiempo (10 ó 12 años creo) vi un experimento que hicieron en una universidad inglesa. Lo hicieron con 20 chicos estudiantes y 20 chicas (quizá eran 25 ó 30, no importa). A los chicos los abordaba una chica atractiva (todo esto delante de las cámaras) y les decía si estarían dispuestos a acostarse con ella esa noche, si querrían hacer una cosa así. Lo mismo se hizo con las chicas usando un chico atractivo. Todas las chicas dijeron no, todos los chicos menos uno dijeron sí. El que dijo que no explicó que tenía un examen al día siguiente y que era muy importante. "¿Y si no tuvieras el examen?", "Ah, entonces sí, claro."
Eran todos jóvenes, universitarios, en un país con las libertades garantizadas y en pleno siglo XXI. Y además estaba el incentivo de que no era "con cualquiera", sino con alguien digamos por encima de la media en cuanto a físico. A mí no me sorprendió el resultado, pero había que ver los retorcimientos justificatorios de mi pareja de entonces (mujer) y de cualquier persona de sexo femenino que lo viera. En el mejor de los casos la respuesta era el puro silencio, como si no se hubiese visto nada y al día siguiente pudiese olvidarse tranquilamente. Cuando no, se llegaba a decir cosas como "Eso no sirve, delante de las cámaras ¿qué van a decir ellas si no?". Se argumentaba que estaban "obligadas" a la negativa por la presión que sufrían, por la cantidad de ojos que estaban puestos en ellas, pero que NATURALMENTE en realidad las respuestas habrían sido afirmativas en la misma medida que los hombres. "Pero, ¿crees de veras que ellas aceptarían eso igual que ellos han dicho que sí?", "Por supuesto, ¿por qué no?".
Daba igual cuánto se le insistiera, se cerraba en banda llegando al punto del cabreo. Tocaba dejarlo.
Creo que esta reacción y esas justificaciones abundarían si pudiese repetirse esta situación hoy en día observándola nosotros. Y es desquiciante, porque TODO EL MUNDO sabe realmente lo que hay, que el impulso y el deseo de conseguir acostarse con el otro es mayor en los hombres. Y se niega impunemente y con un tono de ofensa.
Los tiempos cambian hacia sociedades con más libertades, hay mujeres que (como se suele decir) no se cortan un duro, hay casos y ejemplos (yo los he visto delante de mí) en los que ellas toman la iniciativa. Pero mirándolo en conjunto la diferencia es abismal, y no se puede decir. ¿Qué gran problema supone? ¿Se intuye que partiendo de ahí a saber dónde se puede llegar argumentando? ¿Qué peligro representa para el status de la mujer? Creo que la cosa va en que si se reconoce abiertamente que tienen la sarten por el mango todo el juego cambia. Sea más o menos injusto, más o menos desequilibrado, el hecho de que las cartas estén encima de la mesa supone una pérdida de terreno inasumible a cambio de... nada. Así que en esa "lucha de sexos" que llaman se empieza a pelear estando 100 km dentro ya de territorio enemigo: si hay que retroceder un poco aún se va ganando.
Desgraciadamente, como en otras ocasiones, si estuviese discutiendo esto cara a cara con alguna mujer la respuesta final que me encontraría, el comodín que supondría la clausura definitva de la conversación sería: "Ah, o sea que estás justificando las violaciones."